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Izquierda Info - Horacio Verbitsky y Gina Alvarez: Masacre en Ezeiza
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Nacionales Home PageHoracio Verbitsky y Gina Alvarez: Masacre en Ezeiza

1973: La Masacre de Ezeiza
• Introducción de Gina Álvarez
• Extractos de "Ezeiza" de Horacio Verbitsky


• Introducción de Gina Álvarez

El 20 de junio, sobre la Richieri, estaban todos los que eran ya asesinos y que luego adoptarían el nombre formal de Triple A. Los comandaba el teniente coronel Osinde, un hombre de López Rega (trabajaba para el Ministro), los de la CNU, los del CdeO, los matones de la UOM, la UOCRA, SMATA, los suboficiales y oficiales retirados, los del COR, la JSP (Juventud Sindical Peronista)… hasta los comisarios Almirón y Morales estaban en Ezeiza.

Venían a reprimir salvajemente avalados por una amplia coalición política de los ortodoxos, los heterodoxos, los filo fascistas, los burócratas sindicales.

Los de Brito Lima y Norma Kennedy – que junto a Osinde coparon la Comisión Organizadora de la bienvenida al General – la gente de Rucci, Paladino, Lorenzo Miguel, todos los que querían voltear a Campora y liquidar cuanto antes a la Tendencia.

Si el asesinato de Silvia Filler en 1971 fue el bautismo de fuego para una de las vertientes formativas de la Triple A (la CNU), Ezeiza marcó el salto cualitativo a una acción de guerra y aniquilación que sería el sello distintivo de la AAA en años subsiguientes.

Fue preparando la Masacre de Ezeiza, que el Ministerio de Bienestar Social y López Rega se apoderó de la infraestructura, consiguió las armas, reclutó a los soldados y formalizó una coalición política de sectores dispares para lanzar su campaña de terror al servicio primero del tercer gobierno de Perón y luego de la administración a cargo de Isabel.

Desde el momento mismo que el avión que traía al General Perón a su regreso definitivo a la Argentina se disponía a aterrizar se desató la violencia en la Richieri donde – según variadas estimaciones – entre 50 y 100 militantes de la Tendencia Revolucionaria (Montoneros y sus organizaciones de superficie) fueron asesinados. Otras 1.000 personas de las mas de un millón -- algunas fuentes dicen que hasta 3 millones participaron del evento -- que concurrieron a recibirlo recibieron heridas de distinta consideración.

Cientos de hombres armados con fusiles semi automáticos, ametralladoras pesadas y livianas, cubiertos por helicópteros y vehículos de distintos tipos de dependencias y ministerios públicos dispararon desde el palco oficial, previamente copado, contra columnas mayormente desarmadas de la Juventud Peronista y otras organizaciones alineadas con la Tendencia.

Las hordas asesinas capturaron militantes sueltos y activistas de la izquierda peronista y los torturaron en la llamada Escuelita y en las habitaciones del Hotel Internacional de Ezeiza.

No hay datos oficiales, y un caótico informe solo lista 13 muertos y 365 heridos reconocidos. Otros cálculos ponen el número de muertos entre 50 y 100.

El famoso director y actor de cine Leonardo Favio, que hacia las veces de locutor del evento desde el Puente 12 donde estaba ubicado el palco principal, primero arengo severamente contra militantes del peronismo de izquierda que entonaban estribillos solo para terminar el día horrorizado y amenazando con suicidarse si continuaba la orgía de sangre de la derecha y la torturas contra detenidos por las bandas fascistas en el Hotel Internacional.

Ni el gobierno de Cámpora, ni Perón, mucho menos Isabel dieron nunca información oficial sobre la masacre y nunca se ordenó una investigación a fondo de la misma. Las denuncias de quienes la orquestaron y dirigieron quedó como un simple comentario periodístico en donde cada bando dio su versión.

Despues de la masacre, Peron hablo por television y condeno, sin embagues, a la izquierda de su movimiento. Los "jovenes maravillosos" ya estaban condenados a muerte.

Los que siguen son algunos extractos del trabajo de Horacio Verbitsky, “Ezeiza”, una investigación que realizó juntando el rompecabezas de artículos periodísticos, media docena de informes contradictorios y observaciones de testigos,asi como los informes de inteligencia de los Montoneros sobre los hechos ocurridos.

Su descripción de los preparativos, los participantes, los recursos son un calco de los preparativos, participantes y recursos que luego utilizó sistemáticamente la Triple A.

Hoy dia, Verbitsky habla poco de ese libro. Es que muchos se comprometerian, entre ellos aliados y ex aliados del gobierno Kirchnerista, con aquella Masacre.

Como ultimo detalle, deberiamos senalar que en los palcos y columnas armadas, politicas y sindicales de la derecha Peronista durante la masacre revistaban personajes - ademas de los nombrados - como Hugo Moyano (camioneros), Luis Barrionuevo (gastronomico), Omar Viviani (Taxista) y muchos otros de los actuales dirigentes de las diferentes corrientes de la CGT, todos los cuales revistaban entonces como cuadros en la JSP.

Otros dirigentes gremiales, hoy muertos, como Jose Rodriguez (SMATA o sus sucesores hoy vivos como Pignanelli (SMATA), Calo (metalurgico) Actuales funcionarios como Hugo Curto (actual intendente de Tres de Febrero)y tantos otros tambien estuvieron alli, del lado de los que dispararon contra las multitudes inermes.


• Extractos de "Ezeiza" de Horacio Verbitsky

El ministerio del pueblo

Cinco personas asumieron la responsabilidad de organizar la movilización del movimiento peronista hacia Ezeiza el 20 de junio: José Rucci, Lorenzo Miguel, Juan Manuel Abal Medina, Norma Kennedy y Jorge Manuel Osinde. En una cartilla con directivas generales, que distribuyeron días antes de la concentración, establecieron que las ramas sindical, femenina, política y juvenil se organizarían cada una a si misma sin injerencia de las demás.

De este modo reconocían la crisis interna peronista, de antemano renunciaban a la tarea de coordinación de sectores que les correspondía, y la sustituían por una vaga exhortación a la paz y la concordia, sin discriminaciones y superando lo que llamaban "ocasionales diferencias". Para ello recomendaron evitar leyendas o estribillos agresivos capaces de provocar reacciones sectoriales, y advirtieron contra la posible presencia de "agentes provocadores que concurran y que a la sombra de nuestro entusiasmo y nuestros cánticos pretendan producir desórdenes".

La cartilla

La cartilla imaginaba así el desarrollo del acto:

"El general Perón, su esposa señora Isabel de Perón, el compañero presidente Héctor J. Cámpora y el secretario privado y ministro de Bienestar Social, señor José López Rega, llegarán al lugar en helicóptero y ocuparán el palco de honor".

"Al divisarse el helicóptero el general Perón será recibido con el flamear de banderas argentinas y agitar de pañuelos".

"El acto se iniciará con el Himno Nacional y suelta de palomas. Posteriormente se entonará la marcha peronista".

"El pueblo concentrado para dar la bienvenida al general Perón expresará su adhesión con el grito unánime: la vida por Perón, la patria de Perón".

"Se guardará un minuto de silencio en homenaje a la Jefa Espiritual de la Nación, la compañera Evita, y por los mártires caídos en la lucha por la liberación de la Patria. En esta oportunidad serán arriadas las banderas y estandartes de todas las agrupaciones, para posibilitar la visual de todos los compañeros encolumnados".

"El general Perón pronunciará su mensaje al pueblo".

El resto de la cartilla explicaba detalles organizativos de la concentración: rutas de acceso, estacionamiento de vehículos, conservación del orden, embanderamiento, red de altoparlantes, comunicaciones, puestos hospitalarios, de primeros auxilios y ambulancias, alimentación, instalación de mil fogatas para que las caravanas del interior pasaran la noche, ubicación de baños de emergencia, ornamentación del palco, desfile y desconcentración.

El 19 de junio, en su comunicado número 5, la Comisión se pronunció dando por resuelto otro tema que era motivo de discusión en el peronismo: decidió que las Fuerzas Armadas ya estaban "integradas al proceso de liberación y reconstrucción nacional" y anunció que rendirían honores durante el acto.

Formada por cuatro representantes de un sector y sólo uno del otro, la Comisión creyó posible resolver por vía administrativa contradicciones profundas, reclamando sumisión política disfrazada de disposiciones técnicas.

Pero además de las ingenuas recomendaciones de la cartilla, consiguió centralizar la organización y marginar al gobierno. Una comisión oficial, nombrada por el decreto 210, debía coordinar su labor con la de los cinco. La integraban el Presidente y el Vice, todos los ministros, el Secretario de Prensa y Difusión y el presidente de la Cámara de Diputados. Osinde logró que no pasara de cumplir funciones protocolares, lo mismo que el comité de recepción que debía dar la bienvenida a Perón en suelo argentino, compuesto por los vicepresidentes de la Nación, del Senado, de Diputados y los ministros del Interior, Cultura y Educación, Hacienda y Finanzas, Trabajo, Defensa, y Justicia.

Desde el primer momento Osinde despejó las dudas acerca de quien mandaba. Inicialmente la concentración debía realizarse en el Autódromo de Buenos Aires, pero el Secretario de Deportes lo objetó y dispuso que los preparativos se trasladaran al puente El Trébol, a tres kilómetros del aeropuerto internacional de Ezeiza. Cámpora propuso luego que Perón se trasladara de Ezeiza a la Casa Rosada y de allí a la Residencia Presidencial de Olivos. Osinde y Norma Kennedy se opusieron, invocaron órdenes de Madrid y decidieron que Perón se desplazaría de Ezeiza a su casa de la calle Gaspar Campos, en Vicente López. Esas indicaciones de Madrid, según Osinde y Kennedy, llegaron por una línea directa de télex instalada en el Ministerio de Bienestar Social. Desde entonces, sólo se acataron las indicaciones impartidas por la comisión que Osinde integraba con Kennedy, Miguel, Rucci y Abal.

Para ello todavía fue necesario subrogar a otro organismo, una "coordinadora para la Movilización para el retorno del General Perón", a la que la Comisión Nacional encabezada por Cámpora había encomendado disponer de los recursos físicos y humanos del ministerio en las áreas de salud, movilidad y prensa17.

Según las previsiones, el área de Salud instalaría 117 puestos fijos y móviles y 7 hospitales de campaña, y coordinaría los servicios de todos los hospitales del área metropolitana y los de emergencia, además de ofrecer viandas a los manifestantes que llegaran del interior. El área de Movilidad dispondría de vehículos para trasladar manifestantes desde barrios y villas. El área Prensa prepararía una cartilla sanitaria, con recomendaciones a los asistentes y organizadores: evitar aglomeraciones, portar documentos, llevar ponchos y frazadas, no ingerir alcohol ni alimentos pesados, cuidar especialmente de niños y ancianos18.

Ninguno de estos planes se cumplió.

El 7 de junio la Comisión Nacional que presidía Cámpora fue substituida a todos los efectos prácticos por la que encabezaba Osinde, quien creó en Bienestar Social una Subcomisión de Seguridad, asignó la de Movilidad al diputado nacional Alberto Brito Lima y reservó la de Salud a la Coordinadora.

Tampoco en el aspecto sanitario la Coordinadora fue tomada en cuenta. Norma Kennedy le exigió que abandonara el operativo previsto para Perón e Isabel, aduciendo que era superfluo y que "daba lugar a falsas interpretaciones sobre la salud del general"19.

La Subcomisión de Movilidad se apropió de los vehículos disponibles sin rendir cuentas sobre su uso. La Coordinadora había relevado la existencia de 72 ambulancias para la cobertura sanitaria, pero el 15 de junio se le informó que sólo podría contar con 17, y en la madrugada del 20 recibió los vehículos sin nafta ni aceite. En una ambulancia llegaron a viajar 16 médicos y enfermeras20. Del total hipotético de 68, el 10 de junio sólo aparecieron 20.

La disputa por las ambulancias y los vehículos culminó un día antes de la concentración, cuando 15 hombres exhibieron una orden firmada por Osinde, Kennedy y Leonardo Favio para que se les entregara todo el material rodante de la playa de estacionamiento del ministerio. Además del papel recurrieron a otros argumentos menos burocráticos. Los quince estaban armados y no les interesaba disimularlo21.

También fue asaltado el depósito de alimentos de la calle Brandsen 2665 por personas que se identificaron como integrantes de la Agrupación 17 de Octubre, del MBS. De las oficinas de la Coordinadora fueron substraídos 150 brazaletes que se habían impreso para facilitar la tarea de sus miembros y colaboradores.

Los fierros

Una de las incógnitas que persistieron después de la masacre fue quienes eran los guardias verdes de Osinde y de dónde provenían las armas que emplearon.

Al descartar a los 1.200 hombres de civil de la Policía Federal para la custodia del palco, Osinde decidió reemplazarlos con una cantidad muy superior de activistas sindicales.

Para el primer vallado de contención solicitó a la CGT que dispusiera de medio millón de hombres. No se los consiguieron. Se acordó entonces reducir la cifra a 300.000 hombres. La CGT tampoco pudo cumplir ese segundo compromiso a pesar de los reclamos de Osinde. Convinieron que serían 200.000, y así lo informó Osinde en una de las reuniones de la comisión organizadora con el vicepresidente en ejercicio Lima. Por último fueron diez veces menos, y en esa penuria de los sindicalistas para movilizar a sus afiliados debe buscarse una de las causas de la masacre.

En la segunda línea, rodeando el palco de honor reservado a Perón, Osinde ubicó a 3.000 hombres de confianza, "personal de seguridad", según comunicó a la comisión investigadora32. Semejante aparato no puede reclutarse, adiestrarse y pertrecharse en un día. La tarea de Osinde había comenzado varios meses atrás, por indicación de López & Martínez, con la colaboración de Norma Kennedy, Alberto Brito Lima y Manuel Damiano. Osinde conversó con las distintas líneas peronistas derrotadas en las elecciones internas, garantizó al gobierno militar saliente que el peronismo no seguiría un rumbo revolucionario, inventarió los diversos grupos de choque de la derecha, comprometió a guardaespaldas y pistoleros, extendió el reclutamiento a los servicios de informaciones y los círculos de suboficiales.

El 25 de mayo Osinde juró como secretario de Deportes y Turismo. En los primeros días de junio el ministerio de Bienestar Social del que dependía, fue ocupado a punta de pistola por la banda de los expolicías Juan Ramón Morales y Rodolfo Eduardo Almirón. Este fue uno de los grupos que actuó el 20 de junio, con armas propias.

La Triple A

El subcomisario Morales y el subinspector Almirón habían sido dados de baja deshonrosamente de la Policía Federal, procesados y encarcelados por ladrones, mexicanos, coimeros, contrabandistas, traficantes de drogas y tratantes de blancas.

A comienzos de la década del sesenta, Morales era jefe de la Brigada de Delitos Federales de la Policía Federal, y su banda asociada con la de Miguel Prieto, alias El loco, cubría todas las especialidades. Descubiertos merced a la infidencia de uno de sus subordinados y a la detención en flagrante delito del suboficial Edwin Farquarsohn, Morales y Almirón sellaron los labios de sus cómplices con un sistema que en la década siguiente aplicaron a la lucha política.

Adolfo Caviglia y su mujer Julia Fernández, Luis Bayo, Morucci, Emilio Abud, Alfonso Guido, Fleytas, Máximo Ocampo, son algunos de los antiguos socios de Morales y Almirón que aparecieron en basurales y baldíos con centenares de perforaciones de bala y las manos atadas y quemadas. Al Loco Prieto lo suicidaron en la cárcel de Devoto tirándole un calentador en llamas para quemarlo vivo.

Dados de baja de la Federal, procesados ante el juez González Bonorino, encarcelados y luego excarcelados, la absolución no probó que fueran inocentes de los delitos que como policías debían combatir, sino la eficacia del método utilizado para imponer silencio a los testigos y suprimir las pruebas. En 1968 Morales volvió a caer y fue procesado por robo y contrabando de automóviles.

32. Osinde, Jorge, informe del 22 de junio a la Comisión Investigadora, ver sección documental.

Almirón tiene además un antecedente notable: su intervención en el asesinato del teniente de la Armada estadounidense Earl Davis, el 9 de junio de 1964, en una boite de Olivos. ¿Qué hacía junto al oficial de la US Navy, cual fue la causa del litigio? Davis no puede decirlo, y Almirón no quiere.

Junto con Morales y Almirón, López Rega y Osinde llevaron al ministerio de Bienestar Social al comisario Alberto Villar, un experto que durante los gobiernos de los generales Juan Onganía, Roberto Levingston y Alejandro Lanusse organizó las brigadas antiguerrilleras de la Policía Federa.l.

Los topos

Dos funcionarios del gobierno de Lanusse habían apoyado a Villar, Morales y Almirón en la ocupación del ministerio de Bienestar Social: Jaime Lemos y Oscar Sostaita, fundadores de una apresurada Agrupación 17 de Octubre. Ambos habían colaborado con Manrique en la oficina política del ministerio, y cuando Antonio Cafiero fue designado en la Caja Nacional de Ahorro y Seguro, Sostaita fue su mano derecha. Entre los tiradores identificados en fotos periodísticas de Ezeiza figura también Javier Mora Ibarreche de Vasconcellos, empleado de la secretaría privada de Manrique y de López Rega.

En la Policía Federal, Osinde tenía otra cadena de contactos, con el coronel (R) Fernando González, ex interventor justicialista en la provincia de Buenos Aires, y con el comisario Esteban Pidal. En 1972 Pidal había sido denunciado por el periodista y militante del ERP Andrés Alsina como el hombre que lo torturó con picana eléctrica.

Por esa vía llegó a Osinde una copia de los archivos de la Dirección de Investigaciones Políticas Antidemocráticas, DIPA, cuando el ministro del Interior ordenó su destrucción.

Otro sector convocado por Osinde al palco del 20 de junio fue el de los oficiales y suboficiales retirados de las Fuerzas Armadas, entre ellos los militares Chavarri, Ahumada, Schapapietra y Corvalán, los gendarmes Golpes, Menta, Colkes, Pallier, Gondra y Corres. El Comandante de Gendarmería Pedro Antonio Menta es el hombre calvo y de anteojos oscuros que exhibe orgulloso una carabina desde el palco en la más célebre fotografía de la masacre.

Los policías, los militares y los gendarmes llevaron su propio armamento y proveyeron parte del arsenal que se descargó en Ezeiza. Veremos de dónde salió el resto.

Leopoldo Frenkel, de 26 años, inspirador del Comando de Planificación creado para competir con los Equipos Político-Técnicos de la JP, asumió como delegado personal del presidente Cámpora en la Municipalidad de Buenos Aires, ya que no reunía los requisito constitucionales de la edad mínima para ser Intendente pleno.

El Comando de Planificación había funcionado en las oficinas comerciales de Osinde. Frenkel retribuyó esa hospitalidad, colocando la Intendencia a su servicio, y se rodeó de una numerosa custodia civil fuertemente armada. La dirigía un hijo del coronel Julio Fossa (el candidato de la autodenominada Resistencia Argentina a jefe de la SIDE) a quién secundaba un ex-presidiario, de apellido Miño.

Frenkel tenía a su vez un delegado personal ante la Comisión Organizadora del retorno, el director de ceremonial del municipio, Alberto De Morras, quien junto con el Secretario de Cultura Ricardo Fabriz y el Secretario General Horacio Bustos, facilitaron a Osinde el manejo de la infraestructura de comunicaciones y transporte de la Intendencia. Por eso el Centro de Información para Emergencias y Catástrofes, CIPEC, no coordinó el 20 de junio la tarea de las ambulancias municipales.

Por esa red un colaborador de Alberto de Morras se quejó al secretario de gobierno de la Municipalidad, Berazay, porque los caminos estaban bloqueados por la multitud.

–Hay que buscar una ruta alternativa para la camioneta de los grupos de la Juventud Sindical, informó muy preocupado Jorge Lagos.

Ese fue uno de los vehículos en los que se transportaron armas.

Los autos y ambulancias de la Municipalidad estacionados detrás del palco se usaron para conducir detenidos al Hotel Internacional, donde fueron torturados. De Morras, hermano de un coronel del Ejército, se jactó luego por el ahorcamiento en Ezeiza de "dos o tres zurdos33.

Desde la Municipalidad se apoyaron también las ocupaciones del Teatro Municipal General San Martín, la Radio Municipal y la Dirección de Vialidad Nacional, a cargo de la Alianza Libertadora y de grupos de choque del dirigente de la Unión de Obreros y Empleados Municipales Patricio Datarmine.

Algunos de ellos también trabajaban para los servicios de informaciones militares.

Treinta Halcones

La oposición de tres de los Secretarios de la Municipalidad privó a Osinde de otras treinta metralletas.

Una circular del Banco Central había ordenado a todos los bancos organizar custodias con metralletas para guardar sus tesoros. Esas armas debían ser provistas por el Ejército, pero como a juicio de los directivos del Banco Municipal la entrega se demoraba excesivamente, decidieron adquirirlas a la fábrica Halcón en forma directa.

Las metralletas estaban embaladas y sin uso en un depósito cuando Osinde las pidió. Frenkel acordó entregárselas pero los Secretarios de Economía Eduardo Setti, de Obras Públicas Jorge Domínguez, y de Servicios Públicos Alejandro Tagliabúe, se opusieron.

El 23 de junio, en desacuerdo con el rol de la Municipalidad en Ezeiza renunciaron, aunque no pertenecían al camporismo, y el 25 los comisarios de la Policía Federal Arturo Cavani y Eleazar Carcagno, se hicieron cargo de las 30 pistolas ametralladoras Halcón modelo ML 63-9mm, numeradas del 9104 al 9125, del 9242 al 9247, y del 9239 al 9240, de 4.690 proyectiles calibre 9 mm, de 30 cartucheras de cuero portacargadores, de 30 fundas de lana y cuero y de 30 correas de cuero34.

"El material detallado", dice el acta notarial, "se encuentra en perfecto estado, sin uso, tal como ha sido recibido de fábrica. Las ametralladoras se encuentran dentro de cinco cajones de madera y los proyectiles en dos cajones de madera".

La guerra de Corea

La participación sindical fue extensa y múltiple, y dentro de ella descollaron las conducciones de algunos gremios, como metalúrgicos y mecánicos.

El Negro Corea, jefe de la custodia de José Rucci, fue quien dirigió las torturas en el Hotel Internacional de Ezeiza. Aníbal Martínez, de la UOM Capital, tuvo a su mando las fuerzas de la Juventud Sindical. Los intendentes de Quilmes y Avellaneda, Rivela y Herminio Iglesias, suministraron abundante material y personal. Como diputado, Brito Lima obtuvo la libertad de presos comunes que le guardaron gratitud.

Una ametralladora UZI portaba Hugo Duchart, custodio de la UOM y colaborador de la Brigada de Avellaneda de la policía de Buenos Aires. Dos PAM empuñaban Carlos Poggio, empleado del hospital Fiorito, y Julio Arrón, a bordo de ambulancias de Bienestar Social y Abastecimiento de la Municipalidad de Avellaneda. Una ametralladora Halcón relucía en las manos del Secretario de Cultura de Avellaneda, Leonardo Torrillas...

…Cisneros, director del Asilo de Wilde, Mario Firmaino, Cevallos, Miguel Di Maio, Ameal, Jorge Vallejos, son otros de los colaboradores de Iglesias englobados por Brito Lima en la primera persona del plural al vanagloriarse un año después de que "en Ezeiza paramos a los montoneros", así como los colaboradores del intendente de Quilmes, Mango de Hacha Lépora y Juan Carlos Caballo Loco Nieco.

El contingente de SMATA, que tuvo participación principal en los tiroteos, estaba ubicado a la izquierda del palco. El 21 de junio la conducción del SMATA envió una solicitada a todos los diarios con su posición sobre la masacre. A última hora de la tarde un dirigente leyó el texto ya despachado y reparó en un párrafo que podría traer problemas. Era una felicitación a los mecánicos por haber logrado "un puesto de avanzada" y por su "valentía ante la agresión"35.

–¿Quién escribió esto? ¿Quieren que nos metan en cufa?, protestó.

De inmediato se enviaron emisarios para corregir el texto en todas las redacciones, pero un diario carente de taller propio, que se imprimía más temprano que los restantes, no hizo a tiempo y publicó la declaración completa35.

Jefe de las fuerzas de SMATA en Ezeiza fue Adalberto Orbiso, quien al año siguiente fue designado interventor de la filial de los mecánicos en Córdoba y presidente del Banco Social, después del motín del coronel Domingo Antonio Navarro.

Las armas largas del SMATA llegaron a Ezeiza en un ómnibus en el que viajaba la diputada nacional Rosaura Islas, de Lomas de Zamora.

Empuñaban sus armas desde el palco Bevilacqua, Fernández y Juan Quiróz, del Comando de Organización; Alfredo Dagua, Luciano Guazzaroni, José Luis Tiki Barbieri y Emilio Tucho Barbieri, de la Liga Nacional Socialista de Junín.

El inmortal Discépolo

Otra fuente para la provisión de armas fueron los ferrocarriles. El 13 de junio, su Administración General fue copada por un Comando Militar Conjunto, que anunció que el ERP planeaba apoderarse de los trenes. Los ocupantes removieron al administrador designado por el gobierno, ingeniero J.J. Buthet, e impusieron su ley.

La policía ferroviaria, el Comando Militar de la Agrupación de Trabajadores de Prensa de Manuel Damiano y el jefe de la tercera sección de la gerencia de Inteligencia y Seguridad de los Ferrocarriles, Fernando Francisco Manes, se atribuyeron el copamiento en una declaración firmada el 14 de junio en papel con membrete de FA.

Luego de la masacre, los hermanos Raúl, Vicente y Juan Domingo López, José Arturo Sangiao, Eugenio Sarrabayrouse y Edmundo Orieta dirigieron una Carta Abierta a Perón alegando que habían actuado debido a los "antecedentes antinacionales" del ingeniero Buthet, a quien deseaban reemplazar por el general Raúl Tanco.

Reconocieron que habían empleado armas de fuego en tres escaramuzas, capturado con perros de la Policía ferroviaria lo que llaman "banderas comunistas" y reprimido a "terroristas" para que no quemaran vagones.

Su audaz relato evidencia la pasividad del gobierno mientras se preparaba la masacre del 20 de junio. Los aliancistas dicen que mantuvieron informados durante la ocupación a diputados y senadores justicialistas, al ministro de Trabajo Ricardo Otero, al vicepresidente en ejercicio Lima quien designó como veedor al doctor Humberto Saiegh, al Secretario de Obras y Servicios Públicos general Delfor Otero, a funcionarios de la SIDE, la Policía Federal, el ministro de Economía y asesores del teniente coronel Osinde.

Sólo el subsecretario del Interior, Domingo Alfredo Mercante, se negó a dialogar al saber que había sido desplazado el interventor Buthet. Pero recién el 22 de junio se ordenó sacar de allí a los intrusos.

"Los cobardes, los borrachos, los contrabandistas de drogas, los protectores de los ladrones de chatarra ferroviaria, los asesinos frustrados, alentados por los comandos comunistas emboscados en las sombras, juntos bolches y gorilas como en 1955, mi teniente general, como en un cambalache digno de ser cantado por el inmortal Discépolo, retornan a las posiciones que otros defendieron, y amparándose en la Policía Federal Argentina, institución a la que ellos siempre han despreciado, reasumen aparentemente sus funciones como si nada hubiera pasado", dice la Carta Abierta a Perón al describir el desalojo.

El asesor de la intervención en Ferrocarriles, Carlos Mario Pastoriza, entregó el 29 de junio un informe algo menos literario. Dice:

"Asunto. Detalle del armamento extraviado durante los hechos ocurridos entre el 13 y el 22 de junio de 1973:

"Pistolas Ballester Molina, calibre 11,25, números 84705, 84711, 84728, 110111, 110116, 110972, 110996, 110998, 84736, 110969, 84704, 38807, 110110, 28771, 39301, 39306, con un cargador cada una; números 101955,33413,102008,33402,101730 y 39305, con tres cargadores cada una. Resumen: Pistolas Ballester Molina calibre 11,25: 23. Cargadores para idem: 35".

"Pistolas Colt calibre 11,25, números 80270,80253, 27840, 31826, 39868, 68993, 156854, 157183, 173427, con un cargador cada una; números 55285 55574, 36366, 31005, 31003 y 67081, con dos cargadores cada una; números 80299,80242,80309,80312, 67181, 67183, y 67178, con tres cargadores cada una; y número 80294, con cinco cargadores. Resumen: Pistolas Colt calibre 11,25: 23. Cargadores para idem: 47".

"Una pistola ametralladora Halcón, calibre 9, número 3142, con dos cargadores".

"Pistolas ametralladoras PAM, calibre 9, números 27222, con un cargador; y números 27249, 31003, y 31005, con dos cargadores cada una. Resumen: Pistolas ametralladoras PAM calibre 9: 4. Cargadores para ídem: 7.

El viernes 22 de junio la Policía Federal visitó las instalaciones ocupadas. En la jefatura de la Policía de Seguridad de la Región Sudoeste, los federales fueron atendidos por el empleado de investigaciones Ramón Edgardo Martínez, jefe interino, quien presentó al resto de los policías ferroviarios que, según dijo le habían solicitado que se hiciera cargo de la región. Eran ellos Walter Alfredo De Giusti, Oscar Esteban Vallejos, Martín Torres, Juan Carlos Molina, Juan Ángel Galvaniz, Alejandro Tucci, Carlos Antonio Bachini, Juan Antonio Mascovetro, Alejandro Esteban Me Intyre y Héctor Fernández.

En el Departamento de Inteligencia Central de la Gerencia de Seguridad, Fernando Francisco Manes introdujo ante los comisarios Ramón Domingo Vidal y Vicente Rubén Rosetti, al personal de la policía ferroviaria que lo había acompañado durante la ocupación.

Eran ellos Juan Carlos Ramón Martínez, de la oficina de Inteligencia y Seguridad; Claudio Isaac Ortíz, policía auxiliar de segunda; Juan Robiano, auxiliar primero de la sección sumarios; Mario Medina, Juan Carlos Scarpia, auxiliar de tercera de la sección informaciones; Oscar Reinaldo Ponce, auxiliar de tercera de la policía privada del ferrocarril; Juan Alberto Andreu, ayudante segundo del jefe de la estación Retiro, sección pasajeros; Alberto Germán Mazzei, auxiliar de tercera de la policía ferroviaria igual que Pedro Celestino López Carballo, Rodolfo Mario González Arrascaeta; Elbio Antonio Farías, auxiliar de segunda; Juan José Velasco, de la división informaciones; Carlos Degli Quadri, empleado de la Secretaría general; Stella Maris Cieri, a cargo de teletipo y teléfono; Ricardo Zumpano, policía ferroviario, y Miguel Ángel Vidueira, dependiente de tercera de la sección tráfico. También todos ellos con sus armas...

Nuestros muchachos

Desde la primera semana de junio, jefes del Sindicato de Trabajadores del Automóvil Club, SUTACA, y personas armadas que se reclamaban de la Juventud Sindical Peronista recorrían las instalaciones intimidando al personal. También allí se trataba de prevenir el asalto trotskysta, que nunca se produjo.

En un boletín extraordinario impreso el 21 de junio, el Secretario General del SUTACA, Roberto Saavedra, felicitó a los tripulantes de auxilios mecánicos, que habían actuado en Ezeiza como radioenlaces para el apoyo logístico.

Allí consignó que el ACÁ había cedido sus vehículos a pedido de la CGT y sostuvo que durante el tiroteo "nuestros muchachos asumieron plenamente su rol de patriotas y peronistas y lo hicieron protagónico".

El personal que actuó el 20 de junio fue seleccionado por el subjefe de Comunicaciones del Automóvil Club, el suboficial Porreca, de la Armada. Las quince grúas, dos automóviles y tres camiones que el COR usó en Ezeiza le fueron entregados por el Gerente de Estaciones del ACÁ, Carlos Iribarnegaray, comando civil en 1955 y luego interventor en la UOM de Avellaneda.

Un camión estacionado en Cabildo y Monroe sirvió de enlace a los vehículos instalados en el Hotel de Ezeiza, en las rutas de acceso, en el Hogar Escuela ocupado por el Comando de Organización, en el Autódromo, cerca de la residencia de Perón en Vicente López, en el bosque próximo al palco, en Plaza de Mayo.

Los vehículos tripulados por dirigentes del SUTACA y personal del COR y de la Juventud Sindical al mando del metalúrgico Aníbal Martínez, fueron retirados del auxilio mecánico de Jaramillo al 1900. El grupo de militantes del COR que intervino se concentró en el Sindicato de Sanidad, en Once, para coordinar el plan.

Estos son algunos de los muchachos patriotas y peronistas felicitados por Roberto Saavedra: Osvaldo Bujalis, tesorero del SUTACA y habitual acompañante de Osinde; Frías, jefe de Comunicaciones del ACÁ; Olmos, dirigente del SUTACA; Pepe Montoya, Sanguineti; Roldan, promotor de la Juventud Sindical en el SUTACA; Víctor Lasara, Pablo Esquete, Jorge Viola; Gaeta, quien estuvo junto con Martínez en el Hogar Escuela durante el tiroteo; Moyano, Rufrano, Cuaresma, Villordo y Mensela.

Los condujeron el general Iñíguez, el teniente coronel Osinde y el industrial Osvaldo Dighero.

El Hogar Escuela

En todos los relatos sobre los tiroteos de Ezeiza se menciona como un lugar clave el Hogar Escuela. También se refieren a él sin saberlo los testimonios sobre disparos efectuados desde el bosquecito próximo al palco, es decir la arboleda lindera con el Hogar Escuela.

El Hogar Escuela Santa Teresa tiene tres cuerpos de edificación y está ubicado a unos 500 metros del palco, al sur de la autopista Ricchieri, cerca de las Piletas Olímpicas y rodeado por una zona boscosa. Cruzando la ruta 205 se ingresa al barrio Esteban Echeverría. El Hogar Escuela forma un triángulo agudo con el puente El Trébol y el Hospital de Ezeiza, que está en el centro del barrio Esteban Echeverría. Para controlar la zona donde se desarrollaría el acto, el Hogar Escuela era un sitio estratégico.

La Policía Federal pensó en instalar allí un puesto para la remisión de detenidos, con un subcomisario, tres oficiales, veintiocho agentes masculinos y cinco femeninos de la Superintendencia de Investigaciones Criminales. Como el resto del servicio policial, debía implantarse a las 18 horas del martes 19.

Determinar quien controló el Hogar Escuela durante los enfrentamientos es fundamental para comprender qué ocurrió el 20 de junio.

La Falange

El 24 de mayo en Monte Grande se preparaban las columnas que marcharían hacia la Capital para el acto de asunción de Cámpora, cuando llegaron el concejal Rubén Dominico y sus compañeros del C de O y con palos y cadenas intentaron dispersar a los manifestantes. El 25 desfilaron uniformados al estilo de la Falange ante el intendente de Esteban Echeverría, Oscar Blanco, su protector.

Asalariado de la UOCRA, procesado por el juez Omar Ozafrain por robo a un sindicato del que era chofer, por juego ilegal y por corrupción, Dominico y treinta acompañantes armados ocuparon el 8 de junio el Hogar Escuela, la Escuela de Enfermeras vecina y el policlínico de Ezeiza. "Perón, Evita, la Patria Peronista", gritaban.

El Hospital de Ezeiza tenía una capacidad normal de 120 camas, y para el 20 de junio se habían previsto habilitar otras 100. Funcionaban en él servicios de cirugía, traumatología, hemoterapia, neurocirugía, clínica médica, radiología, otorrinolaringología, pediatría, cardiología, ginecología, laboratorio, drogas y medicamentos. Contaba con tres ambulancias, una de ellas con radiollamado, dos vehículos utilitarios y una camioneta. Una guardia permanente de 70 médicos, 78 enfermeras y auxiliares y el apoyo de 50 alumnas de la Escuela de Enfermeras debían atender cualquier emergencia.

El diario local La Voz del Pueblo informó que el 8 de junio, a raíz de la ocupación del C de O, el personal docente del Hogar Escuela fue enviado a sus casas y los niños evacuados. Con un comunicado que reprodujo el mismo periódico, el C de O rechazó las exhortaciones de Abal Medina y de la interventora en el Hogar Escuela, Esther Abelleira de Franchi, para que cesara la ocupación.

Entre quienes ocuparon el Hogar Escuela estaban los militantes del C de O Carlos Alberto Vergara, Martín Magallán, Ernesto Berón, Mario Azategui, Juan Carlos Journet y su hermano, Guillermo Salao, Daniel Sanguinetti y su padre, Alberto Mellián, Víctor Diack, Carlos Alberto Nicolao y su padre, Rubén Rodríguez, Gabriel Nana y Maido. A través de ellos, hasta un juez podría reconstruir la lista completa.

Una vez ocupado el Hogar Escuela Dominico organizó la logística. El intendente Blanco le dio dinero para comida y cigarrillos, y el frigorífico Monte Grande 200 kilos de asado, previa consulta con el comisario Guido Beltramone y el intendente Blanco, quienes avalaron a los ocupantes.

Desde el principio, Osinde pensó utilizar el Hogar Escuela como puesto de comando y vivac de sus tropas y así lo planteó durante las reuniones preparatorias del acto en un memorándum que tituló Se requiere únicamente. Sin embargo, después de la masacre dijo a la comisión investigadora que al enterarse de que el Hogar Escuela había caído en manos de desconocidos, solicitó a la policía de Buenos Aires que los sacara de sus instalaciones el 19 de junio40.

La policía de Buenos Aires no respaldó esta versión de Osinde. Por el contrario, comunicó que cuando desalojó a 300 personas armadas, del Comando de Organización que ocupaban el Hogar Escuela, el Hospital y la Escuela de Enfermeras, el concejal Dominico alegó que respondían a las ordenes de Osinde….

…El 20 de junio tres grupos ocuparon el Hogar Escuela de Ezeiza. El primero y más numeroso estaba constituido por los dos mil adolescentes reclutados por el C de O, que retomaron el edificio luego de la primera desocupación, dirigidos esta vez por Reinaldo Rodríguez.

En un pabellón del tercer piso se instaló Gaeta, del Automóvil Club, a cargo de uno de los puestos de comunicaciones del COR del general Iñíguez. Otros tres móviles del COR operaron desde el Hogar Escuela y sus inmediaciones.

El tercer grupo pertenecía a la CGT y obedecía a Aníbal Martínez, de la UOM, y uno de los tres líderes de la Juventud Sindical.

Lo que no hubo nunca fueron comunistas ni montoneros…

…La policía de la provincia de Buenos Aires informó que el puente estaba en poder de compactos grupos del SMATA, y que personal del COR y de la CGT ocupaban el palco de honor, a ordenes de Osinde y ostentando armas de gran potencia. Entre los ocupantes identificó al custodio de la UOM Alejandro Giovenco49

Los técnicos apolíticos de la Policía Federal ratificaron que la seguridad del palco se había encomendado a civiles con armas largas y aportaron fotografías probatorias. El informe federal describe amenazas de golpear al público que se acercaba a los cordones de seguridad que circundaban el palco, y señala que se realizaron en las horas previas al tiroteo varios simulacros de lo que luego sucedió, en los que se obligaba al público a arrojarse al suelo. La Policía Federal señaló entre los custodios del palco a miembros de la Alianza Libertadora de Juan Queraltó.

En el palco también estaban el jefe de la custodia presidencial Rogelio González (hermano del chofer de Perón, Isabel y López Rega durante el retorno de 1972), sus subordinados Ángel Pablo Bordón y Rodolfo Monalli, el oficial subinspector Omar Horacio Fitanco, y los sargentos Humberto Zelada (chapa 12.312) y Eduardo Jorge Dimeo (chapa 13.372), todos de la Policía Federal… ■


Hasta aquí las citas del extenso trabajo de Horacio Verbitsky.

Y la pregunta subyace: ¿contra que enemigo se desplegó semejante poder de fuego y recursos del estado?


Enlace relacionado
Ezeiza de Horacio Verbitsky
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