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Chávez y el partido único
por Sebastián Robles
El comandante no pudo resistir la tentación. En un largo discurso post electoral, el Presidente Chávez decretó que habría partido único de su revolución en Venezuela.
Afirmó el líder que no habría debate ni discusión al respecto y que todos los partidos y organizaciones que apoyan y participan de su gobierno debían integrarse a la nueva organización o dejar sus puestos en el gobierno.
Sin más, y en su carácter de Presidente del Movimiento V Republica, lo declaró disuelto. Dijo también que los votos eran suyos, de Chávez, y que le había molestado escuchar comentarios de dirigentes de partidos de su coalición ufanándose de cómo habían conseguido más votos que otros, ya que todos eran suyos y no de los partidos.
Se manifestó el dirigente contra los frentes únicos, dijo que “no se necesitaban sopas de letras” refiriéndose a las iniciales de los partidos que lo apoyan y afirmo que el nuevo partido no debía ser del tipo de los Bolcheviques rusos (la realidad venezolana es diferente) ni estalinista (refiriéndose a como esta tendencia había cambiado el slogan de la revolución rusa de “todo el poder a los soviets” por el de “todo el poder al partido”
Se refirió también ambiguamente al Socialismo que propugna como endógeno, relacionándolo con el socialismo indigenista y el agrario sin dar ninguna especificación. Observo que el socialismo que el plantea se “esta construyendo” y llegado el momento se haría realidad. Es decir, no existe, pero hay que tener confianza que él lo realizará, aunque no brindó las perspectivas de cómo lo haría.
En otras partes de su discurso (
Videos y transcripción del llamado de Chávez a formar el Partido Socialista) criticó a quienes usurpaban el nombre MBR-200 que había sido el de una de sus organizaciones en el pasado, lanzó criticas a los que confundían “enmiendas” con “reformas” a la Constitución en su propio bando y elogió repetidamente a las Fuerzas Armadas.
La tentación del poder absoluto
El deseo manifiesto de no debatir la cuestión por considerarla “insulsa” y el ultimátum a sus seguidores de unirse sin mas en un Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) no es nuevo ni original en movimientos como el liderado por Chávez quien ya ha mostrado una disponibilidad a la disciplina cuasi militar y jerárquica de sus seguidores a quienes organiza en “escuadras”, “pelotones” y “batallones” en la jerga aprendida en su carrera militar.
El movimiento chavista se basa en hacer concesiones a los sectores de masas más pobres a través de masivos planes de subsidios, pagados a través de obtener ingentes rentas petroleras a través de la asociación de la empresa estatal de petróleos con Petrobrás brasileña y empresas petroleras multinacionales y, paralelamente, crear una cadena de productores e industrialistas “nacionales”.
Este proceso reformista se basa en el control de las instituciones burguesas existentes: las Fuerzas Armadas, los juzgados y el parlamento. Y choca violentamente contra los intereses del imperialismo norteamericano – que compra el 15% de todo su consumo de hidrocarburos a Venezuela – que desea precios muchos más bajos y mayor renta para la explotación de los mismos por empresas de su cuno.
Al plantear “reformas por arriba”, Chávez se enfrenta a una multitud de fracciones administrativas y burocráticas en el estado y las Fuerzas Armadas heredadas de gobiernos anteriores y una nueva generación de oportunistas y carreristas que se asocian a cualquier movimiento triunfante.
Por otro lado, fuerzas de izquierda y de centro asociadas a su proyecto presionan a través de sus partidos y las estructuras sindicales que controlan, para que el proceso de lo que llaman “revolución Bolivariana” se incline más o menos en la dirección de sus ideologías.
El Partido único entonces es para Chávez, la forma de tratar de controlar su derecha y su izquierda, forzándolos a convivir en una misma estructura en donde todas las decisiones fundamentales se toman por el líder y en los recintos de la casa de gobierno.
Chávez especula que los puestos públicos y políticos pueden ser suficientes para generar la lealtad a su persona como dirigente y la no alteración del curso trazado por el para el proceso político.
Como un Bonaparte, Chávez podría erigirse en el árbitro entre los sectores de la burocracia estatal y el ejército por un lado y los sindicatos y organismos políticos por el otro, dejando poco margen para la autoorganización e independencia del movimiento obrero, campesino y de masas.
Reinar sobre las disputas, terminar con las independencias
El dirigente en concreto aspira también a reinar sobre partes de la corrupción rampante en el aparato del estado y en el Congreso, donde muchos de sus partidarios del Movimiento V Republica (MVR) son mal vistos por sus manejos y trenzas y sobre una izquierda radical que crece exigiendo avances en un proceso “revolucionario” congelado en simples reformas. Entre estos últimos se cuentan sectores sindicales de la UNT (Unión Nacional de Trabajadores), el Partido Socialismo y revolución que la influencia.
Chávez quiere también acabar con los conflictos por el reparto de cargos como los que llevaron a enfrentamientos entre el MVR y el Patria Para Todos (PPT), Chavistas de la primera hora, que contó con ministros y funcionarios muy importantes en la administración del Comandante (incluyendo al administrador de la petrolera estatal), pero que disputa con el MVR los curules parlamentarios con ferocidad.
A consecuencia de esas peleas, el PPT se alejo del gobierno de Chávez y ha mostrado en el pasado actitudes criticas hacia el, aunque mas recientemente ha vuelto a la alianza de partidos que apoyan al militar.
Otra fuente de preocupación para el presidente es el Partido Comunista Venezolano (PCV), de larga data en el país, dueño de una estructura de cuadros a nivel nacional y dirigentes sindicales de cierto peso.
El PCV apoya al gobierno de Chávez, pero la existencia de su estructura nacional de cuadros y dirigentes es percibida por altos funcionarios del gobierno como una amenaza ya que temen que el PCV, ante un giro de la situación política, pueda beneficiarse en
influencia y, por lo tanto, desplazar al MVR u otros sectores chavistas aun mas moderados.
La esencia del problema: La Biblia junto al calefón
El comandante, sin embargo, ha atinado a las formas de un problema real. La coalición que sostiene al gobierno, tanto sus socios formales como los informales, constituyen una pléyade de mas de 100 grupos, partidos y organizaciones.
Sus tendencias oscilan entre la socialdemocracia de derecha, pasando por el estalinismo, el trotskismo y el maoísmo, terminado en la izquierda socialdemócrata, el nacionalismo revolucionario o el simple populismo.
El hecho de que el proceso venezolano no se haya acogido a un fenómeno que es común a todos los procesos revolucionarios – a medida que progresa van desapareciendo las diferencias y se suscitan fusiones y desaparecen las organizaciones superfluas – es de por si un problema cardinal.
Una indicación que las bases en que se asienta el proyecto chapista están deterioradas es el pasado de organizaciones y dirigentes oportunistas que se han plegado a el. La otra indicación es que las disputas, discusiones y debates entre los que apoyan a Chávez se basan casi siempre en interpretaciones de declaraciones contradictorias o ambiguas del propio Chávez.
Este ultimo se ha negado a explicar mas allá de la simple enunciación que es “el socialismo a la venezolana” o el “Socialismo del Siglo XXI” que propugna. O en cada discurso exalta tradiciones e ideólogos de las más contrapuestas líneas políticas.
Por ejemplo, Chávez ha puesto de relieve como dirigentes mundiales o ideólogos a seguir a Castro, el PC Chino, Morales de Bolivia, Lula de Brasil, el propio Kirchner de Argentina, Perón, Evita, Mao, Trotsky, Bolívar, Marx, Lenin, Chomsky… ad infinitud.
Una buena táctica para una charla informal en que alguien quiera ser diplomático y no arriesgar definiciones políticas, pero confusa y hasta dañina para construir un movimiento de masas con un doctrina o ideología impulsora.
Así actuaba Perón, y Chávez lo imita, enalteciendo a la burocracia sindical, las guerrillas de izquierda, el socialismo nacional y el anticomunismo todo a la vez, generando los conflictos que ya son históricos y que terminaron en masacre.
Pero mientras le dure, Chávez podrá sostenerse como un Bonaparte por encima de todas las disputas y facciones, ora bendiciendo a estos, ora bendiciendo a los otros. El PRI mexicano desde Cárdenas, pasando por Perón, Getulio Vargas en Brasil y otros grandes lideres burgueses populistas se beneficiaron de estrategias semejantes, montados sobre aparatos controlados de la misma forma que Chávez propone para su nuevo partido único.
Todos esos experimentos terminaron en fracasos y derrotas para las masas. Solo que Chávez esta mirando al futuro inmediato, no histórico. A el le alcanza con que le dure una década.
En vez de destruir los partidos y organizaciones políticas, Chávez podría destruir el aparato del estado burgués y reemplazarlo por concilios de trabajadores, campesinos, indígenas y jóvenes. Así, vería desaparecer a los partidos superfluos y entraría en un tramo revolucionario del proceso, así como se lograría la verdadera representatividad del pueblo trabajador y su poder.
De la misma forma, las unidades de acción y los frentes únicos servirían para el debate y la educación de los militantes y los trabajadores de todos los sectores del proceso revolucionario. Pero eso haría el tomar decisiones, un fenómeno democrático, complicado y que toma su tiempo. Algo que los caudillos no miran con mucha paciencia.
Pero eso seria otra historia.■
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