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NacionalesLa Plaza de la Mano Dura

¿Cómo pueden frenar los trabajadores y la izquierda la violencia criminal?

Por Sebastián Robles

s necesario decir, en primer lugar, que la violencia criminal es un sub-producto del sistema político, económico-social. El desempleo, la crisis económica, la despiadada lucha de clases que desarrolla el capitalismo contra los trabajadores y el pueblo (incluida la represión) causan la criminalidad y la violencia.

Los criminales y la violencia criminal siempre existieron y seguirán haciéndolo bajo las formas políticas de la sociedad de clases. En épocas de crisis, el crimen experimenta agudos crecimientos ya que, a los criminales “profesionales”, se les agrega una legión de “criminales de ocasión”, desesperados, que no hallando salida a su situación, apelan al crimen como un recurso salvador.

El crimen y la violencia van al ritmo, aunque atrasado, de la economía. Cuando esta ultima esta bien, el crimen disminuye, cuando esta mal, aumenta. Esto se agrava aun más cuando una sociedad, como la Argentina de la última época, entra en un curso de putrefacción social con desempleados crónicos, legiones de jóvenes que no ven un futuro y que nunca han trabajado. Y cuando la lucha de clases ha asestado golpes al movimiento obrero y derrotas.

La frustración, la desmoralización, como el hambre y la miseria, son co-factores productores del crimen y su expresión mas aguda, el crimen violento. En esas circunstancias, la burguesía apela al único medio que tiene para defender su propiedad y sus vidas, sean estas amenazadas por las grandes luchas a las que busca derrotar, o el crimen que ellos mismos han desatado.

Nuevas leyes más represivas, nuevas cárceles, más policías, mayor violencia y la extensión de la criminalizacion de la pobreza son los recursos a los que apela la clase dominante. Cuando la situación se descompone aun más debido a la reacción de los elementos criminales que, ante la perspectiva de mayores penas por sus delitos, apelan aun a más violencia. No hay que dejar testigos.

La drogadicción, el tráfico de armas, los secuestros extorsivos y el asesinato son la norma en tal sociedad. La desesperación y la crueldad elevan las bajas en la comunidad al volverse la violencia crónica y salvaje. Es natural que, en ausencia de una perspectiva revolucionaria para cambiar la sociedad, y sin direcciones sindicales y políticas con un programa para resolver esta tragedia, sectores del movimiento obrero, la clase media y, demás esta decirlo, la burguesía, se vuelvan desesperados al estado y le reclamen “mano dura”.

La mano dura, sin embargo, procrea más violencia, mas cárceles producen más criminales ya que son solo depósitos de trabajadores convertidos en lumpenes por la desocupación, drogadictos por la desmoralización y asesinos por la frustración y el odio de sentirse en el peldaño mas bajo de la escalera social, que entran así a verdaderas universidades del crimen.

Aun en momentos de agudas crisis sociales, si existen situaciones de movilizaciones de masas o revoluciones, estas generan un fenómeno de aislamiento y disminución del crimen. Es así, porque los obreros y el pueblo recuperan la esperanza que la sociedad puede cambiarse.

La burguesía y la derecha, en momentos de crisis como la actual, buscaran profundizar la legislación y acción represiva para no solo combatir el crimen de hoy sino para aplastar al movimiento obrero y sus luchas mañana.

Por eso los Blumberg, Macri. Kirchner, Carrio… no pueden y no ofrecen soluciones de fondo al problema de la inseguridad. Todos ellos defienden los intereses de clase que representan o los que quieren representar que son, en última instancia, incompatibles con los de los trabajadores.

Las medidas y leyes represivas diseñadas por la burguesía siempre tienen como punto de partida el sofisma de que el crimen y la violencia provienen exclusivamente de las clases oprimidas. No fue así durante el Proceso donde las actuales cifras de asesinatos, secuestros, robos, hurtos, falsificaciones, estafas al erario público palidecen en comparación a todos esos crímenes, y mas, cometidos por las juntas militares y sus socios civiles y religiosos.

Los mismos que hoy día están a la vanguardia de exigir la “mano dura”.

Especulan que los sectores progresistas y gran parte de la izquierda congelaran sus reclamos en mas viviendas, educación, trabajo que – siendo demandas correctas que los socialistas impulsamos – no resuelven en lo inmediato el problema urgente del crimen y la violencia que azota a los propios trabajadores.

La derecha sabe – y lo ha dicho Blumberg claramente en su discurso del 31 de agosto– que la seguridad tiene que ver con la pobreza y como resolverla, con los empleos y como proporcionarlos y la educación y como garantizarla. Pero que su prioridad y los de su clase es “protegerse”. Además, los burgueses no están dispuestos a invertir en ello y saben que la desesperación, sobretodo de las capas medias de la sociedad, no puede esperar a soluciones de largo plazo y estructurales. Los socialistas sabemos que esas soluciones estructurales solo pueden provenir de una sociedad socialista y un gobierno de los trabajadores que anteponga a las ganancias del capital, las necesidades de los trabajadores y el pueblo.

Por eso la derecha propone medidas de emergencia, trabajando arduamente para que se perciban como soluciones inmediatas: mas policía, leyes mas drásticas, la pena de muerte, mas cárceles…

Como si el centro del capitalismo mundial, EEUU, que esta a la vanguardia global en la construcción de cárceles, aun mantiene la pena de muerte y tiene leyes tan drásticas que por tres robos por necesidad – por ejemplo comida – o posesión de drogas para uso personal, dispara automáticamente la cadena perpetua, no hubiese experimentado uno de los índices mas altos de crímenes violentos del mundo. Con millones de personas encarceladas y centenas de ejecuciones anuales no ha logrado que el espiral criminal descienda dramáticamente.

Mucho menos se lograría en una sociedad como la Argentina, en un país dependiente, sin la economía desarrollada de EEUU. Por eso, las burguesías de países como el nuestro siempre se reservan la carta de la dictadura feroz como alternativa para hacer cumplir la ley y el orden. Pero las dictaduras como el Proceso no elimino, ni siquiera disminuyo el numero de crímenes violentos, sino que el estado paso a monopolizar la ejecución de los mismos.

Los socialistas comprendemos a los trabajadores impacientes y al pueblo sometidos a una ola de asaltos de criminales desclasados, feroces, victimas de los secuestros extorsivos, a las mujeres violadas a plena luz del día, a los asesinados por monedas o por no tener monedas, a los trabajadores que sufren las consecuencias de asaltos en sus lugares de trabajo. Sabemos que ellos quieren soluciones inmediatas al problema.

También sabemos que muchos miran con desconfianza las “soluciones” propuestas por la derecha de Blumberg, porque siempre ponen el acento en mayor poder de la policía corrupta y del gatillo fácil, los mismos que se han desclasado con el uniforme y se han convertido o en perros de presa de los ricos o en delincuentes feroces ellos mismos.

Los socialistas, que agitamos por medidas estructurales para ganar para la producción y la vida social a los potenciales “delincuentes ocasionales” o los empujados al crimen por la crisis económica y social como el derecho inalienable a la vivienda, el trabajo, la educación y la salud, en ultima instancia promoviendo la solución integral estructural de una sociedad socialista, no desconocemos, sin embargo, que es necesario adoptar medidas de urgencia para terminar con el flagelo creado por la sobrevivencia del sistema capitalista y combatir al núcleo central de los elementos criminales de la sociedad.

Esto último requiere no tener ninguna confianza ni en el estado, ni la policía, ni los partidos que no representan nuestros intereses. Toda medida que les pidamos se volverá en contra nuestra inevitablemente. Es necesario contar y confiar en nuestras propias fuerzas.

Los trabajadores en sus lugares de trabajo y en los barrios deben organizarse en piquetes de autodefensa, asegurar rondas obreras que patrullen los lugares donde vivimos, movilizar a los trabajadores y el pueblo para garantizar que los criminales no se asienten entre nosotros y ejercitar la mutua protección contra asaltos, violaciones de mujeres, secuestros de niños, robos… La gran consigna es recuperar el control de nuestros barrios y lugares de trabajo y convertirlos en lugares seguros y donde la ayuda mutua actúe de prevención y disuasión.

En los centros de trabajo y los barrios obreros, esos piquetes deben extenderse a la protección de manifestaciones, huelgas y conflictos que deben ser rodeados multitudinariamente para garantizar que no sean reprimidos por el estado o los patrones y que sean libres de provocadores.

Asambleas regulares deben determinar la asignación de tareas y funciones en los barrios y centros de trabajo y evitar y discutir los métodos de implementar las tareas para asegurarse contra excesos. No hay método mejor que la democracia obrera directa para enfrentar todos los peligros y la organización para evitar que los incidentes ocurran sin necesidad.

Por sobre todas las cosas, sin embargo, debemos impedir convertirnos en habitantes de barrios ocupados o victimas impotentes del fuego cruzado entre delincuentes y policías.

Hay quienes, desde la izquierda, depositan confianza en el estado para protegernos. Llaman tan solo a la “democratización” de varias formas de la policía o limitan su accionar a demandar mayor protección armada de las instituciones de la burguesía. Se olvidan que estas consignas y propuestas están contrapuestas a la realidad de una policía que permite el crimen a través de “zonas liberadas” o participan directamente de los actos criminales.

Esta policía, estas organizaciones del estado tal cual existen, no pueden ser reformadas. Deben ser disueltas y un primer paso en esa dirección es el control estricto de sus actividades por juntas electas de vecinos ante las cuales deban responder las comisarías, con rango y autoridad para disciplinarlas si hiciera falta.

Como toda organización popular, una iniciativa semejante requiere recursos. La demanda de disolución de las Fuerzas Armadas que no cumplen ningún rol progresivo en nuestra sociedad y el traspaso de su presupuesto a la organización de los barrios y centros de trabajo es una necesidad dictada por la realidad.

Esta organización y movilización debería también ser el eje de un movimiento por lograr el derecho – no el privilegio -- a la vivienda, el trabajo, la salud y la educación dignas para todos. Todo lo que proponen la derecha y los “progres” de la burguesía no son sino aspirinas para curar un cáncer social creado por ellos y, mas temprano que tarde, utilizaran las medidas que aceptemos contra nosotros y nuestras luchas.


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