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No es fácil ser izquierdista en Beirut
Por Carlos Petroni
Como bien lo demuestra el diálogo que tuve con Ammar Abboud, del Movimiento de Izquierda Democrática del Líbano – diálogo que reproducimos en esta sección -- es mas bien complicado ser izquierdista, y por lo tanto laico militante, en el Líbano.
La izquierda occidental, y eso por supuesto incluye a la argentina, ideológicamente mas cerca de Europa que del Medio Oriente, a la que no le gusta pensar ni resolver problemas nuevos y a todos les aplica formulas ortodoxas, practica en relación al Medio Oriente, y en particular al Líbano, el que Ammar califica de “anti-imperialismo bobo.”
Es decir, si alguien se tirotea con las fuerzas de Israel o el imperialismo, se convierten en el eje de la resistencia anti-imperialista. Ya sea Hamas en Palestina, el régimen Iraní, Saddam Hussein o la resistencia islámica en Irak o Hizbullah en el Líbano.
Si bien es cierto que los Marxistas deben oponerse a todo intento de dominación imperial donde sea, esto no es, ni debe ser necesariamente acompañado del sostén político de los regimenes amenazados por el imperialismo. Los que marchan por las calles de Buenos Aires con carteles que dicen “Somos todos Hizbullah” no solo demuestran su ignorancia política – todos ellos serian ejecutados en una republica islámica dirigida por Nasrallah – sino también su simplismo ideológico.
En realidad, en muchas ocasiones, el derrocamiento revolucionario de esos regimenes u organizaciones es el camino para enfrentarse al imperialismo con mayor efectividad. Recordemos la Junta Militar del Proceso y el imperialismo ingles en la guerra de las Malvinas. Fue la continuación de la dictadura, y su rendición militar vergonzosa al imperialismo lo que facilito los planes de este último.
Particularmente si los regimenes políticos y organizaciones nombradas tres párrafos atrás ven con placer la supresión y ajusticiamiento de los mismos Marxistas que los apoyan. O que representan sectores reaccionarios de la burguesía o el fundamentalismo religioso, antitesis de los objetivos socialistas.
En el caso del Líbano, cuyas guerras, invasiones por terceros y surgimiento de facciones religiosas fundamentalistas, la situación es tan compleja como en Afganistán o Irak o Palestina.
Los problemas aquí expuestos son solo algunos y requieren de un análisis:
1. La cuestión nacional
Entendamos la cuestión nacional como la independencia del país, la autodeterminación y la resolución de las diferencias o conflictos entre las naciones, etnias y comunidades de un país.
Esta cuestión es, en general, esgrimida por casi todos los partidos del Líbano, pero solo para justificar sus políticas.
Los cristianos – que constitucionalmente son los únicos que pueden acceder a la Presidencia – la esgrimen para justificar su “independencia” de Siria y de otras regiones del área con similares composiciones étnicas pero controladas por mayorías musulmanas.
La religión, cabe decirlo, no constituye las bases de una nación. Por lo tanto, los cristianos la utilizan, transmutándola al derecho de supremacía de su religión, impuesta en la zona por las cruzadas, sostenidos luego por el colonialismo francés.
Para ello crearon milicias fascistas, llamadas Falange, que aterrorizaron el Líbano en varios periodos de su historia, de la mano de contingentes armados norteamericanos o como socios de fuerzas invasoras Israelíes. Bajo el comando israelí, las milicias cristianas colaboraron en llevar a cabo, entre otras, las masacres de los campamentos de refugiados palestinos de Sabra y Chatilla.
Cuando las tropas sirias entraron en Beirut en 1976, lo hicieron en alianza con las milicias cristianas y para impedir el triunfo contra estas de las milicias de la OLP, fuerzas de izquierda, nacionalistas árabes y milicias musulmanas, de hecho bajo la dirección política de Yasser Arafat que instalo el cuartel general de la OLP en el Líbano después de su expulsión – masacre por medio conocida como el Septiembre Negro – de Jordania.
Los fundamentalistas musulmanes, Hizbollah por caso, son la antitesis de la Falange. También hablan de la cuestión nacional interpretándola como la identidad religiosa. Hizbollah, al igual que la Falange hizo con norteamericanos, Israelíes y sirios, no dudo en someterse a las políticas de Siria e Irán con el objetivo de lograr el poder armado dentro del Líbano.
Demás esta decir que los musulmanes son tales como consecuencia directa del colonialismo del Imperio Otomano.
Los partidos pro-sirios identifican la “cuestión nacional” como la unidad del pueblos sirio-libanés, en algunos casos incluso admitiendo regiones de Irak y otros países. Esto, que podría sonar lo más parecido a la defensa de una posición sobre la cuestión nacional es, sin embargo, en la práctica política, un intento de sometimiento del Líbano al régimen de Damasco. Cosa que ocurrió, de hecho, desde 1976 hasta la fecha.
¿Cuál es la cuestión nacional entonces? Ciertamente, las distintas facciones religiosas, que no han encontrado obstáculos para venderla al mejor postor extranjero, no están dispuestas a luchar por ella. Tampoco lo están quienes quieren someter políticamente al Líbano a Siria.
Una cuestión, sin embargo, es clara, la mayoría de los Libaneses parecería que se inclinan, estén en la facción que estén, por la “independencia nacional”. A ello han colaborado, incluso, esas mismas facciones religiosas entreguistas.
La resolución de la cuestión nacional, entonces, pasa por varios aspectos. La primera es la independencia nacional, no solo del imperialismo e Israel, sino también de los regimenes de Damasco y Teherán. Y eso solo a condición que se haga a partir del carácter laico y democrático del estado, ya que la imposición de una u otra facción religiosa llevaría, necesariamente, a una guerra civil sin triunfadores y eventualmente, tal vez, a un régimen teocrático.
O a una nueva ocupación extranjera.
La cuestión nacional solo puede ser resuelta democráticamente, es decir, por decisión de todos los Libaneses sin coacción ni imposición policial. A la decisión democrática debe unirse necesariamente la independencia, es decir, no se pueden resolver los conflictos entre etnias, naciones o comunidades de un país bajo la tutela de ejércitos ocupantes, sean estos de Siria, EEUU o Israel.
Por ultimo, para la resolución de la cuestión nacional libanesa es necesario la autodeterminación, es decir, el respeto hacia la decisión de quienes viven en el Líbano de cómo quieren hacerlo por aquellos que no viven allí.
Por otro lado, la cuestión nacional no es meramente un asunto del pueblo libanés, sino del conjunto de las masas del Medio Oriente. La simple independencia nacional, sin el derribamiento de los regimenes y fronteras artificiales que impiden la unificación pan árabe es una utopía.
Ni Siria, ni Irán, ni EEUU, ni Israel aceptan la resolución democrática y la autodeterminación del pueblo libanés.
Y esta es la realidad en los territorios ocupados, Palestina toda, Irak, Siria, Jordania, Irak y los distintos emiratos y sultanatos de la región.
Los libaneses, así como los palestinos, o el propio pueblo Iraquí, obtendrán su independencia solo a condición que apelen a los otros pueblos de la región. En este sentido creo que los instintos de Ammar Abboud son correctos (democracia e independencia nacional), aunque las propuestas, dadas en el marco nacional, se me hacen impracticables.
2. La cuestión de clase por sobre la cuestión religiosa
En la entrevista con Ammar este expreso su apoyo al gobierno del actual Primer Ministro en tanto este cumpla con las tareas especificas elaboradas por la Coalición 14 de Marzo en el parlamento que le arrebato al Bloque 8 de Marzo de Hizbullah su mayoría.
También nos dijo que este apoyo se limita a esas tareas y no implica su sostén permanente y lo es en tanto se opone a la toma del poder del bloque dirigido por Hizbullah. Nos explico también que en la Coalición 14 de Marzo, de la que participa el Movimiento de Izquierda Democrática, esta conformado por una alianza multiclasista, que integra a conservadores e izquierdistas y de varias denominaciones religiosas.
Nos parece una adecuación de la táctica del Frente Popular impulsado por los estalinistas en el pasado en muchas otras circunstancias. Una alianza de la izquierda, los trabajadores y la burguesía para detener a la burguesía mala, o la reacción, en este caso Hizbullah.
Sin embargo, la coalición esta conformada por sectores burgueses que en el pasado colaboraron con potencias extranjeras y que nunca llevaran a cabo una lucha consistente por la liberación nacional.
Tanto en el campo del bloque de Hizbullah como en la Coalición 14 de marzo hay trabajadores y campesinos y masas urbanas pobres. La unidad de clases de estos sectores, en el marco de la defensa de sus intereses comunes, es la clave para la superación de las diferencias étnicas y, mas importante aun, religiosas.
Es cierto, como afirma el DLM, que lo que esta planteado es la independencia nacional, la autodeterminación y la superación de las rivalidades religiosas a través de instituciones laicas y no el proceso de la revolución socialista. Sin embargo, dialécticamente, solo una revolución socialista podría cumplir con los objetivos democráticos del pueblo Libanés. Hizbullah por un lado y las fuerzas de la burguesía en la 14 de Marzo ya ha demostrado con creces que no se proponen cumplir con esos objetivos y que solo los enarbolan para lograr una victoria de unos sobre otros, no para cumplirlos.
La clave entonces no esta en la búsqueda de protección en las alianzas de clase, sino en la superación de las divisiones religiosas impuestas sobre las clases explotadas por los fundamentalistas musulmanes y cristianos. Es en la elaboración de un programa para la unidad de estas en donde reside el futuro del Líbano.
Mas aun, la izquierda libanesa debería apelar a la unidad de la izquierda palestina, Iraquí, Siria e iraní -- y egipcia, Jordana, etc -- con un programa común, anticapitalista, laico y democrático para exceder los marcos nacionales en los que las fuerzas de los fundamentalismos religiosos, y los regimenes árabes reaccionarios, quieren mantener la lucha. La internacionalización de la lucha a todo el Medio Oriente y la formación de un amplio frente de estas características tendría chancees de detener a Israel-EEUU por un lado y al fundamentalismo por el otro.
Esta política debería extenderse a la diáspora del Medio Oriente y a la izquierda mundial, así como a los vastos movimientos de solidaridad con la lucha de los pueblos del Medio Oriente contra Israel y EEUU que existen en Europa, Asia y Latinoamérica – y el propio EEUU. El propio Hizbullah ha comprendido este peligro proveniente de la izquierda internacionalista y por eso se ha empeñado los últimos anos en lograr la hegemonía en estos últimos a través del “anti-imperialismo bobo”.
La izquierda libanesa e internacional debe retomar la iniciativa y arrebatársela de las manos al fundamentalismo.
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