El futuro es hoy, había que prepararse ayer
por Simon Morales
El país se halla entre la estabilidad no-revolucionaria y la explosión pre-revolucionaria. La burguesía se entretiene con los debates vacíos del gobierno y la débil oposición como si el presente fuera a durar para siempre. Los trabajadores, la vanguardia y la izquierda deberían estar preparándose para lo que viene, no para lo que sucede hoy. Un frente de toda la izquierda para luchar y votar junta es imprescindible. Para hacer avanzar el movimiento y desenmascarar a los hipócritas entre nosotros. Para empezar, hay que rechazar los métodos del PO, PTS y MST.
Apariencias y realidad de la situación política
El país parece gozar de buena salud institucional y equilibrio del régimen. Una buena coyuntura económica para la burguesía, plata dulce que disfruta un sector de la sociedad y los acuerdos con los burócratas para mantener la paz social, así lo hacen ver. Kirchner puede mostrar índices de popularidad superiores al 60%. Clarín y La Nación pueden debatir sobre los méritos de una oposición burguesa incipiente y de dientes de leche.
Las noticias son para estos escribas del sistema si Macri, Carrió o Lavagna superan el piso del 12% en las encuestas o si el radicalismo lograra salvarse de su muerte, resucitando de la mano del transversalismo Kirchnerista (gobernadores e intendentes de la UCR) o del acompañamiento del peronista Lavagna, unidos a lo que queda del Duhaldismo (Alfonsinismo y antiAlfonsinismo). O se dedican a comentar que Lilita Carrió renunciaría al protagonismo de su partido una vez que el ARI votó en el congreso por la ley de la ligadura de trompas contra la voluntad de su líder chupacirios y conservadora.
Todo esto ocurre en épocas de estabilidad del régimen, es decir, en situaciones no revolucionarias, un permanente acoso del voto ajeno y la zancadilla al oponente con los dos pies dentro del plato.
A una crisis de la explosión social
El país, sin embargo, está a una crisis económica cíclica de distancia del estallido social. La clase obrera está a una inflación de distancia de plantearse la lucha abierta contra el gobierno. Las instituciones están a un escándalo de distancia de un nuevo descrédito generalizado. Es decir, que aunque la situación no sea aún pre-revolucionaria, la realidad apunta en esa dirección, a pesar de la actual estabilidad.
La que vivimos es una situación tal, que un pequeño giro de la economía mundial, un desastre en Medio Oriente, un cierre de canilla temporario del capital financiero, un error del gobierno nos podrían lanzar a una crisis revolucionaria, como la de diciembre de 2001, incluso pasando por alto la clásica etapa de preparación pre-revolucionaria.
Estas crisis están abonadas por la insatisfacción de un movimiento sindical en blanco para quién el 19% no alcanza y tampoco se siente derrotado, un movimiento obrero en negro para quien el 6% significa continuar en la miseria; una juventud estudiantil que no le ve futuro al esfuerzo y una juventud trabajadora para quien todo futuro parece estar tercerizado.
Los cambios no serán paulatinos, graduales, sino brutales y rápidos. La holgazanería de los ricos y la modorra de los pequeños burgueses se seguirán viendo agitadas por explosiones sociales imprevisibles. Por esa razón, llegaremos mucho antes a la crisis del gobierno y del régimen que a una situación revolucionaria clásica. Tal vez los primeros sean los jóvenes estudiantes y obreros, como las hojas que agita el viento antes que la tempestad sacuda los troncos.
La falta de preparación de la izquierda
Una situación como la actual debe ser de preparación para evitar sorpresas. Si la izquierda espera el estallido para organizarse, será tarde y habremos desaprovechado, como en Diciembre del 2001, una gran oportunidad. Si la izquierda espera un período pre-revolucionario para prepararse, también le sucedería lo que le pasó en el 2001. Todavía la izquierda no ha tomado la decisión para prepararse, no ya para lo que nosotros anticipamos, sino incluso para lo que muchos parecen creer que ya vivimos.
El colapso del Seminario de la Unidad de la Izquierda del pasado 27-28 de Mayo es indicativo. Allí, el MST-Alternativa, acudió con normas inflexibles de oficializar acuerdos sectarios – aunque los presente como amplios – con algunos pequeños grupos como Praxis, la LSR, Brazo Libertario, El Militante y otros que ya tenía cocinados de antemano. El proyecto del MST-A no puede ser más estrecho: captar algunos pocos de los escindidos del PTS y hacer que los demás jueguen como furgón de cola de su proyecto electoral con burgueses como Cafiero. Su “táctica” va dirigida a grupos muy débiles o sin personería política y, por lo tanto, tienen que venir al pie.
En lo sindical presentar fraudulentamente al MIC – un pequeño reagrupamiento de dirigentes, por arriba, hasta ahora propagandístico y sin inserción masiva en ningún sector como la coordinación de la izquierda para luchar. Esto no puede sino actuar como torpedo de una unidad verdadera de todos los luchadores y la izquierda y abortar el proceso todavía en gestación del MIC al que el MST-A esta copando y desvirtuando.
A esta propuesta se opusieron el PO y el PTS desde posiciones autoproclamatorias. El primero aduciendo que la unidad de acción para luchar y votar de la izquierda debía supeditarse a la formación de un partido de combate, basado en la dictadura del proletariado y la reconstrucción de la Cuarta Internacional. De hecho, exigiendo que todos aceptaran a PO como la encarnación de tal proyecto revolucionario.
El PTS no concurrió a confrontar ni proponer y, desde afuera, descalificó las discusiones llamando a un verdadero “frente clasista y de la izquierda socialista” con candidaturas obreras, pero exigiéndoles a quienes lo acepten una ruptura con posiciones tales como su apoyo a Chávez de Venezuela y “todos los gobiernos anti-neoliberales” del continente. El PTS no le ofrece un frente único obrero u unidad de acción a nadie y en eso se parece como un calco al PO y al MST-A.
Estas políticas de la izquierda, que oscilan entre sectarias, autoproclamatorias, oportunistas e ignorantes, a veces se combinan todas a la vez en una verdadera amalgama.
Los retrocesos de la izquierda: Piqueteros, UBA-FUBA, luchas sindicales
Así, los partidos de izquierda que han dominado a su antojo organizaciones piqueteras las han convertido de potenciales organizaciones de frente único para luchar por la unidad de todo el movimiento piquetero, en simples organizaciones clientelistas parapartidarias para engordar las columnas de la organización en ocasiones especiales a cambio de los planes de $150.
A pesar de rendirle homenaje cotidiano a la unidad de acción y la coordinación de las luchas, al momento de discutir las candidaturas electorales, ya sean sindicales o políticas, cada partido rompe con los demás para que sus dirigentes encabecen. Eso sucedió más recientemente en SUTEBA donde PC, PO, el MST y otros impidieron por su autoproclamación la formación de una verdadera lista de unidad de todos los luchadores antiburocráticos.
Como resultado de esto, la izquierda retrocedió en relación a las elecciones anteriores de SUTEBA, permitiéndole a la burocracia Celeste obtener la minoría en seccionales donde anteriormente había sido barrida, como sucedió en Lomas de Zamora. En Escobar es donde la situación se tornó patética, ya que todas las listas (incluyendo las de la burocracia y las dos de la izquierda) obtuvieron casi la misma cantidad de votos, imponiéndose la burocracia por apenas 3 votos. La unidad de la izquierda, que no se concretó debido a la autoproclamación del P.O., hubiese duplicado la votación de los burócratas.
Ya dijimos que la retórica a veces no se condice con las acciones cuando se habla de la izquierda. En la UBA y en la FUBA, un lugar donde la izquierda podría realmente demostrar su peso y valía programática, vienen haciendo lo contrario. En lugar de plantear mecanismos democráticos de base, como asambleas y delegados de cursos para impulsar planes de lucha que incluyan la ocupación de facultades, toda la izquierda (que aun domina la FUBA) plantea la “democratización” apelando de una forma u otra a “soluciones” democrático burguesas como la “elección por voto directo del rector” o el llamado para que la Asamblea Universitaria (controlada por el peso y número de delegados por la oligarquía de los 600 profesores) sea la que asuma el estudio y realización de un programa de “democratización” de la UBA.
Todos, aun los que aparecían como críticos de la conducción de la FUBA por burocrática, terminaron repartiéndose puestos como único temario de un congreso trucho en el que no se discutió casi de política. La forma que utilizan la Presidencia rotativa de la entidad estudiantil y las secretarias acompañando la firma de las misma con las del partido que la tiene indica a las claras que el único interés en ganar posiciones es para poder emitir comunicados de prensa y demostrar con ello que han “avanzado en la lucha por la dirección estudiantil” y están “ganando influencia entre los jóvenes.”… En fin una verdadera aparateada.
La renuncia a la democracia obrera
Tanto el PO, como el PTS y el MST poseen en común otras dos cuestiones. Todos reniegan de la democracia obrera para resolver cuestiones organizativas y programáticas comunes y todos sufren de una enfermedad criticada ácidamente por Trotsky, la estalinofobia, enemiga declarada del frente único obrero y del desenmascaramiento de los estalinistas.
Ninguna de estas organizaciones de izquierda nos proponen un método democrático para resolver cuestiones desde programáticas a electorales o resolver las cuestiones de la lucha cotidiana. Para organizaciones que se reclaman revolucionarias, la unidad electoral en un frente debería ser la tarea más sencilla del mundo. Utilizando el método del frente único obrero deberían acordar con un programa que ayudara a la movilización del conjunto del movimiento contra el gobierno de Kirchner, contra el imperialismo y por un gobierno de los trabajadores y el socialismo. Un programa corto, preciso, que emerja de las necesidades objetivas de los que luchan y el movimiento de masas y no del ánimo polémico de los dirigentes de izquierda para diferenciarse entre sí, evitando la unidad.
Al mismo tiempo deberían aceptar que todos los participes de esos frentes, tengan el derecho a crítica y debate con los demás. Es decir, golpear juntos aunque se marche separados. Votar y luchar juntos aunque se piense diferente en muchos aspectos. Si un frente electoral de izquierda se opone a Kirchner y el imperialismo, tranquilamente pueden concurrir en él sectores que apoyen a Chávez y Morales y quienes no. Será responsabilidad de aquellos que lo hagan explicar como es que siendo enemigos del gobierno apoyan a quienes lo apuntalan desde otros gobiernos.
Los marxistas, como decía Engels, confiamos en la inteligencia de los trabajadores. Ellos pueden discernir las diferencias entre los partidos y elegir entre ellos al mismo tiempo que aprecian los esfuerzos por ofrecer una plataforma de lucha común en algunos puntos.
Confundir la construcción del partido revolucionario, como hacen el PO y el PTS, con la construcción de la táctica del frente único es una forma perversa de negarse a la unidad de acción, a los frentes sindicales y a las alianzas electorales. Nosotros iríamos a todas ellas con las direcciones de todos los partidos de izquierda y seguramente no impulsaríamos un partido común con ninguno de ellos, sino con aquellos que se desprendan de direcciones tan descompuestas.
Frentes, unidades de acción, hasta con el diablo.
El partido solo con los mejores y los principistas.
¿Y las candidaturas en las listas sindicales y en los frentes electorales? Estas parecen ser, mas allá de lo programático, lo que mantiene divididas a las fuerzas de la izquierda. No pueden ponerse de acuerdo quien debe encabezar una lista o la boleta electoral para diputados, o presidente, o gobernador... ¿No se les ocurre plantear plenarios de militantes de los partidos participantes de un frente, ya sea sindical como electoral, para discutir los puntos de acuerdo y elegir democráticamente quienes encabezarán las listas?
No. Tanto el PO, como el PTS y el MST-A proponen diferentes variantes de acuerdos entre dirigentes que, supuestamente, deberían reconocer la supremacía de una organización sobre otra (PO), o acordar en cada punto de un largo programa y en nombrar como candidatos ciertos dirigentes y no otros (PTS) o en aceptar de antemano aliados determinados o aceptar la hegemonía de los que tienen la legalidad electoral (MST-A.)
Altamira, en lugar de exigir como hizo la última vez, encabezar el frente como candidato a Presidente o nada (¿que paso entonces con la dictadura del proletariado y el partido revolucionario de combate? ¿Quedaron reducidos al programa de un punto: Altamira Presidente?) Debería haber dicho: “Estoy dispuesto a concurrir y debatir a otros candidatos en plenarios de militantes de todos los partidos del frente y que estos voten por el que crean es el mejor candidato y de antemano me comprometo a aceptar la decisión que sea”
No estamos hablando de internas abiertas a cualquiera a las que se acarrea gente y no hay debate político, solo el depósito de una boleta al mejor estilo burgués. Sino plenarios de militantes, de luchadores, de los que forman el frente, donde los que participan, junto a los de otros partidos, votan a mano alzada después de argumentar, discutir y debatir..
¿Por qué no lo proponen los otros partidos de izquierda para sus candidatos? ¿Por qué no se hace para ver quien encabeza las listas sindicales unitarias? ¿Por qué no se hace para discutir el programa de un frente sindical o político? ¿Todos tienen miedo de perder las discusiones y las votaciones? ¿No tienen confianza en sus candidatos ni en sus ideas? ¿O no se bancan un frente con alguien que les pueda hacer sombra?
La estalinofobia es abstención de la lucha política
Trotsky criticaba a los trotskistas que decían “nada con los estalinistas.” Trotsky, aún cuando era perseguido por estos y mientras los estalinistas o la socialdemocracia arrastraran masas de obreros y se dijeran de palabra socialistas y anti-capitalistas les exigía el frente único, o la unidad de acción. Sostenía que no hacerlo era capitularle al estalinismo o a los reformistas, dejarle el campo libre, y les recordaba a sus seguidores que la táctica del frente único incluía los acuerdos para hacer avanzar el movimiento en su conjunto y la preparación de las bases de los partidos reformistas para que hicieran la experiencia con la traición inevitable de sus dirigentes.
En la Argentina, debido en gran parte al colapso del MAS como la mayor fuerza de izquierda del país a finales de los 80 y principios de los 90, el estalinismo vernáculo volvió a crecer, esta vez no en la forma del tradicional PC pro-Moscú sino en su farsa maoísta encarnada en el PCR. Debido en gran parte al rechazo del PCR del Kirchnerismo, los maoístas se ha pasado provisoria y parcialmente a la oposición al gobierno con el que al principio coquetearon. Mantienen, sin embargo, una pata en la conciliación de clases a través de sus alianzas y trenzas con sectores de la burocracia sindical.
Toda la izquierda revolucionaria debería estar poniendo presión sobre el PCR para obligarlo a venir a un frente electoral de toda la izquierda y a romper con la burocracia sindical en los gremios. Lo mismo debería suceder en el ámbito piquetero. El PO, MAS, PTS y MST atacan y critican al PCR, muchas veces basados en hechos reales e históricos de suma importancia, aunque mayormente lo ignoran y, por lo tanto, le ayudan a capear su crisis actual.
Es cierto, el PCR traicionó la lucha contra el gobierno de Isabel y le ofreció apoyo critico a López Rega, luego a lo peor del peronismo una vez regresada la “democracia” y todo el rosario que le rezan cada vez que se lo menciona. Pero este partido, sin embargo, es hoy por hoy, el más grande e importante de la izquierda Argentina. Por eso la izquierda revolucionaria tiene la obligación de obligarlo al frente único, a la unidad de acción, para desenmascarar a su dirección cada vez que capitulen al próximo burgués que les ofrezca un trato o sean inconsecuentes con el programa acordado con el resto de la izquierda.
El abstencionismo, el principismo mal entendido, el reemplazo de la acción común que desnuda más a una dirección reformista que mil críticas dichas en un susurro, es abstenerse de una de las luchas fundamentales por remover los obstáculos y barreras entre las masas, particularmente su vanguardia, y la izquierda revolucionaria.