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Izquierda Info - Situación Mundial - Capítulos VI, VII y VIII
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Que dice la Izquierda?Situación Mundial - Capítulos VI, VII y VIII

¿En qué anda el mundo del Siglo XXI?

APUNTES PARA LA COMPRENSION DEL PRESENTE PERIODO Y SITUACION Y PARA LA RECONSTRUCCION DE UNA CORRIENTE REVOLUCIONARIA INTERNACIONAL

Por Carlos Petroni
I. Los 90: el fin de una época, el triunfo de la reacción
II. Los límites impuestos a la recomposición del movimiento de masas: la conciencia y la crisis de dirección

III. Nuevos proyectos de la izquierda radical
IV. El problema de conciencia agravado por el tipo de organización
V. Los países emergentes, re-distribución de las fuerzas productivas: China, Brasil, India

VI. El planeta en crisis.
VII. La segunda agonía mortal del capitalismo imperialista
VIII. Actual coyuntura económica política y social
IX. Tesis sobre la acción revolucionaria y el partido que necesitamos




VI. El planeta en crisis.

De acuerdo a la mayoría de los científicos y las instituciones del mismo signo de la propia burguesía, los hidrocarburos y el agua se hayan en franco retroceso y amenazados de agotarse, por lo menos para gran parte de la humanidad. Junto con esto, el recalentamiento global, que se aduce es parte de un fenómeno cíclico del planeta, se ve esta vez agravado y va cobrando una intensidad insospechada solo anos atrás debido a la intervención económica del hombre en la naturaleza.

Esto ha puesto en peligro mortal la principal infraestructura sobre la que se monta el desarrollo de la civilización humana: la naturaleza y amenaza a las fuerzas productivas, fundamentalmente al ser humano.

Según a quien se consulte, los hidrocarburos agotaran sus reservas en los próximos 40 o cincuenta anos. Ahora nos hallamos en lo que se ha denominado la era del “Peak oil”, es decir el punto de inflexión en que la producción ha llegado a su pico y la extracción se hace cada día mas difícil, cara y escasa.

Al actual ritmo del crecimiento en el consumo, es probable que en una década o dos, las reservas aun existentes serian tan caras de extraer que prácticamente crearían una depresión económica mundial de tal magnitud como no se ha conocido hasta la fecha.

Contradictoriamente, la actual crisis económica global ha detenido el 40% de la producción de bienes del planeta con lo que el precio del crudo, luego de haber superado los 100 dólares el barril, se ha desplomado. Cuando ese aparato productivo se mueva nuevamente los precios escalaran con suma rapidez.

En la actualidad, el mundo consume unos 88 millones de barriles de petróleo diarios. El 25% lo consume los EEUU; China consume 10%; la Unión Europea 15%; Australia, Corea, Japón y Nueva Zelandia 10%; Rusia, Brasil y la India se encargan de otro 10%. Menos de un cuarta parte de los países del mundo consumen el 80% del petróleo mundial.

Pero la tendencia a la demanda crece más rápidamente que la posibilidad actual de producir los excedentes. Si se considera que China esta programada a duplicar su consumo en los próximos 5 anos y triplicarlo en una década, y una proyección similar, aunque menor, se espera de países como EEUU, Brasil, India veríamos que la actual producción mundial estaría por debajo del consumo y que deberían explotarse mas a fondo las reservas existentes hasta llegar a grandes profundidades y encareciendo primero el precio a niveles exorbitantes para luego terminar con esas reservas.

Esta situación no solo trae el futuro de la detención del aparato productivo mundial sino que cada día que pasa encarece mucho más cualquier plan de industrialización de los países semicoloniales hasta que eso suceda. Es una especie de póliza de seguro que trabaja a la inversa: la ecuación consumo + aumento del consumo + extracción mas cara da por sentado que la mitad del mundo jamás podría enfrentar un mínimo plan de industrialización y desarrollo económico bajo las actuales circunstancias.

En cuanto al agua, la situación es la siguiente: la tierra produce el mismo volumen de agua fresca que, litro más o menos, cuando el hombre comenzó a poblar la tierra hace millones de anos.

Con dos diferencias fundamentales: la población humana es hoy cinco mil millones de veces mas numerosa y la acumulación demográfica alrededor de los grandes cursos de los grandes ríos, los lagos y la polución industrial y militar han envenenado grandes reservas donde históricamente se usaban.

Más de la mitad de la población del mundo se concentra alrededor de los cauces de los ríos y especialmente en sus estuarios y deltas. Una cuarta parte de esos estuarios y deltas ya no sirven para procurar agua potable a esas poblaciones y la mitad de los ríos y lagos del mundo se hayan amenazados por niveles de polución de entre un 20% a un 60%.

Esta situación se agrava geométricamente con el fenómeno del calentamiento global. Un fenómeno cíclico que ha afectado al planeta a través de millones de anos, hoy se haya agravado profundamente por la acción del ser humano sobre la naturaleza.

La emisión de gases, la existencia de métodos industriales masivos obsoletos que ha cubierto enormes zonas del planeta con capas de polución que actúan como refractarios de las altas temperaturas, la devastación de bosques, selvas tropicales y la polución de aguas por desechos industriales, químicos y de basura, contribuyen a la eliminación de los pulmones de la Tierra y la destrucción de capas de ozono y otras de protección atmosférica, todos fenómenos que confluyen para elevar tremendamente las consecuencias del calentamiento global.

A su vez, este fenómeno de calentamiento global ataca fundamentalmente las fuentes de agua potable dulce de la humanidad. El descongelamiento de los polos esta produciendo un fenómeno paulatino de invasión de agua de mar de las fuentes fundamentales de provisión de agua dulce y el calentamiento en si mismo esta secando los grandes acuíferos subterráneos y amenaza con inundar enormes zonas fértiles costeras o crear enormes desiertos donde antes existían fértiles praderas, bosques y llanuras.

Las estimaciones más optimistas dicen que para alrededor del ano 2070, dos tercios de la humanidad no tendrán acceso directo al agua potable. De ella dependen los seres humanos no solo para beberla sino para producir alimentos y fuentes de energía, proteínas y vestidos. Hoy, el agua envasada que se transporta a los centros urbanos supera al precio del petróleo y en unos pocos anos lo triplicara.

Es decir, en solo algunas décadas el mundo y la civilización humana se enfrentaran a una realidad en que la ausencia de agua y el calentamiento global devastara su producción de alimentos, mientras la maquinaria productiva industrial tendrá energía de hidrocarburos cada vez más cara, y difícil de conseguir, para funcionar hasta que esta se agote definitivamente.

Para ejemplificar aun más esta verdadera catástrofe bastan dos ejemplos. Recientemente se han descubierto enormes reservas petroleras en los mares de Brasil. Tan importantes que ya muchos hablan de un futuro inmediato de un Brasil exportador de hidrocarburos. Aunque dichos pronósticos resulten muy optimistas, baste decir que si fueran ciertos, todas esas nuevas reservas servirían para calmar la sed industrial del mundo por el petróleo por algunos meses, tal vez algunos anos, estirando así la agonía, no superándola.

Uno de los últimos actos de gobierno de la administración Bush fue iniciar el proceso mediante el cual se permitiría la extracción de petróleo de las vastas reservas que yacen bajo los hielos de los parques nacionales de Alaska. Para los norteamericanos ha llegado la hora de destruir estos parques y reservas ecológicas inmensas para conseguir petróleo de difícil extracción y a precios elevados.

La humanidad, sin embargo, tiene a su disposición la tecnología, la ciencia y los medios materiales para revertir esta situación en algunas décadas.

Existe la tecnología, la ciencia y las posibilidades materiales para desarrollar energía alternativa y abandonar la dependencia de los hidrocarburos. Baste decir que el Presidente saliente de los EEUU, Bush, vive en su rancho que posee la suficiente tecnología para no depender ni de los hidrocarburos, ni la red publica de electricidad y el rancho posee la tecnología para producir agua potable.

Las dependencias son autosuficientes por razones de seguridad, algo que se reforzó aun más después de los atentados del 11 de setiembre. Si el presidente de los EEUU puede gozar de todos los beneficios de la tecnología y donde vive es un lugar autosuficiente para producir energía sin necesidad de consumir ningún recurso no renovable ¿Qué impide que el resto de la humanidad pueda disponer de los mismos recursos?

La respuesta es sencilla: la burguesía global no esta dispuesta a perder las ingentes ganancias reconvirtiendo el aparato productivo mundial para ser eficiente, barato y accesible para todos. Simplemente no esta dispuesta a suicidarse como clase para salvar a la humanidad. Puesta a elegir, prefiere disfrutar de sus enormes ganancias hasta que todo se hunda. Su estrategia para entonces es preservarse en algún sitio, lejos de la catástrofe, aislada de ella.

Las energías eólica, solar, hidráulica, la energía producida de astillas de maderas de bosques de fácil renovación como el álamo japonés, y otras formas de energía alternativa, incluyendo la energía atómica podrían aliviar la situación hasta tanto se solucionen los dos problemas que subsisten para apelar al hidrogeno (que se encuentra en el agua y el aire y podría reemplazar a los hidrocarburos en forma renovable): la energía que se necesita para producirlo (que debería ser alternativa y renovable) y el método de compresión del mismo que eliminara el volumen necesario en la actualidad para funcionar como fuente energética practica y segura.

La burguesía mundial, con muy pocas excepciones, boicotea este transito hacia la liberación de la producción de los hidrocarburos. En su lugar desarrolla mas vehementemente la producción de biocombustibles que arrasan la producción de granos, plantas de todo tipo y las selvas tropicales produciendo que los alimentos sean cada vez mas caros y una situación en que los seres humanos, para comer, tendrán que competir con las maquinas. Obviamente, condenar al hambre a millones de personas para seguir moviendo las industrias y automóviles no parece ser una salida a la actual crisis.

En cuanto a la energía atómica específicamente, los recuerdos de los desastres de Chernobyl y Three Mile Island dificultan su aplicación convincente en el presente (es decir una aplicación que garantice la seguridad de funcionamiento de las plantas y la disposición sin efectos secundarios desastrosos de sus desperdicios).

En relación al agua, ya existe la tecnología para extraer agua de la atmosfera y desalinizar el agua de los océanos, entre otras.

A la aplicación de la ciencia sobre los problemas concretos se le oponen los intereses económicos de la burguesía. Reemplazar el obsoleto motor de combustión interna, con más de cien anos de uso es posible, pero significaría grandísimas inversiones para reconvertir el aparato productivo mundial y los medios de transporte.

Desarrollar masivamente los métodos de producción de energía alternativa para que suplan a la humanidad progresivamente del 20, 30 y hasta el 70 % de su consumo es posible a condición que se haga masivamente, para abaratar sus costos. Centuplicar la inversión en la investigación científica para desarrollar la energía Hidrogena y otras similares también es posible.

Para ello, solo habría que eliminar las ganancias del proceso productivo por una década o dos. Luego, proceder a reciclar y eliminar lo que no se pueda del viejo parque industrial y automotor. Seria necesario, por supuesto, que los países con la ciencia lo compartieran con aquellos que no la tienen y que los recursos se distribuyeran mundialmente de forma centralizada.

Que la burguesía quedase sin sus ganancias por diez, veinte o treinta anos es simplemente impensable. Es la esencia de su ser como clase. ¿Qué falta haría conservarla bajo esas circunstancias de reconversión sin ganancias y de planificación y distribución global igualitaria de los recursos?

VII. La segunda agonía mortal del capitalismo imperialista

Una de las frases más incomprendidas escritas por León Trotsky es la que utiliza como título de su Programa de Transición (1938) que sirvió de basamento para la fundación de la IV Internacional. Allí se planteaba “la agonía mortal del capitalismo”. Muchos historiadores revisionistas, incluidos un número de militantes trotskistas, asumieron que esta caracterización histórica de Trotsky había sido equivocada ya que el capitalismo no había muerto y hubo resurgido con potencia, esencialmente dando la hegemonía al imperialismo norteamericano, en la postguerra.

En una discusión con dirigentes norteamericanos, Trotsky había aclarado el concepto en las jornadas de debate de la IV internacional, afirmando que el título no implicaba que el capitalismo se estuviera irremediablemente muriendo sino que, comparándolo con el organismo humano, se enfrentaba a grandes peligros y que la agonía en el sistema, así como en el ser humano, motiva la movilización de todas las defensas del mismo para sobrevivir.

La agonía era entonces la lucha sin cuartel y utilizando todas las defensas a mano para sobrevivir. Es cuando el cuerpo humano, al igual que el sistema, estas se encuentran en el pico máximo de su resistencia.

Antes y durante la Segunda Guerra Mundial (1938-45), el sistema capitalista estaba herido gravemente y su existencia se encontraba amenazada, por un lado por el estatismo, el corporativismo y la introducción de formas de producción pre-capitalista –como la esclavitud de europeos para trabajar en el sistema productivo alemán- así como los ataques frontales en contra de la democracia burguesa en Alemania, Italia, Japón y otros países y, por el otro, amenazado por la ola revolucionaria internacional iniciada con la Revolución Rusa de 1917 (que el estalinismo no había podido aún detener).

Alemania bajo el nazismo no sólo reintrodujo el esclavismo como parte del sistema productivo continental, sino que transformó a países imperialistas como Francia, Bélgica y otros en colonias del estado fascista.

El imperialismo y el capitalismo “democráticos” tal cual se los conocía estaban bajo ataque, también el estado obrero ruso y las colonias europeas de ultramar; la democracia burguesa fue prácticamente borrada del mapa europeo.

Las hordas nazis tenían puestos sus ojos en la expansión de sus dominios en África y las Américas, además de expandirse en Europa, mientras los fascistas lo hacían con partes de África y Japón.

La democracia burguesa se extinguió en gran parte del mundo. El capitalismo “moderno” estaba herido de muerte y agonizaba. Como todo cuerpo amenazado de muerte, el capitalismo y el llamado “imperialismo democrático” movilizaron todos sus anticuerpos, sus defensas, masivamente. Y contaron con la ayuda inestimable de Stalin y la Unión Soviética y de los ejércitos maoístas en China para sobrevivir.

La Unión Soviética en alianza con los pueblos del mundo no sólo hubiera enterrado al fascismo/nazismo, cosa que logró de todas formas a partir de la victoria de Stalingrado y la de los ejércitos japoneses en China y Vietnam, sino que hubiese podido también reemplazar al capitalismo agónico con el socialismo.

Stalin prefirió a cambio de algunas concesiones territoriales y la creación de los llamados “estados colchón” del Este de Europa, apuntalar la sobrevivencia y eventual recuperación del capitalismo. Aun a costa de traicionar a sus propios partidarios sometiéndolos a la masacre como en Grecia, o a la rendición ante los aliados como en Francia e Italia.

“Error” y crimen político que le significaría a la Unión Soviética su propia agonía de postguerra y su desaparición estruendosa cuatro décadas después.

Lenin solía explicar que el surgimiento del imperialismo como etapa superior del capitalismo en realidad era una manifestación de su fracaso en sostener un sistema que ya no podía sostenerse sin fagocitar, una parte, las demás.

Aunque partes del sistema se fortalecieran económica y militarmente, esto se lograba a expensas de otros, de la destrucción en guerras o el apoderamiento de mercados de otros países sometiéndolos o destruyéndolos en el proceso.

La destrucción sistemática del medio ambiente, el agotamiento de los hidrocarburos y el agua y la devastación ecológica del planeta que amenaza la producción de alimentos, de lo que hablamos en un capitulo anterior, constituye el resultado de este proceso de imperializacion del mundo y lo ha llevado al agotamiento y la cuasi ruina de la que la devastación de África, con la disolución de países, guerras tribales, enormes sequías, hambre y la aparición ominosa de pandemias que afectan a grandes porcentajes de la población son solo un anticipo de lo que nos espera a todos.

Los teóricos del capitalismo global vienen discutiendo esto desde hace más de una década. En sus revistas reservadas a un público selecto, en sus “Think Tanks” y en sus oficinas de inteligencia se discuten todas las variantes posibles. Ninguna incluye una solución que abarque al conjunto de la sociedad que existe al alcance de la mano como se indica también en capítulos anteriores.

Este proceso de agonía mortal del capitalismo e imperialismo global continuara así hasta que estos sistemas sean derrocados y reemplazados por el socialismo. La única alternativa posible bajo el actual sistema es la regresión ineludible al barbarismo.

VIII. Actual coyuntura económica política y social

La presente crisis financiera del capitalismo mundial ha provocado las aseveraciones de muchos, sobre todo en la izquierda, de que el capitalismo ha muerto, y que la revolución socialista se encuentra más que nunca al alcance de la mano. Esta es una concepción errónea que parte mucho más de los deseos de que dicha revolución tome lugar, que del análisis objetivo de la presente situación.

En esta crisis encontramos tanto vencedores relativos como perdedores absolutos y, por rara excepción, algún mero sobreviviente fuera de esas dos categorías. Mientras el gobierno de EEUU pone cientos de miles de millones de dólares para salvar el capital financiero de la debacle, Brasil y China, dos de los países emergentes invierten esas o sumas superiores para incrementar la infraestructura productiva y generar un reanimamiento del mercado interno, el consumo y la industria nacional.

China le agrega a su fórmula la virtual privatización de todas las tierras productivas del país, un hecho impensable dos o tres décadas atrás. En Europa, Francia y Alemania apelan a fórmulas pragmáticas que toman prestado del libro norteamericano, chino y brasileño para salvaguardar sus economías, y particularmente su capital financiero en los órdenes nacionales, a expensas de los eslabones más débiles de la Unión Europea (Portugal, España, Italia, Grecia y los ex países del Este Europeo).

El desplome de precios inmobiliarios en una treintena de países, la virtual quiebra y colapso de instituciones financieras que le siguió, el desplome del precio de las “commodities” y el petróleo ha golpeado a todos los países y naciones en distintas formas y las recetas para salvar el sistema son, por lo tanto, diferentes.

Todas, sin embargo, tienen en común en que serán adoptadas en detrimento de los trabajadores y sectores populares. Mayor desempleo o reducciones salariales y el retroceso de las condiciones de trabajo para los obreros y empleados, o una combinación de ellas. Quiebra de pequeños comerciantes, productores y confiscación del ahorro a las clases medias.

La decreciente hegemonía del imperialismo norteamericano acelerara su curso hasta convertirse en un recuerdo. En Europa, quienes hoy comandan la UE saldrán después de sufrir económicamente, como hegemónicos del continente: Francia y Alemania.

Gran Bretaña tendrá que aceptar el liderazgo continental. Aquí surge la posibilidad cierta de un nuevo bloque entre los poderosos de la UE y Rusia, en detrimento de los pequeños partenaires del Este y el Oeste de Europa.

Lo que perdió en la Guerra Fría, Rusia estará en condiciones de recuperar. Brasil y China surgirán, de acuerdo a sus previsores planes del pasado y el presente, como los grandes ganadores relativos de la crisis y sus estaturas crecerán geométricamente, el primero a nivel regional en Latinoamérica – a expensas de Argentina, Colombia, Paraguay, Uruguay, Chile y México – y el segundo confirmará su papel como locomotora mundial de la nueva economía.

Las arcaicas estructuras financieras de la India y sus todavía mas arcaicas estructuras sociales tal vez le impidan aprovechar su presente como país económicamente emergente de la misma manera que lo harán China y Brasil.

En Medio Oriente, la caída de los precios del crudo ya está provocando fuertes disturbios en la economía regional que anticipan grandes cambios político-sociales.

En Latinoamérica, México, dependiente de cuatro fuentes económicas que están cayendo vertiginosamente (turismo, petróleo, remesas de inmigrantes en los EEUU y las maquiladoras extranjeras) se la verá en figurillas para recomponer su economía y augura un desastre político-social en los próximos meses y años.

Otros países como Colombia y Panamá seguirían una trayectoria similar. A pesar de las fanfarronadas iniciales de Chávez, la caída de los precios del petróleo ha devastado sus planes políticos y vaticinan profundos problemas políticos que ya se manifestaron con pérdidas sustanciales en las últimas elecciones de los principales estados y ciudades del país.

La crisis arrastrará, sin duda, a los eslabones más débiles de las cadenas: en Latinoamérica Bolivia, Paraguay, Haití… gran parte de África Central y los países mas vulnerables de Asia (Burma, Tailandia) y grandes problemas que vaticinan un nuevo ciclo recesivo en Japón y problemas estructurales en algunos de los ex Tigres del Pacífico y Filipinas.

Países en los que el crédito era débil o inexistente, y por lo tanto la crisis inmobiliaria y la subsiguiente explosión del capital financiero no tuvieron el carácter monumental que se expresó en otros lugares, como Argentina, sufren y seguirán sufriendo de otras calamidades como la baja sideral de los precios de las commodities y el dumping producido por los imperialismos y los países emergentes.

El sueño de una globalización armónica, de interrelación con delimitación de conflictos entre los países en aras de una conjunción de intereses internacionales productivos y, por lo tanto políticos, se esfumará en tanto y cuanto cada país tratará de salvarse de las consecuencias de la crisis a su manera y a expensas de otros.

Esto no hará sino alentar los nacionalismos que, en el caso de los países imperialistas adquirirá un sesgo desde la derecha a la reacción y en los países dependientes una alineación con este giro lo que puede dar surgimiento a nuevas dictaduras, regímenes reaccionarios y guerra entre países dictadas, digitadas u organizadas por estados potencias imperiales dominantes sobre las semicolonias.

El sistema capitalista, hace ya mucho tiempo que genera destrucción y sufrimiento para el conjunto de la población humana y que ha dejado de ser progresivo o capaz de ofrecer una alternativa de vida viable en el planeta.

Sin embargo, ningún sistema económico-social basado en la dominación de clase se suicida o desaparece por sí mismo. El esclavismo y el feudalismo entraron en decadencia, senilidad y regresión, pero tuvieron que ser derrocados y reemplazados por la fuerza por otros sistemas creados por otras clases, en su momento revolucionarias.

Ni los esclavistas ni los señores feudales (solo para usar esquemáticamente dos ejemplos de la narrativa marxista) acordaron con su desaparición y la de sus sistemas. Tuvieron que ser arrojados del poder al que estaban aferrados aún cuando sus sistemas yacían en semiruinas a su alrededor.

Efectivamente, la crisis financiera actual es de gran envergadura y traerá grandes cambios en el realineamiento de piezas en el panorama internacional (aunque dichos cambios comenzaron hace mucho, con la caída de la Unión Soviética, la catástrofe ecológica, el surgimiento de los países emergentes y el retroceso de la conciencia y deterioro de los organismos de lucha de los trabajadores).

Habrá, sí, cambios sustanciales en la organización mundial del capitalismo. Aquellos que aspiran a “reformarlo” de alguna manera mostrarán en la práctica la inutilidad de sus esfuerzos.

Al mismo tiempo esta crisis provocará un empeoramiento de las condiciones materiales de la clase trabajadora a escala mundial, un empobrecimiento de los sectores populares, una confiscación de la economía y la cultura de las clases medias, un embrutecimiento de los regímenes políticos.

Así como la apertura de un abanico de posibilidades para la centro derecha y la extrema derecha a nivel internacional a la cual habrá que enfrentar en una resistencia prolongada y, en un principio al menos, de forma defensiva y con resultados que no siempre, o deberíamos decir casi nunca, serán positivos en un primer momento.

Ante esta crisis, las arcaicas ideas de autonomía económica y regresión productiva y social impulsada por el fundamentalismo religioso seguirán motivando a millones en el mundo ante la inhabilidad del capitalismo por resolver sus problemas y la de la revolución para levantarse como opción realista.

Desafortunadamente, el capitalismo actual no se enfrenta en estos momentos a la acción concertada de la clase obrera mundial para derrocarlo – la única que podría en este ciclo histórico – y por lo tanto sobrevive y sobrevivirá la actual crisis que agrava ya su agonía mortal que sufre hace ya décadas.

Este podrá seguir degenerándose, mostrando sus aspectos más reaccionarios, antidemocráticos, seniles y decadentes, podrá sufrir regresiones aberrantes, pero seguirá en pie mientras no se lo derroque por la fuerza.

Aquellos que confiaron que, apoyándose en las instituciones burguesas, podían crear “un mundo diferente” sin alterar la composición de clase del sistema o que reclaman que es necesario “un capitalismo diferente”, tal vez más humano, se encontrarán con nuevas dictaduras, regresiones político-sociales como el fundamentalismo, un abandono más acelerado aún de las normas “democrático-burguesas” y una mayor violencia expresada en guerras, golpes, legislaciones reaccionarias, regimenes repletos de intolerancia, persecuciones y destrucción del puñado de los derechos humanos y civiles que permanecen.

Los sindicatos, esa arma de la reforma con la que cuenta el proletariado, se hallan postrados y actúan en consonancia con los estados y regímenes burgueses para ayudarles a restablecer el orden burgués a pleno.

Los partidos “democráticos” se han convertido en semilleros de la reacción. Y si esto no bastara, la regresión de la conciencia expresada en la aceptación de estándares cada vez más bajos de “democracia burguesa” o aun la reaparición de fenómenos reaccionarios como el fundamentalismo religioso.

No existen partidos revolucionarios con influencia de masas en varios países clave; ni internacionales obreras, ni sindicatos nacionales o federaciones internacionales de sindicatos que estén planeando una contraofensiva contra el capital y su nueva etapa reaccionaria que este prepara apresuradamente.

Esto no niega la posibilidad cierta de explosiones sociales, pero la mayoría de ellas, bajo la actuales condiciones o serán condenadas al fracaso o serán simples escaramuzas preparatorias de batallas futuras.

Son tanto necesarias como inevitables, pero de lejos insuficientes para siquiera poner en peligro al sistema de dominación burgués. Sin las herramientas indispensables para derrocar revolucionariamente al capitalismo este sobrevivirá y extenderá su dominación más allá de la finalización de su ciclo de utilidad histórica que ya alcanzó décadas atrás.

Toda expresión de deseos o esperanza de que, de alguna forma, el capitalismo acabe consigo mismo y eso abra de manera mas o menos automática el curso revolucionario hacia un cambio de sistema, basadas en teorías puramente objetivistas o catastrofistas, son solo eso, expresiones filosóficas de deseos, utopías que sólo retrasan la consecución de tareas indispensables para preparar primero la resistencia y luego la contraofensiva obrera y popular.

Toda expresión de deseos sin vínculos con la realidad y sin herramientas que la transformen en estrategias para la toma del poder son en esencia una distracción de las tareas centrales de la época y, por lo tanto, reaccionarias, funcionales a la sobrevivencia del capitalismo.

Marx sostenía con absoluta certeza algo que quedó demostrado a través de la historia: todo sistema extiende su vida, y por lo tanto su dominación, mas allá de haber agotado sus razones históricas para existir si no se erige una fuerza, una clase, capaz de echar del poder a la clase que lo sustenta.

El objetivismo y el catastrofismo conduce en el mejor de los casos al aventurerismo blanquista (por ponerlo en una categoría oportunamente analizado por Marx y Engels) en donde grupos de revolucionarios se sacrifican inútilmente en batallas prematuras a muerte y en el peor de los casos en una demora histórica de las condiciones necesarias para pasar al contraataque.

Ya hemos experimentado el blanquismo en sus muchas reencarnaciones desde el Siglo XIX. La guerrilla, el foquismo, el terrorismo y el ultra izquierdismo callejero sin embargo, son sólo un aspecto del objetivismo y catastrofismo expresado en un súper voluntarismo de pequeños grupos.

El otro, aún más peligroso, es la búsqueda del atajo adjudicándole a fenómenos reaccionarios un barniz “revolucionario.” Así, hay organizaciones y dirigentes de izquierda que saludan al fundamentalismo religioso, retrógrado y criminal, y lo identifican como vehículos de cambio social progresivo. O apoyan sin reparos levantamientos reaccionarios como el de chacareros dirigidos por la oligarquía como progresivos o incluso dudan si estas no son “auténticas rebeliones populares.”

En el fondo, el blanquismo y ultra izquierdismo objetivista y catastrofista comparten con el reformismo y la socialdemocracia objetivista y catastrofista, la idea de que no hacen falta las masas, dispuestas a todo, levantadas contra el sistema, sino que este último puede ser empujado a cambios profundos por la simple acción de pequeños grupos, o partidos y sectores no obreros.

Difieren tan sólo en que unos quieren hacerlo a los tiros y los otros pacíficamente, a través de marchas y elecciones. Los dos métodos llevan a derrotas y al retraso de los verdaderos objetivos de esta etapa: la recuperación de los sindicatos para la lucha clasista, la construcción de partidos de izquierda con influencia de masas y la reconstrucción del internacionalismo pero, por sobre todas las cosas, la creación de una dirección capaz de comprender el periodo y las tareas que de él se desprenden.

Nos encontramos en el inicio de un periodo de reacción en donde es primordial organizar la resistencia. Es indispensable transformar a la izquierda en alternativa posible, real y verdadera, capaz de remar por unos años contra la corriente de una reacción burguesa universal, reconstruyendo y reformando las estructuras sindicales para volverlas herramientas del cambio social y madurando la formación de una nueva vanguardia de masas a nivel mundial con nuevas aspiraciones socialistas, basadas en nuevos partidos de trabajadores y la izquierda que nada tengan que ver con las viejas recetas fracasadas.

La historia no conoce de atajos. Para llegar a la única salida permanente de la crisis, que cada día es más congénita en el capitalismo, es decir la sociedad socialista global, tiene que haber quien voltee al capitalismo, comenzando por el primer paso de esa resistencia que es el reconocimiento de los problemas que enfrentamos.


Continua...

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