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NacionalesConversación con los hijos de Piantoni, jefe de la CNU/Triple A en Mar del Plata

Editor de Izquierda.Info entrevista a los hijos de Ernesto Piantoni, jefe de la CNU/Triple A en la Ciudad de Mar del Plata

Por Carlos Petroni

• Ernesto Piantoni, el jefe de asesinos
• Los negocios con Hugo Moyano
• Protegiendo el imperio de tabaco y caramelos
• El padre ausente, el asesino presente
• La herencia

El día 9 de marzo recibí un mensaje electrónico del hijo de uno de los jefes operativos de la CNU desde principios de los 70, que luego se convirtió en jefe de la banda de la Triple A en Mar del Plata a partir de 1973, el Dr. Ernesto Piantoni.

Piantoni padre dio la orden a Héctor Corres y a una docena de sus seguidores para mi asesinato en 1974. Lo intentaron tres veces en cuestión de días a fines de mayo de aquel año, y casi lo logran una de ellas, dejándome mal herido.

La CNU, luego integrada a la Triple A y en gran parte a los Grupos de Tareas de la dictadura militar después de su advenimiento son responsables de cientos de atentados con bombas, secuestros y asesinatos.

Existe plena evidencia que, como CNU, bajo la dirección y protección de su abogado, el Dr. Ernesto Piantoni, asesinaron a la estudiante Silvia Filler en 1971, participaron de la llamada Masacre de Ezeiza en 1973 y luego, como federados de la Triple A, en múltiples actos de terror bajo los gobiernos de Campora, Lastiri, Perón e Isabel en Mar del Plata, Bahía Blanca, Capital Federal y La Plata, entre otros lugares. Se metieron profundamente en el aparato represivo del metalúrgico Lorenzo Miguel, actuaron en el seno del Partido Justicialista y, llegada la dictadura de Videla, se dividieron, con una mayoría de ellos integrados a los Grupos de Tareas que prosiguieron allí su derrotero de terrorismo al servicio del estado.

El hijo del jerarca de la Triple A, Agustín, me escribió: “Quien le escribe es Agustín Piantoni, hijo del fallecido Ernesto Piantoni. Quisiera por favor poder comunicarme con Ud., con absoluta reserva. La semana entrante estaré por Bs. As y me gustaría poder tener una entrevista con Ud. Es realmente importante para mi, que acceda a la misma.”

El Dr. Ernesto Piantoni había sido el abogado defensor (y responsable político) de Héctor Corres, Juan Carlos Gómez y otros matones de la CNU en 1971 cuando fueron encarcelados, juzgados y sentenciados por el asesinato de Silvia Filler. Nadie dudaba de que fuera por entonces el jefe de los asesinos aunque no hubiese participado de los hechos directamente. Yo había tenido mucho que ver en las movilizaciones populares y la huelga general que habían obligado a la “justicia” de la entonces dictadura militar del General Lanusse a meter en la cárcel a los que habían disparado las armas de fuego contra una asamblea pacífica de estudiantes en la Facultad de Arquitectura.

Tres años después, en 1974, mientras colaboraba en la dirección de un conflicto sindical, los mismos elementos, ahora como Triple A volaron el local del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) en donde militaba, ametrallaron a un grupo de trabajadores entre los que me encontraba hiriendo a uno de ellos y luego me atacaron a la salida de una asamblea en el gremio mercantil, casi cumpliendo con su objetivo de eliminarme. El grupo terrorista de estado me había señalado como blanco por colaborar con los huelguistas del primer supermercado del país, la Estrella Argentina. Pero también tenían cuentas pendientes que arreglar con el que esto escribe desde 1971. Al día siguiente del atentado fallido contra mi vida, la Triple A asaltó el local de Pacheco del PST y secuestró y asesinó a los militantes del mismo

El Dr. Ernesto Piantoni llegó a ser asesor de la CGT local, reuniéndose semanalmente con sus dirigentes, incluido entre ellos el ahora secretario general de la CGT Hugo Moyano, por entonces Secretario General de los camioneros marplatenses y delegado al consejo nacional de la tenebrosa Juventud Sindical Peronista (JSP), complotando con ellos como deshacerse en forma violenta de opositores internos al gremialismo. Piantoni fue asesinado por un grupo guerrillero el 20 de marzo de 1975 y tanto la CGT local como la JSP, con la firma de Moyano, llamaron a un paro general para repudiar el asesinato. Piantoni fue reemplazado como asesor en sus tareas por el abogado Gustavo Demarchi quien se siguió reuniendo con Moyano y otros dirigentes. Demarchi ha sido señalado en el “Juicio de la Memoria y Justicia” de Mar del Plata como el continuador de Piantoni tanto como abogado de la dirigencia sindical, como al frente de la CNU/Triple A.

La Estrella Argentina, inaugurador del negocio de supermercados en la Argentina, escena de la represión de la CNU/Triple A los trabajadores en 1974

Como se comprenderá, Agustín Piantoni despertó mi interés. Le respondí que me reuniría con él, siempre y cuando me adelantara el tema que quería tratar conmigo. Esperaba que me contestara que quería hacer algún tipo de defensa de las actividades al servicio del terrorismo de estado de su padre o darme información que él creyera útil para salvar su “buen nombre”, tal vez alguna razón para mitigar sus crímenes.

Me equivoqué solo en parte. Agustín Piantoni me respondió que sí quería “poder hablar respecto de mi padre” y explicaba que “al no tener vinculaciones políticas, ni acceso a los medios, solo me queda la alternativa de poder dialogar con Ud. simplemente para aclarar ciertos datos. No pretendo confrontar sino dialogar para que Ud. pueda disponer de más información.”

Pero antes, en forma mucho mas enfática escribió: “básicamente me gustaría poder explicarle las circunstancias en las que se efectuó la venta de la propiedad de la calle Independencia al gremio que encabeza Moyano, ya que los hechos no han sido ni remotamente como se han dado ha conocer a la opinión publica, con todo el perjuicio que ello le esta significando a la empresa de la que soy parte, y que no tiene ABSOLUTAMENTE ningún contacto político de ningún tipo.”

En febrero de este año, yo había denunciado públicamente la amistad y colaboración política que había mantenido el actual Secretario General de la CGT, Hugo Moyano, con miembros de la CNU y la Triple A. En esa denuncia daba el nombre de miembros de la CNU/Triple A que habían mantenido durante años una relación política y personal con el dirigente de la CGT, algunos hasta la fecha, y que había realizado el año pasado una transacción comercial multimillonaria con la familia de uno de los dirigentes de la CNU/Triple A, precisamente la familia Piantoni. En vista de esas relaciones incestuosas con agentes del terrorismo de estado, había solicitado al juzgado del Dr. Oyarbide donde se ventila el caso de la Triple A y contra sus artífices Isabel Perón, los comisarios Almirón, Morales, el ahora fallecido Ministro Lopez Rega y otros, que tomara declaración indagatoria a Hugo Moyano.

El mensaje de Agustín Piantoni parecía confirmar la operación comercial entre su empresa, que luego me enteré esta bajo su dirección y en la que cuenta poder decisorio, y Moyano pero introducía una negativa sutil, implícita, de los hechos tal cual yo los había narrado a la prensa y/o como esta los había reportado. Como lo que persigo es desenhebrar la trama de una organización criminal y a quienes la ampararon y que se enjuicie y condene a quienes fueron responsables de miles de asesinatos y secuestros, incluidos los tres atentados contra mi vida, me interesa la verdad y no tendría ningún motivo para no corregir mi información si esta resultara errónea en alguna de sus partes.

La conversación con Agustín Piantoni no solo confirmó todo lo que yo había hecho y dicho sino que le agregó, a lo que yo ya conocía, nuevos y desconocidos aspectos escabrosos. Pero me estoy adelantando en la narrativa.

Piantoni (h) me indicó que llegaría el jueves 15 de marzo a las 12 horas y que se hospedaría en el Hotel Las Naciones de Corrientes 818 y me adjuntó en su mensaje el número de teléfono celular 0223-155-763131. Le contesté que a su llegada al hotel me comunicaría telefónicamente con él para dejarle saber donde nos veríamos.

Aunque estoy convencido de que no debe transferirse las culpas de los padres a los hijos, el tenor de las comunicaciones con Agustín Piantoni y mis experiencias anteriores me hicieron ser cauteloso. Pesaba también lo que me había dicho alguien en la fiscalía que tiene el caso, cuando le dije del pedido de entrevista, de que le sugiriera a Piantoni (h) que si tenía algo que aclarar lo hiciera ante el juzgado, creo que pensando ante todo en mi seguridad física.

Cuando Agustín Piantoni llegó a Buenos Aires, lo llamé por teléfono y le comuniqué que un par de amigos míos lo recogerían en el hotel y lo conducirían al lugar de reunión.

Así sucedió. Pero desde el hotel, uno de mis amigos me llamó por teléfono para preguntarme si no tenía problema en que Agustín Piantoni acudiera a la cita acompañado de otra persona, su hermana Maria Dolores Piantoni. Dije que no tenía inconvenientes. Mis amigos se aseguraron que ambos no portaran armas y les pidieron que se identificaran. Luego los condujeron dando algunos rodeos para asegurarse que no eran seguidos, hasta un lugar de comidas rápidas que jamás he frecuentado, y que probablemente jamás volveré a frecuentar, y que me pareció un lugar adecuado para la entrevista, McDonalds, a pocas cuadras del hotel donde paraban los hermanos Piantoni.

Mis amigos les preguntaron si no tenían inconvenientes en que fotocopiaran sus documentos de identidad, a los que los Piantoni accedieron diciendo “que comprendían que tomaran esos recaudos”. Ambos ofrecieron sus cédulas de identidad que los identificaban como María Dolores Piantoni, 35 (nacida el 12 de enero de 1972), soltera, domiciliada en la calle Avellaneda 1137 de la Ciudad de Mar del Plata y Agustín Ernesto Piantoni, 32 (nacido el 15 de junio de 1973), soltero, domiciliado en la calle Quemes 4061 también de la Ciudad de Mar del Plata. En el recuento de nuestra reunión se veré porque la fecha de nacimiento de los dos hermanos, y la de un tercero que no acudió a la cita, son de mucha importancia.

Una vez frente a frente, Agustín Piantoni no perdió tiempo en ir directo al grano. “Lo primero que quiero aclararle – me dijo – es la operación con Hugo Moyano y el gremio que conduce que no es para nada como fue retratado por la prensa.”

Debo haber hecho un gesto de extrañeza porque se apresuró a agregar que en realidad, la relación con Moyano había comenzado el año pasado, alrededor del mes de junio, cuando “Martínez, el hombre de Moyano en Mar del Plata” lo llamó por teléfono. “Me dijo que si no pasaba los trabajadores que eran del Sindicato de Comercio a su sindicato me iban a quemar cubiertas y hacer piquetes en la puerta.”

“Yo le dije que eso era un asunto que debían arreglar con los del Sindicato de Comercio… bueno, los de Comercio se abrieron, dijeron que no contestarían el reclamo de los Camioneros…” – no hice mas que mirarlo y luego continuó – “… en esas tratativas estábamos cuando les pregunte si no les interesaba comprar la propiedad de la Avenida Independencia que la teníamos cerrada desde que nos mudamos a los nuevos depósitos y oficinas hace años, a lo que me dijeron que consultarían en Buenos Aires.”

Después se apersonó Moyano y terminó las tratativas y para el mes de agosto la transacción estaba terminada. Le pregunte cuál había sido el precio de venta. Dudo por unos instantes y luego contesto “escrituramos por $900.000 dólares” es decir, casi tres millones de pesos (al cambio oficial en estos días, 2013 constituyen 4.7 millones de pesos, al dólar paralelo o ¨Blue¨ esos dólares constituirían hoy 9 Millones de pesos). Según como se mire una ganancia para los Piantoni de entre 50% y 300% en seis años.Nada mal para una propiedad que valía en ese tiempo la mitad del precio pagado.

¿Cuál fue el precio real? Pregunté sabiendo que las escrituras no dicen el precio real pagado en este tipo de operaciones, sino el que se pacta que aparezca como tal. Agustín Piantoni me aseguró que el precio de la escritura había sido el precio real y que “incluso tuvimos que hacer una doble escrituración ya que la propiedad estaba a nombre de mi abuelo y tuvimos que escriturar a nombre la sociedad y luego a nombre de la organización de Moyano”.

¿En que se diferenciaba esta historia de lo que yo había dicho a la prensa? En febrero, varios medios de difusión habían reproducido un comentario mío en el que afirmaba que “Moyano había hecho una operación millonaria con la familia de un jefe de la CNU/Triple A” No conocía el monto de la operación, pero sabía que se había hecho. Le pregunte a Piantoni (h) donde difería lo que él me contaba con lo relatado por la prensa. Contesto que “la empresa siempre fue apolítica. Nunca tuvo nada que ver con las actividades de mi padre.”

Se hacían reuniones de la CNU y luego de los integrantes de ese grupo que se sumaron a la Triple A en esa misma propiedad de la calle Independencia que ahora usted le vendió a Moyano, le dije. Es casi seguro que de esas reuniones participó también Moyano, y otros sindicalistas de la CGT local, le agregué, y es imposible que Moyano, un hombre que se reunía con su padre todas las semanas (Piantoni era asesor letrado de la CGT local de la cual Moyano era un alto dirigente) no supiera que estaba haciendo negocios con la empresa de su padre, terminé. “¿Usted dice en los departamentos de arriba?... Mi padre tenía llaves de la propiedad, esas reuniones se hacían sin que supiera la empresa…” - contestó Agustín

El autor durante la conversación con los hijos del Dr. Ernesto Piantoni, jefe de la CNU/Triple A

Su padre era parte, socio, de la empresa, junto a su hermano y su abuelo, aclaré. Allí, Agustín apeló a una historia que era casi tan fantástica como el contarme que de una operación de chantaje para ganar unos pocos afiliados nuevos, Moyano había pasado en pocas semanas a pagarle millones de pesos por una propiedad que no tenía en uso y estaba cerrada desde 1997 y para la cual no se había encontrado comprador en casi una década. Moyano esta embarcado en una política de disputar afiliados a otros gremios, particularmente de los Mercantiles, pero nunca ha pagado un precio tan alto por tan pocos. Ni los Mercantiles se han retirado sin resistir como afirmó Piantoni que lo hicieron en esta oportunidad.

Según Piantoni (h) a su padre, el jefe de la CNU/Triple A, nunca le había interesado la empresa ni nunca se había ocupado de ella. “Solo le interesaba su actividad” a la que describió como “política” . Le recordé que, sin embargo, recibía dinero mensual de esa empresa a lo que contestó “porque era socio, pero era una suma mensual pequeña” pregunté cuanto, pero afirmó no saberlo. Le pregunté sobre las declaraciones de quienes afirman que vehículos de la empresa habían sido utilizados en acciones de la CNU y la Triple A. “Se usaron sin conocimiento de la empresa. La empresa, como tal, era y es apolítica.” Según Piantoni (h) la empresa entonces era su abuelo y su tío. Me aseguró que ellos nada tenían que ver con las actividades de su padre.

Le pregunté como había llegado a dirigir la empresa si a su padre nunca le había interesado y supuestamente tenía intereses menores en la misma. Me dijo que su abuelo le había transferido acciones a su nombre y el de sus hermanos.

Le pregunté porque quería tanto separar las actividades de su padre de la empresa. “Nuestra empresa representa a muchas compañías importantes. Y lleva el nombre de Piantoni Hnos., la publicidad que el caso de la Triple A y la relación con el apellido de mi padre nos está trayendo problemas comerciales y algunas de la empresas, debido a la publicidad podrían decidir suspender los contratos que tenemos con ellas” – me explicó.

Según la pagina Web de la empresa, Piantoni Hnos. fue fundada en 1939 “dedicada desde esa fecha a la comercialización y distribución de productos de consumo masivo como cigarrillos, tabacos, pilas, golosinas, productos de perfumería, limpieza, galletitas, bebidas, telefonía celular, etc.” Y en los últimos años también se ha abocado a actividades inmobiliarias y financieras.

Según la información de la empresa, “Piantoni Hnos. es distribuidor exclusivo en Mar del Plata y la costa atlántica de Massalin Particulares desde hace más de 25 años, habiendo recibido recientemente el premio Excalibur de Massalin Particulares a la excelencia en cobertura de distribución dentro del grupo Polo Team (clientes preferenciales) durante tres años consecutivos. También es el más importante distribuidor de las otras tres empresas del grupo Philips Morris (Kraft Suchard de Argentina, Alimentos Especiales S.A. y Nabisco-Terrabusi) en esta zona del país.”

La cobertura geográfica de Piantoni Hnos. S.A., según los documentos de la empresa “se extiende hasta las ciudades de Balcarce, Miramar, Pinamar y Villa Gesell, donde posee sucursales con repartos a domicilio que cubren localidades y parajes cercanos a cada una: Batán, Vidal, Pirán, Mechongue, Otamendi, Ostende, Valeria del Mar, Cariló y General Madariaga. Desde Mar del Plata comercializa con clientes ubicados en las ciudades de Dolores, Bahía Blanca, Azul, Tres Arroyos, Tandil, Olavarría, Ayacucho, Bolívar y Necochea. Realizando en todos los casos atención personalizada.”

La empresa liderada ahora por Agustín Piantoni, también representa a “empresas líderes como Gillette Argentina y Duracell, Cadbury-Stani, Unilever, Warner Lambert (Adams S.A.), Bagley, Bonafide, Arcor, Felfort, Kodak, Fuji, Cia. Sudamericana General de Fósforos, Bic, Naipes Casino, Buhl (preservativos Prime), Cidal, Colgate, Palmolive, Caramelos Lipo, Ambrosoli Arg., Georgalos, Alfajores Jorgito, Canale, Bizcochos 9 de oro, Las Marías (taragüi), Coca Cola, Pepsi Cola, Cervecería Quilmes, Gatorade, Refinerías de Maiz, Jugos Baggio, Ferrero Argentina, Efem, Pox, Hershey's, telefonía celular y otros.”

Y la misma documentación de la empresa aclara que “cuenta dentro de sus clientes con kioscos, polirrubros, drugstores, supermercados, estaciones de servicio y petit mayoristas (entre otros)”. y que a los mismos les brinda sus servicios “como entrega a domicilio, que se realiza con una fuerza de 46 vehículos dedicados a la distribución y entrega de mercadería.”

Según la información publica que brinda la empresa cuenta con seis depósitos y salones de venta directa en Av. Colón 5861, su casa central desde 1997 (de 2.400 metros cuadrados y secciones de cargas para 10 camiones simultáneamente), Av. Independencia 1441 y Av. J. B. Justo 2401, en Mar del Plata y sucursales de su propiedad en Balcarce, Villa Gesell y Miramar.

De acuerdo a Piantoni Hnos. también cuentan “con un grupo de marketing dedicado al asesoramiento e instalación de P.D.V., ayudando a nuestra fuerza de venta, a nuestros clientes con ofertas, promociones, degustaciones, concursos, etc. También disponemos de una línea gratuita de pedidos (0-800-77-Piantoni), información de los productos, financiación, recepción de pedidos vía E-Mail, conexión directa con las empresas fabricantes mediante salones de exposición y ventas de pretemporada organizadas por Piantoni Hnos.”

Una empresa, en fin, con miles de clientes, cuyos productos de consumo masivo se distribuyen por millones cada mes, centenares de proveedores de primera línea a quienes representa en muchos casos ejerciendo un virtual monopolio en una región con mas de 2 millones de habitantes regulares y entre 4 y 5 millones en épocas veraniegas, con una nomina de entre 300-500 empleados (dependiendo la época del año e incluyendo muchos temporarios, degustadores, promotoras, etc), con capital invertido de decenas de millones de pesos y un giro anual de centenares de millones era la preocupación central de Agustín Piantoni y ese imperio era el que quería desasociar del apellido paterno para evitar las potenciales perdidas que ser identificado con la Triple A y sus crímenes de lesa humanidad le pudiese acarrear. Le pregunté entonces porqué no acudía al juzgado o a los medios de difusión para aclarar todo lo que quisiera aclarar.

“Cualquier cosa que quisiera aclarar sería un reconocimiento de culpa. O al menos así sería percibido públicamente” dijo, y luego aclaró que “no tengo acceso a los medios de difusión. Por lo demás, ir al juzgado… ¿a qué?... solo generaría mas publicidad negativa para la empresa y se la vincularía aun más a mi padre” Me sorprendió que un empresario que invierte millones en publicidad y en actividades de relaciones publicas sostuviera que no tenía “acceso a los medios de difusión” pero aun mas su empeño en proteger el dinero y la empresa sin siquiera atinar a defender, negar o mediatizar los hechos imputados a su padre.

Les pregunté a ambos hermanos que querían de mí. “Nos parece justo que usted investigue lo que le pasó y lo denuncie, pero le pedimos que deje de nombrar a nuestro padre” me dijo Maria Dolores Piantoni. Observe el hecho de que Piantoni padre había sido el que me mandó matar y que también había ordenado el asesinato y secuestro de muchos otros. “Pero él esta muerto” – apunto Agustín – “y hay muchos otros que siguen vivos y en libertad. Nosotros podríamos colaborar con usted en que haga sus investigaciones sobre aquellos que aun están vivos.”

Pregunté si tenían información de los colaboradores y subalternos de su padre que me pudiesen servir y no contestaron. Les pregunté sobre el sindicado como sucesor político y militar de su padre, el abogado Gustavo Demarchi. Allí el tono tanto de Agustín como de Maria Dolores cambió radicalmente y me hablaron con cariño del que ahora es imputado de muchos crímenes similares a los de su padre. “Mi madre y nosotros estamos muy agradecidos a Demarchi, siempre estuvo presente y nos acompañó solidariamente. Nos venía a ver a menudo después de la muerte de nuestro padre” dijeron. No insistí en tratar de conocer como “colaborarían” entonces con la investigación “de los que todavía están vivos y en libertad” porque imagine una respuesta que terminaría abruptamente con la entrevista.

Les pregunté sobre su relación con su padre… “Lo sentimos ausente…” dijo Maria Dolores “… una sensación de abandono.” Tal vez, pensé, sienten la ausencia de quien fuera asesinado, culparían a los autores de su muerte. Nuevamente me equivoqué y aquí vino el dato revelador sobre las actividades criminales de su padre y su relación con las fechas de nacimiento de los tres hermanos. “Mi padre nunca estuvo en el nacimiento de ninguno de nosotros” – explicó Agustín – “No estuvo en el nacimiento de Maria Dolores porque estaba ocupado en el caso Silvia Filler.” En efecto, su padre tomó la defensa de los acusados por el asesinato de la estudiante Silvia Filler a fines de diciembre de 1971. Oscar Corres, Juan Carlos Gómez y otros eran a su vez sus camaradas de CNU, sus subalternos y sus clientes. El Dr. Ernesto Piantoni se enfrascó día y noche para defenderlos de la justicia incluso viajando a Buenos Aires donde Gómez fue apresado cuando se ocultaba, con el apoyo de la CNU, en la casa del conocido terrorista de ultraderecha Alejandro Giovenco. Maria Dolores nació pocos días después del asesinato y su padre no tuvo tiempo para estar allí. La defensa de los asesinos también implicaba la defensa de su propio papel como jefe de los mismos. Las prioridades estaban claras para el Dr. Piantoni.

¿Y usted? Le pregunté a Agustín. “En mi nacimiento, mi papá estaba todavía en Buenos Aires donde había ido días antes y se quedó allí hasta después que yo nací... por el asunto ese de Ezeiza” Agustín nació el 15 de junio de 1973, cinco días antes de la Masacre de Ezeiza. El Dr. Ernesto Piantoni, Héctor Corres y Juan Carlos Gómez (que ya habían sido liberados de la cárcel gracias a la amnistía del entonces presidente Héctor Cámpora), el conocido terrorista de ultraderecha y amigo de Piantoni, Alejandro Giovenco y otros cincuenta o sesenta miembros de la CNU habían viajado a Buenos Aires para participar “en el asunto ese” , es decir de la planificación y ejecución de la Masacre que se desencadenó durante el regreso del Gral. Perón a la Argentina. En esa masacre, los federados de la JSP, COR, CNU, CdeO y otros grupos de la ultraderecha peronista asesinaron entre 100 y 300 miembros de la organización peronista de izquierda Montoneros y sus afiliados de superficie. Para muchos, este fue el bautismo de fuego de lo que luego constituiría la Triple A. El Dr. Piantoni había antepuesto sus “tareas”, una vez más, al nacimiento de su segundo hijo.

¿Y en el nacimiento de su tercer hermano? - pregunte. “Cuando falleció se dirigía a la clínica donde nació mi hermano menor” contestó uno de mis dos interlocutores. Les pregunte porque usaban el verbo “fallecer” para referirse al asesinato de su padre en marzo de 1975. Ambos se miraron e hicieron gestos como no entendiendo la pregunta. Supuse que era una forma de sobrellevar la carga.

Me animé entonces a hacerles la que yo consideraba la pregunta más difícil: ¿Qué opinan ustedes de lo que era e hizo su padre? Los dos me contestaron con el mismo cliché pre-concebido que parecía la letra asignada para responder a semejante pregunta incómoda. “Una persona que muere por lo que piensa, merece respeto.” Me abstuve de comentar que personajes como Hitler probablemente también habían muerto por lo que pensaba pero eso no los hacía menos repugnantes. El tono casi impersonal con que ambos respondieron la pregunta no daba margen para insistir.

En realidad, el único gesto, casi fugaz, de emoción en sus rostros lo dio Maria Dolores cuando me observó que ella había sentido mucho “cuando usted lo comparó en un reportaje con Jack el Destripador” . Me pareció por un instante que echaría una lágrima, pero su hermano de inmediato le hizo un gesto como dejando de lado el comentario y le echo una mirada que no era severa, pero implicaba una orden de detener la escena. Había quedado claro que la preocupación central de quienes me pidieron la entrevista fue el de salvaguardar la herencia en la forma de una pujante compañía que les había dejado su padre y su abuelo. Y en la defensa de ese patrimonio no había cabida para los sentimentalismos. Piantoni Hnos, monopolio de cigarros y caramelos es, sin embargo, el símbolo emblemático de lo que protegían el estado y sus bandas criminales de la Triple A. ■


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