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Historia¿Qué son Cuba y Fidel? Un análisis y caracterización Marxista

¿Qué son Cuba y Fidel?
Un análisis y caracterización Marxista

Por Gina Álvarez

“Uno no puede negar categóricamente y por anticipado la posibilidad teórica de que, bajo la influencia de circunstancias completamente excepcionales (la guerra, la derrota, el crack financiero, la presión revolucionaria de las masas, etc.) los partidos pequeño burgueses, incluyendo los estalinistas, puedan ir más allá de lo que ellos mismos quisieran en el camino de la ruptura con la burguesía.”
León Trotski, El Programa de Transición, 1938


Las metas, la naturaleza de clase y los objetivos, así como los métodos del Movimiento 26 Julio de Fidel Castro eran inicialmente nacionalistas revolucionarios, antidictatoriales y anti-imperialistas.

La mayor parte de la dirección, del programa político y de su membresía, así como de sus métodos de lucha (la guerra de guerrillas) representaban a la clase media radical y a las capas medias del campesinado, pero no a la clase obrera y no planteaban ningún tipo de objetivo socialista.

Bajo la creciente presión de las fuerzas locales reaccionarias y del imperialismo norteamericano, y debido a la debilidad estructural de la burguesía nacional cubana, el movimiento político y el gobierno de Fidel Castro se vieron forzados a ir bastante más allá de sus planes originales y adoptaron algunas medidas revolucionarias aunque incompletas, limitadas y contradictorias de ruptura inicial con el capitalismo.

¿De donde viene Fidel?

Fidel Castro era un activista radical contra la dictadura de Fulgencio Batista. Fue originalmente miembro de un partido burgués de oposición, pero estaba inconforme con el cretinismo pacifista y el acomodamiento de su dirección al imperialismo y sus constantes acuerdos con la dictadura.

En 1953 organizó a un grupo de jóvenes para lanzar un ataque contra el ejército en la base militar de La Moncada, cerca de Santiago, la segunda ciudad más grande de Cuba.

La acción ocurrió el 26 de julio de ese año. El “Manifiesto de La Moncada” publicado por el grupo llamaba a la independencia nacional, la libertad y la dignidad proclamando su adhesión a las ideas de José Martí, el padre fundador de Cuba.

El grupo de jóvenes que participó en el ataque creían que su acción sería el catalizador que unificaría a la oposición burguesa contra Batista y contra la dominación de la isla por Estados Unidos. Se veían a sí mismos como el instrumento que empujaría a esa oposición a la acción revolucionaria para derrocar al gobierno.

El ataque fracasó, algunos de los miembros del grupo de Fidel murieron en la acción y varios de ellos, incluido Fidel mismo, fueron detenidos. La acción, sin embargo, catapultó a Fidel Castro a las filas de los combatientes antidictatoriales más reconocidos.

Las fuerzas de Batista detuvieron también a otros miembros del burgués Partido Ortodoxo – la organización política de la que Castro era nominalmente miembro – y del Partido Comunista (conocido como Partido Popular Socialista) utilizando el ataque como una excusa para reprimir a toda la oposición. Todos los detenidos del PO y del PPS fueron liberados poco después.

Durante el juicio que se le siguió, Castro hizo un discurso en su defensa – el cual pasó a ser conocido por la frase “la historia me absolverá” contenida en el cierre de sus argumentos – en el que expuso un programa que incluía una reforma agraria limitada, la independencia de los Estados Unidos y reformas educativas y de salud para los pobres, e indicó que el propósito del movimiento era el de crear una democracia, y un estado capitalista moderno e independiente.

En mayo de 1955, Batista otorgó la amnistía a Fidel Castro y a otros miembros de su grupo y en junio del mismo año el Movimiento 26 Julio quedó fundado formalmente, pero éste nunca pudo desarrollarse completamente debido a que el gobierno mantenía a sus miembros bajo una vigilancia permanente.

El exilio y el Che

En 1955, Fidel decidió salir de Cuba hacia el exilio en México, la ruta tradicional tomada por los opositores cubanos desde los años 30s.

Castro organizó un viaje por distintas ciudades de Estados Unidos donde recibió ayuda financiera y reclutó a algunos seguidores en las comunidades cubano americanas, en aquella época fuertemente anti-batistas.

El lema principal de su movimiento era “democracia conquistada por la fuerza”, ya que según su caracterización de la situación, todas las demás vías estaban cerradas. Durante esa época mantuvo contacto cercano con el burgués Partido Ortodoxo, pues todavía creía que podía ser reformado.

El mismo año, Fidel y el Che Guevara se conocieron por casualidad en la Ciudad de México a donde Guevara había llegado en un viaje en motocicleta que hacía por Iberoamérica luego de haberse graduado.

Guevara, había sido apolítico en su mayor parte hasta unos cuantos meses antes de conocer a Castro. Durante su paso por Guatemala se relacionó primero socialmente y luego participó con activistas del gobierno populista de Jacobo Arbenz, quien fuera depuesto durante la permanencia del Che en ese país, lo que lo llevó a unirse brevemente a las barricadas en las calles de la Ciudad de Guatemala. Guevara fue detenido y expulsado de Guatemala por su participación en las acciones.

La “invasión” en el Granma y la fama mediatica

En 1956, Fidel al mando de una pequeña fuerza de 82 combatientes, a bordo del pequeño yate “Granma” se dirigió a “invadir” Cuba, con la esperanza de que la acción provocaría una insurrección en la isla. Varias organizaciones nacionalistas de Cuba, que habían prometido una insurrección, sólo pudieron efectuar algunos ataques menores con bombas y disparos en varias ciudades.

La “invasión” resultó un fracaso; el barco se hundió, la mayor parte de sus combatientes ó desaparecieron ó fueron muertos por el ejército y sólo sobrevivieron menos de una docena de ellos, incluyendo el Che, Raúl y Fidel Castro.

Cuando lograron reagruparse y reclutar algunos campesinos para pelear su primera batalla el 17 de enero de 1957, la fuerza guerrillera tenía 32 miembros.

Fue entonces que Fidel tuvo un golpe de suerte. Fue entrevistado en la selva cubana por el periodista norteamericano Herbert L. Mathews, del New York Times, lo cual los transformó instantáneamente – a él y a su grupo guerrillero – en celebridades mundiales.

El New York Times, la revista Time y un número de periódicos reconocidos– inconformes por el predominio de la mafia norteamericana en los negocios en Cuba y por la descarada brutalidad de Fulgencio Batista – el régimen títere de EU – promovieron de manera inusitada las relaciones públicas del diminuto grupo.

El programa del Movimiento 26 Julio: Democracia, elecciones, independencia cubana y reforma agraria

El énfasis del Movimiento 26 Julio en la democracia, las elecciones, la independencia cubana y la reforma agraria le dieron una tremenda ventaja sobre los principales partidos burgueses y sobre el PPS que continuaba acomodándose al régimen de Batista. Se vieron favorecidos además por el trabajo nacionalista y anti-imperialista de líder estudiantil Frank Pais quien fuera asesinado en julio de 1957, provocando su muerte una tremenda ola de repudio en todo el país.

Algunos medios internacionales llegaron a comparar a los guerrilleros de barba con los “Padres Fundadores” de la Revolución Americana.

En 1957 el ejército guerrillero adoptó de manera pragmática la “Primera Ley de la Reforma Agraria” – en las áreas que controlaban en la Sierra Maestra – con la que beneficiaron eventualmente a alrededor de 100,000 campesinos. Esta ley prohibía la posesión de tierras a extranjeros en las áreas bajo control rebelde, apoyaba la ocupación de tierras por los campesinos y limitaba la extensión de las propiedades a menos de 402 hectáreas, con la excepción de algunas propiedades dedicadas a la producción de caña de azúcar o arroz que podrían ser mucho más grandes.

Aunque era progresiva, la ley facilitó la continuidad de una fuerte burguesía agraria dado que permitía un tamaño significativo para las propiedades. En las explotaciones típicas de Cuba, los cafetales, las plantaciones de arroz y de azúcar, los tamaños permitidos por la guerrilla eran incluso más grandes que las propiedades del mismo tipo de la oligarquía en países como El Salvador o Nicaragua.

La ley, no obstante, le dio al ejército guerrillero una base substancial de apoyo entre los campesinos, particularmente entre los medianos y altos, así como entre los pequeños y los sin tierra porque les garantizaba empleo.

Esta ley definió claramente cuales eran los objetivos nacionalistas burgueses del M-26 y de Fidel Castro, y mostraba los límites que Fidel tenía en mente para la transformación de Cuba: derrocar la dictadura, cubanizar la economía del país, mejorar la situación de los campesinos.

El Movimiento 26 Julio amplió luego su base de apoyo con la formación de un movimiento de carácter esencialmente burgués y de clase media, el Movimiento de Resistencia Cívica –un frente nacionalista y anti-dictatorial moderado.

En cierto momento, Fidel presionó por la formación de una alianza con el burgués Partido Auténtico Revolucionario Cubano, y el Partido del Pueblo Cubano (PPC), y hasta con el Club Rotario, organizaciones que firmaron el llamado “Pacto de Miami” en oposición a la dictadura.

Esta nueva alianza rechazó el proceso electoral que intentaba digitar Fulgencio Batista basado en exclusiones y proscripciones con el objeto de legitimizarse en el poder, propuso un gobierno provisional dirigido por el líder burgués Felipe Pazos, y solicitó la intervención de la ONU y de la Organización de Estados Americanos para que ayudara en el proceso de democratización.

Algunos de los partidos trataron de sacar ventaja y de maniobrar a Fidel Castro en la lucha por el liderazgo de este frente conduciéndolo a su eventual destrucción. Cuando se logró la victoria, Fidel, sin embargo, respetó los acuerdos de este agrupamiento en los primeros meses de su gobierno.

Para 1958, cuando Batista y el Departamento de Estado norteamericano trataron de contener la creciente y masiva oposición al régimen de Cuba mediante discursos y promesas de “elecciones libres”, ya era demasiado tarde. La mayor parte del campesinado veía con simpatía a los guerrilleros aunque sin apoyarlos activamente. La agitación en las universidades cubanas a favor de la oposición era, sin embargo, abrumadora.

En julio de 1958, debido a la presión popular, Estados Unidos se vio obligado a retirar las fuerzas navales adicionales que había enviado a la base de Guantánamo. Las condiciones en Cuba ya no eran las de antaño en que los EEUU podrían intervenir militarmente y hasta ocuparlo a su antojo.

La toma del poder y el primer gobierno

El 9 de abril los rebeldes llamaron por primera vez a una huelga general, pero sin preparar la huelga en cooperación con sectores de la clase obrera.

El M-26 se limitó a publicar un comunicado desde las montañas. Como resultado la huelga fue un completo fracaso pero debido a las condiciones, y a la reacción de la dictadura, ayudó al objetivo de desestabilizar aún más al gobierno.

Aunque el régimen tenía la ventaja en términos de fuerza bruta, y llevó a cabo actos de represión, hizo un mal cálculo de sus fuerzas y lanzó prematuramente una “ofensiva por la victoria” en contra de los guerrilleros que acabó en un desastre militar para Batista.

En enero de 1959 el régimen y su ejército se desplomaron y se llevó a cabo una exitosa huelga general. La acción de la clase obrera se dirigió especialmente a detener los intentos de una capa del cuerpo de oficiales de organizar un golpe de estado para desplazar a Batista del poder y apaciguar al movimiento de masas.

El 4 de enero de 1959, la mayor parte del país estaba en manos de los rebeldes. El 8 de enero los guerrilleros dirigidos por Fidel Castro entraron a La Habana.

El primer gobierno de la revolución fue un gobierno burgués dirigido por el Dr. Manuel Urrutia Lleó, un político tradicionalista, que tuvo como ministro al millonario José Miro Cardona, ambos adversarios conservadores de Batista.

También formaban parte del gobierno otros derechistas como el Dr. Roberto Agramonte y Manuel Rayo. Fidel fue designado como jefe del ejército creado a partir de las fuerzas guerrilleras después del desbaratamiento del ejército de Batista que se basaba en la complicidad de los oficiales en la corrupción, la prostitución y tráfico de drogas.

El nuevo gobierno era representante de una burguesía nacional tan débil y dependiente estructuralmente del imperialismo norteamericano que fue incapaz de llevar a cabo algún cambio substancial en el país. Nunca pasó de representar el bosquejo de una burguesía aunque trató de obstaculizar cualquier medida radical democrática.

Castro y el Ejercito asumen todo el poder

La resistencia furiosa al proceso revolucionario por parte de sectores de la burguesía norteamericana y de los elementos cubanos más reaccionarios, produjo la primera crisis de gobierno en febrero cuando Urrutia se opuso a las reformas minimalistas avanzadas por Fidel Castro y el M-26.

Castro obligó a renunciar al presidente, quien fue reemplazado por el Dr. Dorticós Torrado y disolvió el Congreso Cubano por su creciente oposición y estableció los “Tribunales Revolucionarios” para ejecutar a los dirigentes de la oleada contrarrevolucionaria montada por Estados Unidos y por reaccionarios cubanos.

Castro fue nombrado Primer Ministro y comenzó a ejercer plenos poderes con el apoyo del Ejército. Este arreglo se convirtió, en lo fundamental, en la estructura de poder que permanece hasta hoy día. El poder nunca pasó a manos de la clase obrera y del campesinado sino que permaneció en manos del ejército y sus grupos del frente político.

Amenazado por una creciente oposición tanto local como exterior, Fidel Castro mandó ejecutar a centenares de opositores y expropió sus negocios y viviendas.

Las refinerías de azúcar, la industria textil, los casinos y los clubes nocturnos fueron tomados o confiscados. Cuando el gobierno de EU los amenazó, el gobierno centrado en la guerrilla se apropió de los bienes norteamericanos. La Confederación de Trabajadores de Cuba fue virtualmente disuelta y sólo fue reconstituída mucho después.

Si bien durante este período los trabajadores y los campesinos participaron en las acciones y manifestaciones y estuvieron generalmente a favor de las medidas tomadas por el gobierno, nunca lo hicieron como parte de sus propias organizaciones independientes.

Al mismo tiempo, con el fin de ganarse el apoyo de esta misma masa de trabajadores y campesinos – que aunque sin organizaciones propias ponían mucha presión a favor de la adopción de reformas – Fidel anunció una nueva reforma agraria y para los trabajadores promulgó una “Ley de la Reforma Urbana,” eliminando los contratos de renta.

Se anunciaron y comenzaron a llevarse a cabo los planes de los programas masivos nacionales de salud y de educación.

De la lucha democrática a las transformaciones radicales

Bajo las extremas amenazas de ataque por el imperialismo y los reaccionarios, Fidel Castro y el M-26, se vieron forzados a ir mucho más allá de sus planes iniciales de un estado cubano burgués moderno e independiente, confirmando la vigencia de la teoría de que en los países semicoloniales, las tareas democráticas de la independencia nacional y la justicia social no se pueden lograr sin romper con el orden capitalista y el imperialismo.

Lo que era por su naturaleza una revolución democrática y anti-imperialista se vio obligada a efectuar algunas tareas democráticas y revolucionarias, pero debido a que no era una revolución socialista, esas tareas quedaron incompletas y no fueron extendidas con otras iniciativas igualmente críticas.

De hecho, estas reformas que incluyen las campañas de alfabetización, vivienda, servicios de salud y educación gratuitas son las mismas conquistas de la revolución que se mantienen todavía en su mayor parte hasta hoy día.

Debido a que la clase obrera se vio limitada a jugar un papel secundario y de mero apoyo y no un papel dirigente – hasta la actualidad el poder real permanece en manos de Fidel y del ejército; la revolución careció y carece aún de elementos de democracia obrera y de gobierno obrero, que son características indispensable de toda revolución socialista.

La presión inexorable de EU

Casi desde la victoria en La Habana el imperialismo norteamericano procedió a atacar la revolución con todos los medios a su disposición incluyendo: el bloqueo y sanciones económicas, las cuales han durado ya más de 40 años; los intentos de asesinato contra la dirección de la revolución; la invasión militar de 1961 (Bahía de Cochinos); y la creación de una sede permanente para la actividad contrarrevolucionaria en Miami basada en la comunidad exiliada cubana, etc.

Si bien los EU vieron perder sus intereses en Cuba durante la revolución, estas pérdidas están muy lejos de ser críticas para los intereses económicos de la clase gobernante norteamericana.

Todas las administraciones demócratas y republicanas, sin embargo, colocaron a la cabeza de su agenda sobre Cuba la recuperación del orgullo imperial perdido por el derrocamiento de Batista y agravado por su derrota en la invasión de la Bahía de Cochinos y por el alineamiento de Cuba con el bloque soviético.

Los EU no están dispuestos a aceptar, ni siquiera hoy día, su independencia y la pérdida del control de un país al que por más de un siglo consideraron como su patio trasero, su playa privada, burdel, y nido de drogas.

La Declaración de Cuba como Socialista, la fusion del M-26 con el PCC y el alineamiento de Cuba con el Bloque de la Unión Soviética

El 16 abril de 1961, frente a la inminente invasión militar de los EU, Fidel Castro hizo un discurso proclamando el carácter socialista de la revolución cubana – dos años después de la toma del poder y diez años después de las luchas iniciales contra Batista, y tan sólo unos cuantos meses después de que las EIR (Escuelas de Instrucción Revolucionaria) comenzaran a formar en el marxismo a los cuadros del M-26.

En junio de 1961 el M-26, el PSP (comunistas) y el nacionalista Directorio Revolucionario 13 de Marzo (DR-13) hicieron el acuerdo de disolverse para crear un partido común. Pero ambos el PPS y el DR-13 fueron purgados.

En años posteriores, y cuando las condiciones lo permitieron, Fidel y su núcleo dirigente procedieron a nuevas purgas de viejos dirigentes del PSP y del DR-13.

El PPS, a pesar de ser un partido comunista, era de orientación estalinista y, como tal, mantuvo en el pasado muchas conexiones con la dictadura de Batista, algunos de sus dirigentes fueron considerados como enemigos de la revolución y mantenían posiciones hostiles a las de Fidel Castro. Por otro lado, debido a que cientos de miles de profesionales educados de clase media dejaron el país, el PPS fue la única organización con cuadros profesionales en sus filas.

El DR-13 no era una agrupación socialista ni comunista, sino nacionalista que, como tal, competía con el M-26. Castro y el M-26 convencieron a algunos de sus dirigentes de cambiar de posición y de volverse contra los que se resistieran, a cambio recibieron la promesa de compartir el poder.

El nuevo partido se llamó primero Partido de la Revolución Socialista Cubana (PURSC) y luego, en 1965, cambió su nombre al de Partido Comunista Cubano.

La revolución cubana, al verse arrinconada por el imperialismo norteamericano, decidió pasarse al lado de la Unión Soviética y adoptar su fisonomía política general con la esperanza de que esto salvaría al régimen político y ayudaría a disuadir a EEUU de lanzar nuevos ataques militares.

Esto último sólo se logró años después, en 1962, cuando los EU y la Unión Soviética acordaron firmar un tratado en el que el Imperio prometió que no volvería a intervenir otra vez militarmente en Cuba, a cambio del retiro de los misiles nucleares soviéticos instalados en la isla por los soviéticos con el objetivo de negociar con EEUU un posterior retiro a cambio de que la Casa Blanca hiciera lo mismo con los cohetes que apuntaban a la Unión Soviética desde Turquía.

Durante algunos años, la dirección cubana tomó con entusiasmo su nueva identidad como estado socialista y caracterizó correctamente que la mejor defensa de las conquistas de su revolución sería la extensión de la revolución a otros países en Iberoamérica. Durante este período el poder político en Cuba llegó a ser compartido entre el Ejército y el Partido Comunista Cubano.

A este período pertenecen las iniciativas cubanas de crear el ICAP (Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos), su promoción del Bloque de Países No Alineado y su llamado a la Conferencia Tricontinental en 1966 en cuyo transcurso fue creada la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad) y otras organizaciones para enfrentar al imperialismo.

Pero la relación de Cuba con la Unión Soviética sin iniciativas teóricas y políticas aunadas a algunas iniciativas internacionales que terminaron en desastre como los intentos del Che Guevara de reproducir la estrategia guerrillera cubana en otros países acabaron produciendo repercusiones negativas entre los burócratas cubanos.

La muerte del Che y los cambios de politica

Poco después del asesinato del Che Guevara en Bolivia en 1967 los cubanos detuvieron casi toda iniciativa internacional por expandir la revolución cubana, y aceptaron jugar el papel secundario de cara de izquierda de la Unión Soviética en asuntos internacionales, aunque con ciertos zig zags. Gradualmente, el poder volvió completamente a las manos del Ejército, cuya elite de primeros comandantes y un número selecto de miembros del PCC constituyen ahora el verdadero poder en la isla, bajo la forma del Consejo del Estado.

Durante los 70s, Castro profundizó su retroceso: aconsejó la “vía pacífica al socialismo” en Chile que terminó en el baño de sangre pinochetista; después de la victoria de la revolución nicaragüense, Castro aconsejó al FSLN a no seguir el camino cubano de expropiar el capitalismo y cortar todo contacto directo con los otros procesos revolucionarios en Centroamérica.

La lógica de Fidel recientemente ha retrocedido aún más, y está ahora más cercana a la que tenía en los inicios de su actividad política, como lo ejemplifica el discurso que pronunció en Argentina en mayo de este año en el que indicó que “para redistribuir la riqueza no es necesario llevar a cabo una revolución socialista.”

La relación con la Unión Soviética ayudó a Cuba a vender su producción de azúcar e importar, a precios convenientes, maquinaria y refacciones para las industrias existentes y para comenzar algunas otras empresas menores. Junto con el apoyo de la Unión Soviética vinieron sin embargo las condiciones políticas de servirle a los intereses diplomáticos de la burocracia soviética y las restricciones económicas que afectaron la capacidad de diversificación productiva de la isla.

El “Período Especial”

Estos elementos de la relación de Cuba con la Unión Soviética la volvieron demasiado dependiente de Moscú. Cuando la Unión Soviética se desplomó en 1991, Cuba se hundió en una profunda crisis económica, que pasó a conocerse como el “período especial.” Esta crisis económica que, a pesar de que hoy día no es tan extremadamente grave, continúa sintiéndose en la isla, tuvo un impacto tremendo en el conjunto del aparato burocrático de Cuba volviéndolo aún más conservador tanto en términos políticos como económicos.

En días recientes Fidel ha repetido centenares de veces que los logros en materia de educación y de asistencia médica representan la victoria de la Revolución, como si ellos bastaran para justificar el carácter “socialista” de la sociedad cubana. Desde 1962, Fidel y el régimen Cubano insisten en que Cuba es socialista, como si una sociedad sin clases pudiese edificarse en un solo país, cercado por el imperialismo y en estado de subdesarrollo económico.

La negativa a reconocerse como lo que es, una sociedad en transición entre lo que era y lo que debería ser, corresponde en gran medida a la necesidad de crear un microclima ideológico en que toda oposición, particularmente de izquierda, pueda ser considerada como un ataque al “socialismo” inexistente.

Algunas conclusiones:

La revolución cubana de 1959 fue dirigida por un movimiento radical de clase media con métodos de la guerra de guerrillas. No fue dirigida por una clase obrera organizada desde abajo utilizando los métodos de la huelga general, de las barricadas y la insurrección.

Como lo ejemplifican sus manifiestos, programa y práctica durante la lucha revolucionaria y durante su primer año en el poder, el movimiento revolucionario tuvo un programa nacionalista, reformista y anti-imperialista, y no uno socialista. Fue la resistencia violenta de los reaccionarios e imperialistas la que los empujó a llevar ese programa más allá de los deseos de la dirección de la revolución.

El programa de la revolución era un programa nacionalista burgués y reformista que se vio empujado a romper con el imperialismo y a la expropiación del capitalismo sólo por el ataque inexorable y violento del imperialismo norteamericano y la reacción.

Se cumplieron algunas tareas democráticas y revolucionarias significativas como la reforma agraria, la nacionalización de industrias y la eliminación casi total del analfabetismo. La asistencia médica y la educación para todos llegaron a ser las características más sobresalientes de la sociedad cubana.

La revolución derrocó al odiado gobierno de un régimen político dictatorial – el Ejército, los tribunales y el Congreso– y los reemplazó por un gobierno burgués provisional basado en el poder del ejército guerrillero; éste se vio reemplazado después por un poder completo del Ejército, ya institucionalizado, no como una milicia popular sino como un ejército regular como el existente en los países capitalistas.

La abrumadora derrota de la contrarrevolución en el período de 1959 a 1965 produjo un éxodo masivo de la clase media alta y de la burguesía cubana que se transplantó a Miami en donde establecieron su base de oposición a la revolución tramando constantemente la contrarrevolución.

Casi el 30% de la población de Cuba abandonó el país en los años que siguieron a la victoria de la revolución en 1959. Entre los que salieron se encontraban muchos artistas, la mayoría de los intelectuales, profesionales y técnicos del país.

Esta combinación de circunstancias completamente excepcionales, aunada a la necesidad de ampliar la economía nacionalizada –bajo el mando del ejército guerrillero– proletarizaron prácticamente a la sociedad cubana, dando lugar a la creación de la base social más importante para la defensa de la revolución: una nueva clase obrera mejor educada, más sana y más joven.

Estas victorias de la revolución mostraron claramente y de muchas maneras la superioridad de una economía planificada y centralizada –a diferencia de la anarquía y la naturaleza ávida de ganancias del capitalismo– a pesar de que hayan quedado truncadas y de estar plagadas de ineficiencias y de que haya surgido una capa privilegiada de burócratas.

El caracter del estado Cubano y su defensa

Esta base social de la nueva Cuba es el factor decisivo que nos ayuda a caracterizarlo como un estado obrero, reforzado por la nacionalización y la transformación en propiedad pública de la mayoría de las industrias y el comercio y del desplazamiento físico de la burguesía que abandonó en masa el país.

La revolución no impulsó ni creó órganos de doble poder, ni durante los levantamientos ni después de la toma del poder. Todas las instituciones que se crearon para representar formalmente a la clase obrera y al campesinado – como los Comités a la Defensa de la Revolución (CDR), las Asambleas Populares, los sindicatos obreros y campesinos, etc. – fueron creadas desde arriba y nacían completamente controladas por las fuerzas armadas, el régimen, partido político y el gobierno y no se basan en la democracia obrera.

Este híbrido de sistema que surgió fue transformado aún más tras la incorporación de Cuba al bloque de países dominado por la Unión Soviética, cuando adoptó muchas de las instituciones burocráticas, los métodos, las formas de gobierno y la retórica así como la política internacional de la burocracia de Moscú.

La combinación de todos estos factores dieron como resultado la creación de un estado obrero deformado e incompleto con un gobierno bonapartista – basado en el poder de las fuerzas armadas – y un régimen político híbrido donde instituciones que se asemejan a las de la democracia burguesa (Asamblea) se mezclan con comités locales y regionales que no gozan de ningún poder– que actúan más como órganos consultivos – y los sindicatos, integrados, subordinados y carentes de toda independencia respecto del estado.

Incluso el poder del partido gobernante es limitado y está subordinado al poder superestatal del Consejo de Estado, mismo que no es electo directamente por la población, sino que se compone de miembros designados por la élite gobernante, semi-independiente incluso de los principales comités regionales y de base del Partido Comunista Cubano.

Estas superestructuras burocráticas y el carácter bonapartista del estado, del régimen y del gobierno son lo que nos ayuda a definir a Cuba como un estado obrero deformado.

Las limitadas pero importantes conquistas de la revolución cubana: la independencia de los EU; la propiedad pública de muchos de los elementos de la economía; la asistencia médica y educación universal y gratuita y la vivienda como un derecho, no un privilegio, así como la eliminación del sistema de renta de viviendas – entre otros – son las conquistas que necesitan ser defendidas contra el imperialismo y los reaccionarios, pero al mismo tiempo los marxistas pugnamos por una revolución política – no social – para que la clase obrera y los oprimidos de Cuba ejerzan el poder directamente a través de sus propias instituciones y garanticen que se detenga el retroceso de la revolución, que ahora está siendo implementado por el gobierno de Castro con la reintroducción del capitalismo y de la diferenciación de clases.

La sucesión

Esta tarea se vuelve más urgente cada día. Debido a las características deformadas del actual régimen, Fidel Castro es el único líder indiscutible entre los cubanos. Ni siquiera los enemigos de la revolución se atreven a desafiar esto.

A su avanzada edad, Fidel ha designado como su heredero a su hermano Raúl, a quien muchos cubanos le tienen antipatía por haber sido el encargado de la represión en distintas épocas y el encargado de llevar a cabo las purgas en el partido y en las organizaciones “de masas.” La Revolución no tiene heredero y no cuenta con una clase obrera independiente que pueda tomar la decisión de revolucionar el sistema político y encender la energía de la clase obrera y los oprimidos cubanos y latinoamericanos.

Sin ese elemento, y sin un partido revolucionario de un nuevo tipo, todas las conquistas de la revolución están en riesgo de perderse una vez que se vaya Fidel. Eso será una tragedia para las masas latinoamericanas y por supuesto para el pueblo cubano. Eso hace que la revolución política sea una tarea urgente.

Escrito en Junio de 2003


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