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EditorialNingún cheque en blanco al Partido de Dios

EDITORIAL
Ninguna confianza en Hezbollah

Por Sebastián Robles

Nadie puede negar la victoria de Hezbollah. Durante 34 días se mantuvo luchando frente al ejercito con fama de “invencible” en el Medio Oriente y ahora se ha puesto al frente de la lucha por la reconstrucción mientras continua acechando al invasor Israelí que continua sus operaciones militares contra lo ordenado por el “cese al fuego” de la ONU.

Hezbollah, y su máximo dirigente Nasrallah, han ganado el prestigio de haberse enfrentando al ejército Sionista y obtenido lo que las masas del Medio Oriente perciben como una victoria histórica. Deslumbrados por la victoria militar y por el apoyo de masas que recibe Hezbollah en el Medio Oriente, muchas organizaciones de izquierda han procedido a darle al Partido de Dios un cheque en blanco, aun cuando en algunos casos esté disfrazado de “apoyo militar” o “apoyo táctico”.

Nada más equivocado. En la cumbre de su prestigio, y sin desmerecer su victoria táctica contra Israel y ubicándonos en el terreno de la defensa del Líbano y su pueblo contra la invasión Sionista apoyada por EEUU y Europa, es necesario delimitar y definir el papel que juega Hezbollah en la guerra y la política del Líbano.

Debemos decir categóricamente que la izquierda no tiene políticamente y en tanto a objetivos nada que ver con Hezbollah. Más aun, la izquierda se opone a su teoría y practica política. Desde el punto de vista militar, Hezbollah conduce a las masas del Líbano a un callejón sin salida.

A muchos les sorprende que publiquemos en Izquierda.Info reportajes a Nasrallah, dirigente de Hezbollah o artículos de la izquierda reformista mundial que intentan justificar o apoyar acríticamente a ese movimiento ( Entrevista exclusiva con Sabed Hassan Nasrallah). Esto es así porque, a diferencia de Nasrallah y Hezbollah por un lado, y la izquierda estalinista y socialdemócrata por el otro, nosotros no ejercemos la censura sobre las posiciones que criticamos. Ni Hezbollah ni los reformistas de izquierda publicarían nunca nuestras posiciones, es más, las censuran activamente cada vez que pueden.

Eso, en sí mismo, es todo un programa que nos separa de ellos. Nasrallah, jefe de Hezbollah, advierte, en un reportaje a un periódico turco maoísta, que publicamos mas abajo, que está dispuesto a aceptar un frente único contra el imperialismo con el “movimiento socialista”, pero le indica antes que nada que no se les ocurra a estos socialistas “decir que la religión es un opio”.

Niega con ello, categóricamente, lo elemental de todo frente único o unidad de acción antiimperialista: la lucha contra el enemigo común sosteniendo el derecho irrenunciable a las posiciones políticas propias.

Hezbollah no lleva a cabo ningún frente único con la izquierda del Líbano a la que critica por no haber luchado a su lado. Esto es así, porque el Partido de Dios no admite ningún trabajo en conjunto que no hegemonize con organizaciones populares, mientras llega a acuerdos por arriba con las organizaciones burguesas sunitas o cristianas. Llevando esto al extremo, Hezbollah se niega a trabajar en conjunto con la izquierda en las operaciones de rescate y ayuda de refugiados ya que en ello ven una fuente de influencia política partidaria.

El movimiento socialista se opone, por principio, a los estados teocráticos, la imposición religiosa desde el estado, a la religión misma como fraude ideológico para sostener el estatus quo o facilitar un estadio más reaccionario aun que la “democracia” burguesa. Los socialistas no tememos al debate libre sobre estas cuestiones. Nasrallah y Hezbollah no solo temen a este debate, sino que lo prohíben. Muchas veces a través de la violencia.

Demás esta decir que el retrato del movimiento socialista que pinta Nasrallah nada tiene que ver con la realidad. Habla, en la entrevista que mencionamos, de grupos marginales terroristas turcos que combinaban el estalinismo del tercer periodo con posiciones ultra-nacionalistas y reformistas de alianza con la burguesía, particularmente de las nacionalidades como la kurda.

También dice el dirigente de Hezbollah que se alegra de que el movimiento socialista haya salido públicamente “algo que no venia haciendo en los últimos tiempos” para oponerse al imperialismo. Nada más falso. Los movimientos de masas contra la guerra en Europa, EEUU, Latinoamérica o Asia simplemente no existirían – y existen con altibajos desde la primar Guerra del Golfo – sin la organización y movilización de la izquierda socialista.

Más aun, es Hezbollah y Nasrallah quienes se han mostrado ausentes de toda lucha internacional contra el capitalismo o la acción imperialista. Excepto en las regiones de mayorías musulmanas del planeta, a lo que restringe su acción contra el imperio. No se conoce ni una sola manifestación de protesta en apoyo a grandes luchas de masas contra el imperialismo europeo o norteamericano en países o regiones donde el Islamismo no exista o sea una minoría insignificante.

Hezbollah es a la vez un grupo religioso, fundamentalista, que tiene como objetivo la creación de un estado islámico regido por leyes religiosas en el Líbano y una organización representativa, y cada vez más, de la burguesía shia del país. Nada tiene que ver esto con la ideología, los principios o los objetivos del movimiento socialista.

Hezbollah – y la mayoría de sus dirigentes en forma individual -- son propietarios de cadenas de supermercados, estaciones de radio y televisión, hoteles, tierras de cultivo, granjas, agencias de viajes y centros financieros. En ellos trabajan decenas de miles de libaneses con los que se relacionan en base a la religión, no a las relaciones laborales, en una forma similar a la que funcionan las sectas shias en el poder en Irán o la secta multimillonaria Coreana de Moon.

Obviamente, esto se contrapone por el vértice con la práctica de los socialistas, al menos los socialistas revolucionarios, que fomentan la creación de sindicatos y la independencia política de los trabajadores de la clase burguesa y las iglesias. Hezbollah reprime o coarta los derechos de los trabajadores y los supedita a sus necesidades políticas y religiosas. Ni hablemos de las mujeres quienes tienen un rol secundario en la sociedad dominada por el Partido de Dios, donde no se les permite el libre accionar, ni siquiera en la defensa armada contra la invasión Sionista.

Hezbollah, a pesar de sus objetivos fundamentalistas, ha tomado una línea pragmática para la prosecución de los mismos. En el plano nacional es parte del gobierno burgués del Presidente Emile Lahoud, un ex General del ejército, donde participa con dos Ministros de su gabinete en el cual confluyen los partidos burgueses representantes de las burguesías Sunita, Shia y cristiana.

Su permanencia en el gobierno se basa en la defensa de sus propios intereses y en un pacto que, de hecho, divide el país en zonas de influencia entre las distintas religiones. El llamado de Hezbollah a la “unidad nacional” para defenderse del enemigo común, Israel, se limita entonces a la defensa de todos los sectores burgueses y del status quo. Esto choca violentamente contra los objetivos socialistas de unificar a la clase trabajadora y el pueblo libanés sobre bases de clase, no de defensa de los intereses de los diversos explotadores.

Esta política de Hezbollah es un espejo de la adoptada por sus jefes políticos en Irán que instauraron una dictadura teocrática a través de una contrarrevolución que dió por tierra las grandes conquistas de la revolución que derrocó al Shah a finales de los 70s. Esa contrarrevolución tuvo su epicentro en el desmontaje, a través de la represión más salvaje, de las organizaciones obreras y juveniles de Irán.

En el plano internacional, la política de relaciones exteriores, la diplomacia de Hezbollah, no es sino la continuación de su política doméstica. En esta misma sección publicamos un artículo de defensa de la posición de Hezbollah de apoyar, aunque críticamente, la resolución del “cese al fuego” declarado por la ONU y la intervención de tropas de la organización nacional, y el ejercito libanés, en la zona sur del país, la región del conflicto con Israel (Ver articulo La guerra de los 33 días y la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de Gilbert Achcar)

Mas allá del hecho de que Hezbollah acepto la “tregua” (en realidad imposible de sostener como lo demuestran las constantes incursiones del ejército Israelí) y que le dió un respiro a las tropas sionistas cuando se encontraban en riesgo de colapsar en sus objetivos militares, la defensa del artículo de la metodología de la negociación con los distintos sectores del imperialismo mundial – uniéndose alternativamente con unos u otros -- y la presentación de dichas negociaciones como la mejor estrategia y que esta dió frutos, es una decepción política solo destinada a sostener los intereses de Hezbollah y su propaganda, no para mantener la independencia del Líbano.

Hezbollah se juega a ganar a sectores del ejército libanés y a la incompetencia de las fuerzas militares de la ONU – o la negativa de muchos países a ser parte de ellas por temor a tener enfrentamientos con Hezbollah que generen atentados en sus países. Esto no es políticamente una estrategia para ganar sino para extender en el tiempo y la geografía el conflicto militar. La estrategia de ganar a sectores del ejército libanés es el reconocimiento que, a no ser por un golpe de estado o una guerra civil, el Partido de Dios no obtendría el poder total del país.

Y aquí sobreviene la crítica militar más aguda de la estrategia de Hezbollah, y la más peligrosa para el Líbano y, particularmente, para su clase trabajadora. Así como Israel necesita, para mantener la ayuda militar y económica del imperialismo y la comunidad judía mundial, para sobrevivir como estado, a través de la guerra permanente, Hezbollah busca la misma estrategia de “guerra sin fin” para asegurarse el fluir de la ayuda militar y económica de Siria e Irán y de los estados y comunidades islámicas del Medio Oriente y el mundo.

Así como el Estado de Israel, enclave del imperialismo, se derrumbaría con el corte de la ayuda internacional, la red del clientelismo y los “planes sociales” de Hezbollah, verdadero pivote de su poder político en el Líbano, colapsaría sin un estado de guerra perpetua con Israel. Para los socialistas revolucionarios, solo una estrategia revolucionaria y el poder de los trabajadores podrían detener esta espiral guerrerista de los negocios de Hezbollah e Israel. Claro está, guardando las diferencias entre un estado con pretensiones de desarrollo industrial y supremacía sobre la región (Israel) y los tenderos de Hezbollah.

La derrota militar de Israel es clave en esta estrategia. La paz armada, el conflicto permanente sin definición, la supresión de las energías revolucionarias de las masas del Medio Oriente – contenidas por un lado por los regímenes despóticos árabes y las organizaciones como Hezbollah y en el propio Israel a través del fraude del mantenimiento de un estado artificial religioso– solo garantizan la prosecución sin fin de la guerra. La paz solo puede sobrevenir en el Medio Oriente a través de la revolución, la fraternidad de los trabajadores de los distintos países, la federación socialista del Medio Oriente y un cuadro de frente sólido, militar y político, contra Israel y el imperialismo norteamericano y europeo.

La izquierda reformista, incluidos aquellos que otrora fueran revolucionarios y hoy están en proceso de socialdemocratización, apoyan (aunque, repetimos, algunos digan que críticamente) a Hezbollah como una extensión de su política de transar alianzas con la burguesía de sus países en frentes populares. No importa que Hezbollah represente un salto al pasado, a las etapas más oscuras de la historia de la humanidad en términos estratégicos.

Por supuesto que esta “izquierda” de la reforma y las etapas artificiales en el proceso revolucionario aducirán: “en una guerra hay dos bandos, y el que no esta con uno, esta con el otro.” La izquierda revolucionaria debe responder a esta falsedad con energía: el único bando en el terreno militar, así como en el político, esta determinado por los intereses de la clase obrera. Esta misma “izquierda” fue la que adujo razones similares para sostener los regímenes Sandinista (que ya vimos en lo que terminó), o “la vía pacifica al socialismo” de Chile bajo Allende (que llevó directamente a la dictadura Pinochetista) o que debatían la importancia de apoyar sin críticas al “socialismo real” de la Unión Soviética antes de su colapso.

Ahora, apoyando a Hezbollah o Hamas, o la dirección Iraní, desarman al movimiento de izquierda y los trabajadores del mundo y retroceden aun mas, a formas mas retrógradas de apoyo a salidas pro-burguesas. Esta manía de apoyar sin debatir a cualquier fuerza en la línea de fuego ha sido la fuente de muchos fracasos, el de apoyo al fundamentalismo islámico es la preparación de uno mucho más desastroso.

Hezbollah no esta solo en el Líbano, aunque hoy por hoy hegemonize la lucha militar contra Israel. Existen las tradiciones, la cultura y la organización – aunque sean pequeñas – de una izquierda laica, con tendencias democráticas y aun algunos grupos revolucionarios de izquierda. Ellos deben ser los depositarios de la ayuda material y política de la izquierda mundial. Si no existieran en el Líbano, las organizaciones revolucionarias y de izquierda de importancia a nivel nacional e internacional, deberían volcar todos sus esfuerzos en crearlas, reclutando y enviando cuadros y ayuda material.

Hezbollah no quiere un frente único contra el imperialismo e Israel aunque lo predique para las tribunas de la izquierda reformista de Occidente. La izquierda revolucionaria debe imponérselo por sus propios medios: a través de la movilización contra la agresión de Israel, el apoyo irrestricto a la izquierda revolucionaria en el Líbano y el debate democrático entre las masas, del Líbano e internacionalmente, con Hezbollah, Hamas, la dirección Iraní, los gobiernos burgueses corruptos y decadentes del Medio Oriente…

Mientras defendemos al Líbano, Palestina, Siria, Irán e Iraq contra los ataques de EEUU y su enclave, Israel, luchamos por la formación de una corriente internacional y partidos de los trabajadores y la izquierda revolucionaria en la región. Golpeamos juntos aunque marchemos definitivamente en forma separada. Así también podrá la izquierda revolucionaria ganar para sus filas a muchos trabajadores del Medio Oriente que, por la falta de una política realmente de izquierda, se ven compelidos a seguir a las direcciones fundamentalistas, y reformistas, cuando no retrógradas, como Hezbollah y Hamas.

Los trabajadores y jóvenes del Medio Oriente deben ver que existe una oposición al imperialismo y al Sionismo en la región que lucha en forma consistente contra ellos a nivel internacional, despojada de prejuicios religiosos y sectarios. Estamos seguros que verán en esas fuerzas el futuro. Esto es posible a condición solo de que las mismas no capitulen a las direcciones existentes que, en el plano histórico, llevaran a las masas de la región a un callejón sin salida.


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