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Que dice la Izquierda?Estados Unidos / Revista de Izquierda Internacional - Año 2, Número 2

ESTADOS UNIDOS
La crisis, el imperio, la polarización y el movimiento

Por Carlos Petroni
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La crisis, el imperio, la polarización y el movimiento
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¿QUÉ ES LA ARISTOCRACIA OBRERA?
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Movimiento Obrero ¿En el camino de su organización como fuerza social revolucionaria?
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MEXICO
La Guerra contra las Drogas - Un Laberinto sin Salida
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Los trabajadores y oprimidos de EEUU conocen bien la crisis por la que atraviesa este país. No hace falta que les muestren estadísticas para saber que el desempleo se ha duplicado (cerca del 20% real y 10% en las estadísticas oficiales que solo retratan a los que cobran el seguro de desempleo); también saben que los servicios sociales han sido recortados drásticamente (un 18% de acuerdo a cifras oficiales), y que los grandes planes de “rescate” de la economía del gobierno de Obama se han utilizado fundamentalmente para ayudar a los grandes banqueros y empresarios del país (media docena de grandes bancos se llevaron el 50% de los fondos.)

La educación, la salud, la vivienda, las carreteras… se desmoronan a la vista de todos. La situación ha sacado de adentro de la sociedad misma lo peor y lo mejor de muchos. Hoy hay más racismo – contra comunidades de color y contra inmigrantes. A veces con la vieja y falsa teoría de que son los responsables de la decadencia imperial.

Otra teoría, más sincera, consiste en creer que todo se solucionaría a costa de otros, los percibidos como los más débiles de la sociedad. De lo que se trata es de ser implacables. El país no da para tantos, que sobreviva el más fuerte o, en forma más realista, quienes tengan más poder.

Por otro lado están los enojados, los frustrados, los ocupantes del espacio público que declaman la apostasía de los poderosos a la causa del tejido de protección social y reclaman, más o menos potentemente, volver al idilio – o lo que fuera – de antes de la crisis. En eso se parecen a los españoles, los griegos, los irlandeses... en fin, a todos los que han sido dejados de lado por la crisis internacional.

Son un movimiento social potente que ha hecho temblar a las burguesías de media docena de países centrales del mundo, incluido EEUU, aunque todavía tenga que moldear sus objetivos finales, su organización y su orden de batalla.

El disgusto y la desmoralización social

No creemos mucho en la seriedad de las estadísticas porque en la mayoría de los casos, éstas están manipuladas para dar un resultado pre-establecido. A veces, sin embargo, son tan contundentes que encierran una parte de verdad. Casi todas ellas dicen que la gran mayoría de la población - entre 60-70%, - ve un futuro de decadencia, sin esperanzas, en peores circunstancias que las actuales.

Uno podría pensar que el 30% restante, si fueran optimistas y resueltos, podrían tener un impacto mayor en la sociedad para mejorar significativamente las condiciones actuales. Las propias estadísticas nos muestran lo ingenuo de tal pensamiento. La mitad no quiere ni opinar y de la otra mitad, un gran numero opina que la “situación no tiene ninguna solución.”

El disgusto con el sistema es un sentimiento positivo en tanto empuja a grandes masas a enfrentarse a éste al que presumen responsable, con razón, de todos sus problemas actuales y la enfermedad social que las rodea. La contracara de ese disgusto es la desmoralización que maniata las energías de los que luchan, de los indignados y ocupantes. La burguesía intenta con la represión, el tiempo, el desgaste, las maniobras de captación... que ese sentimiento de desmoralización, del que “nada se puede hacer para cambiar esto” prevalezca. El movimiento “Ocupación”, los indignados de Europa, los huelguistas de Grecia son el antídoto contra esa desmoralización porque mantienen en alto el disgusto social contra el sistema, al menos por el momento.

Una Crisis sin Solución

La verdad – aunque le cueste creerla al habitante de a pie del país (los de a caballo no niegan sino de boca hacia afuera la verdad, no entre ellos) – es que la actual crisis NO tiene solución para lo que mal llaman América. No dentro del mismo sistema, siguiendo más o menos las reglas del pasado.

Puede salir de ella más débil, pobre y sin hegemonía o puede partirse en mil pedazos. Pero no volverán a ser, los EEUU, sino solo una sombra de lo que fueron. A los Romanos les costó acostumbrarse. A los alemanes de las dos guerras también y a los ciudadanos del Imperio Británico mucho más. A todos les llegó su hora.

Sería mucho más progresivo, que los habitantes de EEUU comenzaran a preguntarse cómo quieren su futuro, más que cómo volver a su pasado. También se ahorrarían el trabajo y el fracaso de una causa perdida. El movimiento “Occupy Wall Street”; “Occupy Oakland” y los de tantas otras ciudades han expresado este sentimiento de no volver hacia atrás, sino avanzar hacia algo nuevo, otro sistema, o por lo menos dejar atrás la rémora de lo peor del que los llevó a la crisis.

Radicalizar este movimiento, organizándolo de tal modo que arrastre tras de sí las formas orgánicas de los trabajadores, comunidades, etnias y oprimidos sería la única garantía de que todo no se recomponga dentro de lo mismo, o sea, con algunos cambios, con un desastre social futuro, pero con los mismos que trajeron la crisis ostentando todavía el poder, aunque a éstos se les estén derrumbando todos los pilares de su dominación.

El cambio de guardia en la oligarquía financiera internacional

El imperialismo norteamericano ha tenido hasta ahora, como uno de sus principales pilares de sostenimiento, el control de la oligarquía financiera internacional, sin embargo, esto está llegando a su fin.

La deuda total del país ha subido de 5,8 trillones de dólares, a 14.3 trillones en la última década. Sus mayores acreedores o tenedores de la deuda en el exterior (4,4 trillones) son China, Japón, Hong Kong (de regreso en manos chinas), Taiwán, Tailandia, Singapur, Brasil, y por supuesto Europa. En tanto que su deuda interna (9 trillones), es en su mayoría con corporaciones y capitales financieros extranjeros.

Los países en crisis económica: Japón (en caída libre desde el desastre atómico) y la mayor parte de Europa incluyendo a Gran Bretaña, Francia e Italia, usarán esa deuda para tratar de limitar sus propias crisis terminales. Países de gran especulación financiera como Tailandia y Singapur la utilizarán para canjearla por otros fondos más redituables, o menos redituables pero más seguros.

Los países imperialistas emergentes: China y Brasil, usarán sus palancas de la deuda en sus manos para controlar o reemplazar la moneda de cambio internacional, el dólar norteamericano, y sojuzgar la productividad – y el mercado – de EEUU a sus propios planes.

La combinación de la utilización de la deuda para la cura de la crisis en Europa, el canje por otros fondos financieros en Oriente y la presión de países como China y Brasil puede terminar con los restos del capital financiero norteamericano. El dólar como moneda de intercambio internacional estaría llegando a su fin, lo que daría como resultado el surgimiento de una nueva oligarquía financiera internacional no controlada por los viejos imperialismos en caída, sino por los emergentes.

Los tres principales y más grandes bancos del mundo son chinos: 1. Industrial & Commercial Bank of China ostenta un capital de US$170 billones, con 381 mil empleados en el mundo. 2. China Construction Bank con un capital de US$130 billones y 295 mil empleados. Este banco tiene el 16,6% del Bank of América. 3. Bank of China es uno de los que más ha crecido (en 2007 no figuraba entre los 20 bancos más grandes del mundo) con un capital de US$120 billones. Si como se teme, los siguientes bancos van a la quiebra o son adquiridos por capitales de origen Chino, brasileño u otros, el desastre para EEUU y Europa sería inminente, cerrando su ciclo como potencias imperiales superlativas:

El HSBC, que tiene un capital de US$70 billones, y que cayó al cuarto puesto del ranking, después de haber estado entre los tres más grandes del mundo. Tiene más de 312 mil empleados y está en la mira para ser adquirido o absorbido por otros.

JPmorgan Chase (fusión del JP Morgan & Co. y el Chase Manhattan) tiene un capital de US$60 billones. Sin embargo, recibió US$25 billones gracias al plan de rescate del gobierno norteamericano pero no ha logrado estabilizarse y se halla en la zona amarilla.

Mitsubishi UFJ Financial acumula un capital de US$48 billones y tiene 85 mil empleados; y algunos expertos anticipan que será la próxima explosión nuclear, esta vez financiera, del Japón.

Banco Santander, el único banco europeo, cuenta con un capital de US$45 billones y 140 mil empleados en el mundo. Pero su suerte está atada a la crisis económica profunda de España, Grecia y el Euro.

Goldman Sachs, también con ayudas de US$10 billones del gobierno de Estados Unidos, tiene un capital de US$40 billones y 30 mil empleados y está en la misma dinámica que mostró Lehman Brothers un par de años antes de su quiebra.

Wells Fargo tiene un capital de US$38 billones (otro con ayuda del gobierno norteamericano) con US$25 billones y una plantilla de 282 mil empleados que es el sostén de la economía del Oeste y centro de los EEUU, pende de un hilo para su adquisición extranjera o su crisis.

Por detrás de estos bancos están surgiendo otros, como los tres principales bancos brasileños encabezados por el Banco Nacional de Desarrollo (BNDS) y más bancos chinos que esperan unirse a los tres primeros de este origen en el futuro más o menos cercano.

El resto de la economía de EEUU y Europa depende entonces del desplome de uno o más de estos bancos: JP Morgan, Wells Fargo, Santander, Mitsubishi UFJ Financial o Goldman Sachs, etc. Nadie especula con que no sucederá de ninguna manera, sino cuándo sucederá. Un final bastante posible en los próximos años… o meses.

Con el cambio de guardia de la oligarquía financiera internacional, deviene el fin de los viejos imperialismos (EEUU, Europa) y la consagración de nuevos, pero más débiles, con pies de barro: Brasil, China... apoyados primariamente en el bloque BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) que ya encabezan economías regionales en Latinoamérica, partes de Asia, África, el Este de Europa y partes de Europa Occidental...

El fin del Mercado Hegemónico

EEUU, hasta ahora, a pesar de su creciente proceso de desindustrialización junto con la dirección del capital financiero mundial, dominaba al mundo. Debido de alguna manera a que el mercado interno de su país le aseguraba el apetito de ventas de todos los países del mundo. Sus más de 300 millones de habitantes consumían la mitad de lo que se gasta en el mundo, desde energía, a bienes manufacturados; desde alimentos a turismo. Ese mercado atraía inversionistas, le permitía extorsionar a otros países por cuestiones políticas o económicas y utilizar su moneda, el dólar, como instrumento de cambio internacional. Eso se está acabando, terminando así con el segundo pilar de sostenimiento del imperio.

El bloque BRICS supera los 3.000 millones de habitantes entre los cuales los productos elaborados por ellos dominan y entre quienes los productos de Europa y EEUU han disminuido sustancialmente.

Es una población desigual, con cerca de un 60% en el límite de la pobreza y con algunos sectores sociales en la simple subsistencia. Pero el ascenso del bloque en la economía internacional ha venido acompañado por un ascenso en el consumo de cerca de 1.200 millones de personas que, potencialmente, superan o superarán en breve al consumo norteamericano.

Progresivamente, irán convirtiéndose en el centro del consumo mundial, o al menos en su locomotora, ayudados en parte por su crecimiento propio y en buena medida por el descenso del consumo en los EEUU debido a la crisis.

Esto preocupa a los imperialistas norteamericanos en grado sumo. El mismísimo Secretario de Defensa de EEUU, León Panetta, en una fábrica de armamentos norteamericana declaró: “Nos enfrentamos a amenazas por parte de poderes emergentes: China, India y otros de los que siempre hemos sido conscientes. Intentamos asegurarnos de que siempre tenemos la suficiente fuerza de protección en el Pacífico para que sepan que no vamos a ninguna parte”.

Por razones diplomáticas luego se le trató de bajar los decibeles a este discurso agresivo y se intentó cambiar el sentido de palabras claramente expresadas, por otras en que se decía que la preocupación de esos países era hacia si mismos. La corrección sólo hizo resaltar aun más el miedo de EEUU en relación a los llamados “países emergentes”

El día que el mercado de los BRICS y sus regiones de influencia superen al consumo de EEUU en el mundo, día cercano por cierto, se habrá desplomado la segunda pata sobre la que se sostiene el imperio, ya que perderán la carta del juego geopolítico, junto al poderío militar y el capital financiero (también en descenso hacia el final) los cuales han mantenido a los EEUU en el epicentro de la hegemonía mundial de la postguerra.

La Tercera Pata: El Imperio no puede permanecer en pie perdiendo guerras

Dejemos de lado la propaganda. Las guerras tienen objetivos concretos. Si no se obtienen esos objetivos, se pierden, aunque parezca que se ganan algunas batallas.

Según cifras oficiales el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York causó 2,752 muertes; en contraste, datos recopilados por el Instituto Watson de Estudios Internacionales de la Universidad de Brown revelan que por cada persona que murió el 11 de septiembre del 2001 han muerto 100 en Irak y en Afganistán, llegando a más de 225 mil en total. Una cifra conservadora si se le compara con la estimada por Opinion Research Business. Según esta empresa londinense, tan solo en Irak, entre marzo y agosto del 2007, el número de muertes superó 1 millón de personas.

Aunque se reporta que solo 6 mil soldados han muerto en estas dos guerras, se cuentan más de 550 mil miembros del ejército que resultaron discapacitados —y la muertes entre el personal de los contratistas militares que han participado en la guerra, como Blackwater, no han sido contabilizadas.

Por lo menos 137 mil civiles han muerto en Afganistán, Irak y Pakistán como “bajas secundarias” del conflicto armado, cifra que podría ser muy superior a la que da la Universidad de Brown. Además de los muertos y heridos, muchísimas personas, al menos 7.8 millones, han perdido sus hogares en esos países de Medio Oriente.

El costo de las guerras ha sido un gran robo al bolsillo de los trabajadores de EEUU y el mundo

Aunque muchos de los costos económicos de la guerra son casi irrastreables, enterrados en diferentes presupuestos, muchos de los cuales escapan al escrutinio público o superan la capacidad de contabilidad; ya se han pagado 3.2 billones de dólares.

El costo de estas guerras ascenderá al menos a 4 billones en el siguiente año. Entre los gastos absurdos de las guerras se cuenta los 20 mil millones de dólares que se han gastado en aire acondicionado, particularmente en el combustible para hacer llegar y mantener funcionado el AC (Aire Acondicionado) que vuelve soportable la condición climática para las tropas estadounidenses acantonadas en territorios de Afganistán e Irak en donde se superan los 50° C.

Que este gasto en específico sea 4 veces más que el presupuesto anual de las Naciones Unidas, nos demuestra de la total demencia que la guerra trae consigo. Asimismo, la guerra de Estados Unidos ha causado serios daños en el medio ambiente de estos países. Irak, una de los países con mayor historia y riqueza cultural, ha sido prácticamente destruido.

Sumemos a estos billones de dólares los casi 30.000 millones de dólares que ha invertido el gobierno de EEUU en “medidas de seguridad” para protegerse de ataques terroristas, la construcción de cárceles en 20 países, incluyendo Guantánamo, Cuba para encerrar ilegalmente y torturar a sospechosos y habremos descubierto otra de las causas de la actual crisis económica que conmueve al país.

Solo victorias a lo Pirro

Pirro reinaba en Epiro en el año 281 a C. cuando la ciudad de Talento le solicitó ayuda contra Roma. Pirro acudió con 25.000 hombres y enfrentó al cónsul Valerio Levino. Los elefantes, que los romanos aún no conocían, decidieron la batalla y las legiones, diezmadas, dejaron sus posiciones al fin de la jornada. Pero, al amanecer, Pirro comprobó sus propias bajas: más de 4.000 hombres y sus mejores jefes muertos; su caballería puesta en fuga “Otra victoria como ésta y estoy perdido” se quejó amargamente a sus generales. Desde entonces “una victoria a lo Pirro”, expresa un contrasentido. Se aplica a cualquier éxito cuyo costo es tan elevado que equivale a un fracaso.

Pirro eventualmente tuvo que retirarse de Italia y fue posteriormente derrotado en varias ocasiones hasta que durante un combate en el interior de la ciudad de Argos, recibió el impacto de una teja arrojada por una anciana, y fue asesinado mientras se hallaba inconsciente por el golpe. Un destino similar y una muerte igualmente absurda parece amenazar al imperio norteamericano.

Los ejércitos de EEUU no encontraron y destruyeron las “armas de destrucción masiva” que fueron a buscar en Irak, ni terminaron “la misión de aniquilar al Talibán y al-Qaeda” que anunciaron al invadir Afganistán. Si algo consiguieron EEUU y sus socios fue meterse en dos pantanos sangrientos.

Dominando a Irak tampoco consiguieron utilizar eficazmente su potencial petrolero; ni lograron mediante la ocupación en Afganistán garantizar la exclusividad del transporte de gas transcontinental. Estos objetivos, digamos estratégicos, no les fueron concedidos.

La propaganda imperial también dijo, como consuelo de tontos, que las invasiones se daban para garantizar el triunfo de la “democracia occidental” en esos países. No sólo consiguieron que gobiernen títeres con cierta autonomía, reaccionarios hasta el hueso, sino que han expandido la influencia de los gobiernos y movimientos teocráticos en el Norte de África, el Medio Oriente y al Oriente de Rusia; o sea todos los supuestos enemigos de la “democracia” promovida por EEUU.

Los EEUU no pueden ganar guerras asimétricas (Irak, Afganistán, la lucha contra el terrorismo, etc.) sino que fortalecen en el sentido estratégico a sus enemigos. No pueden declarar guerras contra competidores como Europa o los “emergentes” porque sería liquidar el poco capital geopolítico que les queda, amén de ponerse definitivamente al margen del resto del mundo. De más está decir que, por primera vez, todo intento policial en el exterior le ha costado tanto dinero a EEUU que ha revertido el famoso lema “si quieres ganar dinero, haz una guerra.”

Ni siquiera se atrevieron a liderar las operaciones contra Libia recientemente. Lo tuvieron que hacer Francia, Italia y Gran Bretaña.

La tercera pata de sostén del imperio, la hegemonía militar mundial y el poder de policía de la civilización humana, sufre de parálisis irresoluble, crónica. El Imperio puede aun golpear y matar, desangrar pueblos enteros y cometer genocidio. Lo que no puede ya es ganar históricamente.

La perdida de la hegemonía “Nacional”, la desintegración

El fundamento histórico de la existencia de EEUU primero, de país imperialista después y de imperialismo hegemónico de la postguerra se basó en un presupuesto de hierro grabado como consigna en todos lados: “A Nation under God”, una nación unificada y poderosa que respondería solo a Dios, es decir a nadie, por sus acciones.

Desde sus comienzos buscó – a hierro y fuego cuando debió, con migajas de la explotación de otros países cuando le fue posible y con una poderosa maquinaria ideológica de la burguesía en todo momento – lograr la disciplina, el lavado colectivo de cerebro y el apoyo de todos sus habitantes (y pueblos sometidos) para su crecimiento hacia el “destino manifiesto” de ser la potencia “No. 1” del planeta.

Con la crisis terminal que ahora le acomete, EEUU está amenazado por la desintegración, vía la separación de todas sus partes componentes, unidas antes por el pegamento del imperio, la violencia y la captación.

EEUU se fundó sobre la conquista de los pueblos originarios y su masacre sistemática. La importación de esclavos africanos y su súper-explotación en los sembrados y luego en las incipientes fábricas. La importación de inmigrantes, europeos, chinos, latinoamericanos… para atarlos a las minas y fábricas, a la construcción de ferrocarriles y a los sembradíos y servicios. En ese orden. Todos ellos fueron obligados al inglés, a la religión cristiana y a servir en los ejércitos de expansión imperial.

Mientras sus colonos y soldados marchaban al oeste despojando a los originarios de sus tierras y a México de la mitad de su territorio, compraban a los españoles, franceses y rusos grandes territorios a precios de bicoca (Florida, Alabama y Louisiana, California, Nuevo México, Texas, Alaska... no serían hoy parte de los EEUU si no fuera por la manu militari y los juegos de tahur y compraventa de retazos, todos métodos utilizados por la ascendente clase dominante del país.)

Por sobre todos esos componentes sociales desde la “importación” de nativos cautivos, la burguesía “americana” impuso la asimilación, la captación, el asesinato, la represión, la super explotación, el control social de sus derechos, la influencia cultural y la ideología y algún reparto de las migajas de la expoliación de los recursos, propios y ajenos...

Mantuvo cierta “homogeneidad” nacional, una cultura “común” y la influencia de una conciencia imperialista simplista y brutal que dicta “todos nos beneficiamos de alguna manera aquí, de los que aplastamos y dominamos... allá.”

A eso lo llamaron de distintas maneras en distintas épocas: destino manifiesto, líderes del mundo libre, portadores del garrote y la zanahoria, América para los Americanos (de EEUU)...

Hoy vuelven a la escena las viejas disputas ocultas debajo de dos siglos de dominación ideológica. Provienen de la síntesis reaccionaria por la negativa: hay que desembarazarse de negros, latinos, inmigrantes, jóvenes díscolos, sindicalistas...

Y la respuesta que se obtiene es una revalorización de los valores propios de los ex esclavos, de los inmigrantes que quieren ser otra cosa que siervos de la gleba, trabajadores que piensan cada vez más, que ante la pérdida de todo, más vale luchar… jóvenes sin futuro dispuestos a hacerse uno ellos mismos...

En forma individual todavía, no como clase o clases de la sociedad, se unen y ocupan el espacio público. Pero la psicología de su revuelta es social aunque no lo sepan ni lo pronuncien a viva voz, y sus reclamos que son una larga lista de quejas sin prioridaes o un enfoque claro, aunque quieran el regreso del pasado, se hacen imposibles ante la crisis, propulsándolos hacia delante... Es una potente fuerza social que tiende a disgregar a los que gobiernan y unir a los que están sometidos, aunque el establishment diga exactamente lo contrario.

La derecha, el Tea Party, los grandes jefes de las finanzas echarán la suficiente nafta al proceso de descontento como para lograr una conflagración... Los “moderados” del sistema serán las víctimas también de este avance de la derecha porque para enfrentar la “disgregación” no habrá, como han dicho todos los totalitarismos del mundo, lugar para los tibios o los que duden.

Los inmigrantes mexicanos verán renacer sus sueños de una patria propia en los territorios robados. Millones de indocumentados tomarán el camino de la lucha para lograr ser reconocidos, para que desaparezca su invisibilidad. Tomarán lo que hasta ahora han solicitado inútilmente. Los negros encontraran en la rebelión social la venganza contra la supresión de su cultura y el encierro en los ghethos. Los trabajadores mirarán a la propiedad social como la salvación del trabajo que el capitalismo no les provee. Los jóvenes comprenderán que su propio destino no deben esperarlo de los poderosos sino forjarlo con la lucha.

En toda crisis se da una polarización peligrosa

Está claro que las patas de sostén del imperio crujen o se quiebran o potencialmente lo harán en un tiempo históricamente breve. Pero al imperio hay que ayudarlo a caer y a la nueva sociedad que se levante sobre sus cenizas hay que construirla.

En una crisis de la magnitud que aqueja a los EEUU y Europa está dado que cada clase, con algunas excepciones que solo confirman la regla general, luchará sin cuartel para evitar ser quien pague los platos rotos.

En esta disputa entre las clases, feroz y sin cuartel, llevan en un principio las de ganar quienes controlan el aparato del estado, con su poder coercitivo, fuerzas represivas y cortes judiciales y además tienen sus organizaciones políticas como máquinas aceitadas para la acción.

La burguesía no sólo controla los gobiernos y busca ponerlos a su disposición contra otras clases a quienes culpa e incita también a atacar, bajo su servicio, a las más explotadas: la clase obrera y los sectores populares. Esta crisis no es diferente en eso, excepto que, en los EEUU es mucho más peligrosa que en otros países, por ejemplo Europa.

Aquí no hay sindicatos con tradición de lucha, ni partidos reformistas, ni direcciones políticas que busquen el apoyo de masas. Mucho menos existen – tampoco las hay en Europa – organizaciones revolucionarias con seguidores e influencia significativos.

La polarización se da entre un estamento social muy bien organizado y disciplinado, las fuerzas del conservadurismo y la extrema derecha que encuentran en el Tea Party, parcialmente en el Partido Republicano y aun en el Partido Demócrata, las palancas organizativas necesarias para emprender la ofensiva contra los trabajadores, los jóvenes y los sectores sociales oprimidos.

Estos, por su lado, no tienen nada parecido, solo una voluntad masiva demostrada por los que luchan y ocupan. Su poderosa negativa a aceptar los destinos que les quiere imponer el sistema sólo es conmensurable a la debilidad de su organización para expresarlo. Siempre es una lucha desigual, pero ésta es más desigual que otras. Es enfrentar a un peso pesado en buen estado y entrenamiento, con un peso mosca con los pies atados.

Debemos comprender, porque hemos experimentado sus vivencias, el cinismo y el escepticismo de los trabajadores, jóvenes e intelectuales, que todos los individuos que hoy protestan y se rebelan contra las iniquidades del sistema, contra todo tipo de organización, particularmente contra los partidos, con precisión los de la izquierda, le están diciendo al resto de la sociedad que hay una alternativa a la desmoralización y la entrega. Sin embargo todavía tienen que comprender que no son los “partidos” en general los que les han fallado, sino “ciertos” partidos en particular. Por lo que la tarea sigue siendo la de construir partidos nuevos y legítimos.

Este potente y progresivo movimiento, que ha ocupado puertos, ciudades, inmovilizado transportes, hecho oír su voz y que busca estentóreamente un mensaje, debe aun encontrar su propia voz, su propio programa y su propia organización para hacer frente a la polarización de la derecha que ya se le enfrenta. Esto presupone pasar de la organización del individuo, al de la clase o clases explotadas por el sistema.

No es cuestión de estar contra la organización por las experiencias pasadas, sino tener en cuenta aquellas, para crear algo nuevo.

No se puede dejar un movimiento a la deriva dependiendo de los individuos, sino que estos deben organizarse en sus ámbitos de estudio, de trabajo, en sus comunidades. No participar como individuos sino como dirigentes de un grupo, como facilitadores de la organización de otros. Para ello hace falta organización.

No se puede desperdigar los esfuerzos del conjunto siguiendo mil, diez mil objetivos de otros tantos individuos, sino elegir cuidadosamente los objetivos, consignas y programa que teniendo en cuenta las necesidades de los trabajadores y los oprimidos, sean a su vez sus prioridades. Para eso hace falta organización.

No se puede depender de quien grita más, o quien aguanta más una larga reunión de discusión o quien tiene una iniciativa individual sobre el terreno. Es necesario ubicar un método democrático para tomar decisiones y una forma de actuar en conjunto con estrategias y tácticas con fines determinados que nos acerquen a nuestros objetivos. Para eso, hace falta organización.

Manifestarse en el espacio público tiene su propósito, pero no cumple con una estrategia de cambio radical. Los que trabajan deben detener la producción, los que estudian las universidades y colegios, los que viven en comunidades hacer fortalezas en sus barrios.

Sólo un movimiento organizado que controle las formas y los espacios de producción fabril e intelectual puede tener un impacto duradero en la política nacional e internacional. El desgaste, el tiempo y el paulatino desinterés público o de la prensa son los enemigos de las acciones que no cumplen con el objetivo de controlar la sociedad en donde se produce.

Es inútil plantearle al sistema que se democratice y reforme, porque él nos ha traído a la situación de crisis actual. Hay que crear una alternativa de gobierno de los que trabajan, los que resisten y luchan. Para eso, hace falta organización.

Hay que dar vuelta a la situación y volverla desfavorable para la derecha organizada y el centro que duda y flaquea. Es necesario fortalecer nuestro polo de la polarización. Para eso, es de vida o muerte para el movimiento la organización. Sin ella, trabajamos a favor del fortalecimiento del polo opuesto.

Por sobre las cosas, no se debe repudiar o abstenerse de la política, porque si no nos encargamos de ella como el vehículo para el cambio, la política se ocupará de nosotros en manos de la derecha. De la peor forma. Entonces, hagamos avanzar el movimiento lo más rápida, eficiente y radicalmente posible. Convirtámoslo del crítico feroz del sistema, al que éste le teme, en su enterrador. Construyamos nuevas organizaciones revolucionarias que sean capaces de llevar esto a cabo.■

Nuestra Propuesta de Programa

Un Programa para Luchar

• No podremos volver a donde estábamos, la crisis no lo permitirá. EEUU y Europa se hunden como imperios, que no arrastren a sus pueblos con ellos.

• Hay que avanzar hacia un sistema nuevo, democrático, socialista.

• Nacionalización de la banca, el comercio exterior y las grandes empresas bajo control de sus trabajadores.

• Eliminación de todos los subsidios a los bancos, millonarios y grandes empresarios.

• progresivos a las grandes fortunas y grandes propiedades.

• Prohibición de todo despido, ejecución hipotecaria y desalojo.

• que los fondos disponibles para programas de reactivación económica sean distribuidos y administrados por comités electos de los trabajadores y el pueblo.

• Expropiación de empresas y negocios que despidan y su entrega a los trabajadores para que funcionen bajo su control. Lo mismo con las grandes propiedades que echen a sus inquilinos.

• Papeles y legalidad para todos los inmigrantes. Ni Republicanos, ni Demócratas. Nada con los partidos de los grandes capitales que nos trajeron la crisis.

• Organización contra la represión y la extrema derecha. Si tocan a uno, tocan a todos.

• Recuperación de los sindicatos para que lideren el movimiento bajo direcciones democráticas y combativas. ¡Abajo la burocracia sindical!

Para construir el movimiento:

• Organizarse en cada lugar de trabajo o vivienda. Movilizarse a las marchas y concentraciones como grupos, no como simples individuos.

• Que estos grupos participen de las movilizaciones pero organicen también en sus lugares de trabajo y comunidades.

• Ocupación de los centros de producción (grandes fábricas y comercios) y de asistencia masiva para servicios (escuelas, hospitales, universidades, etc.) y establecimiento de comités democráticos de administración.

• Funcionamiento democrático y votación de las propuestas.

• Establecimiento de una coordinación estatal, nacional e internacional.

• Que gobiernen los trabajadores, los rebeldes, los que resisten, los que luchan! ■


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