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Apuntes para un estudio de las guerrillas en México
Por León Pérez

La guerrilla no es un asunto nuevo en Latinoamérica. Tampoco lo es en México donde existe más o menos en forma constante desde la revolución de 1910, con periodos de interrupción o latencia, para luego reaparecer con inusitada fuerza en periodos críticos del país.

La única razón por la cuales necesario hoy hacer alguna evaluación sobre ella es que las direcciones de alternativa revolucionaria, y aun aquellos que no siéndolo se proclaman de izquierda, han venido fracasando desde hace mas de dos décadas abriéndoles, por lo tanto, el camino a formaciones guerrilleras que, a su vez, traducirán la situación en nuevos fracasos.

Por lo menos tal cual están planteadas las circunstancias políticas actuales.

Comencemos entonces por advertir que, mientras el conjunto de las guerrillas Latinoamericanas tienen algunos denominadores comunes, la guerrilla mexicana aporta algunas peculiaridades, sobre las que es necesario detenerse un poco para el análisis.

La guerrilla en México tiene un origen mas autentico y menos ideologizado que, por ejemplo, las guerrillas de los 70s del ERP y Montoneros en Argentina, los Tupamaros en Uruguay , el FSLN de Nicaragua o el FMLN de El Salvador, entre otras.

Guerrillas como construcciones ideológicas o como autodefensa

Estas tuvieron su origen en corrientes ideológicas que desarrollaron la guerra de guerrillas como estrategias previamente elaboradas, con fuertes rasgos ideológicos y un voluntarismo en general inspirado por las clases medias urbanas.

Es decir, en muchos casos, sus acciones iban a contrapelo de las circunstancias políticas, independientes de estas y acicateadas por la ideología, muchas veces influenciada por el Guevarismo y el Castrismo y fueron diseñadas desde un comienzo para la toma del poder.

Las guerrillas mexicanas en general – aunque asumieran compromisos ideológicos e hicieran largas proclamas sobre ellos – representaban, y en muchas formas representan, necesidades mas objetivas de una base social de campesinos pobres, sectores semi-rurales y trabajadores del campo perseguidos por la violencia latifundista y la super-explotación.

Es decir, las guerrillas mexicanas tuvieron, en muchos casos, un origen y desarrollo en la autodefensa campesina frente a los crímenes de la oligarquía. En eso, se parecen en mucho a la guerrilla y las rondas campesinas de los 60s y 70s en Perú o la guerrilla original de Colombia de la guerra civil de la posguerra. Más allá de las intenciones de muchos de sus dirigentes, nunca pasaron de acciones tácticas y defensivas.

Lejos estaban y están estas guerrillas de edificar una confrontación militar con los aparatos del estado y el ejército como el producto de un delirante análisis de la realidad. Es impensable la creación de grupos armados mexicanos, por lo menos hasta ahora, que sostuvieran, como lo hizo el EGP a finales de los 60s en Argentina, luego los Montoneros y el ERP, el derrocar gobiernos constitucionales o “democrático” burgueses como los del radical Illia (EGP) o el gobierno de los Perón (ERP y luego Montoneros).

Esto les permitiría crear organizaciones nacionales a organizaciones como el ERP o colarse en un movimiento de masas como el Peronismo como hizo Montoneros. Pero difícilmente los llevaría al poder político y, como sucedió, solo causaron el desastre a miles de militantes.

O que impulsaran una estrategia guerrillera a toda costa contra regimenes dictatoriales como hizo el FSLN durante 30 anos para que finalmente la realidad, en su evolución, coincidiera con su estrategia. Las guerrillas mexicanas, por lo menos de las últimas décadas, si bien debieron enfrentarse al bonapartismo unipartidario del PRI y a brotes brutales de represión, jamás debieron operar contra dictaduras militares a escala nacional.

Las guerrillas mexicanas – repetimos, mas allá de los postulados enunciados en documentos – surgieron casi sin excepción como tácticas de autodefensa armada frente a los atropellos del estado y de las fuerzas represivas, mayormente en el campo, casi nunca en las ciudades (otra diferenciación importante con fuerzas como el ERP, Montoneros, Tupamaros o aun el propio FSLN y FMLN).

Por esa razón, las organizaciones guerrilleras de México casi nunca lograron ir más allá de una región o estado. Estaban circunscriptos a fenómenos locales, a enfrentar los atropellos de caciques del PRI en el gobierno, los terratenientes, los militares de la zona.

El EZLN entra en razones

Cuando el EZLN en su levantamiento de 1994 declaro que voltearía al entonces gobierno del PRI y avanzaría sobre la Ciudad de México, pronto tuvo que retroceder y ajustarse a su predominio en una pequeña área del Estado de Chiapas. A pesar de algunos intentos, y de la simpatía política que su movimiento pudo despertar, el Subcomandante Marcos advirtió que muy pocos, si acaso algunos, tomarían las armas para seguirle por fuera de su área de influencia en el sur mexicano.

A palos, Marcos acepto pragmáticamente su destino, archivo sus proclamas revolucionarias estratégicas y se circunscribió a una región de Chiapas desde donde incursiona periódicamente sobre la política nacional sin lograr crear un movimiento político estable y coherente. Su “ejercito” guerrillero no es mas que la custodia de comunidades indígenas que luchan por la autosuficiencia económica. Por lo demás, Marcos se ha pronunciado por “cambios profundos” mediante una “revolución pacifica”.

Hoy día, el EZLN vive un status quo con el régimen de los partidos políticos mexicanos. Marcos no ordena sino iniciativas políticas – y se abstiene de acciones militares o de extender su influencia física mas allá de la selva Lacandona - y el gobierno central no ordena a las tropas que la rodean, invadirlas. Los enfrentamientos que subsisten son generalmente locales y circunscriptos a fenómenos regionales y con caciques o bandas armadas locales.

Demás esta decir que el EZLN y Marcos han abandonado la iniciativa de crear un organismo nacional luego de la catástrofe que represento el intento del FZLN (copado rápidamente por lo peor de la charca de izquierda mexicana) o que en otras ocasiones, como la reciente “otra campana” sirve a los planes de la derecha del PAN, y a mantener vivo, aunque muy debilitado, al PRI socavando a la oposición liberal de izquierda (PRD) en las ultimas elecciones.

Las guerrillas y la dirección cubana

A diferencia de sus congéneres de Latinoamérica, las guerrillas mexicanas nunca contaron con el apoyo entusiasta, ni siquiera con el reconocimiento formal o la invitación a reuniones de alto nivel, de la dirección del estado cubano, inspirador, consejero, o al menos punto de referencia, de las guerrillas argentinas, uruguayas, colombianas o centroamericanas.

Esto se debió a una política de Cuba de mantener relaciones fraternales con el PRI mexicano en el poder durante medio siglo que le proporcionaba a la isla los suministros de petróleo y le extendía la mano diplomática en algunas iniciativas castristas en las Naciones Unidas.

La guerrilla de México en muchas ocasiones tuvo un discurso de apoyatura de Cuba solo para recibir el silencio más absoluto de parte de la dirigencia de aquel país. Para Castro, la “construcción” del régimen propio y sus intereses se anteponían a la hermandad ideológica con guerrilleros que las comprometían.

Este apoyo cubano al PRI y su régimen se hizo explicito en repetidas ocasiones, incluso con visitas amistosas de Fidel y altos funcionarios de su régimen, la participación en la asuncion de diferentes gobiernos y en declaraciones publicas donde enfatizaba que “no apoyaban ningún movimiento que fuera contra los intereses del gobierno mexicano”.

Ni siquiera ahora, que el PAN y Fox terminaron con la hegemonía Priista y que le han mostrado los dientes a Cuba en varias ocasiones, hace Cuba ningún gesto para vincularse a las dos docenas de grupos guerrilleros mexicanos. Tan es así, que la mayor apoyatura del EZLN a nivel internacional es la “izquierda” Mitterandista y Le Mondista de la socialdemocracia europea y los “colectivos” seudo anarquistas e inofensivos de Europa y Latinoamérica.

No fue el caso del resto de Latinoamérica, en general gobernada por fuerzas hostiles al estado Cubano, en donde desplegó una estrategia que incluía desde el apoyo abierto y decidido de las guerrillas (Colombia, Centroamérica, en algún momento Chile) hasta la ayuda informal (ERP, Montoneros, Tupamaros.) Esa informalidad en el caso de Argentina llego a incluir una especie de “asilo de hecho” aunque no de derecho a los cuadros de estas organizaciones, mientras el gobierno de Castro mantenía relaciones diplomáticas y comerciales con el régimen militar del Proceso.

La Unión Soviética, envuelta en la guerra fría y blindada con su contradicción de “coexistencia pacifica” con el imperialismo, dejaba de lado los métodos ofensivos de la lucha de clases (la huelga general, la insurrección, los soviets y el poder dual) y se embarcaba en conflictos de “baja intensidad” con EEUU y sus socios, donde las guerrillas eran uno de las piezas de movimiento en su tablero, destinadas a presionar, no a triunfar. La Unión Soviética suministro la suficiente ayuda para subsistir, nunca la necesaria para ganar grandes batallas.

En la segunda parte de los 70s y parte de los 80s, totalmente desprestigiada, la burocracia estalinista soviética, a partir todavía de Cuba, buscaba reubicarse en la promoción de algunas aventuras guerrilleras en Latinoamérica con el objetivo de tener cartas de negociación con el imperialismo que no podía ya obtener de otra forma – exceptuando claro esta, su cada día mas arcaico sistema de defensa nuclear. En algún momento esto se convirtió en una estrategia continental, dejando de lado consideraciones tácticas de los países y solo teniendo como norte las necesidades diplomáticas y políticas de la burocracia del Kremlin.

Así sucedió en Latinoamérica, pero también en África y Asia en los 60s. y la primera mitad de los 70s. Excepto en México, con quien la Unión Soviética, durante su existencia y a través del PRI, mantenía no solo relaciones cordiales, sino incluso de activa solidaridad. Cuba, en esas instancias, jugaba el rol de moderador y consejero de algunos movimientos guerrilleros sugiriendo moderación en los objetivos e insistiendo que la experiencia cubana de los 50s y 60s no podía emularse en las condiciones actuales de la lucha de clases.

La izquierda estructurada, incluyendo la revolucionaria, fueron obstáculos para la guerrilla

Otro obstáculo casi insalvable para la guerrilla mexicana hasta 1988 fue la presencia e influencia urbana – y en algunos casos rural – de la izquierda socialista y comunista, y la nacionalista revolucionaria.

Hasta ese ano, la presencia masiva del Partido Comunista Mexicano (PCM), rebautizado luego como PSUM (Partido Socialista Unificado Mexicano) y luego PSM y otros nombres, el trotskista Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), el nacionalista revolucionario Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT) y una docena de organizaciones nominalmente “revolucionarias” y socialistas que obtenían representación electoral (llegaron todas ellas a tener bloques de diputados), hegemonizaban el movimiento estudiantil, influían en los sectores combativos de los trabajadores y hasta crearon centrales “rojas” de campesinos y trabajadores rurales, se erigían con sus políticas estructuradas y coherentes – mas allá de sus definiciones ideológicas – en murallas infranqueables para la penetración guerrillera en los centros urbanos.

Cuando todas estas fuerzas prácticamente se disolvieron para ingresar al PRD (Partido de la revolución Democrática), un partido burgués cuyo origen fue la crisis del PRI, el propio PRD, ahora como un paradigma “democrático”, se convirtió en la barrera electoral y parlamentaria al guerrillerismo.

A diferencia del PC (con sus distintos nombres), PRT, PMT – y otros -- que eran partidos de acción, que promovían huelgas y la organización para la lucha – mas allá de los programas que esgrimieran – el PRD dirigió al conjunto de la izquierda hacia el callejón sin salida de una estrategia dual de respeto a rajatabla de las “instituciones democráticas” por “vías pacificas” por un lado y al agotamiento de la lucha en las instancias de la influencia parlamentaria.

Así, a finales de los 80s y principios de los 90s, el PRD bajo al dirección de Cuahtemoc Cárdenas entrego al PRI la victoria presidencial obtenida con un fraude escandaloso, llamando a los centenares de miles que se lanzaron a las calles, a mantener la calma y la legalidad.

De la misma forma, en los últimos meses, el candidato presidencial del PRD – a quien nuevamente se le birlo el triunfo a través del fraude – López Obrador repitió la política de Cárdenas, aunque movilizando “pacíficamente” y anunciando que asumiría simbólicamente como “presidente.”

La adaptación guerrillera al régimen y la política burguesas

En el resto de Latinoamérica la situación también en estos aspectos fue diferente. Esta surgió por iniciativa de grandes organizaciones políticas o se asumieron como la fundamental organización política en determinados países.

La guerrilla colombiana cobro auge en los primeros momentos por el apoyo directo prestado a la misma por el Partido Comunista de Colombia que tenia influencia de masas y la casi inexistencia de otras corrientes de izquierda en los 50s y 60s. Las FARC fueron inicialmente, y durante anos, el brazo armado del PCC.

En Argentina, la guerrilla de los 70s surge primero prohijada por el propio Perón y su movimiento de masas (Montoneros) y por la debilidad estructural de la izquierda, sobretodo la izquierda revolucionaria, frente al apogeo del Peronismo y su coqueteo con el “socialismo nacional” y el termino “revolucionario”. El ERP surge a la sombra de Montoneros y se alimenta de su crisis cuando estos últimos son expulsados sin misericordia del Peronismo, cuando este accede al poder y deja de necesitarlos.

La izquierda revolucionaria argentina no guerrillera, paralelamente, comienza también a crecer, pero el Proceso (la dictadura militar) aborta este desarrollo, termina de aplastar a la guerrilla que ya estaba en franca retirada y aprovecha para dar un escarmiento, masacrando a los mejor del activismo político y sindical de todas las tendencias.

La guerrilla chilena se adapta y acoge al régimen reformista de Allende y cae junto a ese proyecto político, ya debilitada, en el golpe de 1973. Surgido como alternativa revolucionaria al Partido Socialista y Comunista en el poder en la Unidad Popular, el MIR termino de guardaespaldas del reformismo. Intentos por resucitar la guerrilla bajo la dictadura de Pinochet no tuvieron eco: en Chile había vencido el neoliberalismo precursoramente en el continente.

En Colombia, la guerrilla eventualmente rompe con el Partido Comunista, pero sobrevive dentro del marco de un acomodamiento burgués, en la explotación de las tierras que controla, los impuestos a la producción de coca y su alineamiento con la socialdemocracia europea en el caso de las FARC o a la misma socialdemocracia vía su nuevo converso en Latinoamérica, Fidel, en el caso del ELN. Otros grupos, como el M-19 se reciclan en la democracia burguesa, a instancias muchas veces de Cuba, desapareciendo luego en forma efectiva, deglutidos por el más desprestigiado régimen democrático burgués de Latinoamérica.

Los Tupamaros uruguayos se reciclan, hacen acuerdos de todo tipo y abandonan la lucha guerrillera para incorporarse a los aparatos burgueses o creando uno propio que hoy coexiste con el PCU, el Frente Amplio y otras variantes de apoyo, directo o critico, al régimen de Tabare Vázquez y ocupando plazas de administración de los intereses de la burguesía.

El caso de la guerrilla centroamericana

A diferencia de otras guerrillas de Latinoamérica que lucharon contra gobiernos democrático burgueses en sus inicios y desarrollo hay otras guerrillas que se forman y desarrollaron luchando contra dictaduras feroces como la nicaragüense (FSLN), la salvadoreña (FMLN) o las organizaciones de distinto tipo de Guatemala.

De alguna forma, estas últimas estuvieron más “justificadas” por alzarse contra regimenes dictatoriales, represivos y que no permitían ninguna otra expresión de protesta. La conciencia de los trabajadores y el pueblo, cuando aun no ha hecho la experiencia a fondo con democracias burguesas formales, tiende a rechazar instintivamente el foquismo guerrillero, ya que aspiran a “influenciar”, no derribar, los gobiernos existentes.

En muchos de los casos de la lucha contra dictaduras, la guerrilla se beneficio de la inexistencia de organizaciones políticas burguesas que lucharan por la democracia e incluso de izquierda que eran casi inexistentes. Las dictaduras centroamericanas simplemente no tenían oposición burguesa o de izquierda y eran representantes directas, a su vez, o de las 100 familias más poderosas (El Salvador) o los propios dictadores hegemonizaban la propiedad burguesa (Somoza en Nicaragua).

Las guerrillas entonces, no tenían mediaciones, ni burguesas ni de otras variantes de izquierda (en Nicaragua, el estalinismo colaboraba con Somoza y en El Salvador y Guatemala se convirtió en el eje de la guerrilla.) La izquierda revolucionaria no guerrillera era incipiente en todo el istmo. Mas aun, cuando surgieron, como en el caso de Guatemala, guerrillas no controladas por el estalinismo, como la de Yom Sosa, fueron denunciadas por la dirección cubana.

Allí no jugo un rol solo la dirección cubana sino que, en el caso de Nicaragua y El Salvador, irrumpió también como actor la socialdemocracia europea que proveyó armas y logística a las guerrillas, basándose en los gobiernos que le respondían por entonces en Costa Rica y Panamá (durante la era Torrijos.) Uno de los ministros de Torrijos llego a organizar una brigada internacional para ayudar a los sandinistas y el gobierno de Costa Rica permitió la actividad política y entrenamiento del FSLN en su territorio.

A la guerrilla del FMLN y sus frentes políticos se unió una corriente (MNR) de filiación socialdemócrata y otros dirigentes de grupos como las FPL o el ERP (partes constitutivas del FMLN) fueron influenciados por la socialdemocracia europea.

Cuando las tres tendencias en que se dividía el FSLN se unificaron poco antes de la ofensiva final contra el régimen del dictador Somoza, la mas fuerte era la “Tercerista” de los hermanos Ortega y el que luego fuera dirigente contra y agente de la CIA Edén Pastora – ligada a la socialdemocracia – que superaba por varios cuerpos a la de la Guerra Popular Prolongada (GPP de Tomas Borge) o la minúscula Tendencia Proletaria (dirigida por Jaime Wheelock).

El imperialismo, en los dos gobiernos de Reagan, sometió a estas guerrillas – que veía como un punto de conflicto con la Unión Soviética – a una guerra de baja intensidad, armando contraguerrillas contras, enviando asesores y equipo especial y apelando a sus aliados de la dictadura argentina por apoyo y entrenamiento.

La socialdemocracia invirtió capital político en pergeñar una política de negociaciones de paz que – junto a la guerra de desgaste de los EEUU – termino con la insurgencia por derrota en Guatemala, por integración y prosecución de un acuerdo político entre la extrema derecha y el FMLN salvadoreño y por la entrega pacifica del poder a principios de los 90s del FSLN en Nicaragua.

Ante esto, solo una profundización de la revolución, su unificación a nivel de toda Centroamérica y un llamado al conjunto de los trabajadores del campo y la ciudad del Istmo hubiese podido revertir la derrota. Fidel Castro en persona aconsejo a las direcciones del FMLN y el FSLN no hacerlo. Las propias direcciones guerrilleras orientadas por el estalinismo y hacia la colaboración de clases para preservar su aparato militar, aceptaron las reglas del juego y por lo tanto su eventual fracaso.

El desenlace era previsible. El FMLN, luego de varias rupturas de izquierda y derecha, termino integrado al sistema y social democratizado. El FSLN, también luego de rupturas de derecha e izquierda, termino a la derecha del FMLN, infiltrado hasta los tuétanos por sectas religiosas, oponiéndose al aborto y ganando nuevamente la presidencia hace pocas semanas con un tercio de los votos emitidos para administrar la misma política de derecha que lo había expulsado del poder mas de quince anos atrás.

La razón de ser de la guerrilla mexicana

Despojada de la validez del grito de combate de las guerrillas históricas mexicanas de Villa y Zapata contra el gobierno central, y si, la iglesia terrateniente, las guerrillas mexicanas se debaten entre ser como la centroamericana, oponiéndose a la versión local de dictaduras regionales o estatales en el marco de un régimen democrático burgués y la presión constante de asimilarse a la “oposición” burguesa que no cesa de surgir dentro del marco de la institucionalización parlamentaria (PRD).

Se unen y fragmentan con rapidez. Solo el EPR (Ejercito Popular Revolucionario) ha dado surgimiento a mas de una media docena de otras organizaciones que hoy compiten entre si y mantienen su vigencia mientras persisten gobiernos corruptos, violentos y antidemocráticos como el de Ulises Ruiz en Oaxaca para ser luego eclipsados ante el surgimiento de movimientos de masas y recuperar el segundo aire si estos son derrotados.

La razón de ser de las guerrillas mexicanas esta presente pero son circunstanciales y circunscriptos. El movimiento de masas va hacia ellas y se aleja de ellas con rapidez y espontaneidad. No han logrado, hasta ahora, hacer pie como expresiones masivas de trabajadores y campesinos porque las derrotas del movimiento de masas fueron hasta ahora pasajeras y los trabajadores y campesinos han encontrado nuevos cauces, dentro del sistema político, para regenerar los tejidos de su resistencia.

Este ciclo podría estar llegando a su fin. El espectáculo lamentable de un PRD en manos de López Obrador que ofrece el pacifismo mas abyecto frente al fraude y el simbolismo de un gobierno paralelo frente al nuevo gobierno del PAN, y la desarticulación y desaparición de la izquierda, y con ella de la izquierda revolucionaria, deja fuera de opciones a cada día mas comunidades indígenas, mas campesinos, mas trabajadores.

Los bombazos en el Distrito Federal del pasado 6 de noviembre podrían ser un síntoma de este giro de la situación. Con un nuevo triunfo descarado del PAN en las últimas elecciones, aun sectores burocráticos y clientelistas del propio PRI podrían desplazarse hacia la guerrilla o al menos hacia la oposición directa al régimen como sucede actualmente en Oaxaca. Para estos sectores oportunistas, como algunos de los que nutren a la Asamblea de los Pueblos de Oaxaca (APPO), la guerrillas o los métodos pacifistas son opciones de presión a utilizar para las negociaciones por un lugar en la mesa de la burguesía.

Si el gobierno de Calderón prosigue la política totalmente pro norteamericana y anticubana de su predecesor Fox, el propio Fidel podría abandonar su política de neutralidad en los conflictos mexicanos ahora que el PRI (su anterior aliado) y el PRD (el nuevo destinatario de sus amores) están fuera del poder. Una política agresiva de Fidel – que ya mostró sus dientes en un par de oportunidades a Fox en los últimos anos – alentaría sin duda a la guerrilla, aunque no le brindara el más mínimo apoyo material o político.

Este tipo de aventura cubana se vería reforzado si, como se teme, Fidel muere en el futuro inmediato. Baste observar las caracterizaciones entre catastrofistas y reformistas que esgrimen hombres como el Presidente de la Asamblea de Cuba, Alarcón. Claro que, en este caso, no serian gritos de combate contra la burguesía lo que saldría de La Habana, sino de apoyo a la “revolución rosa” del continente encabezada por lideres populistas como Morales o Chávez.

La incapacidad de la izquierda mexicana por regenerarse y masificarse mostrada en las ultimas dos décadas implicaría la falta de opciones ligadas a la lucha de clases y de masas en forma estructural y permitiría a la guerrilla ganar influencia en los sectores pequeño burgueses urbanos y del campo, y aun en sectores de trabajadores. Si esto sucediera, entonces nos veríamos con tendencias guerrilleras que saltarían cualitativamente desde lo regional a lo nacional.

En este ultimo caso, las tendencias estalinistas, o pro burguesas, tomarían auge en la dirección de las guerrillas desvirtuando su carácter defensivo y de autodefensa para asumir características burocráticas, imponiendo al movimiento de masas su dominio y su política.

La ineludible adaptación a la burguesía de los aparatos militares

¿Cómo es posible que todas las organizaciones guerrilleras Latinoamericanas hayan terminado en desastres y sucumbiendo a políticas pro-burguesas? La respuesta a este interrogante no se agota en la simple existencia de direcciones estalinistas, ya que algunas surgieron por fuera del estalinismo, aunque terminaron haciendo la misma política.

La guerrilla mexicana que se diferencia en su origen y visión general, así como en su relación con los organismos de masas, de las del resto de la guerrilla Latinoamericana tiene, sin embargo, puntos en común con aquella, siendo el principal la idea central de que lo militar predomina sobre lo político.

Llevado a su lógica consecuencia, el militarismo guerrillero se convierte en una burocracia autoritaria que busca subordinar a cualquier precio al movimiento de masas y organizaciones al aparato militar cuando la guerrilla es concebida como estrategia y no como una simple táctica.

La guerrilla es una táctica defensiva. Su misión no es ganar guerras de posiciones o contra aparatos militares superiores, sino debilitarlos, hostilizarlos y entorpecer su avance sobre las posiciones propias fundamentales.

En el caso de la revolución social, la guerrilla cumple un rol completamente accesorio, suplementario y destinado a ser una táctica defensiva en momentos difíciles para el movimiento obrero del cual depende y al que se supedita en todo momento.

Así como en el terreno militar, una vez recompuestas las fuerzas propias que la hicieron necesaria, la guerrilla pasa a segundo plano, en la revolución, una vez re-encauzada en el camino de la huelga general insurreccional o la guerra civil, la guerrilla pasa a subordinarse por completo y pierde toda centralidad frente a los métodos mas ortodoxos de la lucha de clases.

Los bolcheviques rusos tenían tan claro esto que las guerrillas que formaron antes de la revolución Rusa del 17 tenían tareas secundarias, accesorias a las tareas del partido en el movimiento de masas. En los días revolucionarios de Octubre, la Guardia Roja se supeditaban absolutamente no solo al partido sino a los consejos obreros, los soviets.

Durante la llamada “Guerra Civil”, el Ejercito Rojo creado y dirigido por León Trotsky se basaba en el control del mismo por los organismos de masas y el partido a través de comisarios políticos y a las funciones duales como comandantes y miembros de dirección del partido de sus principales cuadros. Los miembros del Ejercito Rojo tenían derechos democráticos, intervenían en las discusiones políticas, nombraban delegados de los soldados de base y hasta elegían políticamente a sus oficiales.

Sin embargo, las guerrillas Latinoamericanas de los últimos 60 anos, se han desarrollado no como tácticas, sino como estrategias a las que supeditan – por las buenas o aun por las malas – al movimiento de masas. Este ultimo pasa a ser secundario y solo sirve de fuente de reclutamiento o acompañamiento de lo militar.

La democracia obrera, las asambleas obreras y campesinas, las organizaciones populares pierden toda autonomía y sus miembros todo poder de decisión. Incluso los propios miembros de las guerrillas dejan de tener derechos democráticos o el derecho a opinar sobre la política de la organización. Las jerarquías militares, entre ellas la supremacía de los “comandantes”, se convierte en el único eje de elaboración teórica, política y táctica de todos.

La “institución armada revolucionaria” entonces, se alza como alma gemela de las instituciones armadas de la burguesía, con rangos, uniformes, disciplina, falta de discusión política que es reemplazada por ordenes superiores. Los intereses de la lucha pasan entonces de ser de las de los trabajadores y el pueblo, y la prosecución de sus objetivos, a las del aparato militar.

Al determinar la supremacía de lo militar sobre lo político concebido el primero como estrategia central, se impulsan políticas de alianza, negociaciones y adaptaciones al campo de batalla signado y hegemonizado por el estado burgués. Esa metodología tiene como centro preservar ante todo la institución armada de la guerrilla y, por lo tanto, se justifican todas las acciones y alianzas necesarias para lograrlo.

Como el objetivo final es vencer a otro aparato, y como esto no es posible en el marco de las desmovilización obrera y popular causada por los estragos de someterlos a los designios militares, las direcciones guerrilleras apelaron a alianzas con sectores burgueses con el objetivo de primar en lo militar.

Esto llego, en algunos casos, a la ridiculez de plantear la unificación de grupos armados tan disímiles en ideología y formalmente en objetivos políticos como el ERP y los Montoneros. El primero ofreció en el momento en que ambos estaban siendo derrotados militarmente al segundo una unificación organizativa basada exclusivamente en las necesidades de los dos aparatos políticos por sobrevivir.

Las guerrillas del FSLN y el FMLN, las organizaciones armadas colombianas, los Montoneros y el ERP argentinos, los Tupamaros uruguayos, el MIR chileno se convirtieron casi todos en formaciones burguesas (FARC colombiana, FSLN, FMLN, Montoneros, Tupamaros) o levantaron consignas de “unidad popular” con la burguesía (ERP, MIR) acabándose como genuinas expresiones políticas revolucionarias independientes.

De lo que se trata – según la lógica militarista -- es de mantener la “institución” armada por sobre todas las cosas y todo lo demás es objeto táctico, por ende sujeto a negociaciones. Las aspiraciones de las masas se convierten en secundarias frente a la preservación del aparato militar y este impone, burocráticamente o por la fuerza, sus designios a las organizaciones de masas.

Ineluctablemente, las formaciones militaristas, tienen a reproducir lo peor de la sociedad de clases aunque en un principio se declaren sus peores enemigos. Para sobrevivir terminan adoptando algunos de los métodos del enemigo y, como aquel, sienten un gran desprecio por las organizaciones “civiles”, en el caso de los ejércitos burgueses de los “partidos políticos”, en el caso de las guerrillas, de las organizaciones de masas.

La guerrilla mexicana aun no ha llegado a ese punto y si lo hace dependerá exclusivamente del movimiento obrero, campesino, indígena, popular y estudiantil, de su movilización y grado de organización que las supedite y discipline a través de órganos democráticos creados por el movimiento mismo.

Los resabios de la izquierda partidaria cree que puede evitar este desarrollo – que hasta aparecería natural – de una “guerrilla estrategia” con simplemente encogerse de hombros y asumir que todo guerrillero es, en realidad, un provocador de los servicios de seguridad.

Aunque esto ultimo fuera cierto en algunos casos, el grueso del reclutamiento al concepto de guerra de guerrillas como estrategia se nutre de obreros, campesinos, indígenas y estudiantes desesperados que buscan un camino distinto, mas “eficaz”, al que los ha llevado a derrotas frente al régimen en el pasado. La inmensa mayoría de ellos pueden y deben ser participantes de una estrategia de lucha de masas siempre y cuando la izquierda pelee el rol dirigente que la historia le tiene reservado.

Para ello, no esta demás decirlo, es necesario terminar con la practica de la autonomía guerrillera y la formación de un sólido partido revolucionario, con influencia de masas que proponga un programa, no solo político, sino organizativo al movimiento de masas.

De lo contrario, la guerrilla mexicana terminara frustrando, como lo hicieron sus congéneres de Latinoamérica antes, el proceso revolucionario futuro.■


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