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Los chicos de la CNU: Un secreto a voces roto y una verdad que desnuda la trama represiva del poder local
Por Esteban Pablo Soroeta y Juan Marco García

* Introducción
* El caso de la estudiante Silvia Ana Filler
* El asesinato de Piantoni
* El secuestro de Oscar Amilcar Gonzalez
* La noche de las corbatas


• Introducción

Con motivo de los 25 años del golpe un grupo de periodistas de FM 89.7 d-rock! comenzó una simple revisión del pasado que se transformó en una revelación para muchos de una trágica historia con implicancias actuales. Plagada de conocidos personajes de nuestra ciudad que paticiparon en el terror represivo de los años 70. El informe se basó en un programa de cuatro horas dedicado especialmente al accionar de los grupos parapoliciales y militares en Mar del Plata.

Para entender el inicio de los años de violencia en la ciudad fue indispensable tomar como punto de referencia el asesinato de Silvia Ana Filler. Un caso que en general se lo ha rozado por las superficies y nunca se lo volvió a relatar a través de sus detalles más recónditos e impresionantes.


Silvia Filler

Silvia Ana Filler fue asesinada el lunes 6 de diciembre de 1971 en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo

• El caso de la estudiante Silvia Ana Filler

La llegada de Oscar Ivanisevic, hombre de la temeraria triple A (Alianza Anticomunista Argentina) de José López Rega, al Ministerio de Educación de la provincia de Buenos Aires generó la irrupción al ámbito universitario de organizaciones extremistas de derecha. Una de ellas es la Concentración Nacionalista Universitaria (CNU) hija de JAEN (Jóvenes Argentinos por la Emancipación Nacional) fundada por Rodolfo Galimberti, y a la vez originada en movimientos de carácter filonazi y ultracatólico como TACUARA.

En Mar del Plata la CNU funcionaba al igual que en el resto del país como un grupo de choque y provocación a cualquier otro sector universitario de diferente ideología. Estas facciones poseían un brazo armado encarnado por las famosas 'patotas' integradas por estudiantes y jóvenes que comulgaban con un pensamiento de ultraderecha. Al mismo tiempo existía una cúpula dirigencial encabezada por importantes empresarios, abogados y comerciantes influyentes de la ciudad.

En la CNU estaban el Dr. Ernesto Carlos Piantoni (h) titular regional de la CNU, Oscar Héctor Corres, Jorge De la Canale, Raúl Arturo Viglizzo, Ricardo Alberto Cagliolo, Marcelo Arenaza, José Luis Piatti, Carlos Eduardo Zapatero, Alberto José Dalmaso, Raúl Rogelio Moleón, Eduardo Salvador Ullua, Juan Carlos Gómez, hermano de Jorge Gómez, segundo de Polo Román hasta hace muy poco en el Auditorium-, Fernando Federico Delgado, Eduardo Cincotta, Eduardo Pretelli, Mario Dourquet, Ernesto Macchi, Beatriz María Arenaza, Luis Horacio Raya, Eduardo Anibal Raya, Oscar Silvestre Calabró, Carlos Roberto Cuadrado, Martha Silvia Bellini, Ricardo Scheggia, Silvia Martin y Roberto Rodríguez.

El viernes 3 de diciembre de 1971 los estudiantes Hugo Roberto Torrado y Rafael San Martín lanzaron una pastilla de gamexane en el aula donde se encontraba un docente que profesaba los lineamientos de Ivanisevic. Ese mismo día el rectorado de la entonces Universidad Provincial de Mar del Plata, cuyo titular era el ingeniero Carlos David Martín Pantín, decidió la expulsión de ambos. Tras lo cual el sábado 4 de diciembre, el Centro de Estudiantes de Arquitectura Marplatense (CEAM), mayoritariamente de izquierda, resolvió convocar una asamblea para el lunes en donde se decidirían las medidas a tomar para exigir la inmediata reincorporación de los compañeros expulsados.

Previo a la asamblea, el domingo 5 de diciembre, en la quinta de Ricardo Scheggia, hijo de uno de los fundadores de una de las dos empresas constructoras más importantes de la ciudad- ubicada en Sierra de los Padres se reunieron un minoritario grupo de estudiantes simpatizantes de la CNU -e integrantes de un di-minuto grupo de estudiantes de arquitectura nucleados en el derechista CEAU (Centro de Estudiantes de Arquitectura Unidos)- y otros de extracción de derecha que acordaron la ruptura de la asamblea del lunes. En el lugar agasajaron al rector Pantín por ser su cumpleaños. El mismo ingeniero impulsó la idea de la intervención, lo que a la larga le costó su renuncia al cargo en la universidad, al igual que al decano de ingeniería José A. Freixas, sumario administrativo de por medio. En el festejo participaron Ricardo Scheggia, Oscar Silvestre Calabró, Silvia Martin, todos adeptos a la CNU y ésta última hija del doctor Carlos Raúl Martin, director del entonces hospital Mar del Plata (HIGA), quien impartía un régimen militar en ese centro de salud y luego trató de mediar a favor de los implicados-; José Antonio Freixas, decano de ingeniería, el vicepresidente del centro de estudiantes de ingeniería de apellido Fortunato, el actual concejal de la UCR (Unión Cívica Radical) y entonces titular del centro de ingeniería Jorge Domingo Petrillo y su novia Marta Filler; hermana de la que luego sería víctima fatal de la instigación allí planificada. Días más tarde Petrillo alegó no ser derechista. En estos tiempos globalizados puede ser de lo más normal pero en los años '70 la derecha y la izquierda no compartían asados.

A su vez en la ciudad se encontraron en el departamento de Corres, Beatriz Arenaza, Carlos Cuadrado, Martha Bellini, algunos compañeros de Gómez y Viglizzo y otros integrantes de la CNU. Ahí programaron la concentración previa a la quiebra de la asamblea en el departamento de Delgado.

Es así que el fatídico lunes 6 de diciembre de 1971 un grupo integrado por Beatriz Arenaza, Eduardo y Luis Raya, Oscar Silvestre Calabró, Carlos Cuadrado, Carlos Zapatero y Ricardo Scheggia comenzaron a insultar sin motivo alguno a los estudiantes del CEAM reunidos en el aula magna de la entonces facultad de arquitectura -actualmente el rectorado- en Alberdi 2621. Poco a poco las agresiones comenzaron a aumentar. Fue entonces cuando Beatriz fue corriendo a buscar a la patota de la CNU apostada a pocas cuadras de allí en el departamento de Delgado. Rápidamente este grupo llegó hasta el aula magna -que actualmente lleva el nombre de Silvia Filler- del primer piso en donde se desencadenó la tragedia. Entraron 16 personas ajenas a la universidad munidos de cachiporras, cadenas, bombas de humo y gas lacrimógeno. Entre los valientes que repartieron cadenazos se encontraba Adrián Enrique Freijo, ex-interventor de LU6, primer jefe de prensa del entonces electo presidente Carlos Menem y último candidato a intendente de la ciudad por el Partido Justicialista- Viglizzo, Cagliolo, Marcelo Arenaza, Piatti, Zapatero, Moleón, Dalmasso, Ullua, Delgado, Pretelli, Dourquet y Macchi. En tanto Corres y Gómez fueron con armas de fuego y dispararon a mansalva sobre un grupo de 300 estudiantes absolutamente indefensos. Inermes y sin salida, porque las puertas fueron trabadas desde afuera- los estudiantes de arquitectura quedaron como un cordero frente a la manada de lobos. Para colmo los pocos que lograron zafarse y acudir a un móvil de la policía bonaerense estacionado frente a la facultad no consiguieron nada. Los efectivos del patrullero dijeron que nada podían hacer y de allí ni siquiera se movieron.

Oscar H. Corres, estudiante de derecho de la universidad católica, - ¡intentaron nombrarlo juez federal en 1992! - quien además 'trabajaba' para la policía de la provincia de Buenos Aires y Juan Carlos Gómez; alias Bigote, -detenido por una causa de drogas y muerto hace casi 8 años en un enfrentamiento con la policía federal - secretario adjunto de la CGT regional, guardaespaldas de Nelson Rizzo (entonces titular de la CGT regional) y matón de la UOM (Unión Obrera Metalúrgica) efectuaron los disparos. Por milagro no hubo decenas de muertos. Pero una de las balas alcanzó de lleno en la frente a Silvia Filler, jóven de 18 años quien no llegó a tirarse al suelo. Tal cual sí logró su amiga Beatriz Hinojal que al lado de ella se encontraba. Silvia murió en el acto.

Silvia ni siquiera militaba. Apenas había terminado la secundaria. Ella pertenecía a ese grupo de chicos apartidarios que los demás llamaban con desdén los 'amarillos'. El día que la mataron, su padre Roberto Filler, un reconocido odontólogo de la ciudad fallecido hace poco, estaba en un agasajo del Rotary Club -entidad de la cual era su titular- celebrado en la fragata Libertad, de visita en Mar del Plata. Pantín también estaba allí. Una pobre mueca negra del destino y la pertenencia a una misma clase social reunió al padre de la víctima y al instigador de los hechos en una misma mesa. Los dos abandonaron inmediatamente el lugar apenas avisados del suceso fatal.

El aberrante crimen conmovió a una pueblerina y agradable ciudad turística. El clima efervescente de los setenta solo conocía 'lejanas' noticias del orden nacional. Pero el impacto alcanzó trascendencia en todo el país. Tanto es así que el entonces presidente de facto, general Alejandro Agustín Lanusse le ordenó al ministro del interior un detallado informe del caso. Y a su vez el titular de las 62 Organizaciones Lorenzo Miguel salió energicámente a rechazar en los medios que Juan C. Gómez fuese un hombre de su gremio.

Al día siguiente Mar del Plata estaba de luto. Una multitud acompañó el cuerpo de Silvia Filler. Entre varios de esa misma multitud surgieron las piedras que destruyeron las vidrieras de Piantoni hermanos. Hubo disturbios y gran cantidad de detenidos. Uno de ellos fue el estudiante de humanidades Francisco Gorricho quien estuvo bastante tiempo en prisión. Al mismísimo Pantín lo agarraron literalmente de los pelos en la sede de la universidad. La indignación popular se hizo sentir.

Al poco tiempo Piantoni le admitió al juez H. Adolfo Martijena, que intervino en la causa del expediente Nº 11.093, cuyo hallazgo es más difícil que revelar el contenido de los rollos del mar muerto, que el día del asesinato de Silvia él recibió en su domicilio, a las 21.30 horas, a los responsables del hecho y los reprendió por los sucedido. Para la misma época el CEAM denunció a Piantoni como el sustento filosófico de quienes formaban parte de las 'patotas' de choque. Piantoni predicaba un ultracatolicismo nacionalista apoyado en las doctrinas de Santo Tomás de Aquino. A su vez , sindicaron a Adrian Freijo -quien actualmente es docente de la carrera de comunicación social de F.A.S.T.A. (Fraternidad de las Agrupaciones de Santo Tomás de Aquino)- como uno de los rompe-asambleas que también participó de la ruptura de una reunión de los estudiantes de arquitectura en 1969.

Hubo además otros estudiantes que fueron víctimas de los trágicos hechos en los que participó Freijo. Ellos resultaron heridos y fueron cuatro jóvenes. José Fiscaletti, Marcos Chueque, posteriormente pasó a formar parte de la nómina de desaparecidos-, Oscar Alberto Ibarra y Nestor Adolfo Vila sufrieron heridas. Quienes los representaron legalmente fueron los doctores Juan Mendez, José Ventimiglia y Jorge Candeloro. Mientras que a Oscar H. Corres -autor material del hecho - fue defendido por Horacio Raimundo Hofft, hermano del entonces fiscal de turno durante la feria judicial, dr. Pedro Federico Hofft.

El actual juez y profesor de bioética de la Universidad Nacional de Mar del Plata se excusó de recibir la notificación de la prisión preventiva de los 16 imputados, alegando ser el hermano del representante de uno de los dos responsables, el otro era Bigote Gómez- más importantes del hecho. Este formalismo retrasó por un mes las actuaciones.

Actuaciones que finalmente condenaron a los imputados Corres, Viglizzo, M. Arenaza, Cagliolo, Piatti, Dalmaso, Moleón, Ullua, B. Arenaza, los hermanos Raya, Calabró, Cuadrado, Zapatero, Scheggia y Bellini. Mientras que Bigote Gómez, Delgado, Pretelli, Dourquet, Macchi y Silvia Martín -ésta última estuvo en la ciudad de Córdoba- estuvieron prófugos y al cadete de 3º año del liceo militar Roberto Rodríguez se lo acusó de encubrimiento.

Sin embargo gracias al decreto de amnistía firmado en 1973 por el presidente Héctor José Cámpora que benefició a una inmensa mayoría de presos políticos terminó liberando también a los asesinos y cómplices del crimen de Silvia Filller. Los culpables quedaron libres y en un irónico giro del destino el desencadenante fortuito de la funesta asamblea, Rafael San Martín, se sumó a la CNU. Ni Hitchcok hubiera escrito un guión tan surrealista.


• El asesinato de Piantoni

El 20 de marzo de 1975 sobre la calle Formosa entre Olavarría y Güemes un Peugeot 504 interceptó a un Citroen en el que iba el doctor Ernesto Carlos Piantoni de 31 años. Ese mismo día en el que viajaba en el auto de su esposa , nacía su tercer hija María Mercedes. Lo paran y le descargan una ráfaga de metralla al cuerpo. Los diarios de la fecha le adjudicaron el hecho a Montoneros. Sin embargo el periodista Amilcar Gonzalez manifestó en los Juicios por la Verdad que la muerte de Piantoni se trató de una interna de la UOM entre hombres de Lorenzo Miguel. El caso es que a las 14.25 horas del 20 de marzo de 1975 Piantoni muere en la Clínica Modelo. Lugar ubicado en Mitre entre Alvarado y Castelli y al que habían concurrido sus padres y sus dos mejores amigos; los doctores Gustavo Demarchi, candidato a intendendente de la ciudad por el Partido Justicialista en 1983 y actual Conjuez de la Cámara Federal en lo Criminal Penal de Mar del Plata- y Jorge Aguilera -quien llegó a asesor del Ministerio de Educación durante la gestión de Arrigui-, ambos muy reconocidos en el foro local.

Acompañando el duelo del 22 de marzo de 1975 no se editan los diarios El Atlántico y La Capital, y la CGT local realiza un paro de ocho horas. Al doctor Piantoni lo velan en la casa Sampietro, de Yrigoyen 2046, al igual que a Silvia Filler. También lo entierran en el cementerio de La Loma, como a Silvia Filler. Pero Piantoni pertenecía a la CNU como Eduardo Ullua y Mario Dourquet, implicados en el caso Filler. En el diario La Capital del 21/3/1975 se suceden los avisos fúnebres de su socio y amigo Gustavo Demarchi, de Jorge Aguilera, Jorge de Urquía, Enrique Navarro, el titular de la CGT local José Durante, el secretario de prensa de la CGT local Jorge M. Silva -con quien Demarchi y Aguilera fueron en su auto a realizar la denuncia correspondiente y los trámites del sepelio-, del Comando de Organizaciones Peronistas y la CNU. El 23/3/1975 aparecen en La Capital los avisos fúnebres del Estudio contable Demarchi y de Héctor Adolfo Demarchi y señora, padres de Gustavo Demarchi.

Tras el entierro de Piantoni, el 21 de marzo se realiza una misa en la parroquia Nuestra Señora de Fátima en donde el único orador es un militante de la CNU -según informa la 5º del diario La Razón-, el doctor Jorge Aguilera. En su discurso llama a 'terminar con la infiltración marxista en las universidades' y advierte que la muerte de Piantoni no sera en vano. Sus palabras son de una condición profética extraordinaria. A la mañana siguiente un grupo de desconocidos asesina de 60 balazos al viejo militante comunista y cirujano Bernardo Alberto Goldemberg -también se cree que lo mataron por su origen judío-, al Tte. 1º (RE) del ejército Jorge Videla -primo del mismísimo genocida Jorge Rafael Videla- a sus hijos Jorge Lisandro de 22 años y Guillermo Enrique de 16, y a un sobrino del militar, Miguel 'Pancho' Elizagaray, de 22 años. Pancho era un destacado dirigente y estudiante de derecho e hijo del senador provincial del FREJULI (Frente Justicialista de Liberación, la izquierda peronista) por Mar del Plata, Carlos Elizagaray. Recientemente en los Juicios por la Verdad el periodista Amilcar Gonzalez declaró que en el velorio de Piantoni, los de la CNU hicieron un juramento de '100 por 1'. Pareciera que solo faltarían registrar los otros 95 muertos.


• El secuestro de Oscar Amilcar Gonzalez

Es notable como en los periodícos locales del 23/3/1975 las 62 Organizaciones, la UOM, la CNU de Rosario, el sindicato de abogados peronistas y la CGT regional Mar del Plata repudian el asesinato de Piantoni. Pero nada dicen de las muertes de Videla y Elizagaray, también peronistas. El peronismo sin Perón ni siquiera estaba dividido, sino enfrentado mortalmente. Por otra parte la gente de la CNU estaba contenida tanto en la CGT Regional Mar del Plata como en la universidad local tal cual lo declaró en el Juicio por la Verdad el periodista José Luis Ponsico.

Por ejemplo, el doctor Eduardo Cincotta -hombre de la línea de los pesados de la CNU por dichos de Ponsico - fue Secretario General de la Universidad Nacional durante el rectorado del doctor Jorge José Catuogno. Durante su gestión -además de despedir a Graciela Lanfranconi por ser la esposa de Amilcar Gonzalez, angustiante circunstancia que le provocó la perdida de un embarazo-, el 26 de junio de 1975 designó como titular de la división de Relaciones Externas y Ceremonial dependiente del Departamento de Relaciones Públicas a Ricardo Alberto Oliveros. Menudo diplomático se ganó entonces la Universidad Nacional de Mar del Plata. Un hombre de los servicios de inteligencia detenido el año pasado por repeler violentamente a los ocupantes piqueteros de la catedral. Y al que además se le encontraron armas e informes sobre familiares de desaparecidos y de víctimas de la AMIA. Curiosamente Oliveros fue visto en la radio de José Luis Jacobo, quien es amigo de Gustavo Demarchi. El mismo Jacobo fue quien se ocupó de llevar a Oliveros -un defensor de los santos evangelios- al programa del clerical y reciclado en demócrata Mariano Grondona, quien bajo el seudónimo de Gucciardini escribía loas panfletarias a la dictadura.

Cincotta también participó -con ropa de fajina- en el allanamiento ilegal a la vivienda de Ponsico, en donde no lo encontró pero colgó del séptimo piso del departamento a su cuñado para averiguar el paradero del periodista y rompió documentos indemnizatorios del mismo. Ponsico venía siendo observado y perseguido por Ullua, Gómez y Delgado -implicados en el caso Filler- en un Ford Falcon azul desde que el cronista deportivo se ocupara de averiguar el destino de su amigo secuestrado, el titular del sindicato de Prensa, Amilcar Gonzalez. Como premio a sus labores solidarias el redactor se había ganado el despido del diario La Capital. Su telegrama de despido redactado por Roque Teruggi -uno de los abogados propietarios entonces de La Capital junto a Edgard Edi Ruberto y Carlos Cañon- y las razones por las cuales lo echaron fueron tan injustificables (los colegas de Ponsico concluyeron que por lo burdo el telegrama de despido lo había redactado un analfabeto) que a pesar de ser un blanco fácil de la CNU y la dictadura, los directivos del diario La Capital tuvieron que acordar con él sin siquiera ir a juicio. Justamente fue en el marco de esa negociación que el doctor Carlos Cañon -pre-candidato a intendente por el Partido Justicialista en 1995 y uno de los impulsores del partido del genocida Emilio E. Massera en Mar del Plata- amenazó a Ponsico con llamar inmediatamente por teléfono al teniente coronel Pedro Barda -jefe del GADA 601 durante la dictadura y responsable del genocidio en Mar del Plata y la Subzona 15 del I Cuerpo de Ejército- sino arreglaba el monto de la indemnización. De todos modos Ponsico se mantuvo firme y Cañon tuvo que ceder.

Ponsico había logrado publicar el secuestro de Gonzalez en los dos diarios locales, localizarlo y salvarle la vida. La publicación del secuestro -que tuvo menos espacio que un partido de voley jugado el día anterior- la consiguió mediante la autorización del represor Teniente Costa. El militar lo autorizó en una oficina de Entre Ríos y Gascón ya que el entonces jefe de redacción de La Capital, Oscar 'Coqui' Gastiarena, se había mostrado reticente a imprimir la crónica por órdenes de la dirección del diario. Teruggi, Cañon y Ruberto no solo no querían publicar nada de Gonzalez sino que lo intimaron a presentarse en su puesto de trabajo cuando sabían que estaba secuestrado. A todo esto, Ponsico continuó en su búsqueda y contactó a dos árbitros del fútbol local, José Racedo y José Fransisco Bujedo, que pertenecían a los servicios de inteligencia naval. Los mismos le dieron datos sobre la situación de Gonzalez gracias a que Ponsico había sido el único periodista que defendió el arbitraje de Bujedo en una polémica final local de 1971 entre San Lorenzo y Kimberley. A Amilcar Gonzalez lo tenían marcado. Un grupo integrado por Fernando Delgado, Nicolás Caffarello, alias el tano Nicola y actual inspector de zoonosis en la municipalidad de Gral. Pueyrredón-y Armando Nicolella -de la custodia de Alfredo Yabrán- lo secuestró del Ministerio de Trabajo de Luro y España el 25 de marzo de 1976, en pleno día y a la vista de decenas de testigos entre los que estaba Ponsico. El mismo enfrentó a Delgado pidiéndole explicaciones y el tipo de la CNU lo empujó al gritó de - ¡ Retírese, Ejército Argentino!.

Obviamente los captores de Gonzalez se desgustaron torturando a un hombre de izquierda al cual además le achacaban la muerte de Piantoni. Si bien salvó su vida gracias a Ponsico, Amilcar estuvo secuestrado y un año y medio preso a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y fue expulsado del país. Entre tantas maravi- llas vividas como la persecución, el secuestro, su despido estando privado ilegalmente de la libertad y la tortura, Amilcar también soportó -tal cual relató él mismo en los Juicios por la Verdad- la expropiación de su departamento a manos de Oscar Augusto 'Chiche' Alfonso, actual fotográfo de La Capital- y un comisario federal, represor de la dictadura de apellido Skarabiuk, perteneciente en esa época a la Superintendencia de Seguridad Federal.

Durante el lapso que estuvo detenido ilegalmente en el Destacamento 9 de julio de La Perla -subcomisaría a cargo de un inspector de apellido Acuña, de la CNU- Amilcar conoció a otros presos, pero que no eran maltratados como él. Eran dirigentes políticos y sindicales alojados como presos de lujo. Jose Lencinas, Abdul Saravia -fallecido en 1997-, Ronner y Mario Cámara, tiempo después senador justicialista y uno de los primeros hombres del menemismo junto a Saravia en Mar del Plata. El abogado que los visitaba -de buenas vinculaciones con la CNU según Ponsico- era el panamericano doctor Jorge De la Canale. El mismo, ante los ruegos de Ponsico, por lo menos había accedido a interceder ante Acuña para que al maltrecho Amilcar Gonzalez lo trataran como a un ser humano. A pesar de que Gonzalez, por dichos de De la Canale, 'no era del palo'. El doctor De la Canale -defensor de Carlos Monzón en 1988 y en 1995 titular del COPAN- confeccionaba las listas de la CNU para los militares. Listados de los cuales se infiere que los militares no iban a las casas de los marcados para felicitarlos por su cumpleaños. Esta el caso de Raúl Subiledt, campeón mundial de patín, quien le rogó al leguleyo De La Canale que borrara a su padre de las listas. El doctor, que manifestaba ser 'gente del palo' pero no del rock, en un arrebato de congraciarse con el entonces colimba Subiledt sacó de la lista a Subiledt padre.

Regresando a la aparición en estas líneas del apellido Nicolella no es un dato menor si se entiende que la CGT protegía a los grupos facistas de la CNU como señalara Ponsico. Como se dijo, Nicolella fue un hombre de Yabrán. El 'humilde- cartero comenzó sus negocios durante la dictadura y cobijo en sus agencias de seguridad a la densa 'mano de obra desocupada'. Entre ellos al represor Victor Hugo Dinamarca, de Yabito S.A., integrante del Grupo de Tareas 2 de la Marina. Precisamente uno de los mandamás de la CGT local, el sindicalista petrolero Diego Ibañez -muerto en un conocido accidente de autos y padre del secuestrado y asesinado Guillermo Ibañez- fue quien presentó a Yabrán ante el ex-presidente Carlos Menem.


• La noche de las corbatas

Nicolella, Ullua, Cincotta, Delgado...........Demasiados pajaritos sueltos. La CNU de sangriento festín en plena dictadura. Las crónicas de los diarios por entonces hablaban del secuestro de la decana de la Facultad de Humanidades profesora María del Carmen 'Coca' Maggi. Una de las primeras desaparecidas de la ciudad. Se cuestrada el 9 de mayo de 1975 y que recién apareció sepultada un día después del golpe del '76 en un lugar cercano a la laguna de Mar Chiquita. A Coca se cree que la mataron por su vinculación con el cardenal Pironio. Obispo al que los de la CNU le habían pintado la catedral acusándolo de montonero. Con esa línea de pensamiento también lo tendrían que haber tachado de montonero al Papa, quien luego convocó a Pironio para trabajar en el Vaticano.

El mismo día de la aparición del cuerpo de Coca Maggi un grupo de tareas secuestró a Amilcar Gonzalez en el Ministerio de Trabajo ubicado en Luro y España. Amilcar, amigo de Jorge Candeloro, uno de los mejores abogados laborales de la ciudad. Con una enorme cantidad de juicios ganados a favor de los trabajadores marplatenses agrupados en los diversos sindicatos peronistas, entre ellos el combativo sindicato de Prensa dirigido por Amilcar. Ya sea de fleteros del puerto como empleados de Coca-Cola, Candeloro desataba los nudos de la explotación marplatense. Aquel dinámico y febril defensor de los heridos del caso Filler. Quien en aquellas primeras horas aciágas de diciembre de 1971 había actuado con firmeza y valor. Ese hombre era el doctor Jorge Roberto Candeloro. Un hombre al que no lo doblegaba ninguna flexibilización laboral. Y un nudo. Un nudo en la garganta por el recuerdo y la indignación, de aquellos nudos de las corbatas que se llevaron en esa siniestra noche de 1977.

Sabían a quién y porqué iban a secuestrar. Candeloro corrió la misma suerte que los testigos del caso Filler. El doctor Eduardo Salerno que trabajó junto a Candeloro afirmó en una artículo periodístico de hace más de diez años atrás que los testigos del caso Filler pasaron a ser desaparecidos. Por ejemplo, Marcos Chueque. Candeloro como ya dijimos era un abogado laboralista. Precisamente él se desempeñó en los inicios de su carrera junto a Norberto Oscar Centeno, co-autor de la Ley de Contrato de Trabajo. Raúl Hugo Alais, el español Salvador Manuel Arestín y Tomás Fresneda -quién desapareció junto a su esposa embarazada de ocho meses- eran laboralistas. Molestaban al poder económico local. Además habían conformado una Asociación gremial de Abogados en defensa de los derechos humanos. Entre ellos estaban Candeloro, Juan Ernesto Mendez, José Luis Ventimiglia -los tres abogados de las víctimas del caso Filler- Eduardo Antonio Salerno, Eduardo Andreotti Romanín -actual concejal marplatense-, Raúl Begue y Armando Fertita (fallecido recientemente); quien fue dejado cesante en la universidad local acusado de ser 'partícipe de un vasto plan de subversión continental'. Todos ellos perseguidos y muchos de ellos desaparecidos. Es lógico que en la universidad los acosaran. Eran los tiempos de Catuogno, Cincotta y Oliveros en esa casa de altos estudios.

Salerno también se refirió hace algunos años a 'El Camarón'. Un tribunal básicamente anticonstitucional que la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse montó para legitimar la represión. Este 'fruto del mar' estaba integrado, entre otros, por los doctores Quiroga y Munilla Lacase. Por aquella época, e inclusive antes del golpe, en la Excelentísima Cámara Federal de Apelaciones, a cargo del Dr. René Saúl Orsi se realizó un singular nombramiento. El 2 de diciembre de 1974 el entonces Procurador Fiscal Federal, Dr. Gustavo Demarchi, designó a Eduardo Salvador Ullua -uno de los de la CNU implicados en el caso Filler y persecutor de Ponsico- como Auxiliar Superior de la Comisaría Séptima.

El doctor Demarchi podrá a alegar con justas razones que no pertenecía a la CNU, que ayudaba a las ancianas a cruzar la calle y le daba de comer a las palomas. Lo que jamás podrá negar es que concocía y era amigo de los principales referentes de la CNU. Y para peor que en el frente de su casa natal, ubicada en la calle Cata- marca entre Rawson y Garay, durante los años sesenta y principios de los setenta se podía observar claramen- te pintado el nombre TACUARA. Poco podía esperar entonces el hermano del doctor Salerno cuando presentó un hábeas corpus a favor del abogado secuestrado -el doctor Eduardo Salerno fue secuestrado el 19 de marzo de 1976- ante el entonces fiscal Gustavo Demarchi. A esta altura parece ocioso repetirlo, pero obviamente la acción nunca prosperó.

Tampoco fue fructífera la reunión que mantuvo Salerno con el entonces secretario de justicia José María Figueroa. Este funcionario fue enviado por el foro local para ver a Salerno, detenido en Sierra Chica tras las torturas. El encuentro se produjo en la dirección del penal. Allí estaba Figueroa festejando el antológico triunfo de Victor Emilio Galíndez sobre el norteamericano Ritchi Kate. Cuando estaba ganando, el americano recibió una trompada que lo dejó nockout. Estado de ánimo que debe haber experimentado Salerno cuando Figueroa -reconocido juez del foro local- le pusó algunos reparos a sus futuras declaraciones. 'Mire que sabemos a donde vive su esposa' le advirtió, por si denunciaba las torturas padecidas. Una intimidación descriptiva del carácter de un 'eficientísimo gestor de la impunidad' tal cual calificó Salerno al doctor Figueroa.

Impunidad conjugada en violencia. El 6 de julio de 1977 a las 20 horas secuestraron de su estudio al doctor Salvador Manuel Arestín. Al día siguiente se llevaron a Fresneda junto a su mujer embarazada, Centeno, Alais, Carlos Bossi y Camilo Ricci. Los dos últimos fueron liberados y posteriormente dejaron de ejercer la profesión. Bossi inclusive abandonó la ciudad. Estos letrados junto a Candeloro fueron los primeros en presentar hábeas corpus por los detenidos-desaparecidos de nuestra ciudad. Todos ellos fueron llevados a la estación subterránea de radar, conocida posteriormente como 'La Cueva'. Uno de los centros clandestinos de detención, el cual, estaba ubicado en las inmediaciones de la Base Aérea de Mar del Plata. Allí fueron destinados desde mediados de junio cuando los secuestraron en Neuquén el doctor Candeloro junto a su esposa. Candeloro murió en 'La Cueva' por las torturas recibidas el 28 de junio de 1977 tal cual figura en el testimonio de su mujer. Ella fue una de las sobrevivientes de la noche de las corbatas que testificó los hechos en el juicio a las juntas de 1985.

Queda claro entonces que el objetivo de la noche de las corbatas fue eliminar a un grupo de abogados que además de defender los derechos humanos y de los trabajadores entorpecían el accionar del poder económico y del Plan Martínez de Hoz. Cuyas consecuencias pagamos hasta nuestros días debido a un fuerte endeudamiento externo iniciado a partir de 1976.

Tras la noche de las corbatas Demarchi continuó varios juicios de Centeno. Los familiares de las víctimas realizaron gestiones ante la justicia y la Iglesia católica. Ambas con resultados absolutamente negativos. María del Pilar Arestín, hermana de Salvador, relató en 1985 la falta de respuestas que obtuvo por parte de monseñor Rómulo García y Pío Laghi al pedirles ayuda. Estó mismo contó Nicolas Candeloro, padre de Jorge, quien dijo en el Juicio a las Juntas que tras su encuentro con Pio Laghi 'la Iglesia no hizo nada'.

En cuanto a la justicia de aquel entonces su papel no fue de lo mejor. En su momento María del Pilar Arestín presentó el 7 de julio de 1977 un pedido de hábeas corpus ante el Juez Pedro Federico Hofft -actual Juez del foro local y profesor de Bioética de la Universidad Nacional de Mar del Plata- con resultado negativo. En 1982 presentó la misma solicitud pero ante el Juez federal Eduardo Pettiggiani -actual titular de la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires y ex-candidato a intendente de la ciudad por el Partido Justicialista en 1995 (durante la campaña de ese año aparecieron libelos en las calles marplatenses tachándolo de TACUARA)- también con resultado negativo. El trámite de la hermana del doctor Arestín jamás iba a sustanciarse. El doctor Pettiggiani desde hacía tiempo pertenecía a la CNU. El abogado Eduardo Salerno así lo declaró en el Juicio por la Verdad y también señaló al doctor De la Canale como uno de los referentes de la CNU.

Por otra parte, tiempo después de la noche de las corbatas fue nuevamente secuestrada, golpeada y liberada la mujer del doctor Candeloro. Durante ese breve lapso de tiempo en el que estuvo secuestrada reconoció al represor comisario Cerrutti, por entonces a cargo de la comisaría 4º de Mar del Plata. Ahí también estaba el represor oficial inspector Marcelino Blainsten. Puesto en esa repartición por el Ejército, estuvo presente cuando ingresaron ilegalmente detenida a la señora de Candeloro. Y años atrás había recibido en la cuarta a Ponsico cuando alojaron clandestinamente al torturado Amilcar González en una de las celdas de Chile 2655.

Calabozos seguramente recordados por el juez Hofft. No es de extrañar por cierto que a pesar de haber sido mencionado en los Juicios por la Verdad el doctor Pedro Hofft -de breve actuación como fiscal en el caso Filler- nunca aparezca mal parado en el diario La Capital. Además de la añeja amistad de Hofft con el propietario de ese medio, Amilcar Gonzalez, denunció durante una de las audiencias de los lunes la conexión entre la antigüa dirección del diario y la actual. Declaró que en 1984 Edgard Edi Ruberto, Florencio Aldrey Iglesias y Albano Harguindeguy (general [RE] ministro del interior de la dictadura) se presentaron a competir juntos por la licitación de LU6. Para la misma época -por las denuncias de Amilcar- Aldrey Iglesias trató de comprar el silencio y la inmovilidad de Gonzalez en el Sindicato de Prensa. Maniobra que le resultó imposible ante la digna negativa del sindicalista. No obstante y mediante un pedido de Aldrey Iglesias junto con el entonces intendente Angel Roig al doctor Raúl Alfonsín, el empresario logró sacarlo del sindicato y consiguió de ese modo contar con una cúpula gremial mucho más amena y negociadora.

Sin embargo, a pesar de las buenas migas entre Hofft y el propietario de La Capital, el bioético doctor no podrá impedirle a nadie que lea el libro Nunca Más. Allí se consigna perfectamente como la familia del doctor Candeloro continuó realizando gestiones a pesar de la liberación de la esposa del abogado. Es así que a finales de 1979 su mujer descubrió una comunicación cursada por el Ejército en respuesta al hábeas corpus interpuesto en 1977. En el mismo se hacía pasar la muerte del doctor Candeloro como que había sido 'abatido al intentar escapar en uno de los traslados' del 28 de junio de 1977. Esta comunicación que le hubiera ahorrado innumerables angustias a la familia Candeloro había quedado retenida en el despacho del juez Pedro Hofft.

Otro cachetazo lo recibieron de parte del doctor Reyneiro M. Bernal, representante junto a Fransisco José Martino del entonces particular damnificado Roberto Filler, padre de Silvia- hombre del Colegio de Abogados durante la dictadura que les espetó 'yo no defiendo subversivos'.

Tal cual dijo José Luis Ponsico el pasado lunes 23 de abril durante una de las jornadas de los Juicios por la Verdad muchos de los represores -mencionados en estas líneas- de aquella época 'aún se reúnen a tomar un café en La Fonte D'Oro en la peatonal'. El represor ex-comisario Héctor Francisco Vicarelli, quien secuestró al doctor Martín Garamendi, aún trabaja como encargado de seguridad en el supermercado Toledo de Necochea. Incluso Bigote Gómez paraba hasta no hace mucho en el Hotel Miami y según los mozos era un tipo simpático. Como viejos y buenos muchachos, los que antes fueran los 'chicos' de la CNU. Aquellos vientos, estos lodos.■


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