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Internacionales• Almeyra y Boron se trenzan a puñetazos literarios sobre Cuba

Guillermo Almeyra Atilio Boron

DEBATE SOBRE CUBA

• Almeyra y Boron se trenzan a puñetazos literarios sobre Cuba


• Introducción al debate
Por Simón Morales Izquierda Punto Info
• Cuba, tiempos de cambio
Por Atilio A. Boron
• Cuba: el cambio que ve Atilio Borón
Por Guillermo Almeyra
• Cuba: Lo que Almeyra no ve
Por Atilio A. Boron
• Sobre Atilio Boron.
Breve respuesta
a una respuesta desaforada

Por Guillermo Almeyra | 7-12-2010




• Introduccion al debate
Por Simon Morales Izquierda Punto Info

Dos intelectuales de origen Argentino, Atilio Boron (que trabaja para el órgano estatal CONICET como investigador en su país de origen) y Guillermo Almeyra, un mexico-argentino y profuso escritor y polemista universitario en la Ciudad de México se trenzan en una pelea a puñetazos literarios sobre las recientes propuesta del gobierno Cubano de “reformar” el sistema.

Es de destacar que esas “reformas”, aunque en gran parte son aun “proyectos”, ya se han activado en los anuncios del gobierno de despedir a 500.000 empleados estatales, proceder a la privatizacion de la explotacion agricola, entregar a las transnacionales, europeas sobre todo, y Chinas en menor medida, gran parte de la “locomotora” economica del pais, el turismo y el comienzo de una regulacion economica de semiprivatizacion de la educacion y la salud, dos de las grandes ganancias que todavia se preservan del periodo revolucionario.

Ni hablemos aquí de los negocios con las petroleras de origen imperialista y con Petrobras, de Brasil, que intenta llevar a cabo – en forma parecida a la que realizo Cuba alrededor de la propiedad de los grandes hoteles de turismo – con la potencialmente importante explotacion de hidrocarburos.

Enlace relacionado

Cuba: un documento peligroso y contradictorio
Por GUILLERMO ALMEYRA
La Jornada MEXICO
En tres partes, publicados
los días 14, 21 y 28 de noviembre de 2010

La posicion de Atilio Bron es acritica sobre las reformas en su primer escrito “Cuba, tiempos de cambio” y conlleva una automatica afirmacion de que hay que confiar en la dirigencia cubana.

Guillermo Almeyra responde a esa confianza ciega en los hombres expresada por Boron y define algunos hechos que la contrastan con la realidad en su “Cuba: El cambio que ve Atilio Boron” y desnuda algunos de los antecedentes historicos que socavan esa expectativa, como la confianza en la dirigencia de la Union Sovietica por parte de los cubanos, antes de la extincion de la misma a manos de la contrarevolucion.

Atilio Boron se siente tocado y apela a una contradictoria polemica con Almeyra comenzando por atacarlo como estalinista – algo que Almeyra no fue nunca ni lo es – y olvidando que quienes tienen una gran cuota de estalinismo son precisamente los dirigentes cubanos que aun no se han deshecho de el, ni hecho un balance.

En segundo lugar hace una defensa encendida de la privatizacion de los pequenos comercios y emprendimientos, algo que nunca estuvo en la agenda de Almeyra ni en la de los criticos marxistas del desenvolvimiento Cubano, todo lo contrario, siempre fue una base de criticas de un regimen economico de ahogo.

Boron, por su parte, excluye de su defensa a la privatizacion a la cubana, el petroleo, el turismo, el campo, es decir, las grandes capacidades productivas, reales o potenciales, de Cuba.

Por otro lado, Boron, en un giro clasico del estalinismo, propone que Almeyra en realidad coincide con los criticos de derecha del regimen Castrista, como Vargas Llosa, y con los “gusanos” exiliados en Miami. El viejo truco de mezclar revolucionarios y contrarevolucionarios en la misma bolsa con calumnias.

Desde que Stalin asocio a todos sus criticos revolucionarios, compo Trotsky, y no solo a el, sino a Zinoviev, Kamenev y la mayoria del Comité Central Bolchevique que hizo la revolucion con la politica de los nazis contra Rusia, esa ha sido la herramienta de la calumnia estalinista para descalificar toda critica por la izquierda. Ya sabemos en que termino el estalinismo y su preciado “socialismo real” y vimos como los miembros de su Nomenklatura son los burgueses contemporaneos de una Rusia imperialista.

Por otro lado, Boron apela a la historia oficial Cubana y reivindica las acciones internacionalistas del pueblo Cubano en el exterior o los avances en lo que constituyen las tres ganancias fundamentales de la revolucion: educacion, salud, vivienda...

No aclara, sin embargo, que contra estos tres sectores claves se han propuesto e iniciado “reformas” privatizadoras, es decir, debilitandolas, y que hace decadas que Cuba abandono el internacionalismo como norma de su politica exterior.

Boron llega al limite de tergiversar la politica de Marx y Trotsky cuando da ejemplos del apoyo del primero a la lucha contra el Sur por liberacion de los esclavos y al segundo en el apoyo a regimenes nacionalistas como el Cardenas que expropio las petroleras extranjeras.

Como ellos, todos los marxistas comprendemos la necesidad de apoyar medidas fundamentales aunque a veces, por el cumulo de contradicciones que encierra la clase dominante, esas reformas o cambios surjan de sus filas. Amen que los cambios propuestos por Lincoln en EEUU durante la Guerra Civil o Cardenas durante el proceso nacionalista de expropiaciones eran pasos hacia delante, progresivos, y las medidas propuestas por el gobierno Cubano son hacia atrás, es decir, regresivas.

Ademas tanto Marx en el caso norteamericano como Trotsky en el de Cardenas se preocuparon de marcar los limites de la clase a cargo de esas reformas o cambios y a la necesidad que estas fueran tomadas y llevadas a cabo hasta sus ultimas consecuencias por la clase obrera. Trotsky compara a Cardenas con Jefferson y otros lideres burgueses, no con Marx o Engels.

Boron deberia recordar que todos los marxistas revolucionarios, hasta los de mas encendidas criticas al rumbo de la dirigencia Cubana, hemos defendido a capa y espada a Cuba frente al imperialismo y cada uno de sus ataques. Su argumentacion contra Almeyra, que tien un historial de esa defensa, demuestra solo su falta de argumentos en la polemica de un intelectual acostumbrado a publicar, y ser subvencionado por ello, sin asumir los riesgos de discutir seriamente con nadie.

En su respuesta a la respuesta, Almeyra, en nuestra opinion, aunque correcto, no llega al fondo de la cuestion, porque no habla de la funcionalidad de las FFAA cubanas en el proceso de privatizacion ni en la militarizacion antidemocratica de toda la vida social en la Isla.

Tampoco se refiere a los fenomenos centrales de la privatizacion propuesta por el regimen Cubano lo cual, si bien no desacredita su respuesta, la vuelve mas debil de lo que podria ser.

Sin mas, aquí los textos completos de la polemica, en el orden en el que fueron publicados. ■


• Cuba, tiempos de cambio
Por Atilio A. Boron

En Cuba se está generando un gran debate sobre el futuro económico de la Isla. Entre los cubanos se ha hecho carne la convicción de que el actual ordenamiento económico, inspirado en el modelo soviético de planificación ultra-centralizada, se encuentra agotado. Tal como lo advirtieron Fidel y Raúl, su permanencia pone en entredicho la supervivencia misma de la revolución. Si se la quiere salvar será preciso abandonar un esquema de gestión macroeconómica que, a todas luces, ya pasó a mejor vida.

La experiencia histórica ha enseñado que la irracionalidad y el derroche de los mercados pueden reaparecer en una economía totalmente controlada por planificadores estatales, los que no están a salvo de cometer gruesos errores que producen irracionalidades y derroches que afectan al bienestar de la población.

Ejemplos: en un país con un déficit habitacional tan grave como Cuba el ente estatal a cargo de las construcciones registra 8.000 albañiles y 12.000 personas dedicadas a la seguridad y a custodiar los depósitos de las empresas constructoras del estado. O que los informes oficiales del gobierno consignen que el 50 % de la superficie agrícola de la isla está sin cultivar, en un país que debe importar entre el 70 y el 80 % de los alimentos que consume.

O que casi la tercera parte de la cosecha se pierda debido a problemas de coordinación entre los productores (sean éstos organismos estatales, cooperativas agrícolas o empresas de otro tipo), las empresas de almacenaje y acopio y los servicios estatales de transporte que deben llevar la cosecha hasta los grandes centros de consumo.

O que actividades tales como la peluquería y los salones de belleza sean empresas estatales -¿en qué página de El Capital recomendó Marx tal cosa?- en las cuales los trabajadores reciben todos los implementos y materiales para realizar su labor y cobran un sueldo, pese a lo cual cobran a sus clientes diez veces más que el precio oficialmente establecido, fijado décadas atrás, y sin pagar un centavo de impuestos.

Estos son unos pocos ejemplos que conversando con los amigos cubanos se multiplican ad infinitum. Pero plantean una cuestión de importancia práctica y también teórica: el proyecto socialista, ¿se realiza al lograrse la total estatización de la economía? La respuesta es un terminante NO. Si en la Unión Soviética (que sólo tuvo como precursora a la heroica Comuna de París) las condiciones específicas de su tiempo no le dejaron otra alternativa que fomentar la estatización integral de la economía, nada indica que en las condiciones actuales se deba obrar de la misma manera.

Tal como con perspicacia lo anotara Rosa Luxemburgo a propósito precisamente del caso soviético, no hay razón alguna para hacer de necesidad virtud. Y si la estatización total y la planificación ultracentralizada pudo haber sido necesaria -y aún virtuosa- en su momento, al hacer posible que en un lapso de cuarenta años Rusia, el país más atrasado de Europa, pudiera derrotar al ejército Nazi y tomar la delantera en la carrera espacial, hoy ya no lo es. Dicho en términos del marxismo clásico, el desarrollo de las fuerzas productivas decretó la obsolescencia de formas e intervenciones estatales que siendo eficaces en el pasado ya no tienen posibilidad alguna de controlar la dinámica de los procesos productivos contemporáneos, decisivamente modelados por la tercera revolución industrial.

Cuba se interna en un proceso de cambios y de actualización del socialismo. Los primeros borradores del proyecto, un documento de una veintena de páginas aparecido como suplemento especial del Granma y Juventud Rebelde, fue distribuido masivamente en la población. Se tiraron 500.000 ejemplares que fueron inmediatamente adquiridos por la población, invitada reiteradamente a leerlo, discutirlo y hacer llegar sus propuestas. Van a hacer otra gigantesca tirada más, porque el ansia de participación es enorme.

El documento será examinado críticamente por todas las organizaciones sociales, sin distinción alguna: desde el Partido Comunista hasta los sindicatos y el enjambre de asociaciones de todo tipo que existen en la isla. Por eso se equivocan quienes se ilusionan con que la introducción de las reformas de inicio a un indecoroso -¡y suicida!- retorno al capitalismo. Nada de eso: lo que se intentará hacer es nada más y nada menos que llevar adelante reformas socialistas que potencien el control social, es decir, el control popular de los procesos de producción y distribución de la riqueza. El socialismo, correctamente entendido, es la socialización de la economía y del poder, más no su estatización. Pero para socializar es necesario primero producir, pues en caso contrario no habrá nada que socializar. Por lo tanto, se trata de reformas que profundizarán el socialismo, y que no tienen absolutamente nada que ver con las que plagaron América Latina desde los años ochentas.

Va de suyo que el camino a recorrer por la Revolución Cubana no será nada fácil y se encuentra erizado de peligros. A las dificultades propias de toda transición se le agregan los derivados del infame bloqueo impuesto por Estados Unidos (y mantenido por el Premio Nóbel de la Paz Barack Obama), el permanente bombardeo mediático y las presiones a que se ve sometida la isla procurarán por todos los medios hacer que las reformas socialistas degeneren en una reforma económica capitalista. El quid de la cuestión está en la brújula política, la orientación que tendrán estos procesos de cambio. Y el pueblo y el gobierno cubanos disponen de una muy buena brújula, probada por más de medio siglo, y saben muy bien que es lo que deben hacer para salvar al socialismo de las mortales amenazas que le plantea el agotamiento de su actual modelo económico. Y saben también que si hay algo que liquidaría las conquistas históricas de la revolución, que las barrería de un plumazo, sería la re-mercantilización de sus derechos y su conversión en mercancías. Es decir, la reintroducción del capitalismo. Y nadie quiere que tal cosa ocurra. ■


• Cuba: el cambio que ve Atilio Boron

"Boron asegura(...)que los dirigentes cubanos tienen buenas intenciones(...)Dejemos pues las buenas intenciones(...)y juzguemos en cambio por el tipo de medidas propuestas y por su dinámica".

Por Guillermo Almeyra
25-11-2010

Ante las medidas drásticas propuestas por el Partido Comunista Cubano para su VI Congreso Nacional, a realizarse en abril próximo, Atilio Boron determina que el modelo soviético de Estado y de economía basado en la estatización de todo tipo de empresas y en la planificación centralizada está “agotado” y “ya pasó a mejor vida”.

Dicho sea de paso, es notable que el analista en cuestión haya tenido que esperar hasta la emisión del documento partidario que le da el tiro de gracia a un modelo que llevaba a Cuba al borde de la muerte para darse cuentade que algo no andaba bien en un tipo de funcionamiento que él siempre elogió como “socialista” y para ver que existían una serie de aberraciones, que descubre y enumera con asombro a pesar de que cualquier cubano hablaba de ellas libremente desde hace muchos años y de que otros estamos escribiendo sobre ese tema y la economía cubana y sus defectos desde hace unos treinta años en la prensa de gran tiraje en español.

También llama la atención que, habiéndose derrumbado en 1989 el llamado “modelo” burocrático soviético ni Boron ni el Partido Comunista y el gobierno cubano hayan sentido hasta ahora la necesidad de hacer un balance del por qué de ese derrumbe y de cuáles fueron las causas del mismo, a pesar de que, desde 1936, el análisis marxista aplicado por Trotsky en “La Revolución Traicionada” daba ya un diagnóstico certero y preveía las consecuencias del mismo.

Perseverar durante más de veinte años enla aplicación de un sistema de pensamiento y de dirección absolutamente nocivo, que se derrumbó en 1989 por su podredumbre interna y llevó a los miembros de la dirección del Partido Comunista soviético a vender Pizza Hut o a convertirse directamente en capitalistas monopolistas mafiosos, es por lo menos señal de escaso interés por la teoría marxista.

Boron habría debido advertir, en su momento, a los dirigentes cubanos que estaban caminando por la cuerda floja confundiendo la estatización general de la economía y el capitalismo de Estado con fuertes rasgos burocráticos con el socialismo aunque eso, seguramente, habría reducido drásticamente el número de invitaciones a La Habana. Porque reforzar y sostener una de las principales conquistas antiimperialistas de los últimos 50 años –la Revolución cubana- y ayudar a sentar las bases que resulten posibles para la construcción del socialismo en una pequeña isla sin recursos ni población, que en su momento enfrentó además a Estados Unidos, el gobierno soviético y el régimen chino, no es una tarea exclusiva de los cubanos.

Todos los demócratas y socialistas del mundo tienen el deber de ayudarles con sus ideas, sus aportes, sus críticas en vez de dejarles solos cometiendo errores para después constatar el fracaso… y volver a dejarlos solos en la hora de adoptar las decisiones más peligrosas.

Boron asegura ahora que los dirigentes cubanos tienen las mejores intenciones y desean aplicar reformas socialistas, no el retorno al capitalismo. Es muy posible. Pero también tenían buenas intenciones cuando se lanzaron a la zafra de 10 millones de toneladas destruyendo las bases de la economía, o cuando se ataron a la Unión Soviética creyendo que ésta sería eterna, apostándolo todo a la mera exportación de hombres y de azúcar y níquel, o cuando Fidel Castro defendió la invasión soviética de Checoslovaquia y el aplastamiento del partido de ese país, o cuando calificó de grandes marxistas a Brezhnev, al dictador etíope Haile Marian, o el dictador somalí Siad Barre, entre otros.

Dejemos pues las buenas intenciones para los confesionarios o para los intenciómetros que habría que inventar y juzguemos en cambio por el tipo de medidas propuestas y por su dinámica.

Hay que llamar las cosas por su nombre: no van en la dirección de más justicia, más igualdad, más solidaridad, más socialismo sino en la dirección contraria, Refuerzan el papel del vértice del Estado que dirige al partido, y de los directores de las empresas, deciden por los trabajadores en vez de establecer mecanismos de consulta a éstos y de control por éstos.

Refuerzan el papel central del Estado y de los aparatos, no el de la democracia. No preparan a nadie para el fortalecimiento de una vasta capa cuentapropista dominada por el mercado y regida por el ansia de consumo y que se diferenciará internamente soldando su sector más rico con la burocracia más corrompida.

Ignoran el peso de la hegemonía cultural capitalista y del mercado mundial que dan una fuerte base al desarrollo de una fuerza capitalista en Cuba, que hasta ahora no existía.

Unen la contrarrevolución que se incuba en parte de la burocracia con el capitalismo estadounidense y mundial. Golpean en la economía, en las perspectivas, en su imaginario mismo, a los más pobres, que son la base social de la revolución cubana.

Si hay tanto interés popular por conocer esas medidas es porque la gente siempre quiere saber con cuál salsa la cocinarán quienes fueron responsables del fracaso y ahora responden a éste con medidas peligrosísimas. Ojalá que ese interés responda también a la necesidad de estudiar esas medidas para contrarrestar en lo posible los elementos más negativos, aunque ya hayan sido resueltos y en parte estén siendo aplicados. Lo cierto es que el cambio instaura en Cuba una fase de gran inestabilidad política, social y económica y que el pueblo cubano, como cuando la invasión de Playa de los Cochinos, requiere nuestra ayuda material y teórica porque la brújula de las autoridades cubanas no funciona ni funcionó muy bien, a pesar de lo que creen los admiradores de siempre de las mismas.■


• Cuba: Lo que Almeyra no ve

Por Atilio A. Boron Versión original publicada en Kaos en la Red

Días atrás Guillermo Almeyra publicó una nota en la que critica acerbamente un breve escrito de mi autoría sobre el proceso de cambios que se avecina en Cuba.[1] A lo largo de las líneas que siguen trataré de fundamentar lo más persuasivamente posible la interpretación que tanto irritara a mi crítico.

Previo a ello, sin embargo, es inevitable decir unas pocas palabras sobre la sorprendente inquina que refleja el tono y el estilo de la nota escrita por Almeyra, tanto más sorprendente cuanto se trata de alguien con quien siempre mantuve un trato sumamente cordial y nada permitía presagiar una actitud como la que ahora no tengo más remedio que comentar. Tono y estilo, digámoslo de una vez, que recuerdan los que prevalecían en la Unión Soviética durante el apogeo del estalinismo, algo que mi crítico no se cansó de cuestionar a lo largo de medio siglo.

Será tal vez por esa pertinaz perseverancia que le pasó lo que a tantos otros: que a fuerza de concentrar su atención en un personaje histórico terminan amándolo (caso del historiador italiano Renzo de Felice con Mussolini) o asimilando, inconcientemente, algunos de los rasgos definitorios de la personalidad de su objeto de estudio (caso de Almeyra con Stalin).

Porque de otro modo es incomprensible el tono admonitorio y ofensivo que ilumina toda su nota, en donde se me acusa de recién ahora haberme percatado de las incurables y gravísimas distorsiones del modelo soviético, cosa que quien haya leído mi obra o asistido a mis clases o conferencias sabe que vengo haciendo desde hace décadas; o la rastrera insinuación de que yo me habría abstenido de criticar el rumbo de la economía cubana porque en tal caso se “habría reducido drásticamente el número de invitaciones a La Habana”.

Con esa frase no sólo me insulta sino que también ofende y le falta el respeto a los compañeros que me honraron con sus diversas invitaciones para participar en numerosos eventos organizados en Cuba. Víctima de su visceral (y seguramente involuntario) estalinismo Almeyra parece más preocupado por denunciar ad hominem mis “crímenes teóricos” (no haber demostrado las “aberraciones” del socialismo cubano, no haber realizado un balance de la experiencia soviética tras las huellas del profético análisis de Trotsky en La Revolución Traicionada, síntomas clarísimos de mi “escaso interés por la teoría marxista”) que por abordar desde una perspectiva marxista el estudio de los desafíos que enfrenta el primer territorio libre de América en la coyuntura actual.

Tal como ocurriera bajo el estalinismo, el necesario debate entre los revolucionarios es reemplazado por la crítica airada, la admonición, la denuncia implacable dirigida contra quien no comulgue con su errónea interpretación del proceso revolucionario en Cuba.

En su nota Almeyra hace gala de un paternalismo que orilla lo ridículo al decir que “la construcción del socialismo en una pequeña isla sin recursos ni población, que en su momento enfrentó además a Estados Unidos, el gobierno soviético y el régimen chino, no es una tarea exclusiva de los cubanos. Todos los demócratas y socialistas del mundo tienen el deber de ayudarles con sus ideas, sus aportes, sus críticas en vez de dejarles solos cometiendo errores para después constatar el fracaso… y volver a dejar solos en la hora de adoptar las decisiones más peligrosas.”

Hay varios puntos que clarificar en esta cita. Primero, en relación a eso de dejar solos a los cubanos lo único que puedo decir es que lejos de ello la Revolución Cubana está acompañada por un formidable ejército compuesto por hombres y mujeres de todo el mundo dispuesto a luchar hasta el fin en su defensa y a ayudarla a enfrentar las peligrosas, difíciles (pero necesarias) decisiones que deberá tomar para salvar a la revolución. No hay la más mínima posibilidad de que quienes integramos esa fuerza vayamos a dejar a Cuba librada a su suerte. Quienes la abandonaron son los cultores de un asombroso infantilismo ultraizquierdista, cuyas saetas retóricas son música celestial para el imperialismo que puede aunar sus críticas con las que formulan Vargas Llosa y sus compinches. Su deplorable actitud no dejó a Cuba sola, o inerme, sino todo lo contrario. Allá ellos.

Conviene, en segundo lugar, subrayar algo que contradice flagrantemente la caracterización que hace Almeyra de la Revolución Cubana como un pseudo-socialismo estragado por su degeneración burocrática: en el párrafo arriba citado se reconoce que al menos un régimen tan defectuoso como ese tuvo la valentía de enfrentarse (pero “en su momento”, se apresura a aclarar mi severo crítico) con Estados Unidos, el gobierno soviético y el régimen chino. No es poca cosa para “una pequeña isla sin recursos ni población” haber tenido el coraje para medirse con aquellos gigantes.

Más quisiera yo que algunos países más grandes (por población o territorio) tuvieran las agallas para hacer lo mismo. En ese pasaje de su escrito desafortunadamente Almeyra no dice cuándo fue ese luminoso y fugaz momento de enfrentamiento con el imperialismo norteamericano y cuándo habría Cuba dejado de enfrentarse con él. Sería importante que en algún momento aclare esta confusión. Pero además, ¿qué quiere decir eso de que Cuba es“una pequeña isla sin recursos ni población?” Esa observación parece extraída de un manual gringo de turismo caribeño y no el producto del análisis marxista.

Que yo sepa Cuba tiene muchos recursos, de distinto tipo: aparte de los llamados “naturales” (minerales, petróleo, pesca, playas, ciertos productos agrícolas) dispone de valiosos recursos humanos: un plantel científico que en algunas áreas es de nivel internacional; o unas fuerzas armadas dotadas de una formidable capacidad disuasiva que no sólo sirvió para derrotar a los invasores en Playa Girón sino también para mantener alejado a los imperialistas de sus playas durante más de medio siglo.

Tiene también una población educada como ninguna otra en las Américas y que accede a niveles de atención médica y educación sólo comparable a la que ofrecen los países desarrollados. ¿Necesitará la Revolución Cubana de la ayuda de Almeyra para proseguir librando su batalla contra el imperialismo norteamericano? No parece.

Igual perplejidad genera la aseveración de mi crítico en el sentido de que la Revolución “requiere nuestra ayuda material y teórica porque la brújula de las autoridades cubanas no funciona ni funcionó muy bien.”¿Qué significa esto?

¿A qué se refiere tan enigmática afirmación? ¿Ha sido un error, debido al extravío de la brújula revolucionaria, la decisión de Fidel y sus camaradas de luchar contra el imperialismo norteamericano, o no aceptar convertirse en un proxy de la URSS en el Caribe? ¿O ha sido un error el inigualable ejemplo del internacionalismo cubano, que ha sembrado médicos, educadores y entrenadores deportivos en más de cien países, o que lo lleva a capacitar gratuitamente a miles de estudiantes en la Escuela Latinoamericana de Medicina?; ¿Es un error de que pese a medio siglo de bloqueos y agresiones en Cuba no haya -a diferencia de Argentina, Brasil o México- un solo niño descalzo o que duerma en la calle?

¿O a la excepcional campaña, dirigida por el Ministro de Educación Armando Hart, mediante la cual Cuba erradicó la plaga del analfabetismo? ¿O a su colaboración con los movimientos de liberación nacional y anti-racistas en el África Negra, que hizo posible el fin del apartheid en Sudáfrica y la derrota de los planes de la Casa Blanca en la región?

¿O es que fue un error la cooperación brindada a los sandinistas, o el apoyo a las políticas emancipatorias en curso en Venezuela, Bolivia y Ecuador? ¿Brújula averiada por haberse mantenido firme en su identidad socialista mientras se derrumbaba la URSS y se evaporaba el pseudo-socialismo de Europa del Este, o por haber expropiado a todos los monopolios imperialistas y aguantar -a pie firme y sin titubear- la brutal agresión de Estados Unidos y el ostracismo al cual la condenaron, durante casi medio siglo, la gran mayoría de las naciones de América Latina y el Caribe?

Reseñar la catarata de agravios e infundios que Almeyra descarga contra la Revolución Cubana sería una tarea interminable, a más de desagradable. Más que proceder de la boca de un intelectual trotskista parece provenir de algunas de las cuevas anti-castristas de Miami. Porque cualquier análisis sobre las limitaciones o desaciertos económicos del modelo cubano que no comience por examinar minuciosamente el impacto del bloqueo imperialista sobre Cuba es teóricamente equivocado y políticamente reaccionario. ¿Cómo entender que Almeyra pase por alto el hecho de que medido en dólares de hoy el costo de medio siglo de bloqueo imperialista a Cuba ascienda a una cifra equivalente a dos Planes Marshall (con uno se recuperó Europa de la Segunda Guerra Mundial).

Tal vez para tan visceral crítico de la Revolución Cubana esto sea una anécdota insignificante o una nimiedad, pero para la teoría marxista ciertamente no lo es. Desde la serena quietud de su gabinete los ácidos críticos de la revolución se desviven imaginando modelos económico-políticos que sólo existen en sus afiebradas cabecitas. Producto de esa infantil ensoñación – que Lenin criticara con tanta fuerza-el imperialismo deja de ser un agente histórico: se volatiliza, se convierte en un significante flotante, en un texto y ya no más en una máquina de oprimir, destruir y matar; es simplemente una abstracción, no un siniestro protagonista de la historia. Producto de ese ceguera los críticos de la excepcional epopeya cubana no logran calibrar la fenomenal influencia práctica de las políticas del imperio y sus agentes.

Y tal cosa no es producto de la adhesión a otra teoría, claramente ajena a la tradición marxista, sino de un vicio epistemológico que hace estragos en ciertas vertientes de la izquierda: el “teoreticismo”, es decir, la perversión de la teoría que deja de ser un instrumento para el análisis y la transformación del mundo para quedar reducida a una altisonante retórica que es revolucionaria solo en la estéril galaxia de los conceptos, a remota distancia del proceso histórico real.

Otro ejemplo: en su escrito Almeyra le reprocha a Cuba el haber intentado lograr una zafra azucarera de 10 millones de toneladas, pero ni se le pasa por la cabeza analizar cuáles fueron los condicionantes económicos que impulsaron a Fidel a proponerse tan ambiciosa meta. ¿Pensará que fue una mera bravuconada del jefe de la revolución? Sin dudas que fue un gran desafío, pero las condiciones económicas por las que atravesaba Cuba luego de o­nce años de revolución requería de medidas excepcionales.

Seguramente que mi crítico debe pensar que en aquellos momentos la economía de Cuba florecía y que la revolución avanzaba –de conformidad con lo que le señalaban sus lecturas “teóricas”- sin tropiezos ni amenaza alguna, sin enemigos a la vista, cosa que también debe haber pensado cuando escribió que los cubanos “se ataron a la Unión Soviética creyendo que ésta sería eterna.”

¡Cómo es posible tanta ceguera!¿Es razonable suponer que alguien siquiera elementalmente informado y razonablemente sobrio pueda ignorar que cuando los cubanos decidieron establecer una relación comercial con la URSS e ingresar al CAME, en 1972,la Isla no tenía con quien comerciar en todo el mundo?

¿Se le olvidó que había sido expulsada de la OEA y se hallaba integralmente bloqueada desde 1962,y que por más que quisieran comerciar con los países de América Latina ellos no querían comerciar con Cuba, con la honrosa excepción de México? Tampoco podían hacerlo con Estados Unidos; China y el extremo oriente eran lejanas referencias geográficas; África luchaba, como hasta hoy, por su mera supervivencia; y la tradicional genuflexión europea hacia sus amos norteamericanos impedía construir un flujo comercial significativo entre Europa y Cuba.

¿Qué alternativas tenía ante sí la revolución?¿Aislarse completamente del mundo y convertirse en la réplica caribeña de la Albania de Enver Hoxha o de los tenebrosos Jemeres Rojos de Pol Pot estaban llevando a cabo una matazón sin precedentes en Kampuchea? Conviene recordar lo que decía Lenin cuando señalaba que el marxismo “es el análisis concreto de la situación concreta”, algo que se encuentra a años luz del escrito de Almeyra en donde la concreción es, al decir del gran filósofo marxista checo Karen Kossik, más aparente que real, una mera “pseudo-concreción.”

Como si lo anterior no fuera poco en su ofuscación mi crítico no alcanzó a leer con cuidado el título del documento sobre el cual dispara sus ardientes saetas y que reza así: “Proyecto de Lineamientos de la política económica y social”. ¡En ninguna parte dice que eso será lo que finalmente vaya a aprobar el VIº Congreso del PCC? Dice “proyecto”, con todas las letras: insumo para una discusión.

¿Podría ser mejorado? Claro que sí, pero aún con sus limitaciones ya ha servido para encender una discusión que se extenderá a lo largo y ancho de Cuba. ¿Hay puntos controversiales en el proyecto? Por supuesto que sí. La transición hacia un nuevo ordenamiento económico, ¿no es acaso sumamente peligrosa? ¡Qué duda cabe! Pero mucho más peligroso es el inmovilismo, la inmutabilidad, que condenarían a la revolución a una muerte segura y poco apacible. Cuba se encuentra en una trampa, de la cual no hay fácil salida. Pero si tiene la osadía de cambiar y de reformar su socialismo, profundizándolo, saldrá bien librada de ese desafío. Si no lo hace la derrota de la revolución será apenas una cuestión de tiempo. ¿Se demoraron mucho estos cambios? Puede ser, pero hay que recordar que los márgenes de maniobra de Cuba no son los de México, Brasil o Argentina.

Almeyra profetiza que los cambios que se vienen en Cuba “no van en la dirección de más justicia, más igualdad, más solidaridad, más socialismo sino en la dirección contraria.” ¿Quién le dijo tal cosa, cómo lo adivina? ¿Qué papel juega en su interpretación teórica el protagonismo y la participación populares que caracterizan, pese a sus limitaciones, a la sociedad cubana? ¿Cuál es el fundamento de su fatal pesimismo?

No cabe duda que los Lineamientos contienen algunas definiciones muy problemáticas y que suscitan no pocos interrogantes. Pero ninguno de ellos justifica lo que propone mi crítico en otro de sus artículos: que la reforma socialista de la economía debería significar, entre otras cosas, la disminución del presupuesto militar de Cuba. Pocas veces he leído tamaño disparate al analizar un proceso revolucionario.

Si el imperialismo norteamericano se abstuvo de invadir Cuba y destruir la revolución fue porque numerosos informes de la CIA y el Pentágono le advertían a la Casa Blanca que la resistencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias impondría un severo costo en vidas humanas a los invasores, algo que después de Vietnam la opinión pública norteamericana no está dispuesta a tolerar. Debilitar a las FAR es exactamente lo que quieren los imperialistas. Y eso es lo que aconseja Almeyra en su análisis sobre la actual encrucijada en que se encuentra Cuba.

Para concluir: la actitud de mi crítico contrasta llamativamente con la que adoptara su presunto mentor, León Trotksy, que a estas horas deberá estar revolcándose en su tumba al anoticiarse de las cosas que suelen decirse -¡y hacerse!- en su nombre. Conciente del significado y la letalidad de la opresión imperialista que se abatía sobre México a finales de la década de los treintas del siglo pasado Trotsky escribió que “el general Cárdenas es uno de esos hombres de estado, en su país, que han realizado tareas comparables a las de Washington, Jefferson, Abraham Lincoln y el general Grant.”

Y más adelante decía en un luminoso texto, “México y el imperialismo británico”, que “sin sucumbir a las ilusiones y sin temer a las calumnias, los obreros avanzados apoyarán completamente al pueblo mexicano en su lucha contra los imperialistas. La expropiación del petróleo no es ni socialista ni comunista. Es una medida de defensa nacional altamente progresista.

Por supuesto, Marx no consideró que Abraham Lincoln fuese un comunista; esto, sin embargo, no le impidió a Marx tener la más profunda simpatía por la lucha que Lincoln dirigió. La Primera Internacional le envió al presidente de la Guerra Civil un mensaje de felicitación, y Lincoln, en su respuesta, agradeció inmensamente este apoyo moral.” Remataba su razonamiento diciendo que “la causa de México, como la causa de España, como la causa de China, es la causa de la clase obrera internacional. La lucha por el petróleo mexicano es sólo una de las escaramuzas de vanguardia de las futuras batallas entre los opresores y los oprimidos.” En estos pasajes Trotsky combina magistralmente el análisis de la coyuntura en sus dos planos: el nacional y el internacional, y extrae las conclusiones políticas correctas para intervenir en la coyuntura.

Convendría que Almeyra leyese esas páginas para comprender el extraordinario significado histórico de la Revolución Cubana y sus desafíos actuales.■


• Sobre Atilio Boron. Breve respuesta a una respuesta desaforada

Una larga y desaforada respuesta de Atilio Boron a mi artículo “Cuba: el cambio que ve Atilio Boron” me obliga a aclarar algunas cosas.

Por Guillermo Almeyra | 7-12-2010

Una larga y desaforada respuesta de Atilio Boron a mi artículo “Cuba: el cambio que ve Atilio Boron” me obliga a aclarar algunas cosas. Que el lector no se preocupe: con esta nota, para mí, la discusión con Boron queda cerrada porque, en realidad, yo no escribí sobre un hombre –con el cual he tenido siempre un trato cordial- sino sobre una especie particularmente peligrosa en los momentos en que hay que tener decisiones acertadas que padece lo que llamo “el síndrome del ómnibus” y acatan el cartelito “No molestar al que conduce” porque son “hombres de orden”.

Es el tipo de gente que no criticaba a los dirigentes soviéticos “para no hacerle el juego al imperialismo” (el cual, por supuesto, se mantenía y reforzaba gracias a esos líderes) y que no critica a ningún dirigente revolucionario que se equivoque. Y no porque no vea los errores sino porque ese tipo de personas no se siente parte consciente de una lucha contra el capitalismo sino que delega el pensar y el resolver en manos de esos líderes, a los que ve como Jefes y a los que sirve incondicionalmente, descubriendo eventuales errores sólo cuando el Líder ya los ha denunciando.

Antes de pasar a los insultos y “argumentos” de Boron (en su documento Lo que Almeyra no ve, en kaosenlared.net del 6 de este mes), quiero recordar dos cosas: 1) fui secretario del Comité Argentino de Solidaridad con Cuba en 1957, dos años antes del ingreso victorioso de los revolucionarios en La Habana y desde entonces defiendo permanentemente la Revolución Cubana (que no identifico sin embargo con cada acto de su gobierno ni con cada gobernante) y el derecho de autodeterminación de los pueblos, como el cubano, en su lucha contra el criminal estado de guerra permanente que le impone el imperialismo;

2) fui miembro, en México, del Tribunal Internacional Benito Juárez que cuantificó los daños directos e indirectos causados a la economía cubana por el bloqueo y las agresiones imperialistas con la participación decisiva de conocidos juristas y economistas cubanos, de modo que no ignoro que, cuando hablamos de la economía de la isla, no nos estamos refiriendo a la de Luxemburgo como boronea Boron.

Pasemos ahora a resumir la respuesta de éste: dice que lo ataco sin razones previaspor mi “visceral stalinismo” y que lo hago “con tono y estilo stalinista”. Para un militante que desde 1948 combatió siempre el stalinismo y su violencia eso, independientemente de lo absurdo e infantil que parezca, es un insulto. Sostiene que él siempre criticó al stalinismo en sus cursos, cosa que no dudo. Pero yo hablé de otra cosa, de la inexistencia de un balance teórico y de una condena escrita al stalinismo tanto del gobierno cubano como suya, que jamás leí ya que la “explicación” de Fidel Castro sobre el derrumbe de la URSS y de su Partido Comunista (de 18 millones de miembros) según la cual la URSS fue “apuñalada por la espalda” y traicionada por pocos dirigentes no explica ni condena nada ni puede ser tomada en serio.

Con chicanas boronea pretendiendo hacerme decir nada menos que Cuba habría dejado de combatir al imperialismo cuando el principal aporte de Cuba a la lucha de liberación colonial reside precisamente en su heroica lucha antiimperialista por la independencia nacional y cuando la base principal del consenso político de la mayoría de los cubanos es sobre todo la decisión inquebrantable de no dejar que Cuba sea una nueva Puerto Rico.

Por supuesto yo había escrito que además de la lucha contra Estados Unidos, en determinado momento Cuba debió pelear también contra las presiones de la Unión Soviética y de China, y lo había señalado para resaltar las terribles dificultades que había debido enfrentar y la valentía con que había mantenido un rumbo sin claudicaciones, cualesquiera hayan sido los errores. Por consiguiente, al boronear de este modo ¿a quién quiere convencer Boron? .

Boron sostiene que mis críticas sirven al imperialismo, son iguales a las de Vargas Llosa y sus compinches y son propias de las cuevas de Miami y que lanzo una “catarata de agravios e infundios sobre la Revolución cubana” a la cual, por supuesto, identifica con el proyecto que critico y, de modo más general, con cada posición del para él infalible gobierno cubano. Despuésle enmienda la plana a Fidel Castro, que en su momento se autocriticó no por haber intentado lograr una zafra récord sino por haber desorganizado la economía para conseguirla y sostiene que no entiendo la valentía de la lucha de los cubanos por su independencia y por la construcción del socialismo, aunque precisamente, por entender y sostener esa valentía y esa revoluciónestuve preso en una cárcel de alta seguridad del “democrático” gobierno de Frondizi .

Sigue diciendo que califico lo que hay en Cuba como seudosocialismo cuando niego que sea socialismo porque éste no se puede construir en un solo país. Sostiene también que el Proyecto presentado al VI Congreso del PC cubano es sólo eso. Pero, en realidad, ya fue oficializado en la Gaceta Oficial en octubre y las discusiones amplias que se realizan actualmente buscan enmendar detalles y medir el ambiente político, aunque las medidas ya se están aplicando y no fueron elaboradas con la participación previa de los trabajadores (cosa que Boron olvida).

Este se horroriza igualmente ante mi propuesta de reducir también los privilegios de los altos sectores burocráticos, incluidos los militares y finalmenteme aconseja imitar a Marx que apoyó a Lincoln y a Trotsky que apoyó a Cárdenas. Pero Marx nunca dijo que Lincoln era comunista, ni Trotsky se hizo cardenista. Lo malo al boronear es que al hacerlo se confunde el necesario apoyo a todo proceso progresista y revolucionario con la necesidad de idealizarlo y de identificarlo con los gobiernos a los que no es posible criticar…

Sobre Cuba estoy escribiendo desde hace medio siglo Por supuesto, no me considero infalible ni en las críticas ni en los elogios pero seguiré cumpliendo con mi deber de aportar siempre un pensamiento crítico, positivo, orientado hacia la revolución yno me parece que deba cambiar de actitud. Lamento si Boron se siente ofendido, pero lo de Cuba nos afecta a todos de un modo dramático y no podemos mirar para otro lado mientras otros deciden sobre los cubanos.■


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