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Izquierda Info - Entrevista a la esposa de Rodolfo Almirón
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NacionalesEntrevista a la esposa de Rodolfo Almirón

Jueves 13 de marzo de 2008
“Necesitan un cabeza de turco”
CRITICA

Desde Valencia, y a pocos días de la extradición de su marido a Buenos Aires, Ana María Gil Calvo cuenta su versión de la causa en la que se acusa al ex subcomisario de delitos de lesa humanidad. Dice que el juicio es ilegal.

La señora Ana María Gil Calvo cree que la extradición de su marido, Eduardo Almirón Sena, a Buenos Aires es ilegal. “Eliminaron de la causa el documento del consulado argentino que lo consideró ‘apátrida’ y le negó la nacionalidad.” Además, para ella, el viaje no tiene sentido. “Él no es consciente de que tiene que ir a la Argentina”, afirmó a Crítica de la Argentina en una entrevista telefónica desde España.

-¿Por qué no es consciente?

-Es como un niño de tres años. No sabe ni sumar ni restar. No tiene memoria, ni a corto ni a largo plazo. El año pasado fui a la cárcel y le dije que había muerto Morales (el ex jefe de custodia de Isabel Perón) y se sorprendió. A la semana siguiente volví a darle la noticia y me dijo: “¿Cómo que murió Morales?”. Lo llevan para matarlo.

-¿Por qué dice eso?

-Porque está muy deteriorado. Él sufrió embolia cerebral en 2003, pero con los años se fue recuperando. Pero en este año de cárcel le suprimieron la rehabilitación física y psíquica. Su cerebro sufrió pequeños infartos, porque las arterias no le llevan la sangre. Es un enfermo de alto riesgo. Le puede reventar una arteria en el vuelo. No va a aguantar.

-¿La justicia española no le realizó exámenes?

-Ni el fiscal ni el juez le hicieron análisis rigurosos. Reconocen que es hipertenso y que sufrió infartos, pero nada más.

-¿Usted va a viajar con él?

-No, que se haga responsable de su muerte el Estado argentino. O Zapatero. Porque Almirón es español.

-¿Cómo conoció a Almirón?

-En un viaje en avión. Yo era azafata de Aerolíneas Argentinas. Iban para Libia con López Rega. Nos pusimos de novios.

-¿Nunca le impresionó la acusación de que formaba parte de la Triple A?

-Mire, él llegaba a las 6 de la mañana a Olivos, acompañaba todo el día a López Rega y a las 10 de la noche me llevaba a mi casa de Castelar. Lo de la Triple A es una mentira repetida que se fue convirtiendo en verdad. No tenían infraestructura para matar. No se buscó por el lado que correspondía, que eran las Fuerzas Armadas. Almirón no va a hablar, porque ya no puede. Podría haber hablado antes, pero nunca lo buscaron. Él sabe de dónde venían las cosas. Podría haber dado los nombres de la Escuela de Mecánica (de la Armada).

-¿Usted nunca sospechó de él?

-¿Usted cree que se puede llevar una doble vida? No se puede atender la seguridad de un lugar y andar eliminando gente en otro. O se es paramilitar o se es guardaespaldas.

-¿Pero Almirón no mató al padre Mugica? El identikit del asesino y la foto de su marido son parecidos.

-Él cobraba dietas por los traslados que hacía. Se puede reconstruir día a día dónde estaba. No tenía nada contra el cura ese. Además, si lo hubiera tenido lo habría resuelto de otro modo. Las cosas no se resuelven con cuatro tiros. Él lo que hacía, lo decía.

-Entonces reconoció el crimen del teniente de la Fuerza Aérea norteamericana Earl Davis, en el año ’64.

-(Se sonríe con picardía...) Eso fue en la boite Reviens, en Olivos. Él solía empezar las grescas pero no las terminaba. Podía hacer “picar” a los demás para que hicieran algo... En algún momento le contaré cómo fue.

-¿Él hablaba de política con usted? ¿Tenía alguna ideología?

-Claro. Él era peronista. Pero peronista de Perón. De la doctrina. Él estaba en el Ministerio (de Bienestar Social) por Perón. Con López Rega estaba sólo por trabajo, y le brindaba una custodia excelente. Recuerde que a López siempre le querían poner una bomba.

-¿Qué impresión le dejó López Rega?

-Yo lo conocí mucho y me llevaba mal. A López se lo puede acusar de un montón de cosas, pero era un inútil y vanidoso. Cuando le daba al cognac y se ponía pesado, se creía sabio o un vidente. Y no era nada de eso. Mi marido tampoco andaba bien con él. Él nunca aceptó sobornos. Es más, podría haber sacado sus beneficios... como hizo López Rega, que siempre se llevaba alguna que otra maleta del Ministerio.

-¿Ustedes lo acompañaron en el ’75, cuando López se escapó de la Argentina?

-Sí, fuimos a vivir a Madrid en la residencia de Perón, en Puerta de Hierro. Después estuvimos en Ginebra, pero mi marido dejó a López Rega y volvimos a Madrid.

-¿De qué vivía Almirón en España?

-Daba cursos de seguridad a los custodios de Felipe González. Allá estaban muy en el aire. Él empezó a blindar vehículos, organizar los turnos. Era un experto en seguridad. Mire, si hubiera sido jefe de la Triple A, un genocida como dicen que es, lo hubiera hecho muy bien, hubiera sido perfecto.

-¿Después qué hizo?

-Pasó a trabajar de custodio de (Manuel) Fraga Iribarne, cuando era candidato opositor. Era su jefe de seguridad. Hasta que lo publicaron en un artículo en el año ’83 y saltó el escándalo. Nos quedamos sin trabajo otra vez. Ése era el momento para hacerle el juicio, pero entonces a la Argentina no le interesaba que Almirón hablara.

-¿Fraga Iribarne ayudó a su marido cuando se quedó sin trabajo?

-No. Los políticos son amigos en el momento que les interesa. Fraga lo dejó solo. Cuando no sirven más, los dejan. El padre de Ruiz Gallardón, que es un gran abogado, lo defendió pero murió. Y el hijo (Alberto, actual alcalde de Madrid), que como abogado deja mucho que desear, le dijo que le iba a conseguir trabajo, pero no lo hizo.

-¿De qué vivió Almirón después?

-Hizo trabajos de carpintería, fue albañil, trabajó en cafeterías, en la caja de un restaurante. Se las sabía arreglar muy bien, hasta que le dio la embolia cerebral en 2003. Quedó en silla de ruedas. Había que darle de comer... Después nos fuimos a Valencia para la rehabilitación, y con terapeutas y psicólogos se fue recuperando. Fue un milagro. Ya era un hombre independiente. Me hacía los mandados, traía el periódico.

-¿Llegó a conocer a Isabel Perón?

-Sí, le traje unas cartas que le escribió López Rega, antes del golpe del ’76. Ya estaba prácticamente capturada por los militares en Olivos. Me hice pasar por la masajista. Ahora fui a verla a Madrid, porque ella tiene los mismos cargos que mi marido, pero había salido. El arresto domiciliario para ella no corre. No la iban a hacer entrar en la cárcel... Necesitaban un cabeza de turco.

-¿Quién costea su defensa?

-El abogado Marcos García Montes. No nos cobra nada. Nos han quedado algunos amigos.

-¿Cómo era Almirón en el trato cotidiano con usted, en el matrimonio?

-La hemos pasado muy bien. En la última época construyó un bungalow todo de madera, también fabricó rifles y se federó en tiro con arco y flecha. Podía portar armas largas y cortas. Se entretenía. Él era incapaz de matar animales, pero le gustaba mucho el tiro al blanco. Es un excelente tirador. Yo me ponía una latita en la cabeza y me disparaba.

-Ésa no se la creo.

-¿Cómo no? Con el rifle de aire comprimido, desde 10 o 15 metros, respiraba hondo y tiraba. Yo le tenía mucha confianza. Almirón era una persona que hacía blanco en el canto de una moneda.

UNA HISTORIA

• Ella se conoció con Almirón en un viaje en avión. Era azafata de Aerolíneas Argentinas. Él iba para Libia con López Rega. Y se pusieron de novios.
• Su esposa cuenta que él cobraba dietas por los “traslados” que hacía. Y que se puede reconstruir día a día dónde estaba. Niega que él haya sido el verdugo del padre Mugica.
• En España, Almirón fue instructor de los custodios de Felipe González, y guardaespaldas de Fraga Iribarne. Cuando se supo su pasado, quedó sin trabajo y se hizo albañil y carpintero. ■


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