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Izquierda Info - Situación Mundial - Capítulos III, IV y V
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Que dice la Izquierda?Situación Mundial - Capítulos III, IV y V

¿En qué anda el mundo del Siglo XXI?

APUNTES PARA LA COMPRENSION DEL PRESENTE PERIODO Y SITUACION Y PARA LA RECONSTRUCCION DE UNA CORRIENTE REVOLUCIONARIA INTERNACIONAL

Por Carlos Petroni
I. Los 90: el fin de una época, el triunfo de la reacción
II. Los límites impuestos a la recomposición del movimiento de masas: la conciencia y la crisis de dirección

III. Nuevos proyectos de la izquierda radical
IV. El problema de conciencia agravado por el tipo de organización
V. Los países emergentes, re-distribución de las fuerzas productivas: China, Brasil, India
VI. El planeta en crisis.
VII. La segunda agonía mortal del capitalismo imperialista
VIII. Actual coyuntura económica política y social

IX. Tesis sobre la acción revolucionaria y el partido que necesitamos




III. Nuevos proyectos de la izquierda radical

La relativa recomposición del movimiento de masas en algunos países, la caída a pique de los regimenes y estados estalinistas y el giro a la derecha de la socialdemocracia dieron origen en la ultima década a una serie de experimentos de la izquierda que buscaba superar los problemas atávicos del pasado e interpretar la nueva situación político-social.

En forma correcta, aunque mayormente pragmática, muchas corrientes alrededor del mundo se lanzaron a luchar por la superación de la crisis de la izquierda provocada por las derrotas de la década de los 90.

Lo hicieron planteando “partidos de izquierda” de un nuevo tipo, generalmente apelando en lo formal a nuevas formas organizativas mas amplias. Casi todas estas experiencias también hicieron hincapié en el potencial de un desarrollo electoral como vehiculo de esa transformación. Los resultados, como veremos, dio un gran numero de fracasos y algunas experiencias aun no terminadas.

En Francia, pese a la votación espectacular que lograron en las presidenciales del 2002 y los subsecuentes conflictos y huelgas de masas contra el CPE, de los empleados públicos, del transporte, de estudiantes y aun de los jóvenes inmigrantes, Lutte Ouvriere (LO) y la Ligue Communiste Revolutionaire (LCR) no han avanzado notablemente.

Ambas sufrieron una hemorragia de votos y la perdida de posiciones logradas electoralmente en el pasado. LO acaba de sufrir una ruptura significativa en sus filas y la LCR ha propuesto disolverse como partido marxista revolucionario a favor de formar un nuevo, y más amplio, “partido anticapitalista”.

La propuesta, ni original ni errónea en si misma, no parece sin embargo estar destinada a sectores sociales concretos que estén rompiendo con los aparatos reformistas del PCF ni del ahora burgués PS.

En Italia, el PRC que había concentrado las esperanzas de un resurgimiento de una corriente de masas radical, independiente y marxista ante el pasaje a la socialdemocracia y posterior disolución del PCI, frustro esa experiencia al apoyar al gobierno de Prodi, los presupuestos de guerra para Afganistán y el control burocrático de sus estructuras para desplazar a toda corriente a la izquierda de su dirección ahora reformista.

Así, por lo menos tres corrientes le han abandonado formando nuevos, aunque pequeños, partidos de izquierda, trotskistas: Siniestra Critica, el PCL (Partido Comunista de los Trabajadores) y el PdAC (Partido de Acción Comunista) que no se espera obtengan, en total, más del 1% de los votos en las próximas elecciones.

El PRD de Indonesia, que hasta hace un par de anos, había concentrado la atención del movimiento marxista internacional como una posibilidad de reconstruir una izquierda marxista con cierto peso de masas, se divide con un sector mayoritario girando rápidamente hacia el oportunismo electoral y la búsqueda de alianzas sin principios, primero con un sector fundamentalista islámico y luego con un partido pro gubernamental y anticomunista. Un sector minoritario se escinde y forma el Pobres – PRD, aunque su fuerza esta limitada a dos provincias del país.

El Partido Comunista de Filipinas (PCP) y su ejercito guerrillero el NPA, que a fines del siglo pasado parecía haber resumido algunos de sus reflejos izquierdistas, ha regresado con furia a su maoísmo original y esta hoy envuelto en un escándalo de proporciones internacionales por el asesinato de oponentes de izquierda al giro oportunista de su dirección.

A pesar de que la represión del estado aun se concentra sobre el, el PCP conduce una política de amenazas de muerte y de asesinatos contra sectores escindidos del mismo que han formado una nueva organización y contra organizaciones de izquierda tales como el Partido Revolucionario de los Trabajadores y su ala militar; grupos guerrilleros de Mindanao, una fracción del Frente de Liberación del Pueblo de Cordillera y contra dirigentes de Akbayan, un amplio partido de izquierda.

La acusación del PCP contra estos izquierdistas es la típica del estalinismo de principios del reinado de terror de Stalin: los acusa de “trotskistas” e “infiltrados”. De acuerdo a varias fuentes independientes, el PCP habría asesinado en los últimos anos, unos 1.800 miembros de estas organizaciones.

El Partido Socialista Escocés (SSP por sus siglas en ingles) surgió como un partido amplio, de tendencias, socialista y radical creado inicialmente por la sección del CIT de Escocia que se escindió del mismo.

Luego se fueron sumando otros sectores de izquierda y llego a tener mucho arrastre electoral, logrando 5 diputados y varios concejales e influenciando sindicatos combativos.

Muchos partidos de la izquierda europea lo miraban como ejemplo y organizaciones tales como la LIT (CI), UIT y el USec lo mostraban como un ejemplo de partido amplio. Cerca del 10% de la población lo reconocía como su partido y su dirigente publico mas importante Tommy Sheridan, era un respetadísimo dirigente entre los trabajadores y ganaba fácilmente su re-elección al parlamento.

Hoy, Sheridan esta envuelto en un escándalo por supuestamente concurrir a “swing Clubs”, denunciado por la prensa sensacionalista y juzgado en la corte, donde muchos de sus propios camaradas sirvieron de testigos en su contra, y el partido que fundo, el SSP, y el que creo al separarse de el, el SP (Solidarity Party) yacen en ruinas. Sheridan gano el juicio por calumnias contra la prensa sensacionalista solo para ser juzgado, junto a su esposa y suegro, por haber mentido durante el juicio.

De insurreccionalista desde la jungla a las ciudades al control de un pequeño territorio campesino; de prometer la revolución socialista en México a aspirar a publicar los poemas de su líder; el posmodernista neo Zapatismo del “Subcomandante Marcos” fue fiel a sus consignas de negar “el sujeto histórico de la revolución” y renunciar a la lucha por el poder.

Como una ONG de la política “revolucionaria”, el EZLN yace inerme como mero comentarista de los sucesos que suceden en América, su apoyo de masas desvanecido y frustrado, verdadero monumento a las ideas vacías de Holloway de “tomar el poder sin tomarlo.”

El neo-Zapatismo había sido precedido por la disolución en el PRD de Cuahtemoc Cárdenas de toda la izquierda en 1988-90 (PSM, PMT, PRT, etc.) solo para servir en sus filas a un nuevo proyecto burgués de recambio al PRI desde la “izquierda” liberal, compitiendo en ello con el PAN a su derecha.

En la Argentina, Luis Zamora se escinde del Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) y crea Autodeterminación y Libertad (AyL) en el 2001, obteniendo decenas de miles de votos en la Capital Federal y siendo electo Diputado Nacional en sucesivas elecciones.

Otros tres militantes de AyL son elegidos también al Congreso y media docena asumen como legisladores porteños. Despotricando contra la izquierda a la que llama “aparatos burocráticos”, Zamora se erige durante tres anos como la esperanza de regeneración de esa izquierda.

Solo para auto destruirse por establecer una dictadura familiar junto a su esposa de la nueva organización, expulsar disidentes y adoptar una política general errática. Todos sus diputados y legisladores se pasan de partido o renuncian a AyL con excepción de la esposa de Zamora y otro legislador. Ahora, AyL esta envuelto en una lucha fraccional que enfrenta al dirigente del mismo con su ahora ex esposa.

Aquí es necesario plantear otras dos experiencias en curso que aun mantienen una iniciativa de cierta atracción: el PSOL de Brasil y el Partido de Izquierda en Alemania, y otra que, a pesar de haberse pronunciado por una “Nueva Izquierda” aun parece no haber despegado: el MST de Argentina.

El PSOL brasileño fue formado hace dos anos cuando una serie de congresistas del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) fueron expulsados del mismo por no apoyar las medidas contra la seguridad social de los empleados estatales impulsadas por el gobierno de Lula.

En las presidenciales del 2006, el PSOL presentó a Heloísa Helena como candidata obteniendo 6.5 millones de votos (6,85%) aunque esos resultados no lograron ser replicados por otros candidatos locales.

En el PSOL conviven por lo menos 9 tendencias, la mayoría de ellas se reivindican trotskistas, pertenecientes a media docena de agrupamientos de ese origen ideológico a nivel internacional y todas las tendencias tienen cierta representación proporcional en los órganos de dirección del partido.

El PSOL cuenta actualmente con un senador y tres diputados federales.

En la última elección presidencial, sus nominados fueron apoyados por el también trotskista Partido Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU) y el más pequeño Partido Comunista Brasileño (PCB).

El PSOL, como así también el PSTU y el PCB, ejercen una oposición por la izquierda al gobierno de Lula aunque ninguno de los tres plantean el carácter imperialista del Brasil. De esta forma, su oposición política se reduce a una serie de reivindicaciones sindicales y el apoyo a las luchas juveniles, de genero, campesinas y de los grupos étnicos.

Esta por verse, por último, como se desarrollan las diferencias internas donde una mayoría se declara chavista y una minoría tiene una postura critica hacia el líder venezolano. La tolerancia de tendencias internas aún no ha atravesado una seria polémica interna, por lo que es difícil de predecir el futuro del partido.

El Partido de Izquierda Alemán es el resultado de una fusión entre un ala sindicalista de la socialdemocracia, las estructuras del ex Partido Comunista y un pequeño sector trotskista ligado al SWP inglés. En las últimas elecciones de algunos estados dejo atónitos a los observadores por obtener entre el 5 y 7 % de los votos.

Actualmente, las encuestas le asignan hasta el 12% en la eventualidad de una elección nacional. Lo heterogéneo de esta formación lo pre-anuncia más como un bloque electoral y como una variante de “recuperación” del espacio socialdemócrata tradicional.

El MST argentino ha lanzado la propuesta de “construir una nueva izquierda” y se ha pronunciado por el abandono del “sectarismo” que predomina en la izquierda de ese país y más recientemente ha clarificado que su propuesta se dirigiría hacia la construcción de un polo, hasta ahora definido sólo electoralmente, al que podrían incorporarse el Partido Solidaridad e Igualdad, Proyecto o Movimiento Sur y personalidades independientes como la recientemente electa legisladora de origen peronista Patricia Walsh.

En el plano sindical, el MST impulsa la coordinación con sectores disidentes de la burocracia sindical y sectores clasistas. Este proyecto esta lejos de corporizarse y el reciente apoyo del MST a la lucha de los sectores que encabezan el lockout agrario parece haberlo congelado temporariamente. El MST domino un agrupamiento sindical, el Movimiento Intersindical Clasista (MIC), que termino desapareciendo por no poder resolver sus diferencias tácticas en el trabajo sindical entre sus partes.

Mas allá de los fracasos de algunos de estos proyectos, la falta de definición de otros y hasta independientemente de la posición critica que tengamos hacia ellos, es necesario evaluarlos como la punta de un témpano que emerge, de reconsideración, realineamientos y experimentación de la izquierda tratando, aunque en forma confusa y programáticamente insuficiente de encontrar una salida a la crisis de la izquierda global. Si no es la cura, al menos pertenece a la sintomatología.

IV. El problema de conciencia agravado por el tipo de organización

¿Cuál fue la razón o razones del quebranto de tantas experiencias de los fines del siglo pasado y los comienzos del actual? En gran medida se debió a que todos estos proyectos que se presentaron como “nuevos” apelaron a los métodos organizativos, la teoría y el programa de lo viejo.

En general, aplicando normas burocráticas de funcionamiento, repitiendo formulas heredadas de las corrientes de la que provenían e impulsando por encima de las masas, y la propia organización, la erección de lideres individuales.

Esto explica en gran medida los fracasos, pero también influyeron notablemente en ellos el retraso de la conciencia, la regresión de la misma, provocada por la década de los 90s y el fin de una época.

Y es que, de acuerdo con Trotsky, la clase trabajadora avanza por aproximaciones sucesivas a sus nuevos estadios de conciencia. Estas aproximaciones sucesivas pueden ser evolutivas o provocadas por saltos revolucionarios en la acción de las masas.

De ningún modo pueden forzarse por la acción subjetiva ni simplemente representarlas con la retórica revolucionaria o la simple propaganda.

De la misma forma, la regresión de la conciencia se produce por grandes derrotas, la inhabilidad de las masas por superar la reacción y la contrarrevolución y por el desanimo y el cansancio que ello representa en las masas.

Contrariamente a lo que podría pensarse, planteaba Trotsky, las derrotas no traen consigo el reemplazo de las viejas direcciones que las hicieron posible, sino su reforzamiento. En el caso que nos ocupa, la revalidación de los viejos métodos burocráticos y programas obsoletos.

Luego de la derrota de la revolución alemana y otras en el periodo 1848-51, Marx recomendaba hasta un cambio en el lenguaje utilizado por los revolucionarios para interpretar la nueva situación evitando los excesos retóricos que serian ignorados por los trabajadores y expondrían a los revolucionarios a su aislamiento.

Sin abandonar las causas centrales de la revolución, Marx sugería una adaptación táctica en la propaganda. En nuestra contemporaneidad, las organizaciones que se reclamaban revolucionarias o al menos radicales continuaron como si los sucesos de la década del 90 no hubiesen ocurrido y no nos enfrentáramos a un nuevo mundo, con nuevos desafíos teóricos y políticos, nuevas cuestas que sobrellevar en el movimiento obrero y de masas y la necesidad de plasmar las lecciones de la derrota en la creación de organizaciones revolucionarias de nuevo tipo.

Ni Marx, ni Trotsky fueron escuchados aunque muchos continúan erigiendo templos en su memoria.

Así algunas corrientes adoptaron posiciones ultra izquierdistas y otras, presionadas por el cambio de la situación, giraron al oportunismo.

El desarrollo de la conciencia tal cual se manifiesta hoy día pasa por la creación del neo-social democratizado Foro Social Mundial, que no por casualidad, es organizativamente fuerte en Europa y Latinoamérica.

El FSM expresa claramente que el reanimamiento del movimiento de masas pasa en este instante histórico por el sindicalismo europeo, el reformismo político, los gobiernos populistas del tipo de Chávez Morales y Herrera en Latinoamérica y el FSM.

Esto, por supuesto, esta muy lejos de lo que desearíamos, pero es el punto de partida que no se puede ignorar. Superarlo requiere no solo de la preservación de una estrategia revolucionaria, sino de una serie de tácticas de exigencias y desenmascaramiento de las direcciones actuales que no pueden saltearse como si no existieran.

La táctica estratégica del viejo estalinismo del “frente popular”, la unidad de los movimientos y organizaciones obreras con una supuesta burguesía progresiva, responsable de los desastres de las revoluciones desde la década de los 30, aparece hoy como aceptada por organizaciones de izquierda que no tienen un pasado estalinista.

Así, el PRT y el PMT mexicanos se unieron al PRD, un partido burgués escindido del PRI; el PSTU brasileño llamo a votar en segunda vuelta por la candidatura de Lula mientras DS participaba de su gobierno; al pasarse la socialdemocracia totalmente al plano de organizaciones burguesas, el “apoyo táctico” de organizaciones de izquierda a sus candidatos en España, Francia e Inglaterra se convierte en una traición; el entrismo que practican organizaciones como Struggle en Pakistán en el partido burgués reaccionario de los Bhutho o el apoyo al gobierno o su oposición oligárquica agraria en Argentina, son todos fenómenos de capitulación a la burguesía, adoptando sino la herramienta definida al menos la metodología estalinista del frente popular.

V. Los países emergentes, re-distribución de las fuerzas productivas: China, Brasil, India

Los economistas burgueses y ministros de economía gustan de hablar de los “países emergentes” dando definiciones vagas e introduciendo en la lista de los mismos un número creciente de tales países sin discriminar entre desarrollo de las fuerzas productivas y el simple “crecimiento” de sus economías.

Para los marxistas, los países emergentes son aquellos en los cuales se han re-organizado fuerzas productivas desplazadas del centro a la periferia del imperialismo (norteamericano o europeo) produciendo una relativa fusión con capitales “nacionales” y la creación de parámetros económicos tendientes a independizarse y tomar dinámica propia.

Esto no significa en modo alguno el crecimiento de las fuerzas productivas a nivel global, más allá de guarismos vegetativos, sino una transferencia y re-organización de las mismas. Proceso realimentado también por el colapso de una serie de países y regiones, particularmente, pero no exclusivamente, de África.

Según el ideólogo imperial británico Robert Cooper, que fuera en su momento uno de los principales asesores de Tony Blair, esta reorganización global comprendería una nueva división del orbe en tres zonas determinadas:

a. Países de una zona pre-moderna incluyendo las ex colonias agotadas por el dominio imperialista y la continuación en la forma del neocolonialismo; estados colapsados por una combinación de factores económicos, políticos y sociales y descendiendo rápidamente hacia la barbarie y en donde los estados han fracasado y su inexistencia o fragilidad extrema es evidente tal y como sucede en muchos países de África y algunas regiones de Asia y Latinoamérica. Para ella, Cooper propone “un nuevo tipo de imperialismo” similar a la intervención multinacional de Afganistán.

b. Una zona moderna compuesta por estados que aún mantienen su credibilidad y autoridad, liderado por los EEUU en donde se aplican todavía los métodos del imperio tradicional y la supremacía de los intereses nacionales. El clásico Uber Alles de la vieja Alemania de Bismarck y Hitler o el presente disfrazado Destino Manifiesto de los EEUU.

c. Zona postmoderna, en la que pone como ejemplo a la Unión Europea de mutua interferencia acordada para luego beneficiarse con la apropiación de los mercados extra europeos y proceder a la distribución de los beneficios. Una multinacional imperial operando a través de las instituciones multilaterales financieras y depositando más poder en organismos supranacionales. Es lo que él llama “El nuevo imperialismo liberal”.

Cooper afirma que el desafío del mundo post modernista es acostumbrarse a la idea de la duplicidad. “Entre nosotros – afirma – operamos en base a la ley y la idea de la cooperación abierta en seguridad. Pero cuando tratamos con los estados de tipo antiguo fuera del mundo postmoderno europeo, necesitamos revertir a lo métodos más duros de una era anterior: usar la fuerza, los ataques preventivos, el engaño, lo que sea necesario para lidiar con aquellos que todavía viven en el Siglo XIX en donde cada estado miraba sólo por si mismo. Entre nosotros, mantenemos el imperio de la ley. Pero cuando operamos en la jungla, también tenemos que usar la ley de la jungla”.

Si aceptamos la definición que damos sobre países emergentes podremos concentrarnos en tres de los más poderosos países de este tipo de las últimas décadas: China, Brasil y la India. La importancia crítica de estos tres países lo da el hecho que ellos, junto a los EEUU, la Unión Europea, Japón y Rusia constituyen el 80 por ciento del PBI, y alrededor del 55% de la población mundial y el 70% del proletariado industrial. El surgimiento de estos países pone fuera de equilibrio el imperialismo del tipo norteamericano pero fuerza también al multilateralismo europeo a ajustarse a normas que lo distraen del esquema prolijo de Cooper.

A los empujones, estos tres elefantes quieren un lugar en el “concierto de naciones”, la economía mundial, el mundo de las finanzas, un puesto permanente en el Consejo de Seguridad y convertir el G-8 en G-11. El surgimiento de los “países emergentes” como potencias de propio derecho hace caer el edificio de naipes de Cooper. Es un reconocimiento tácito de que la permanencia del sistema capitalista e imperialista de viejo cuño es el responsable directo de los países en franca disolución y las economías exhaustas.

Los “países emergentes” son la prueba viviente e histórica de las posibilidades de recuperación de regiones enteras bajo paradigmas económicos nuevos como la revalorización de las “commodities” agrarias, los bio combustibles, las crisis de la producción basados en los obsoletos hidrocarburos y la lucha frontal entre países por el agua, la alimentación y la tecnología.

En ausencia de un modelo alternativo al capitalismo, los “países emergentes” luchan por un lugar en él, agudizando las contradicciones inter imperiales y fomentando nuevas competencias comerciales, políticas y financieras, introduciendo una cuña de crisis en el “mundo postmoderno” delineado por Cooper.

Una crisis por demás insalvable sin el socialismo, pero una que desagregara al mundo “globalizado” con nuevos enfrentamientos entre los países poderosos entre sí, incluidos los emergentes, y entre estos y el mundo semicolonial.

La perfecta armonía y sincronización del grupo de países imperiales agrupados en la UE y con aliados como EEUU no tiene el más mínimo futuro histórico, más que la reproducción de los conflictos que llevaron al mundo a dos catástrofes como las guerras mundiales.

China: De gigante campesino a potencia capitalista y locomotora de la economía mundial. La emergencia de China como la nueva factoría del mundo, no ya como la mera expansión de una economía grande, sino como una alteración profunda del mercado mundial con un impacto comparable, de acuerdo a Perry Anderson, “más cercano a la Inglaterra Victoriana que la más parroquial de la Edad Dorada – tal vez incluso más importante que la norteamericana de la posguerra” es uno de los fenómenos que indudablemente marcará a fuego el Siglo XXI.

China tenía como título propio el de ser el país con el campesinado productivo más grande del mundo. En las últimas dos décadas ha pasado a tener el proletariado más grande del mundo y a partir del 2007 es el mayor exportador del mundo superando en este rubro a todos los países imperialistas.

Sus productos manufacturados pueden encontrarse en las capitales europeas, en África, en las ciudades norteamericanas, en Buenos Aires y Kuala Lumpur, Sidney y Caracas, Capetown y Lhasa, es decir en todo el mundo.

A partir del 2008, China ha creado un vehículo de exportación masiva de capital financiero y comenzado a adquirir bancos y empresas en los países industrializados: La Corporación de Inversiones China (CIC).

Ya ha adquirido el Morgan Stanley, invertido miles de millones en Blackstone y ha sido invitada por el propio Primer Ministro británico Gordon Brown a invertir en su país.

Se calcula que China posee en su haber billones de dólares en reservas de cambio y ha destinado una suma inicial de 200,000 millones a la CIC con el objetivo de quintuplicarlo en cinco años.

En ese sentido es necesario destacar que de los otrora mencionados “cuatro tigres” de la economía asiática, Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong, que eran presentados hace dos décadas como contrapeso al indisputado hegemonismo en la región de Japón, Hong Kong ha sido reabsorbido por China, Corea del Sur y Singapur han detenido su dinámica por razones geográficas, geopolíticas y económicas y Taiwán es prisionera del conflicto de soberanía con la China continental.

En cuanto a Japón, que fuera la segunda economía capitalista mas grande del planeta, después de una década de deflación y estagnación económica, sumada a una pérdida notable de su capital financiero, conoce hoy día una cierta recuperación, pero esta vez dependiendo de la demanda China, que la ha puesto en un nivel de crecimiento superior al europeo pero dependiendo del que ha emergido como el verdadero tigre asiático: China.

En el plano interno, China ha incrementado geométricamente la desigualdad social, fortaleciendo una clase burguesa rapaz y despiadada y una clase media nutrida de los peores elementos de sus congéneres de los países industrializados del occidente.

Ambas atadas al proceso de “industrialización” y con libre acceso y posiciones de poder en el Partido Comunista Chino (PCC). Esta es la base de sostén contemporáneo del PCC en el poder, no el campesinado que lo fuera en el pasado ni la clase obrera, joven e inexperimentada, surgida del riñón del ingreso al capitalismo del país.

La presencia de los ominosos “pasaportes internos” que impiden a los campesinos acceder a las aldeas y a los habitantes de estas a las grandes ciudades a menos que sean “trasladados” por el gobierno es un mecanismo copiado de los pasaportes internos del apartheid Sudafricano.

El estado se ha reservado el monopolio en la vivienda, la distribución de comida a través de vales, la educación y la salud.

Cada ciudadano chino tiene documentación que le permite acceder a esos derechos siempre y cuando resida donde esos documentos lo permiten. Mudarse sin permiso, aunque se logre evadir los inmensos controles policiales, significa la pérdida al acceso de esos derechos.

Existe una presión de masas para violar esos controles toda vez que lo aldeanos ganan más que los campesinos, y aquellos varias veces menos que los obreros, generalmente jóvenes, que son llevados en masa a las ciudades y abarrotados en dormitorios comunales.

En relación a la actividad concertada de las masas, China continúa siendo una de las dictaduras más feroces.

Allí, las protestas de las aldeas contra las expropiaciones de tierras, la actividad de funcionarios gangsteriles y la degradación sistemática del medio ambiente – que incluye la migración forzada de millones para ejecutar grandes represas y otros proyectos estatales – son aplastadas por cientos cada mes.

Se calcula que en los últimos diez años, más de 10,000 de estas protestas fueron reprimidas, cada vez con muertos a manos de la policía y el ejército.

El poder central, alarmado por el crecimiento de las protestas en el campo ha tomado dos medidas: aliviar el nivel de impuestos y reforzar los cuerpos armados encargados de la represión. Los pueblos mineros del carbón, apartados de centros de población importantes, han logrado ser mantenidos en relativa calma. Allí, la represión se combina con la utilización de las cortes para resolver disputas.

Apelando al crecimiento económico descomunal y al orgullo nacional, la burocracia del PCCH, el gobierno ha logrado una cierta pasividad aunque la desconfianza hacia él es grande.

En las ciudades más industrializadas, donde se han concentrado millones de nuevos proletarios, el control férreo, la falta de organización y la juventud de la clase obrera aún no ha producido grandes movilizaciones.

Se habla mucho sobre la constitución de sindicatos clandestinos, particularmente entre los trabajadores del acero, manufacturas, construcción y aquellos al servicio de empresas mixtas con las multinacionales. Eso explica porque el PCCH ha desempolvado los sindicatos amarillos controlados por el gobierno para negociar algunas mejoras en las condiciones de trabajo de estas áreas de la producción, pero esencialmente como control dual, por un lado en el terreno de la propiedad privada que debe ser controlada y regulada y por el otro del movimiento obrero para prevenir cualquier intento de autoorganización.

Sin embargo, dos de los motores de la economía China, la gigantesca población y el control social, son los talones de Aquiles del régimen.

La presión por mayor consumo, particularmente de alimentos, por el creciente proletariado y de bienes y alimentos de la emergente clase media, aunque actúan a su vez como locomotoras de economías como la Argentina y otros productores de soja y otros granos, son a su vez una fuente de inestabilidad política. Que se agravara sin duda con el crecimiento de la organización obrera en sindicatos independientes y de los campesinos en sus propias organizaciones.

La mayoría de la intelectualidad y la intelligentzia china, tradicionalmente una fuente de poder político en China, mayormente la que esta fuera del partido pero con elementos dentro de él es hoy, de una manera u otra, disidente.

Unos desde un punto de vista liberal critican la ausencia de libertades públicas y políticas; otros van más allá y se han convertido en ácidos fiscales de la carrera por convertir al país en un paraíso viciado de diferenciaciones sociales.

El surgimiento de una nueva izquierda basada en una combinación de estos factores es, hoy por hoy, la mayor preocupación del régimen y una a la que para abortarla, las agencias de inteligencia le dedican sus mayores esfuerzos.

De allí también que China, para enfrentar la presente crisis económica mundial ha desplegado un gigantesco plan de obras publicas e infraestructura, en parte financiado por la deuda de EEUU y otros países occidentales y la descentralización de los parques industriales como forma de logar una mejor redistribución geográfica de la riqueza y la producción, pero también para facilitar el control poblacional y coartar la intensa migración hacia las zonas costeras.

India: Un caso arquetípico de re-organización de las fuerzas productivas. La economía india ha estado creciendo en forma continua y pareja, aunque no se asemeja al nivel chino ni tiene la calidad del brasileño.

Es el caso arquetípico de la re-distribución global de las fuerzas y medios de producción a expensas de su crecimiento en los países imperialistas centrales.

En la India se han depositado la informática, los servicios y las grandes industrias pesadas de alto nivel de polución tanto de EEUU como de Europa, en menor medida.

Desde el punto de vista político-social, sin embargo India ofrece un panorama mucho más complejo y, en muchos sentidos, opuesto al chino y, veremos más tarde en este mismo documento, mucho más complicado y de raíces políticas diferentes a las de Brasil.

De este terceto de países emergentes, India es tal vez el potencialmente más explosivo en le mediano plazo y, corrigiéndonos al escribir estas líneas, en el presente.

Cambios de gobierno continuos, inestabilidad electoral en el conjunto del país aunque con nichos de continuidades regionales; protestas masivas, huelgas a gran escala; rebeliones agrarias; progromos religiosos, todo ello cruzado con guerra de guerrillas localizadas y la influencia del llamado “corredor maoísta” o “corredor rojo”, un intento de escindir la realidad nacional basada en la unidad de la lucha política de zonas del norte de la India con Nepal y otros países circundantes, amen del conflicto que a veces amenaza escalar a lo nuclear con Pakistán en relación a Cachemira.

Los recientes ataques terroristas, atribuidos a Pakistán pero que cuentan sin duda con una base social en el creciente fundamentalismo Islámico, que justo sea decirlo es la contrapartida del creciente y criminal fundamentalismo Hindú, ha demostrado la debilidad estructural del sistema político Indio para encabezar las necesarias reformas para aprovecha el pasado boom económico y para hacerle frente a la presente crisis mundial.

Sobre este caldero político-social ha predominado una política típicamente neoliberal que se articula sobre un complejo sistema electoral y un parlamentarismo de alianzas cuyo vértice es el Primer Ministro.

Sin la institucionalización del caos por debajo en el parlamento burgués, India estaría ya en plena y total erupción. La dominación del Congreso Nacional Indio fue roto por primera vez en 1977, con la derrota del partido liderado por Indira Gandhi por una coalición de centroderecha-derecha difícil de mantener en el tiempo pero que fue suficiente para establecer un cambio cualitativo en la fuente del poder, el régimen político y la dirección productiva de la economía.

De allí en adelante, surgirían coaliciones de enorme diversidad destinadas a controlar el país políticamente, aunque manteniendo un cambio en la economía que se mantiene hasta hoy.

Después del hundimiento de esa primera coalición en 1979, surgió otra liderada por VP Singh en 1989 que atacó al gobernante Rajiv Gandhi por corrupción sin moderación. Pero un año después esa misma coalición opositora se esfumó sin dejar rastros. Pero los objetivos económicos de la burguesía India se solidificaron. Esto habla a las claras de la utilización pragmática del sistema político y los partidos por parte de la burguesía más que una profesión de fe democrática de la que carece casi en absoluto.

Desde 1992 en adelante ya no se pudo hablar de régimen unipartidario sino de un sistema de gobierno de coaliciones. En el presente existen dos coaliciones que comandan el estado, aparentemente en forma alternativa, con seguridad con influencias regionales estrechamente controladas por cada una.

Una la Alianza Progresista Unida, alrededor del CNI liderada hoy día por Sonja Gandhi en el poder que se ha dirigido resueltamente hacia el centroderecha (a pesar de que formalmente el CNI se dice socialdemócrata) por la necesidad de establecer alianzas con fuertes partidos regionales, en su mayoría conservadores.

La Alianza Democrática Nacional, organizada alrededor del Bharatiya Janata Party (BJP), que estuvo en el poder antes del presente gobierno del CNI, contrariamente a su nombre es una coalición de derechas y en la que participan sectores fundamentalistas hindúes, de los que el BJP es expresión, responsables de cientos de progromos y atentados contra las minorías musulmanas y cristianas.

De esta coalición participan 13 partidos. Muchos de los partidos en ambas coaliciones dicen representar diferentes castas, ese sistema social heredado del “medioevo’’ indio que establece la supremacía natural por nacimiento de pueblos enteros, con los Dalit en el fondo más empobrecido y súper explotado de la sociedad y que componen cientos de millones de indios, marginados, superexplotados y de vidas miserables aun para los estándares de los países mas pobres.

En el estado Bengali del Oeste, el Partido Comunista (marxista) ha sido recientemente re-electo por sexta vez consecutiva para dirigir el estado. Después de haber iniciado un proceso de reforma agraria, esta ahora re-orientándose bajo un nuevo liderazgo hacia una política amistosa hacia las patronales y los terratenientes, reprimiendo a campesinos y sindicatos, cambiando a favor del capital las leyes impositivas, siguiendo así el ejemplo de otros partidos de izquierda en el poder como el Partido Comunista de Sudáfrica y el Partido de los Trabajadores del Brasil.

Estos “comunistas” han abrazado también, aunque con contradicciones, el nuevo curso económico indio. Entre la intelectualidad india subsisten muchos quienes se identifican con el marxismo, y no todos sujetos a la disciplina de los líderes oficiales de la izquierda india, en general en camino hacia el neoliberalismo.

Por otra parte, la revolución nepalí ha tenido el efecto de resucitar la guerrilla naxalita quienes controlan importantes regiones campesinas. Estos elementos son bombas de tiempo en el régimen bi coalicionista del país.

Pero mas importantes que esos fenómenos es el de la reacción personificada por la creciente y múltiple guerra de fundamentalismos religiosos.

El troskismo tiene tres expresiones diferenciadas, pero muy débiles numéricamente y concentrados en un par de ciudades con poca o ninguna presencia entre la multitud de poblaciones campesinas del interior.

La presión permanente del fundamentalismo hindú representado por la coalición dirigida por el BJP y el conflicto armado con Pakistán sobre territorios limítrofes ha empujado a la izquierda en general hacia la moderación de sus planteos de clase a favor del pacifismo y el sostén del laicismo.

La cercanía e influencia de China y su giro al capitalismo no han sido ajenos a este tamizado de las fuerzas de izquierda india.

China mantiene una política de adecuación a sus intereses propios los desarrollos políticos en India, así como en Bangladesh, Pakistán y Nepal.

Fuera de Latinoamérica, y junto a la poderosa China, la India ofrece una de las potencialidades más grande para monumentales batallas de clase y el resurgimiento de una izquierda revolucionaria con influencia de masas.

Sin embargo, el talón de Aquiles de la economía India, o diríamos los talones de la misma, siguen siendo la arcaica estructura financiera que carece de reservas y la dinámica inversora y cuyas regulaciones y nivel la enfrentan con mucha desventaja con la de otros países emergentes como China y Brasil, y la de países imperialistas, y un conglomerado de industrias mayores aún en manos de familias poderosas que limitan excesivamente la reproducción industrial y la expansión económica.

Desde el punto de vista político, la burguesía no solo esta en contra de modernizar la vida social y reformar el régimen político, sino que dinamita todo intento por hacerlo ya que de la tremenda superexplotación y opresión logra extraer niveles espectaculares de plusvalía.

Brasil: ¿Nacido para ser imperio? Brasil se encuentra, hace ya décadas, embarcado en una expansión imperialista.

Esto debe verse no como un fenómeno nuevo, sino por la materialización de un proyecto de país que enraíza con su historia desde sus épocas coloniales.

Basado en un desarrollo industrial, combinando inversiones, propias y la de otros países imperialistas que lo han privilegiado, ha logrado el más alto desarrollo en ese campo del continente.

Brasil, de los países emergentes, es el que cumple más a cabalidad las condiciones, y no solo las condiciones sino también sus peculiaridades inherentes, del desarrollo del capitalismo en su fase peculiar, superior, el imperialismo, de acuerdo a las condiciones para ello explicitadas por VI Lenin en El Imperialismo, fase superior del capitalismo.

A saber, producción monopolista en varias ramas de la producción agraria e industrial y tendencia a lograr algo similar en un área creciente y diversa de industrias; desarrollo y crecimiento del capital financiero (hoy los bancos brasileños son punta en toda la región latinoamericana); conjugación del capital financiero e industrial y la formación de una oligarquía financiera; entrelazamiento e interrelación con los capitales financieros e industriales del imperialismo norteamericano y europeo para una nueva distribución del mundo en curso desde los 90 a través de carteles, trusts y conglomeraos propios o con participación de otros imperialismos.

En el presente, Brasil domina a través de ellos o por dinámica propia la región de América del Sur y extendiéndose a otras áreas; prevalencia de alianzas y conflictos con otros imperialismos para limitar sus avances o reforzar los propios (una condición indispensable, según Lenin, y propia de la etapa imperialista del capital) y que destroza la teoría que, desde Kautsky, han mantenido los reformistas marxistas de un ultra-imperialismo o frente mundial del mismo en forma permanente; tendencia inexorable hacia el retraso, el parasitismo y la estagnación tecnología en las áreas dominadas para garantizar los dividendos; anexación de territorios y/o mercados en otros países; militarización y perfeccionamiento del misma por parte del estado. Brasil es la mayor potencia militar del continente y a la par o superior a otras potencias imperialistas europeas…

Si Lenin caracterizaba al imperialismo como “capitalismo agonizante’ en 1916 y Trotsky lo resaltaba en 1938, podemos afirmar que Brasil emerge como imperialismo en una etapa de segunda agonía mortal del capitalismo imperialista y por lo tanto tiene características de desarrollo altamente desigual y combinado, mostrando la senilidad y decadencia de su pasado y la pujanza de su nuevo desarrollo; el atraso y los adelantos conjugados de su economía que se muestra palmariamente en sus aspectos sociales de divisiones profundas entre el campo y la ciudad y la subsistencia de conglomerados urbanos con alta demografía marginal (en ese sentido, aunque con muchísima más volumen, similares al imperialismo ruso antes de la Primera Guerra Mundial).

Las industrias automotrices, metalúrgicas, de armas y tecnología militar, hidrocarburos y energía, agropecuarias y manufactureras, textiles y alimenticias, construcción, naviera y aeronáutica, biocombustibles y otras ramas han posicionado al Brasil no sólo como el mayor productor industrial del continente sino en un exportador de bienes con valor agregado con el que sólo compiten las otras potencias emergentes: China, de mucho mayor volumen, India y la cuenca del Pacífico.

Brasil es hoy la mayor potencia exportadora agropecuaria, tanto de soja como carnes y otros granos esenciales y los recientes descubrimientos de enormes reservas de petróleo y gas lo posicionan como uno de los centros productores más importantes de hidrocarburos en el futuro próximo. Ya se habla de una “Arabia Saudita” de Latinoamérica y jocosamente Chávez se refiere a Lula como “jeque.”

A su vez Brasil ha superado ampliamente a China en la internacionalización de industrias como los hidrocarburos y en la exportación de capital financiero, aunque en términos generales su economía no haya aun logrado la globalización de los productos chinos.

Brasil es ya un elefante que esta apoderándose de grandes porciones de los mercados e infraestructura productiva de países como Argentina, Paraguay, Venezuela, Uruguay, Bolivia, Perú y una docena más de países en tres continentes. En su desarrollo ha sido apuntalado por inversiones norteamericanas, sobretodo en décadas anteriores, y ahora en forma creciente por las europeas.

Al mismo tiempo, su capacidad adquisitiva le ha permitido a capitales brasileños adquirir compañías de primer orden en Estados Unidos y Europa, además de Latinoamérica.

De acuerdo a un informe del boletín del SECOM (producido por la Embajada de Brasil en la Argentina), “Brasil es el cuarto entre los países en desarrollo que más invierten en el mundo, superado solamente por China, Singapur y Taiwán. De acuerdo con el Banco Central de Brasil, el stock de Inversión Directa en el Exterior (IDE) del País alcanzaba, en septiembre de 2005, la cifra de US$ 71,5 mil millones. Por IDE se entiende como el dinero aplicado por las empresas brasileñas en otros países en operaciones productivas - fábricas, centros de logística y de distribución, franquicias, agencias bancarias, plantaciones, canteros de obras e ingeniería, entre otras actividades. Se estima que ese valor aumente hasta US$ 80 mil millones aproximadamente, para el próximo informe del Banco Central sobre el tema, agendado para las próximas semanas.”

De esas inversiones, el MERCOSUR, y particularmente la Argentina, son un aspecto fundamental. El proyecto brasileño de biocombustibles que ya reclama para si la posibilidad de convertir al mayor país del continente en una Arabia Saudita del etanol, cuenta con la ventaja que posee varias generaciones tecnológicas de ventaja sobre el resto de sus competidores.

Sumado a esto, ni Estados Unidos ni Europa pueden competir con la extensión territorial del Brasil para convertirse en el granero del nuevo combustible ni sus legislaciones les permitirían asolar sus graneros con prospectos industriales impunemente como sucede en el país de Lula. Esto explica la resistencia de su gobierno a siquiera contemplar las demandas de protección de la cuenca del Amazonas.

A ello se suma la consolidación de su banca de desarrollo que figura entre una de la primeras del globo y que le adjudican un papel de primera línea en el futuro inmediato del capital financiero exportable.

Recientemente, y siguiendo el ejemplo de China, Singapur y Arabia Saudita, ha establecido un fondo multimillonario para procurar inversiones propias en cuatro continentes.

Nadie duda que Brasil, de la mano de Lula, intente dirigir sin mediaciones el MERCOSUR como uno de sus resortes y que su posición a la vez imperialista y de socio fuerte de los imperialismos norteamericano y europeo en el área le va otorgando la hegemonía regional.

Al mismo tiempo que hegemoniza en la región se ofrece de mediador y negociador por ella ante los yanquis y los europeos, cumpliendo a la vez tanto su rol de expoliador como “protector” y garante de la región.

Lula, la burguesía brasileña y sus Fuerzas Armadas, las más poderosas y mejor armadas del continente y con un grado de coherencia, injerencia industrial y cuadros que la coloca entre las primeras del mundo, no han vacilado en utilizar esta nueva posición repetidamente.

Dirigen la ocupación militar de Haití, envían tropas a otros países de acuerdo a las necesidades del imperialismo global, ejercen presión sobre los regímenes más populistas como el de Chávez o el de Morales, exigen a los demás en la región actuar como bloque pero tiene iniciativas bilaterales con decenas de países fuera del MERCOSUR y son el único país de Latinoamérica con el que los norteamericanos y europeos se sientan a negociar todo, desde los acuerdos económicos hasta la geopolítica del mundo, considerándolo ya como un socio del club exclusivo de los poderosos de la tierra.

Brasil ha propuesto la creación de una fuerza militar continental que, debido al peso específico que tienen las propias, dirigiría sin cortapisas, parecida a la OTAN pero sin intervención norteamericana y está fabricando submarinos nucleares con el objetivo de defender sus recientes descubrimientos de hidrocarburos en su plataforma continental.

Dos iniciativas impensables sólo décadas atrás que han obligado, a su vez, a los norteamericanos a crear una IV Flota con área de funcionamiento en las costas latinoamericanas con el objetivo de tratar de acoplarse al proyecto brasileño o no ser completamente desplazados por el mismo.

Solo falta que Brasil obtenga puestos permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU y en las reuniones del G8, ambos en trámites diplomáticos y al alcance de la mano en el futuro inmediato.

Por lo pronto actúa con sus vecinos a todo con su nuevo ropaje imperialista.

El gobierno de Evo Morales se había propuesto incrementar la participación del estado boliviano en la explotación de sus importantes reservas de gas en forma gradual y el desarrollo de lo que llama “un capitalismo andino” basado en micro emprendimientos y una limitada reforma agraria.

Como parte de ese proyecto decidió incrementar los precios “solidarios” que Brasil cobraba por sus exportaciones de gas, entre otros, a Brasil y la Argentina. Un reclamo, este último, de toda justicia.

Brasil y la Argentina habían logrado con los gobiernos anteriores de Bolivia precios irrisorios y muy por debajo de los precios internacionales. Tan bajos que la Argentina recibía gas de Bolivia y procedía a exportar parte de él con una ganancia sustancial a Chile.

Brasil se opuso firmemente y obligó a la Argentina a secundarlo en sus negociaciones con Bolivia. Chávez también fue traído a la mesa de negociaciones como intermediario y el resultado fue que Bolivia pudo aumentar su precio, pero no al nivel que lo requieren los mercados internacionales y su propio desarrollo económico futuro.

Brasil incluso obligó a Bolivia a darle un precio que, tomado en cuenta el transporte del estos hidrocarburos es menor al precio que acordó la Argentina. Brasil, en esa instancia, logro alinear a Argentina tras sus intereses e incluso a Venezuela contra la paupérrima Bolivia.

En otros incidentes recientes obligo a Bolivia y Ecuador a respetar acuerdos leoninos con empresas constructoras y petroleras de origen brasileño e impuso condiciones opresoras sobre las inversiones que ni siquiera son propias en países como Argentina y Paraguay, país este ultimo al que mantiene sujeto a acuerdos y tratados sobre la explotación del agua y la producción agrícola que representan el principal escollo económico para el gobierno de Lugo en aquel país.

El PSOL, el PSTU y la enorme mayoría de los partidos de izquierda marxistas brasileños, muchos de ellos denominados revolucionarios, no enfrentan a Lula, el PT, sus aliados en el gobierno, la burguesía nacional brasileña y sus aspiraciones hegemonistas ni a sus fuerzas armadas.

Reducen su oposición a expresar una oposición obrera sindicalista a los peores aspectos de la política social del gobierno, los ataques contra los trabajadores y los campesinos y a hacer propaganda sobre la naturaleza “socialista” de sus partidos, es decir capitulan a los ejes centrales de la política del gobierno y el régimen políticos.

Correctamente, tanto el PSTU como el PSOL, critican y combaten los intentos de pacto social y restricción de las demandas obreras del gobierno PT-Lula-PCdoB.

Tanto el PSTU como el PSOL – así como el PCdoB – y aún el propio Lula en forma claudicante se oponen al ALCA y correctamente apuntan que este es un instrumento de dominación del imperialismo norteamericano sobre Latinoamérica. Pero hasta ahí llegan. En realidad esa oposición tiende a defender la propia posición imperialista de Brasil.

Mas allá, esta la reivindicación a fondo del MERCOSUR – que hacen el PT y el PCdoB y de las iniciativas en él de Brasil por lograr la hegemonía. El PSTU y el PSOL raramente mencionan el MERCOSUR y la critica que hacen de el no va más allá de definirlo por su composición de clase en su conjunto, sin diferenciar dentro del bloque los intereses imperiales de su propio país.

La base de sustento material de las ambiciones imperiales de la clase dominante brasileña son la banca brasileña autónoma, las industrias de la burguesía nacional y la estatal administradas por las Fuerzas Armadas, las empresas mixtas estatal-privadas como Petrobras y la autonomía político-militar de los militares brasileños.

Para la mayoría de las organizaciones marxistas del Brasil y del resto de los países de la región, en mayor o menor grado, Brasil es un país dependiente, semicolonial expuesto al riesgo central de ser dominado por el imperialismo norteamericano y que tiene una política económica y parcialmente social de corte neo-liberal. Consecuentemente, por omisión, le capitulan a las políticas expansionistas burguesas y de hecho acompañan la política hegemonista brasileña en el MERCOSUR.

Presionados en el debate llegan a admitir en algunas ocasiones de que Brasil seria una especie de “sub-imperialismo”, una palabra que significa esencialmente nada. Un país es imperialista o semicolonial.

Esto explica que el PSTU en la primera elección del actual presidente llamó a votar por Lula en la segunda vuelta – en la primera presentó a Ze María como su candidato presidencial – y la mayoría de los que hoy forman el PSOL hicieron la campaña por Lula y votaron por él en las dos vueltas.

Estos últimos solo se conformaron como PSOL luego que Lula y el PT los expulsara sin más ceremonia.

Para el PSOL y el PSTU, el gobierno hoy día no es sino un agente de la burguesía y el imperialismo que ataca los intereses, salarios y condiciones de trabajo de los trabajadores y los sindicatos, tal cual lo haría una burocracia sindical en el gobierno. Con ser relativamente cierto, no deja de ser una caracterización estrecha, incompleta y, por lo tanto, errónea, que abre el camino hacia la capitulación.

Al igual que China, Brasil ha sido bastante afectado por la actual crisis económica-financiera global. Pero al igual que ella ha apelado a descargar la crisis sobre sus países vecinos, en su propia clase obrera y a invertir miles de millones de dólares en infraestructura y para salvaguardar la estructura financiera con el objetivo de que, aun sufriéndola, salir de la crisis fortalecido o, por lo menos, con su hegemonía regional intacta y en una etapa que le permita dar un nuevo salto en su proyecto imperialista.


Continua...

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