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Izquierda Info - Agosto 1972: La crisis de la dictadura impuso la necesidad de la Masacre de Trel
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HistoriaAgosto 1972: La crisis de la dictadura impuso la necesidad de la Masacre de Trel

1972: La crisis política de la dictadura y la debilidad coyuntural de la guerrilla dieron impulso a la fuga y la Masacre de Trelew. Una Masacre anunciada por los hechos
por Carlos Petroni

La tormenta perfecta nueve meses antes de la caída de la dictadura. La Masacre de Trelew estuvo marcada por la situación política del momento, determinada por ella. Solo nueve meses después, Lanusse y su séquito se marcharían de la Casa de Gobierno, mientras la multitud coreaba “Se van, se van y nunca volverán” y asumiría Hector Cámpora, en nombre de Perón y el Peronismo. Esa salida estaba dictaminada por una situación en el país – empujada por oleadas de rebeldía - que llevaba inexorablemente hacia ella y en la que la guerrilla con sus operaciones militares tenía poco que ver ya que se hallaba, coyunturalmente, en crisis.

El país estaba sacudido desde fines de los sesenta por convulsionadas rebeliones populares. Corrientes, Tucumán, el famoso “Cordobazo”, el Mendozazo y tantas otras. Unas semanas antes de la Masacre había sucedido una rebelión cercana al penal de Rawson, la de General Roca. En 1970 hubo tres huelgas generales, en 1971 cinco huelgas regionales en Cordoba, una en Mendoza y otra en Tucuman.

Las divisiones en las FFAA

Los militares estaban divididos, entre alas que sostenían que había que retirarse en orden y proveyendo las mejores posiciones para el futuro (Lanusse), trayendo a Perón para ello, y quienes sostenían que no era suficiente un acuerdo político con Perón y la UCR y que las elecciones debían ser suspendidas y la dictadura profundizarse.

Lanusse sostenía la necesidad de “controlar” las rebeliones populares y otros militares ya hablaban de aniquilarlas con la represión. Lanusse sostenía que contra las huelgas había que trabajar en acuerdos con la burocracia sindical, otros militares que había que enfrentarlas con “fuerzas de choque” en las calles.

Cínicamente, Lanusse calificó las elecciones propuestas como “válvula de escape” y planteaba que a Perón había que facilitarle las cosas porque sino “en España, sin alternativa política, habría terminado convirtiéndose en el comandante en jefe de la subversión...”

Ambos sectores militares coincidían, por razones diferentes, en su deseo de aniquilar a la guerrilla. Los partidarios de Lanusse porque era un forma de eliminarle a Perón, con el que querían llegar a un acuerdo, una fuente de presión político-militar. Ademas, porque debían demostrarles a los sectores militares desconformes con la “salida política” que ellos también eran “duros” a la hora de matar y que esa salida promulgada solo era una táctica.

Los adversarios internos de Lanusse, entre los que ya se contaban Videla, Galtieri y otros que descollarían en la siguiente dictadura propugnaban ya los métodos que aplicarían muy poco después, durante el “Proceso”, además insistían en la matanza de guerrilleros porque debían salvar el prestigio de las FFA en lo militar, al menos, y ejecutar una venganza anunciada por la muerte de algunos oficiales de las FFA a manos de los guerrilleros.

Lanusse anunció sus famosos “Diez puntos” e instituyó la “cláusula del 25 de Agosto” que exigía que Perón regresara antes de esa fecha o no podría ser candidato. Una condición que pese a los reclamos en contra, Perón aceptó gustosamente. Perón había contestado con exigencias propias, los llamados “Cinco puntos”.

El volcán de la situación política de 1972

El movimiento obrero, juvenil y popular, sin embargo se movía por carriles propios. Una amplia vanguardia de masas se había formado desde el Cordobazo de cientos de miles de jóvenes obreros y estudiantes que no respondían a los partidos tradicionales ni al Peronismo, aunque muchos entre ellos se identificaran con él.

Para esta vanguardia, de la que se alimentaba la llamada “Nueva Izquierda” y la propia guerrilla, tenían su propia dinámica hasta cierto punto independiente de los “Diez Puntos”, y de “Los cinco puntos” y los entreverados acuerdos y desacuerdos en las cúpulas militares y políticas. Al compás de esa vanguardia, grupos de izquierda pequeños como el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) lograron también insertarse en la clase obrera y convertirse en partidos de vanguardia con algunos miles de militantes.

En todo el país habían surgido regionales de la CGT independientes de la burocracia sindical; el clasismo se extendía y los popes Vandoristas y Ruccistas de la CGT miraban con impotencia como el ritmo de las luchas obreras eran marcadas por los disidentes de izquierda o de la izquierda peronista entre los trabajadores. Dirigentes como Tosco, Salamanca, Jaime, Mera, Piccinini, brotaban como hongos por todo el país sostenidos por cuerpos de delegados combativos.

De la mano de su secretario general, Jose Rucci, los burócratas de la CGT solo atinaban a lanzar sus matones contra activistas de izquierda mientras apostaban a que Perón los salvara del cataclismo.

Tanto Perón, como Lanusse, como los partidos tradicionales, trataban de cabalgar un tsunami de movilizaciones y Perón trataba de usar a la guerrilla y la “Juventud maravillosa” para cooptar parte de ese oleaje furioso de la sociedad.

Los militares leales a Lanusse sabían que su caída era inevitable y sabían que un endurecimiento mayor solo podría traer consecuencias funestas para las FFAA – a excepción de la guerrilla con la que no había que tener consideración alguna - a las que quería salvaguardar para una nueva oportunidad – que se presentaría según narra la historia solo tres años después de su abandono del poder.

Bajo esa tesis de “retirarse ordenadamente y esperar una nueva oportunidad”, el gobierno de Lanusse legalizó en enero de 1972 al Partido Justicialista. Sin embargo, el GAN (Gran Acuerdo Nacional), para poder sustentarse debía también mostrar un rostro duro y cruel con que apaciguar a sus oponentes militares, convencerlos de que no habría tregua ni perdón, que la salida electoral era solo una impassse pactado.

La crisis coyuntural de la guerrilla en 1972

La guerrilla, en sus distintas manifestaciones Peronistas (FAR, Montoneros y FAP) caracterizaban erróneamente que no habría salida electoral y que avecinabas tiempos durísimos de dictadura. Al mismo tiempo, habían sufrido enormes pérdidas en el campo de batalla.

La guerrilla de la FAP estaba casi desarticulada y dividida en fracciones. Montoneros había perdido casi la mitad de su dirección política en enfrentamientos con los militares o estaban presos; FAR estaba en una situación similar.

La guerrilla no peronistas, los Guevaristas del PRT-ERP, también rechazaban la salida electoral como utópica y se preparaban para etapas aun más duras.

En 1971 esto los impulso a lo que ellos mismos luego caracterizarían como “un militarismo con graves errores” que casi terminó con ellos organizativamente. Un 25% de sus cuadros militares y gran parte de su dirección política habían muerto o estaban presos, incluyendo a su “conductor”, Mario Roberto Santucho.

Sus militantes estaban divididos en al menos tres fracciones. Una de ellas, el “ERP 22 de Agosto” se escindiría hacia el Peronismo y otra, la “Fraccion Roja” hacia el trotskismo de Ernest Mandel. Y no eran las únicas.

La guerrilla, en todas sus manifestaciones no entendía la verdadera dirección del movimiento de masas. Confundían su propia situación subjetiva coyuntural adversa con la situación política del país.

Esa confusión entre caracterización de la situación política general del país confundiéndola con la crisis propia fue advertida por presos políticos y sindicales del penal de Rawson que argumentaron con los guerrilleros sobre la fuga y se negaron a integrarse a ella, entre otros el dirigente de Luz y Fuerza de Córdoba, Agustin Tosco.

Los tres sobrevivientes de la Masacre de Trelew, en la famosa entrevista que les hiciera Paco Urondo pocos meses después y a horas de su liberación de la cárcel de Villa Devoto – (clicke aquí para leer la entrevista)- así lo admiten. Oblicuamente tambien lo hacen Santucho, Vaca Narvaja y Quieto en la entrevista que les hace un periodista, despues de la fuga de Rawson en Radio La Habana, Cuba (clicke aquí para escuchar el audio)

La contradicción de Montoneros

Contradictoriamente, las organizaciones de superficie y de masas de Montoneros, comenzaban a cobrar vuelo. La Juventud Peronista comenzaba el camino a convertirse en hegemónica en los sectores juveniles del movimiento peronista y pronto surgirían otras expresiones con gran fuerza como la UES, el Movimiento Villero Peronista y la Juventud Trabajadora Peronista (JTP).

Firmenich, en libertad, había comprendido pragmáticamente que debía volcarse a rodear y apoyar al nuevo delegado de Perón en la Argentina, Héctor Cámpora. A finales de 1972 esta estrategia pagaría sus frutos. La denominada “Tendencia” surgiría como hegemónica en las calles y en la campaña electoral peronista que le daría el triunfo en Mayo de 1973. Esa habría sido la razón mas importante por la cual no autorizó una plena participación de la organización extramuros de su guerrilla en la operación de fuga de Rawson.

Simultaneamente, Montoneros impulsaba la unidad con las FAR que, significativamente se gestó en la cárcel de Rawson y donde los presos de ambas organizaciones produjeron – en medio de los preparativos de la fuga – el documento “El Balido de Rawson” que es considerado un documento liminar en la subsiguiente fusión de Montoneros con las FAR.

El Gral. Perón, aunque retóricamente apoyaba a “las formaciones especiales”, miraba con preocupación el crecimiento de la “Tendencia” a la que esperaba dividir o cooptar o, de lo contrario, eliminar. Esta posibilidad fue abierta cuando el 20 de junio de 1973 (diez meses despues de la fuga de Rawson), apoyó la llamada Masacre de Ezeiza, el inicio de las operaciones de limpieza mediante la violencia de su propio movimiento. Luego sobrevendrían las acciones de la Triple A, continuadoras de esa masacre.

Lanusse sabía que le quedaban solo meses para implementar su retirada ordenada. Perón sabía que la vida del gobierno militar sería corta. Las masas, por su parte, olían la descomposición del régimen y apretaban las clavijas.

La guerrilla no comprendía este fenómeno – y presionados por sus crecientes pérdidas – organizaron la fuga que, sin saberlo, era alentada por los militares duros, el gobierno de Lanusse, los radicales de Mor Roig y el propio Perón.

A todos estos personajes les convenía, antes del desenlace que se daría unos meses después, que sucediera una Masacre. Todos esperaban sacar partido de ella. No contaban que para una amplia franja del pueblo toda víctima de la dictadura eran bajas propias, mas allá de su ideología o sus estrategias.

Todos los elementos estaban allí para comprenderlos. En Febrero de 1972, el gobierno comenzó a trasladar masivamente a los prisioneros políticos y de la guerrilla al penal de Rawson. Hacinó allí a mas de 300 de ellos, entre guerrilleros y dirigentes sindicales y políticos de izquierda.

A pesar de que se monitoreaban todas las reuniones dentro de la cárcel, que se hacían vigilancias y seguimientos de los elementos externos vinculados a los presos políticos y que la inteligencia manejaba información de los pasos, incluidas las fechas, de la preparación de la fuga, dejaron que esta se produjera.

Las preguntas ¿sin respuestas?

¿No se dieron cuenta los analistas que un mes antes del intento de fuga, la dictadura había logrado mediante presión que una Cámara Federal rechazara una decisión de un juez – que según los sobrevivientes de la Masacre, mantenían buenas relaciones con él – que hibiera dificultado la inteligencia sobre los presos de Rawson?

¿Nadie notó las cientos de reuniones que se hacían para planificar la fuga, todas ellas de entre quince y veinte participantes y que se llevaron a cabo desde la llegada de Santucho a la prisión?

¿Nadie advirtió la preparación de uniformes y ropas en el interior de la cárcel? ¿Ningun carcelero advirtió que mas de ciento cincuenta presos políticos cambiaron su apariencia física repentinamente, dejaron de jugar al fútbol, no comieron casi la carne de vacuno que se les sirvió por primera vez?

¿Las armas que fueron entregadas por un guardiacárcel a la guerrilla no fueron detectadas en un sistema en el que era imposible entrar un paquete, aun para los guardias, sin ser revisados?

¿Nadie advirtió fuera de la cárcel y en un barrio donde habitaban cientos de miembros del personal de la cárcel y militares de la zona que sonaron disparos la noche del 15 de agosto y que sirvieron para confundir a los guerrilleros que estaban afuera esperando a sus compañeros pero no alertó a nadie entre militares y guardiacárceles de los que estaban, en muchos casos, a metros de la prisión?

¿Esos mismos disparos no alertaron a los puestos de guardia que, según los propios guerrilleros, no habían sido copados en dos alas del penal? ¿Nadie se preguntó porque patrulleros que avistaron a un automóvil con siete guerrilleros apilados en su interior no los detuvieron porque uno de ellos iba de uniforme? ¿Nadie se pregunta como los guerrilleros pudieron neutralizar unos 80 guardias penales – la mitad de ellos armados hasta los dientes – casi sin resistencia?

¿Nadie advirtió que un decreto de excepción del gobierno de Lanusse, preparado días antes por el Ministro Mor Roig, se declaró una hora después de la fuga creando una zona militar y dejando por fuera de jurisdicción a la justicia civil? ¿Porque no se profundiza sobre el hecho de que el Jefe de la Base Aeronaval, Capitan Pacagnini dijo repetidamente que había recibido órdenes directas y personales de Lanusse para conducir a los 19 guerrilleros presos a su Base militar en lugar de devolverlos al penal U-6 ya en manos nuevamente de los guardiacárceles y la Gendarmería?

¿Nadie hablara de los documentos secretos de la inteligencia militar y naval que indican que, al menos desde mediados de Julio se conocían los planes de fuga y hasta la fecha en que se intentaría la misma? ¿Porque no se nombra la responsabilidad y las propuestas del entonces gobernador militar de Chubut, el Contralmirante Costa y su Ministro de Justicia para crear “una fuerza de choque” conjunta y luego para evitar la fuga que se preparaba?

¿Por qué no se habla de la competencia entre las distintas fuerzas militares y aun al interior de cada una de ellas, para ver quien se encargaba de la eliminación de los guerrilleros que se fugaban? ¿Porque no se explica el intento de suicidio del Capitan Pacagnini, acosado por superiores y adversarios internos por su incompetencia en la represión de todos los guerrilleros fugados?

¿Porqué al menos dos de los implicados en forma directa en la masacre fueron protegidos enviándolos al exterior mientras se les pagaba suculentos sueldos? ¿Porqué esta protección se extendió, a la caída de Lanusse en 1973, durante los gobiernos de Cámpora, Perón, Isabel y la dictadura militar del “Proceso” y aun bajo los primeros gobiernos de la “Democracia”?

El artículo La verdad sobre la Masacre de Trelew no es la que le cuentan (publicado encabezando esta seccion) trata de responder algunos de estos interrogantes porque perdidos en la bruma del ocultamiento histórico por quienes están interesados en ello, la defensa de los masacrados que es el interés de otros y el simple panegírico de los hechos que intentan quienes reivindican de alguna forma distorsionada a la guerrilla, yace la verdad histórica., las responsabilidades de la Masacre y las condiciones políticas que la hicieron posible.

Tambien allí, entre los retazos de la verdad que podemos avizorar, esta el principio del planeamiento del genocidio de la dictadura menos de cuatro años despues, en 1976. ■


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