Las mentiras de los números y quienes estaban en la Plaza de la Mano Dura y en la contra marcha
Por Isabella Montes
n la Plaza de Mayo, desde la vereda de la Rosada al Cabildo y de la Catedral al otro extremo, en forma abigarrada, sin poder caminar en la multitud, pueden entrar, potencialmente, unas 65.000 personas.
El 31 de agosto no había ni las 200.000 personas que predijeron Blumberg y sus allegados (Clarín, 31 de agosto). Ni siquiera las 35-40.000 que les adjudicó Clarín. Los corresponsales de Izquierda.Info contaron entre 15 y 20.000 personas. Minuciosamente. Desde el palco, ubicado por delante de la Pirámide de Mayo hasta Diagonal y desde la Catedral al otro extremo de la Plaza.
La multitud no era abigarrada y se podía caminar libremente, con claros en muchos sectores y con las calles laterales, excepto la de la Catedral, semivacías. Solo un poco más de un tercio de la Plaza estaba ocupada. Por supuesto, el arte de la fotografía nocturna y la distancia en que son tomadas las fotos, así como los ángulos de las cámaras de televisión apropiados, hicieron el resto.
La extrema derecha de Pando, los milicos del Proceso, comisarios retirados y las “asociaciones” de “ciudadanos” y algún grupo fascista criollo movilizaron cerca de la mitad de los concurrentes. La otra mitad era gente suelta. Abundaban los trajes y sacos con corbata, los vestidos y abrigos de lujo y unos cuantos tapados de piel. También había unos pocos parientes de victimas de crímenes y unos 300 piqueteros del MIJD de Castells.
Al lado de Castells, marchaban los siete u ocho miembros de la micro secta Opinión Socialista de Horacio Lagar, haciendo lugar al comentario risueño de mas de un simpatizante de Blumberg de que “hay izquierda para todo”. Castells estaba eufórico aunque desde el palco los oradores se preocupaban de saludar a los agentes policiales del gatillo fácil como ejemplo de sacrificios y se promocionaba el criterio de “urbanizar”, es decir terminar, con las villas, con topadoras y acción represiva.
A esta “izquierda” de la Plaza, ni siquiera le preocupo que el palco, ante el que se hallaban, hubiese sido erigido ex profeso, para ocultar las pintadas históricas de las Madres de Plaza de Mayo recordando a los desparecidos y asesinados por el Proceso.
Macri se paseaba y firmaba autógrafos, estrechando manos de partidarios. Las brigadas de PRO y los grupos fascistas – pocas en verdad – se dedicaban a arrancar los carteles recordatorios pagados y pegados por el gobierno que, por sobre las fotografías de Blumberg, Macri, Neustad y Pando proclamaban “El Proceso no se rinde”.
Un guardaespaldas de Macri trataba de impedir que Izquierda.Info fotografiara a su patrón sin resultados y algunos curas y monjas deambulaban entre la multitud con sus velitas encendidas.
¿No existe ningún parámetro periodístico para decir, por ejemplo, que en una Plaza ocupada por la mitad por la izquierda el pasado 24 de marzo y columnas ocupando Diagonal y Avenida de Mayo se cuentan como 20.000 y ahora que concentra la derecha se convierten en el doble?
¿El dato que hace cuatro anos, Blumberg movilizo 250.000 personas en su primera marcha y 100.000 al Congreso después y ahora solo 20.000 como máximo no tiene importancia política para los medios acerca de la dinámica descendente del movimiento de la “Mano Dura”?
¿Qué, desde el comienzo del “fenómeno” Blumberg, el Kirchnerismo haya votado todas las leyes propuestas por el “ingeniero” y capitalista sionista y que ello no haya detenido el crimen y la violencia de la delincuencia no tiene ningun interes periodistico?
¿Y que Blumberg y Macri condenen los cientos de asesinatos y robos violentos que se cometen mensualmente en la Argentina pero nunca hayan tenido tiempo para denunciar los 6.000 asesinatos anuales y las decenas de miles de torturas del Proceso (1976-82) no cuenta para la cronica periodística?
¿Qué tal con el detalle de que Blumberg, y Macri, apoyan el genocidio Israelí en el Líbano y Palestina y por eso Blumberg personalmente veto la presencia de un religioso musulmán cuando al mismo tiempo se preocupo de poner en el palco y dar discursos derechistas a un rabino, un sacerdote católico y a un pastor evangelista?
En la contra marcha del funcionario del gobierno nacional D’Elia y la FTV (Federación de Tierra y Viviendas) y de su amigo Pérsico, funcionario de la Provincia de Buenos Aires había unos 5.000 participantes que bloqueaban el Obelisco, las estaciones de subte cercanas y algunas calles aledañas, con grupos dispersos en Diagonal Norte. En la de Pérez Esquivel, que a ultimo momento declaro que D’Elia le había copado el acto y ni siquiera había discutido con el su participación, se reunieron unas 100 personas.
El discurso de D’Elia sonaba radical y hablo contra los deseos de la derecha de la Mano Dura de criminalizar la protesta. Claro que su credibilidad es cercana al cero exponenciado al ser el funcionario del estado un hombre acostumbrado a dirigir grupos de choque del gobierno en los conflictos sociales.
La izquierda brillo por su ausencia. De haber querido, un frente de toda la izquierda hubiese podido agrupar más gente que la marcha y la contra-marcha. Claro, para esto debería haber tenido algo que se llama política.
Y mas allá del discurso abstracto y casi liberal del PO, PTS, MST y otros, no hay una explicación Marxista, ni un llamado a los trabajadores y el pueblo para organizarse independientemente del estado ni en la cuestión del crimen y la seguridad ni en muchas otras áreas de la vida social.
La izquierda debería haber irrumpido en escena proclamando la necesidad de disolver las Fuerzas Armadas y las policías del gatillo fácil, la eliminación de la cárcel para los delitos no violentos de los pobres, la autoorganización vecinal para enfrentar a los criminales y los piquetes de autodefensa obreras par asegurar las vidas de los trabajadores en la vida cotidiana y, de paso, proteger las manifestaciones de protesta y las huelgas contra la represión policial y patronal. Sin embargo, el PO, MST, PTS et al proclamaron a quien quisiera oírlos: “Gracias, no fumo…” Como en los intentos carapintadas de los 80s y 90s, o en las horas decisivas del 19 y 20 de diciembre del 2001, la izquierda o se borro o corrió a cobijarse bajo el ala de alguna institución burguesa.
Durante Semana Santa y Villa Martelli yendo a la Plaza de Alfonsín en lugar de agitar y organizar a los trabajadores para aplastar a los golpistas; en el 2001 movilizándose al Congreso a exigirle que tomara la iniciativa de nombrar Presidente y Vice después que el pueblo en la calle había decidido derribar no solo a De La Rua, sino también a varios de sus sucesores en pocos días.
Sin la izquierda en masa, D’Elia aparecía reemplazándola.
Esta “confrontación”, pulseada mejor dicho, quedo entonces reducida a las exigencias de una derecha exigua y un Blumberg en picada que exigen borrar de la faz de la tierra las villas, encarcelar por mas tiempo a los criminales de todo tipo y un gobierno que reprime selectivamente – como en Las Heras, subte o la UBA (usando a los matones de APUBA) y que premia a los militares y policías con un aumento del 19% el mismo día de la marcha a la Plaza de la Mano Dura.
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