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Opinión¿Quíenes lucharon contra la Triple A y la Dictadura y quiénes no?

¿Quiénes lucharon contra la Triple A y la Dictadura y quiénes no? ¿Quiénes colaboraron o fueron neutrales? Encontrar la verdad histórica es parte de la lucha de clases

La verdad se expresa en la lucha de clases, pero también en la lucha cultural, política e ideológica, y el debate histórico es una parte importante de ese enfrentamiento.

Por Carlos Petroni

Presentamos hoy un artículo que publicamos originalmente el pasado mes de Enero. Lo hacemos por el debate frente al surgimiento periódico del revisionismo sobre quiénes lucharon y quiénes no contra la dictadura genocida (1976-82),y antes de ella, contra su prólogo letal: el terrorismo de estado peronista de la Triple A.

Se dice a menudo que la historia la escriben los vencedores. En la Argentina le agregamos otros condimentos: también la escriben los que se atribuyen falsamente la victoria o los que negocian convenientemente con los supuestos vencidos, o los que negociaron o fueron cómplices de los asesinos.

Es así porque la tumultuosa historia de la lucha de clases en nuestro país ha dado vueltas y contra vueltas, revoluciones y contrarrevoluciones, un péndulo que se detiene en algún momento de su trayectoria y vuelve a su punto de origen. Somos un país tan inconcluso como esa trayectoria del péndulo. Nuestra política refleja eso. Las elecciones y los golpes de estado incluidos.

En la historia reciente (si, reciente) experimentamos como pueblo el terrorismo de estado de una junta militar genocida (1976-82). Cerca de 30.000 desaparecidos, incontables torturados, encarcelados y exiliados. Mas de quinientos centros de detención ilegales, incluyendo la ESMA. Todos parecen recordarlo, aunque no de la misma forma.

Antes de eso, como un prólogo macabro, sufrimos el terrorismo de estado peronista (1973-76) donde fueron asesinados y desaparecidos mas de 1.500 luchadores. Se bombardearon cientos locales de organizaciones políticas, obligaron a la mayoría a pasar a la clandestinidad.

Se abrieron los primeros cuatro campos de concentración, se torturó, se voló en pedazos a los opositores, se los acribilló a balazos.

Pocos recuerdan ese terrorismo de estado, o mejor dicho, la mayoría de los políticos prefieren olvidarlo o ignorarlo. Algunos participaron, otros tienen las solapas de sus trajes salpicados de sangre.

Contra el prólogo asesino lucharon unos cuantos, diría que muchos, incluyendo una vanguardia obrera y juvenil numerosa y sus organizaciones de izquierda y de la izquierda peronista y sectores obreros clasistas y combativos.

Contra la dictadura genocida luchamos consecuentemente un puñado de organizaciones. El terror inmovilizó a muchos, asesinó a los dirigentes, Estampó con un puño de hierro toda resistencia.

Fuimos militar y políticamente derrotados.

Todos,los que resistimos y el pueblo en general, aunque durante el tiempo transcurrido fueron miles las acciones que se llevaron a cabo contra los milicos, pequeñas y grandes, individuales y colectivas..

Los militares vinieron a terminar el trabajo mas eficientemente después que vieron fracasar al gobierno de Isabel en la tarea.

La guerrilla de Montoneros, ERP, OCPO, FAL y FAP fueron aniquiladas por los militares y el gobierno peronista antes del golpe y la represión ilegal de parapoliciales y Grupos de Tareas.

Hoy han surgido ¨historiadores¨ que intentan explicar que la guerrilla fué la causante del golpe. Los militares se apoderaron del gobierno cuando temieron que el peronismo, la Triple A y la burocracia sindical no podrían ya hacer el trabajo asesino.

La izquierda revolucionaria no guerrillera, los sectores combativos del movimiento obrero y los intelectuales y jóvenes fueron diezmados antes de la dictadura pero siguieron luchando (Coordinadoras de Trabajadores y huelga general del 75), después de la toma del poder por las FFAA fueron aniquilados o neutralizados por el terror, despedidos de sus trabajos, obligados al exilio interno o externo, al silencio forzado.

Primero con la autorización y mandato de Isabel y su gobierno, por Ministros como Cafiero, Ruckauf, Luder, Otero, Ivanisevich, la burocracia sindical, el Peronismo ortodoxo, políticos como Balbín que proferían gritos contra la “guerrilla fabril”, los neoliberales de Alsogaray, los reaccionarios como Manrique, empresarios y medios de difusión que reclamaban “paz y orden”.

Se aprobaban “decretos de aniquilación” y el gobierno peronista integró a los militares en el gabinete del que había dejado de ser un gobierno “Constitucional y democrático” (como les gusta aseverar ahora), al momento mismo que implementó el terrorismo de estado (que solo hace poco tiempo fue reconocido como tal por la Justicia).

Luego le toco el turno al Partido Militar, a la junta de Videla, Massera y Agosti que se desembarazaron de sus cómplices y socios civiles en el gobierno de Isabel por inoperantes y lentos en el trabajo de exterminio y abrieron del todo las compuertas del infierno.

Contaron para ello con la aprobación de la mayoría de las patronales nacionales y de las extranjeras que operaban en el país; la protección del Departamento de Estado, el apoyo oportunista de los medios, la integración a sus filas de lo peor de la Triple A y hasta el apoyo del Partido Comunista.

Lamentable como pueda sonar, la verdad es que el golpe contó con la aprobación o la neutralidad, sino el apoyo decidido, de una parte muy importante de la sociedad. No solo en la clase burguesa, sino entre las clases medias e incluso sectores del movimiento obrero.

Muchos aprobaron el golpe porque estaban agotados ante los asesinatos diarios, la repulsiva utilización de los medios y recursos estatales para el saqueo y la corrupción y el descalabro económico, la inflación y el mercado negro de productos de primera necesidad de la gestión de Isabel.

No descuento que algunos lo hayan hecho esperando que el nuevo gobierno militar sería como los anteriores de Lanusse – que fue obligado por la presión popular a llamar a elecciones – o de Ongania y Levingston que a pesar de creerse eternos generaron una oposición masiva que los obligó a retirarse.

Tal vez muchos pensaron el 24 de marzo de 1976 que la nueva dictadura sería una repetición de aquello. Se equivocaron.

Estos venían sedientos de sangre y habían aprendido la lección de esos fracasos anteriores.

Es difícil cuantificar cuantos de los políticos, jueces y periodistas se arrepintieron ante la evidencia de las masacres. Muy pocos se autocriticaron después.

Por el contrario, unos 30.000 radicales (si, de la UCR), Peronistas de la derecha del PJ, del Partido Demócrata Progresista (PDP), del Partido Demócrata de Mendoza, del Partido Socialista, de la ahora UCD por entonces Nueva Fuerza, del partido de Manrique, se integraron al gobierno de los militares como secretarios de estado, funcionarios de nivel en los Ministerios, gobernadores e intendentes.

Claro que también hubo, entre ellos, excepciones individuales notables.

Podría citar solo como ejemplos el de un abogado laboralista peronista del PJ, lejos de la izquierda pero también de la derecha, que se negó hasta su muerte por la tortura a delatar a colegas a los que conocía por su militancia de izquierda.

O aquel radical, que había sido diputado, que conseguía papeles para los que tenían que abandonar el país o facilitaba conseguir lugares para reuniones clandestinas de la izquierda. O aquel cura que en secreto nos abría las puertas de la Iglesia que atendía para que la usáramos para reuniones o imprimir los volantes.

O la de algunos policias que, por dinero o por vergüenza, tramitaban sin levantar la perdiz los pasaportes de perseguidos políticos.

Eran excepciones individuales que confirmaban la regla. Sus correligionarios de mayor jerarquía estaban en otra.

El Nuncio Apostolico y los Obispos de la Iglesia jugaban al golf con los militares y hacían de intermediarios para mandar a los que buscaban a los desaparecidos el mensaje de que toda resistencia era inútil.

Tenemos que decirlo con claridad. Los que quedamos en la resistencia organizados en grupos o partidos, consecuentes desde un principio fuimos pocos, un puñado si se quiere. Los restos de la guerrilla, algunos partidos de izquierda, un puñado de personalidades e intelectuales. Una pequeña vanguardia mayormente en la clandestinidad.

Dos años después del golpe aparecieron otros que se sumaron a la resistencia: las Madres (y si, los Padres) de Plaza de Mayo.

Para los que no lo saben, les informo, la fuerza motora de las Madres fue Azucena de Villaflor y otras cuatro madres, todas ellas militantes de grupos revolucionarios del Peronismo y de la izquierda o simpatizantes de ellas.

Sin la acción inicial y sacrificada de grupos de revolucionarios que discutían y apoyaban al grupo inicial de Madres, estas no hubieran pasado de recorrer inútilmente los pasillos del poder y la Curia buscando a sus hijos secuestrados y sus nietos apropiados.

Fueron estas Madres revolucionarias o simpatizantes de grupos de izquierda quiénes comenzaron la organización y las rondas en Plaza de Mayo, siendo al principio un puñado.

También en 1978 surgieron algunos embriones de nuevas organizaciones de DDHH y el resurgimiento de alguna otra que había casi desaparecido en el 76.

La burocracia sindical, que apoyó el golpe o se mantuvo neutral ante él, que sobrevivió casi intacta en sus sillones toda la dictadura con la autorización de los militares y la Iglesia católica que reforzó tanto su posición en el estado que hasta tenia capellanes en los campos de aniquilación, esperaron hasta 1981-82 para emerger tímidamente con algún reclamo.

Es simbólico anotar que las primeras exigencias de la burocracia sindical fué que los militares les reconocieran sus organizaciones y les devolvieran algunos de sus fondos congelados.

A ellos, los militares les infligieron unas pocas bajas al dar el golpe, algún asesinado como Smith de Luz y Fuerza y algunos presos VIP del sindicalismo, el asesinato de curas de base y de algún Obispo en el caso de la Iglesia (más para ayudar a liquidar la resistencia a la jerarquía que colaboraba con la Junta, que atemorizar a la institución).

Los casos de Monseñor Angelleli y los curas palotinos vienen rápidamente a la memoria.

Fueron tiempos difíciles, en donde uno veía caer un camarada, o peor aún, desaparecer y escuchaba por doquier el “algo habrán hecho.”

Un mundo subterráneo en que la mayor parte del tiempo había que tratar de proteger a los militantes y cuadros, sin distinguir si ellos eran propios o pertenecían a otras organizaciones con las que sosteníamos diferencias políticas.

Cualquiera puede opinar lo que quiera sobre las ideas, el programa, los métodos de la resistencia obrera, socialista, revolucionaria, democrática, intelectual o juvenil que se destacó desde el principio y hasta el final de la dictadura y del numero pequeño de organizaciones y cuadros que la interpretaban. Lo que no puede hacerse es negar su existencia.

Existieron, dieron el combate que pudieron o el que creían mas apropiado. De esa actividad surgió luego el torrente que volteó a los militares.

Reconozco que tuvimos un éxito muy relativo algunas veces y muchas derrotas. Que hicimos las cosas casi siempre mal, pocas veces bien, la mayor parte del tiempo solo en forma defensiva. Pero resistimos, no nos plegamos, no nos volvimos neutrales, no renunciamos a nuestros objetivos, combatimos, como dije, como pudimos.

Un gran número de los secuestrados y encarcelados ilegalmente siguieron resistiendo, acumularon pruebas, intentaron fugarse (y cuando lo lograron hicieron las denuncias públicas) y hoy representan los testimonios más verídicos del juzgamiento a los responsables de los crímenes de lesa humanidad.

Muchos de los que fueron obligados al exilio siguieron su trabajo de denuncia de la dictadura con cierto éxito desde el exterior y algunos nos sumamos también a procesos revolucionarios de otros países.

Así, aquel más equivocado y mas criticado de los miembros de la resistencia a la dictadura tiene más valor político, moral y personal que aquellos que se quedaron con los laureles después de la caída de la dictadura o los que permanecieron en la neutralidad.

Con los que cometieron errores en la resistencia hay que discutir en el plano de reconocerles que fueron parte de ella. Con los que fueron parte o colaboraron no vale mas que la denuncia de lo que hicieron.

Reconociendo que toda resistencia, no ya desde el golpe sino desde el gobierno de Isabel, estaba plenamente justificada hay que rechazar toda teoría de que fué la lucha del pueblo trabajador o la juventud, o incluso de la guerrilla, lo que provocó el golpe.

Si hubiéramos podido voltear al gobierno de Isabel con la movilización obrera y popular no solo no hubiéramos tenido la dictadura de Videla, sino que las FFAA no existirían.

No pudimos hacerlo, solo logramos echar a López Rega y parte de su banda del país.

En algunos casos el como se hicieron las cosas fué equivocado y esa es la autocrítica y la enseñanza mas importante para el futuro. No la olvidaremos fácilmente. En el marco de respetar a quienes combatieron, a todos ellos, contra el crimen organizado desde el estado.

La situación política internacional se deterioró para los militares genocidas, las medidas económicas pro-imperialistas que tomó Martinez de Hoz tuvieron amplias repercusiones negativas para el conjunto de la sociedad, la matanza del genocidio alcanzó a casi todas las familias o círculos sociales del país (para 1982 casi no había nadie que no supiera, conociera o estuviese relacionado con algún asesinado, exiliado o desaparecido), la oposición crecía y a la dictadura no se le ocurrió mejor idea que una guerra con Inglaterra por Malvinas donde se rendiría ignominiosamente.

Parafraseando a Lenin, a la dictadura se la llevaron puestas las condiciones objetivas y un pueblo enardecido que perdió el miedo después de la rendición vergonzosa del “valiente” Astiz sin disparar un tiro contra los ingleses.

Cuando hizo retroceder a la policía con una lluvia de monedas después de la derrota de Malvinas frente a la Casa Rosada (las monedas en esos momentos eran grandes y pesadas, debo acotar).

En 1982, la oposición a la dictadura se volvió masiva. Asi ocurre siempre en la historia. De la noche a la mañana se desataron todos los odios del pueblo, reprimidos o silenciados hasta ese momento.

La burocracia sindical y los políticos patronales aparecieron públicamente y dejaron el lugar bajo sus camas.

Olían, como buenos políticos de comité y de local sindical, que a la dictadura no le quedaba mucho tiempo.

No era cosa de dejar “un vacío de poder” para que lo llenaran los zurdos de la resistencia.

Temían también que “algo” los echara a patadas como cómplices. Su tarea era negociar la salida de los militares para preservarlos y preservarse ellos.

Allí quedan para la ignominia el pacto Peronista - Burocracia Sindical - Militares para garantizarles a estos últimos su impunidad y el acuerdo Alfonsín - Isabel para no juzgar a esta última por los crímenes de la Triple A.

En toda esa época siniestra de la dictadura (1976-82) la UCR y el Peronismo, y otros partidos, se mancharon con sangre al colaborar con la dictadura.

También lo hicieron los medios y periodistas, intelectuales y religiosos, que se sometieron a la censura militar o directamente apoyaron a los asesinos.

A la caída de la dictadura muchos de ellos volvieron a la palestra y buscaron, y hasta cierto punto lograron, minimizar los daños y embarrar la cancha. Algunos llegaro incluso a la Presidencia como Alfonsín, Menem y Duhalde.

El Kirchnerismo no existía en esos años de dictadura. Sus fundadores estaban haciendo dinero con la Circular 1050 del Banco Central.

En 1977, cuando Martínez de Hoz liberó la tasa de interés, fue rápidamente aprovechado por el abogado Kirchner y muchos otros. Las disposiciones del ministro permitían indexar las deudas de dinero según la inflación.

El golpe demoledor le llegó a los deudores en la forma de la circular 1050 del Banco Central en 1980, que terminó hundiendo a miles de ahorristas.

Como la inflación llegaba al 100 por ciento anual, las cuotas mensuales –indexadas según esa cifra– les resultaban imposibles de pagar a muchos deudores, a quienes en consecuencia se les remataban las propiedades dadas en garantía.

En ese contexto, el abogado Kirchner compró 21 de los inmuebles que hoy relucen en su impresionante declaración jurada y que permanecen en las de sus herederos, CFK y sus hijos: una en el ’77, cinco en el ’78, cuatro en el ’79, tres en el ’80, cinco en el ’81 y tres en el ’82, por un total actual de 227.702 pesos de valor fiscal, aunque no real. Lo hizo utilizando información proveída a el por funcionarios y en muchos casos antes que las propiedades fueran rematadas durante la dictadura. Las compró a precio vil.

Al propósito, nunca escuchamos una sola autocrítica de la UCR, el Peronismo, los medios, la burocracia sindical, los Kirchner, el PS, ni que le pidieran perdón a la sociedad por su colaboración o su neutralidad ante los crímenes de los militares o los de la Triple A. Para la historia, sólo queda la valiosa pero abstracta e insuficiente autocrítica de NK ¨en nombre del estado¨ por los crímenes del Proceso. Como si el estado fuera más que un ente etéreo despojado del nombre y apellido de quiénes lo condujeron.

El caso mas notable fue el del Partido Comunista que ni bien ensayó un principio de autocritica tardía, estalló en cien pedazos.

Al aluvión de protestas y fervor antidictatorial que le sucedió a la caída de la dictadura, lo dominaron (con mucha dificultad, recordemos y como ya dijimos) un acuerdo entre los principales partidos políticos de la burguesía y la burocracia sindical.

Y un acuerdo especifico entre el Peronismo y la burocracia sindical y los militares para garantizarles la impunidad que luego se tradujo en Leyes dictadas por… Alfonsín.

¡Miren que tener como opciones posiblemente ganadoras al colaborador de los militares y hombre de la Triple A, Luder, que firmó los ¨decretos de aniquilación de la subversión” acompañado del matón de Avellaneda Herminio Iglesias por un lado y a Alfonsin por el otro que traía las leyes del Punto Final y la Obediencia debida bajo el brazo!

La conciencia de los jóvenes, los trabajadores y el pueblo había retrocedido con la dictadura y por la aniquilación de dos o tres generaciones de luchadores.

Había que comenzar todo de nuevo.

Quedó ese resabio de insatisfacción, esa bronca reprimida. No la pudieron borrar las mentiras de que “con la democracia se come y se educa” ni con las privatizaciones y la plata dulce Menemista que le sucedió.

Tampoco duró mucho esa incapacidad entreguista incompetente que se llamo “Alianza” Para aquéllos negadores de la realidad les dejó lo que fué solo un adelanto de lo que vendrá: el 2001. Ese es el espejo en el que todos debemos mirarnos.

El Kirchnerismo ya existía a la caída de la dictadura. O si prefieren llámenlo proto Kirchnerismo, su muestra original de ADN político. Fueron con Luder, con Menem y con cuanto sátrapa los acogiera en su seno, finalmente con Duhalde. Fueron intendente, gobernador, legisladores y asumieron la presidencia.

Hay que comprenderlos, claro, porque incluso algunos de los que participaron de la resistencia a la dictadura se plegaron también al aluvión burgués que vino después. Fatigados y derrotados inventaron mil excusas para asumir por los puestos al circulo del poder.

Otros, que salieron de la cárcel de la dictadura ya avanzada la “democracia”, miraban azorados una sociedad que no los reconocía, ni aparentemente reconocía su propia historia. Algunos nunca se recuperaron psicológicamente, mucho menos políticamente. Muchos murieron en circunstancias oscuras.

El Kirchnerismo, viniendo de una matriz tan oportunista no hizo sino replicar esa política aplicada hacia otros.

Influyeron para que la Corte finalmente declarara inconstitucionales las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final después de una década y media de vigencia y abrieron las posibilidades de un juzgamiento selectivo y limitado de 500 militares de los 30.000 responsables de las muertes, secuestros y torturas.

Corrompieron a organismos de DDHH y dirigentes y engañaron con verborrea “liberacionista” a un sector de la juventud, mientras negocian cuotas de poder con lo peor del aparato político del PJ y los señores feudales del Conurbano y las provincias, la burocracia sindical y la facción mas corrupta del empresariado nacional.

Al mismo tiempo nos entregan atados de pies y manos a los designios del imperialismo de Brasil y China, al ritmo de la decadencia de los viejos amos de EEUU y Europa que también ceden a regañadientes ante los nuevos poderes “emergentes” pero ofreciéndoles nuestro gobierno continuar también, aunque en forma disminuida, la expoliación del país.

Como Alfonsin, como Menem, como de La Rua, como Duhalde, los Kirchner terminarán como una nota al pie de pagina en algún libro de historia. Muy seguramente le pasará lo mismo a quiénes le sucedan. En esencia, fueron y son momentos muy breves de la historia.

Lentamente aún, si se quiere molecularmente, se preparan las condiciones para que la historia de lo que realmente pasó en los 70 y después, la escriban quienes pelearon entonces, luchan hoy y estarán mañana cuando los trabajadores y el pueblo se deshagan de tantas mediaciones que nos proponen conformarnos con poco cuando lo que se quiere, y se necesita, es todo.

Terminarán en donde deben,los que intercambian puestos políticos, prebendas, empresas a cambio de apoyo de cualquiera que haya tenido un lugar en luchas pasadas, o sus hijos, con fines electorales.

Los que siembran pequeñas dádivas y subsidios miserables creyendo que eso les compra la fidelidad del pueblo porque deducen, arrogantemente, que el pueblo solo quiere las migajas.

Nadie debería equivocarse. La lucha fundamental que se expresa en las contiendas electorales no es entre el Kirchnerismo, las embajadas que lo apoyan y sus aliados burgueses y de la burocracia sindical y la oposición burguesa (Binner, Duhalde, Alfonsin, DeNarvaez), las embajadas ysu cuota de burgueses que los apoyan y los burócratas sindicales que se ubicaron de su lado.

En las elecciones, todos ellos se disputan sólo la administración de nuestra dependencia y como defender, mejor o peor, los intereses de la burguesía o de una parte de ella.

La lucha fundamental en las elecciones no es elegir si serán EEUU y Europa o Brasil y China quienes nos dominaran en el futuro inmediato. Todos los políticos, tanto oficialistas como opositores en el bando burgués acuerdan con la dependencia, sólo se postulan como los mejores para administrar los designios de nuestros amos imperiales.

La lucha fundamental no es por la democracia y la proliferación de medios de difusión sino entre decidir si un Grupo de medios opositor o los grupos de medios bancados por el partido gobernante deben prevalecer.

La lucha fundamental entre los representantes de las clases dominantes no es por ¨democratizar la justicia¨, sino por ver quién la controla mejor.

De nuestra parte, ¿estaríamos dispuestos a sacrificar las críticas o nuestros objetivos o la memoria histórica para lograr un lugar en un acto, en una lista electoral, en una foto en los diarios o en un puesto en el gobierno? Nunca.

Lo fundamental es el enfrentamiento de clase contra clase que sobrevendrá como una ley de la historia. Nuestra clase contra la de ellos, la de todos ellos, que asumirá que nuestro país será independiente de todo imperialismo, no solo de algunos, y que los trabajadores podrán montar sus instituciones democráticamente, sin burócratas que las controlen y rechazar la “democracia” que solo sirve a los ricos para establere una verdadera democracia de los trabjadores y el pueblo.

Para ello es necesario aprender de la historia para evitar repetirla. Por eso es tan importante saber quienes lucharon consecuentemente contra la dictadura y quienes lo hicieron a medias y quienes la apoyaron.

Y quienes lucharon desde el comienzo del terrorismo de estado, en 1973 desde la Masacre de Ezeiza, y no desde algún tramo posterior o en sus postrimería.

Aunque no es todo, es un buen principio. Esa es la razón por la que no debemos olvidar, no debemos reconciliamos y no debemos perdonar. Hacerlo seria aceptar como definitiva la historia escrita por los farsantes, los oportunistas y los traidores.

¿Son estas posiciones minoritarias en la sociedad en estos momentos? Absolutamente. Para poder ser muchos es necesario, a veces, ser pocos o estar solos. Estamos convencidos, por otro lado, que el futuro será de aquellos que hoy sean intransigentes con la verdad. Caiga quien caiga.


 
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