Editor: Carlos Petroni
© Publicaciones Octubre
Izquierda Info - Tesis sobre la acción revolucionaria y el partido que necesitamos
Bienvenido a Izquierda Info


Quienes estan leyendo en este momento
Actualmente hay 20 invitados, 0 miembro(s) conectado(s).

Eres un usuario anónimo. Puedes registrarte aquí


Los últimos tweets de Izquierda Punto Info

IZQUIERDA PUNTO INFO ahora tambien en Facebook

Izquierda Punto Info

Promote Your Page Too

Para contacto con el editor en Facebook
Carlos Petroni

Create Your Badge




Búsqueda en
Búsqueda en WWW

Lea estos libros Online - Editorial Octubre


En formato pdf


Salió la Revista de Izquierda Internacional, Año 2, Número 2, vea el contenido y leela también online

Salió el primer número de la Revista de Izquierda Internacional, vea el contenido y leela también online



Juicio y Castigo de la Triple A
Juicio y Castigo a la Triple A

Promote Your Page Too

Noticias destacadas


Noticias en su mail
Noticias en su mail

Los temas a fondo



Búsqueda en
Búsqueda en WWW

Los favoritos y los más populares

Bolivia:
Está probado: No es posible avanzar en consenso con la burguesía o utilizando sus instituciones
por Sebastián Robles


Palestina:
Se Busca Organización Palestina Revolucionaria, Laica y Socialista
Por Leon Perez


Peru:
¿Puede la Verdadera Izquierda Peruana Ponerse de Pie?
por Sebastián Robles
El fin del Imperio Americano
¿Síntomas de Desintegración de EEUU?

Argentina:
Cómo y porqué el PO disuelve el PO
• Altamira no tiene idea de las diferencias entre frente único y partido
Por Carlos Petroni


¿Qué fué el Cordobazo?

Aquella Hebe, esta Hebe. Aquella Guerrilla, Este Gobierno


Languages
Selecciona Idioma de la Interfaz:


Además



El tiempo en Buenos Aires: ¿Adónde vamos?
Clickee aqui para el pronostico de Buenos Aires, Argentina

Mapas de Google de Argentina
Buenos Aires
http://maps.google.com.ar/


Escuchar Online

QRock

Viejos Tiempos

Serrat

musica youtube


Que dice la Izquierda?Tesis sobre la acción revolucionaria y el partido que necesitamos

¿En qué anda el mundo del Siglo XXI?

APUNTES PARA LA COMPRENSION DEL PRESENTE PERIODO Y SITUACION Y PARA LA RECONSTRUCCION DE UNA CORRIENTE REVOLUCIONARIA INTERNACIONAL

Por Carlos Petroni
I. Los 90: el fin de una época, el triunfo de la reacción
II. Los límites impuestos a la recomposición del movimiento de masas: la conciencia y la crisis de dirección

III. Nuevos proyectos de la izquierda radical
IV. El problema de conciencia agravado por el tipo de organización
V. Los países emergentes, re-distribución de las fuerzas productivas: China, Brasil, India

VI. El planeta en crisis.
VII. La segunda agonía mortal del capitalismo imperialista
VIII. Actual coyuntura económica política y social

IX. Tesis sobre la acción revolucionaria y el partido que necesitamos




IX. Tesis sobre la acción revolucionaria y el partido que necesitamos
MARZO DE 2009

1. De la crisis a la reacción. ¿De la reacción a la revolución?

La actual crisis financiera mundial producirá enormes reacomodamientos en la economía, la sociedad capitalista y la geopolítica. Ni el capitalismo e imperialismo como sistema se han derrumbado ni lo harán por si solos. Han entrado en crisis y en ella arrastrarán a su fin una de sus formas de expresión económica-política-social: el neoliberalismo en pleno estallido. O lo que se conoce como tal.

Sin la aparición, movilización y organización de acciones de masas concertadas que tenga en su centro al proletariado mundial, o al menos el de un puñado de países de la cadena imperialista, el capitalismo imperialismo retrocederá a formas más precarias, acelerará todos su rasgos dictatoriales, infligirá enormes daños sociales a las masas, al medio ambiente y continuará su decadencia y regresión hacia formas cada vez más barbáricas.

Pero no caerá por si mismo. Comenzará entonces un ciclo en donde las fuerzas burguesas buscaran el reemplazo de sus formas de dominación, tratando de salvar lo que se pueda de su sistema. No es de descartar el surgimiento de grandes movimientos reaccionarios, xenófobos, racistas, fundamentalistas religiosos y fascistas que ocupen el lugar en el poder que están dejando vacantes otras expresiones políticas del capital como la democracia burguesa.

Sólo de esta crisis, que está gestando una reacción en contra de las masas, intentando que estas se hagan cargo del pago de la misma, y que dará origen a nuevos regimenes reaccionarios o moverá más a la derecha a los existentes, puede esperarse una reorganización de las fuerzas del movimiento obrero y de masas para enfrentarlo.

La cuestión de tiempos en la política es decisiva. Hoy esas fuerzas que puedan lanzar una contraofensiva concertada contra el capitalismo-imperialismo desde la izquierda no existen. Esto no niega en absoluto el surgimiento de explosiones, levantamientos o actos de resistencia. Sin embargo, atravesaremos toda una coyuntura marcada por el avance de la reacción en las que los actos de resistencia serán aislados, insuficientes y en muchos casos producirán derrotas.

Se abrirá entonces una etapa defensiva, de organización en la resistencia de los cuadros necesarios del futuro movimiento de masas. Evitar las grandes derrotas e impedir la aniquilación de la escasa vanguardia y fortificar sus cuadros son entonces las tareas esenciales del momento.

2. El imperialismo-capitalismo ni se está derrumbando ni se suicidará. Necesita ser derrocado.

EEUU, que viene de un proceso de decadencia creciente, afirmará esta decadencia perdiendo los últimos elementos de su hegemonía económica entre los imperialismos, aunque conserve por un lapso de tiempo más o menos prolongado su superioridad militar y la potencia para infligir daños a los países semicoloniales y a algunos de sus competidores.

De la actual crisis, de no mediar el derrocamiento del sistema y los regimenes que lo apuntalan en por lo menos un puñado de países (un final de lógica histórica implacable pero en las condiciones actuales solo una expresión de deseos), el sistema capitalista imperialista sufrirá una serie de conmociones y reajustes, reorganización y redistribución tanto de sus fuerzas productivas como de sus poderes político-sociales.

¿Qué países dentro del sistema pueden beneficiarse del creciente debilitamiento y pérdida de hegemonía de los EEUU y cuales saldrán de la presente crisis en peores circunstancias? Ninguno se beneficiara en forma neta ya que todos sufrirán la crisis. Sin embargo todo es relativo en que punto de su desarrollo la crisis los golpea (unos están en mejores condiciones que otros) pero si el actual ciclo perdura como algunos ya temen entre tres y seis años, aunque la caída será generalizada, para algunos será una crisis terminal, para otros una disminución dramática de sus condiciones económica-sociales y para otros, aunque debilitados, quedaran en condiciones prevalentes para beneficiarse por un corto lapso histórico, de la propia crisis una vez que ésta encuentre su piso.

EEUU perderá aún más su hegemonía mundial hasta liquidarla en el caldero de su crisis interna. Quedará a la altura de su contraparte europea, tal vez disminuido en relación a esta. Europa sufrirá el embate de la crisis, aunque en condiciones mejores que los EEUU por su unidad continental frente a la crisis, si logran modelarla y preservarla por encima de sus intereses nacionales, algo que todavía está en disputa pese a los discursos de los líderes burgueses.

Por supuesto que no todos los países quedaran en situaciones iguales en el viejo continente: Portugal, Italia, Grecia y España quedarán más disminuidas dentro de la UE. Lo mismo los países del Este de Europa. Francia y Alemania mantendrán su liderazgo económico-político, aunque con dificultades y Gran Bretaña que se ha resistido hasta ahora a la integración plena con el continente puede verse obligada a liquidar su independencia relativa de este. La integración en un bloque post crisis entre la UE y EEUU no está descartado, aunque esto sería necesariamente en detrimento del imperialismo yanqui y una alianza EU-Rusia seria un formidable escollo al imperialismo norteamericano y una competencia inter-imperialista mas brutal.

De los países emergentes, China y Brasil están en mejores condiciones de capear la crisis, aunque a un costo social alto y al precio de demorar sus planes económicos globales por una década. De estos dos, China tiene la llave para abrir una nueva situación económica mundial, pero esto solo a costa de hacer lo que hoy es impensable: el hundimiento del dólar como moneda de intercambio, cuyo destino está en gran parte en manos del aparato financiero del gigante de Asia. Sin embargo, ésta no es una opción por fuera de la realidad. La burocracia estalinista china, aunque entrelazada con una nueva, ascendente y poderosa burguesía nacional, sigue primando en las decisiones económicas y políticas.

Las respuestas burocráticas a los problemas complejos de la actual crisis económica son tan impredecibles como son inescrutables para los observadores occidentales los razonamientos del establishment de Pekín. Que en el medio de la crisis financiera mundial, la burocracia china haya liberalizado la propiedad del campo abriendo la misma a las multinacionales y los capitales privados chinos es una muestra de ello.

La estructura arcaica y burocrática financiera india, y su infraestructura industrial aún en manos de grupos económicos familiares poderosos será un contrapeso, junto a la dependencia de las fuerzas productivas de EEUU y Europa, que entraron en un proceso de recesión, sobre todo las norteamericanas y que han sido reorganizadas a favor de India en su territorio en las últimas décadas, amenazan con una paralización o al menos una desaceleración aguda de la economía india.

Los países de África en general se dividirán en tres grandes grupos. Los que estaban en plena desintegración nacional que se profundizará (Rwanda, Liberia; Somalia); los que habían conocido un relativo mejoramiento de esta situación y que volverán a caer en la anarquía y el resquebrajamiento político y social (Nigeria, Etiopía) y aquellos que habiéndose incorporado junto a China, Brasil y la India al pequeño club de países emergentes, como Sudáfrica, retrocederán notablemente.

Si el precio del crudo sigue cayendo más allá del desplome actual del 50%, Medio Oriente, Venezuela, Bolivia y Colombia entraran en una espiral descendente que puede adquirir características catastróficas.

La llamada “revolución” bolivariana, por ejemplo, basada en una década de grandes negocios petroleros, está amenazada por la baja internacional del precio del crudo. El “despegue” boliviano está en una situación similar. En ambos países existen oligarquías y oposición burguesa con un alto grado de organización que puede aprovechar fácilmente la situación de esta coyuntura.

México, que se aproxima al fin de sus reservas de hidrocarburos y que sufre la caída actual de su precio internacional, junto al debilitamiento de su industria turística por la crisis en EEUU y Europa y la disminución dramática de las remesas de sus inmigrantes en EEUU como producto de lo mismo, está en una de las posiciones mas débiles del continente ante la actual crisis. Si las maquiladoras de origen extranjero sufren una desaceleración productiva importante debido a las contracciones del mercado de EEUU y Europa, México quedará a merced de los más violentos vientos de la crisis actual por la combinación de todos esos factores.

Los países atados directamente a planes del imperialismo norteamericano como el CAFCA, ALCA, Plan Colombia, sufrirán en forma directa la crisis del imperialismo yanqui (México, Colombia, Chile, Ecuador, los países centroamericanos, Perú).

Brasil actuará, junto a otros factores externos y a China, como uno de los catalizadores de la crisis en países como Argentina quienes sufrirán la baja de precios de las commodities (el precio de la soja se ha desmoronado), el dumping de países mas industrializados, la crisis de la manufactura de sustitución de importaciones, el aumento posterior de los insumos importados, la presión de acreedores y la inflación.

El desencadenamiento de otros factores económicos, como una hiperinflación en los EEUU no hará sino profundizar la crisis y sus efectos globales.

Desde el punto de vista social, el flagelo de la desocupación golpeara al movimiento obrero internacional, agregando decenas y centenas de millones de trabajadores a las filas del desempleo estructural existente. Los sectores populares verán incrementar su pobreza y los pobres entraran en la espiral de la lucha por la sobrevivencia. Los puntos o eslabones débiles de cada país, las regiones donde hoy dominan la economía de la mera existencia, serán arrasadas con el hambre, las epidemias, la devastación social.

La lógica de hierro de una economía capitalista-imperialista amenazada será la de aplicar medidas cada vez más represivas. Nuevas guerras, represión interna, eliminación de libertades democráticas y crecimiento de los sectores más de derecha de la burguesía cuando esta, incapaz de sobrellevar las consecuencias de su propia crisis, apele a ella como método de “persuasión” para que el conjunto de la humanidad se haga cargo de las cuentas en rojo del capital financiero.

3. Lucha contra el imperialismo

Los imperialismos europeo y norteamericano siguen siendo predominantes, pero es necesario enfrentar los imperialismos de nuevo tipo como el brasileño.

La creciente competitividad sobre todo desde el surgimiento de los países emergentes ha puesto al frente de las necesidades de las masas la lucha también contra las hegemonías regionales, solo posible en el marco de confederaciones o federaciones de estados socialistas y la socialización de los recursos económicos por regiones, no solamente de países aislados.

La lucha contra el imperialismo no se limita, entonces, a la mera oposición de sus aventuras e intervenciones militares, sino a sus expresiones de penetración económica, supeditación de los mercados de otras naciones a su aparato productivo, su hegemonía regional, geopolítica, financiera y productiva.

Los revolucionarios dentro de los países imperialistas deben también luchar en el seno de las masas contra toda expresión de nacionalismo, xenofobia y racismo. En forma inmediata, dentro de la presente crisis, todas las formas de nacionalismo tenderán a aumentar.

Sin embargo es necesario distinguir claramente entre las formas de nacionalismos reaccionarios de las potencias imperiales, que conducirán a formas de fascismo o a regimenes dictatoriales dependientes de la metrópolis, de otras formas de nacionalismo en las naciones, pueblos y países oprimidos que pudieran enfrentar a la burguesía internacional. Y dentro de estos últimos se hará indispensable clarificar cuales tienen características progresivas y cuales características regresivas.

4. Reforma o revolución

De la actual crisis surgirá una reordenamiento de los centros de poder burgués en el mundo y realineamientos internacionales, pero estas nuevas formas de dominación surgirán en el marco de un avance de las condiciones de una agonía mortal del capitalismo e imperialismo. Por lo tanto tendrán características más brutales, decadentes, rodeadas de la continuación del cataclismo social en muchos países y, por ende, más débiles.

No se puede reformar la decadencia del sistema y su caída hacia su segunda agonía mortal sin reconversión global de la economía y el aparato productivo, sin universalización de las técnicas, la tecnología y los avances científicos y sin un nueva economía sustentable por fuera de la dependencia de los hidrocarburos y las formas de producción obsoletas. Es decir todas tareas esenciales que no pueden ser cumplidas por el sistema capitalista y las burguesías. Ante el mundo se alzará ineludible la necesidad histórica del socialismo internacional, aún a pesar de la incomprensión generalizada que dicha alternativa produzca en un principio.

La protección del medio ambiente y la reversión del daño a la naturaleza son parte integral de esa la lucha por la revolución socialista. Ya no es suficiente la mera enunciación de objetivos obreros de liberación, sino que estos deben expresarse en el marco de economías planificadas, sustentables, internacionalizadas y antiimperialistas y anti-hegemónicas.

Lo mismo sucede con las libertades y derechos democráticos, tareas que habiendo sido abandonadas paulatinamente por la burguesía mundial, sufrirán nuevos ataques, profundos y totalizadores y ningún sector burgués buscará rescatarlos consecuentemente.

Estos objetivos son de cumplimiento imposible para el capitalismo y la única perspectiva posible para resolver los grandes problemas de la sociedad contemporánea, el medio ambiente y las desigualdades entre continentes, entre naciones y países, entre clases, es la revolución socialista internacional.

El catastrofismo político que nos quiere convencer que sistemas y regímenes se caen solos es un pensamiento idealista, no marxista. Los sistemas y regímenes, para ser reemplazados por otros superiores, en este caso el sistema capitalista por el socialista y los regímenes fundamentalistas o democrático burgueses por la democracia obrera sólo pueden ser posibles a través de revoluciones, no reformas.

Dejado a su propio arbitrio y librado a su suerte de crisis cíclicas y aproximación a su etapa de 2da. Agonía Mortal, el capitalismo-imperialista sólo adoptará formas cada vez más regresivas, hacia la barbarie. La democracia burguesa, correlativamente, en su crisis mortal solo producirá nuevas dictaduras sangrientas o regimenes fundamentalistas opresivos quienes hoy se plantean como alternativa a la democracia burguesa en descomposición.

5. La trampa de los frentes populares

Ya sea la adopción formal de una política de alianza con sectores burgueses “progresistas” o el método de apoyo crítico a partidos de la burguesía o a viejos aparatos socialdemócratas pasados al campo burgués, o el entrismo en partidos burgueses, son todas formas de una misma trampa de conciliación de clases fogoneados por el reformismo utópico.

La actual crisis de la humanidad traerá nuevas formas de frentepopulismo como una herramienta oxidada y rústica, y por lo tanto inservible, de enfrentamiento con la reacción, la derecha y el fascismo. Pero es en el desarrollo de los frentes populares y en sus gobiernos episódicos, y en oposición a ellos, en que los revolucionarios encontrarán sus mejores oportunidades. Como ejemplos de frentes populares de nuevo tipo tenemos el apoyo a la patronal agraria o al gobierno en el reciente conflicto en Argentina; apoyo a la política del PT en Brasil o su gobierno; permanencia en el PT o el apoyo al PPP en Pakistán, llamado al voto por los partidos socialdemócratas en Europa.

Si bien no son la acepción clásica del frente populismo, los son desde su metodología de conciliación de clases. De la misma forma, el apoyo político a los fundamentalismos religiosos, con la excusa de que expresan una suerte de lucha contra el imperialismo, es solo una versión retrograda de frentepopulismo, esta vez con sectores políticos de raíz reaccionaria. Es generalmente aceptada la idea que la participación en los frentes populares por los sectores de izquierda es correcta mientras estos no estén el poder. Esta es una presunción equivocada ya que en ellos se forjan las herramientas futuras de la dominación burguesa en momentos de crisis agudas y alzamientos de masas.

6. Frente único obrero, la unidad de acción y el frente único revolucionario: las tácticas privilegiadas de esta coyuntura histórica

Las tres tácticas privilegiadas en este periodo son: el Frente Único Obrero para hacer avanzar los intereses del conjunto de las clase; la Unidad de Acción para luchar por los derechos y consignas democráticas y la libertades civiles; y el Frente Único Revolucionario, el camino común de la construcción del partido revolucionario que luche por la influencia de masas.

La participación en sindicatos y organizaciones de masas para reformarlas eliminando de ellas a la burocracia, convirtiéndolas en instituciones de clase para el combate es una tarea de frente único obrero. Lo mismo es con los frentes amplios de izquierda y organizaciones de los trabajadores para presentar opciones frente a los partidos tradicionales y el frentepopulismo, tanto en la lucha cotidiana como en la disputa por el poder, los procesos electorales o la lucha por reformas radicales.

Dentro de esa lucha, sin embargo, debe tenerse cuidado de plantear los objetivos de frente único obrero que no necesariamente son revolucionarios en si mismos, pero pueden abrir una senda a través de la cual puede abrirse camino hacia las masas y su conciencia el programa de la revolución socialista. En este marco, aparecerán sectores residuales e incluso marginales, de sectores populares influenciados por la ideologías del pasado de la burguesía o la pequeño burguesía que intentarán resistir, con sus métodos no los nuestros, la nueva hecatombe política-social-económica. Incluso no es de descartar el desgajamiento de sectores pequeño burgueses hacia la izquierda o la ruptura de sectores de la burocracia sindical, o aún de los partidos pequeño burgueses y hasta burgueses como producto de la crisis.

Todos esos sectores representarán en potencia el surgimiento de movimientos reformistas y frentepopulistas. Es entonces nuestra obligación interceptar su paso, radicalizar sus propuestas y evitar su consolidación. Esto sólo es posible a través de la unidad de acción, con el levantamiento de un programa de consignas democráticas y de transición y en la lucha común, aunada a la crítica de las limitaciones de sus direcciones a través de propuestas de luchas concretas, limitadas a acciones concretas.

El frente único obrero es así el puente hacia los trabajadores hoy dirigidos por direcciones burocráticas o incluso combativas pero desorientadas políticamente (una diferenciación que debe hacerse cuidadosa y permanentemente) para agitar un programa que facilite la reorganización y posterior contraofensiva del movimiento obrero y sus instituciones. La unidad de acción, más esporádica y limitada programáticamente que el FUO, es el puente hacia las masas no obreras, particularmente los sectores populares y estamentos medios empobrecidos, para luchar por consignas democráticas que los enfrenten a la reacción y faciliten a la clase obrera acaudillarlos.

La unidad de acción requiere acuerdos esporádicos sobre cuestiones democráticas, no de frente ni permanentes, con sectores incluso burgueses, pero esencialmente pequeños burgueses y populares para evitar que estos se conviertan en la base social de la derecha y el fascismo.

El frente único revolucionario es esencialmente diferente del FUO y la UA. En él no predominan la táctica unidad-enfrentamiento que caracteriza la intervención de los revolucionarios en estos últimos sino la unidad-unidad de aquellas organizaciones y grupos de revolucionarios que no sólo acuerden con un programa revolucionario, con la necesidad de la lucha contra todas las formas de dominación burguesa, sino también en el método de intervención en la lucha de clases, en esta etapa signada por la aplicación de las tácticas privilegias del FUO y la UA.

Esto necesariamente incluye la concepción de la construcción de partidos de izquierda de masas concebidos como frentes únicos obreros, en donde los revolucionarios constituyen su propia tendencia y debaten y disputan ideológicamente con sectores reformistas, en un marco democrático, amplio, de partidos multi-tendenciales y representación proporcional en los órganos de dirección y las publicaciones, con debates públicos y acuerdos de acción común en la lucha de clases. Un partido de izquierda con influencia de masas que no sea concebido como el simple crecimiento aritmético del partido u organización revolucionaria.

Asimismo, en el actual marco de retroceso y regresión de la conciencia, la unidad de acción puede convertirse en el parámetro temporario de la construcción no sólo de agrupamientos para acciones concretas extra parlamentarias, sino incluso para la construcción de algunos frentes electorales, que deben caracterizarse como episódicos y limitados a coyunturas muy precisas, limitadísimas en el tiempo, y de los cuales sólo deben excluirse los acuerdos con cualquier sector burgués.

No es descartable que haya acuerdos a varios niveles simultáneos. Un frente único obrero y de izquierda que llegue a acuerdos electorales basados en su programa con partidos y sectores pequeño-burgueses y populares en una formación más amplia aún, aunque excluyendo a la burguesía y orientado por el programa común de la izquierda y donde los revolucionarios podrían mantener una unidad revolucionaria, como núcleo propio pero parte del acuerdo del sector de izquierda.

8. La lucha democrática: una tarea que debe dirigir la izquierda y los revolucionarios

¿Se trata de salvar a la democracia burguesa como expresión política de representación de su actual crisis y decadencia? Todo lo contrario: se trata de preparar su funeral histórico.

En la defensa de la democracia y los derechos democráticos, los revolucionarios postulan su reemplazo por la democracia obrera y los derechos democráticos expandidos y universalizados en donde sean eliminadas las diferencias de clase, raza, nacionales, preferencias sexuales, género, invirtiendo la pirámide actual de la cultura dominada por una clase minoritaria en el poder como transición y la lucha para eliminar la pirámide social por completo.

Aunque en crisis y cada vez más retaceada, la representación democrática burguesa es la única opción en la que creen millones de trabajadores en un puñado de países del Norte y Occidente. En muchos países de Oriente y el Sur del globo, el rechazo a la democracia burguesa se inclina hacia la adopción de regímenes dictatoriales, fundamentalistas religiosos y en general retrógrados, incluso fascistas.

La tendencia cada vez mayor de la democracia burguesa a adaptarse a sus opuestos más reaccionarios, la adopción por ella de los mismos métodos de exclusión y encarcelamiento de las libertades democráticas y la eliminación creciente de las exiguas ganancias del pasado sólo beneficia la expansión de regimenes totalitarios, fascistas y/o fundamentalistas.

La lucha por la política secular y la separación irrestricta del estado y la religión, por la expansión de los derechos de representación política y sindical, la soberanía popular, por las libertades democráticas irrestrictas, la batalla contra todo prejuicio nacional, el chauvinismo, la xenofobia, el castigo del genocidio, los crímenes contra la humanidad, por la igualdad de géneros y preferencias sexuales, contra la discriminación de todo tipo y el racismo son entonces tareas que deben tomar la izquierda y los revolucionarios, el movimiento obrero y popular y que van directamente a mostrar la insuficiencia orgánica de la democracia burguesa para obtenerlas, o aun luchar por ellas, y de los regimenes de derecha a siquiera contemplarlos.

Este es el camino para terminar con la democracia burguesa y encauzar a la humanidad en el curso de una democracia socialista y evitar la regresión dictatorial tanto de regimenes burgueses como de fundamentalistas. La batalla contra la regresión hacia formas bárbaras de representación política pasa necesariamente por el derrocamiento de la democracia burguesa con los métodos y propuestas históricas del movimiento obrero y los socialistas revolucionarios.

Tal empresa requiere, esencialmente, de métodos extraparlamentarios, revolucionarios, de acción directa a los cuales deben supeditarse y servir, la participación legal, parlamentaria de la izquierda y los revolucionarios.

9. Contra el oportunismo, el sectarismo y el ultra izquierdismo

El oportunismo reside en la adaptación, gradual o súbita, de corrientes y organizaciones de izquierda al retroceso de la conciencia y la situación objetiva desfavorable mediante la adopción de un programa y una intervención en la lucha de clases licuados en ese retroceso con la ambición de continuar una “construcción” partidaria “exitosa”, considerada esta solo en términos numéricos.

El combinacionismo organizativo sin principios, la adaptación a la política burguesa, el abandono del programa de transición y su método, la búsqueda de atajos organizativos que produzcan resultados inmediatos a expensas del cumplimiento de tareas históricas necesarias son todos síntomas de esta tendencia.

El sectarismo consiste básicamente el anteponer un programa abstracto al movimiento de las masas, interponiendo obstáculos ideológicos y quemando los puentes que conectan necesariamente las necesidades objetivas de los trabajadores con un programa de transición que, en una serie de aproximaciones, fusione a ambos.

Como todo sistema político idealista, el sectarismo cree por sobre todas las cosas en la superación de la contradicción entre el programa revolucionario y las masas mediante el acto voluntarista de la locución constante de dicho programa abstracto y en la construcción linear, acumulativa, de la secta convirtiéndola en partido de influencia de masas a través de la simple enunciación de su verdad. El sectario siempre encontrará las razones indisputables para negarse a la acción común, el frente o la fusión con otras fuerzas de izquierda o incluso otros revolucionarios.

El ultra izquierdismo consiste en materializar a través de la desesperación y la acción prematura, la acción revolucionaria a espaldas y a contramano de la situación de conciencia desde la que parte el movimiento obrero.

Es equivocado caracterizar que sólo los métodos elitistas del foquismo, el guerrillerismo y el petardismo son las únicas manifestaciones de esta enfermedad infantil del marxismo. El sindicalismo irracional y a ultranza, por ejemplo, donde un núcleo pequeño de activistas motoriza un conflicto a pesar y por encima de las decisiones de la mayoría de los trabajadores envueltos en un conflicto, es un accionar ultraizquierdista de la que no han estado exentas las corrientes reformistas u oportunistas.

Es también equivocado caracterizar que todo ultraizquierdista es sectario ya que puede serlo, pero también se ha expresado en sectores oportunistas y frentepopulistas, reformistas en el marco de plantear incluso alianzas con la burguesía.

Existen a su vez combinaciones de estas tendencias. Es posible encontrar oportunistas y reformistas (utilizado aquí como sinónimos) que excluyen sistemáticamente todo acuerdo con otras corrientes obreras y de izquierda por considerarlas “sectarias” o “ultraizquierdistas”, actuando ellos mismos, entonces, no sólo como oportunistas sino como sectarios.

Existen, por decirlo así, tendencias de cada uno, pero también otras que combinan dos o más de estas características. Al mismo tiempo es necesario reconocer que todas ellas se encuentran en forma natural en el seno de la vanguardia y sectores de masas en determinados momentos.

También es justo admitir que no existe corriente alguna de la izquierda que no pase por momentos en donde una de estas tres características predomine o sea al menos saliente. Negarlo sería como admitir la existencia de la homogeneidad absoluta de un agrupamiento político formado por seres humanos, que no existe en ninguna parte de la realidad, ni aún en aquellas organizaciones en donde sus miembros están vinculados por fuertes tradiciones históricas o programáticas.

La lucha por la construcción de una organización revolucionaria reside encontrar un equilibrio entre el programa y su acción entre las masas, proveyendo a la organización con la amplitud y lenguaje necesarios para construir a partir del estado actual de la conciencia del movimiento obrero y de masas sin caer en el oportunismo.

Al mismo tiempo que defienda los principios y un programa de clase sin que este se transforme en una barrera sectaria entre la organización y los trabajadores y que en la selección de los métodos de intervención de la lucha de clases se mantenga la diversidad de tácticas legales e ilegales, abiertas y encubiertas, clandestinas y públicas que permita el aprovechamiento de todas las oportunidades de la lucha de clases sin hacer una falsa elección entre uno u otros o hacer de alguno o algunos de estos métodos un absoluto tal que impida, llegado el momento, echar mano de los otros.

La existencia de tendencias, la crítica y los balances, al alternancia entre la acción y la democracia interna, la formación constante de cuadros, el debate de las distintas opciones, la existencia de un programa revolucionario y principios, la supeditación de los métodos a utilizar a la democracia obrera, así como la sólida formación teórica y práctica de todos los cuadros son todos recursos para evitar estas enfermedades propias de la acción política de las organizaciones y aprovechar en cada instancia las tendencias negativas de ellas transformándolas en su opuesto.

10. Un partido revolucionario de nuevo tipo

Es necesario reevaluar y articular nuevamente la concepción de la organización revolucionaria, el partido, que es necesario, imprescindible, para la realización de la revolución social.

No se trata de renegar de las formulas del pasado, sino de rescatar de ellas lo que se ajuste a las necesidades del presente histórico y adecuarlas a las tareas de los revolucionarios del Siglo 21.

Para ello es necesario cambiar radicalmente el enfoque. La construcción del partido no debe verse como una tarea organizativa, casi mecánica, sino programática.

En segundo lugar hay que despojar a la organización revolucionaria de toda falsa ideología y mitos creados a su alrededor por setenta años de falsificación estalinista del concepto (incluida la maoísta) y la adaptación a esas deformaciones que hicieron gran parte del movimiento trotskista.

¿Qué queremos decir cuando afirmamos que es una cuestión programática? Partimos de la tesis de Trotsky de los 30: no hay situación revolucionaria sin partido revolucionario con influencia de masas. La teoría objetivista de Lenin de principios del Siglo XX, antes del pasaje de la socialdemocracia al campo de la burguesía en cada país, que tuvo valor hasta 1914, queda así descartada.

Lenin sostenía que la existencia de partidos obreros de masas facilitaba la inserción en ellos de corrientes revolucionarias y que, dadas ciertas circunstancias históricas, esas corrientes podían transformar los partidos en herramientas útiles de la revolución. Por eso Lenin insistía en construir una corriente dentro de la II Internacional que incluyera la identificación de los bolcheviques rusos como una fracción pública de la socialdemocracia rusa.

La traición de la socialdemocracia que apoyo a sus burguesías en la 1ra. Guerra Mundial y la de los mencheviques rusos que insistieron en la defensa de la revolución burguesa contra las Tesis de Abril y la Teoría de la Revolución Permanente terminaron con ese ciclo.

La fundación del Partido Comunista ruso y la fundación de la III Internacional pusieron fin a esa teoría. Trotsky continuó con una variante de la misma al construir la Oposición de Izquierda de la III Internacional, hasta que en 1938 fundara la IV Internacional.

Años antes, sin embargo, había llegado a la conclusión de que las condiciones objetivas no eran suficientes para la maduración de una situación en revolucionaria sin la existencia de una dirección revolucionaria, la condición subjetiva central para ello.

La tesis de la necesidad de una organización revolucionaria de Lenin, entonces, se transformaba de una necesidad organizativa de primera magnitud, en un predicado programático sin el cual la situación revolucionaria, y por tanto la propia revolución socialista, eran imposibles.

¿Qué queremos decir cuando decimos que la construcción del partido debe eliminar los mitos y deformaciones de los últimos 70 u 80 años?

La afirmación estalinista de que el partido es la semilla y la etapa inicial de la nueva sociedad que intenta edificar, la socialista, es una simple argumentación defensiva de la burocracia que intentaba inyectar la teoría de que toda oposición o diferencia al interior del partido era en realidad un ataque al proyecto de sociedad socialista.

El partido revolucionario, nacido bajo el capitalismo, agrupa a lo mejor de la vanguardia obrera y juvenil, pero ésta no está exenta de las presiones y prejuicios de la sociedad en donde funciona. El partido sólo resiste organizadamente esas presiones.

El partido no toma el poder. Para los marxistas revolucionarios, la clase obrera y sus instituciones propias, democráticas (soviets, concilios, coordinadoras de lucha, etc.), toman el poder.

El partido lucha dentro de esas instituciones para influenciar con su programa y dirigir a la clase hacia objetivos socialistas. El reemplazo de esas instituciones democráticas de la clase por el poder absoluto del partido conduce inevitablemente a la burocratización del estado y del propio partido.

La función más importante de la dirección revolucionaria es el desarrollo teórico y practico del trazado de estrategias y tácticas para la consecución de la revolución por el movimiento obrero y sus aliados y luchar por esas estrategias y tácticas dentro mismas del movimiento de masas para que este las adopte.

El trazado de las líneas estratégicas y tácticas del partido y, por sobre todas las cosas, la creación de una dirección mejor que si misma. La concepción meramente organizativista de destacar a la dirección a quienes cumplen mejor las tareas practicas, aunque importante, limita la reproducción de la dirección revolucionaria y, por lo tanto, del partido. Los dirigentes se destacan por la praxis de su desarrollo teórico-político y las tareas practicas que se desprenden de el.

Un cuadro del partido no es simplemente el que lleva a cabo las tareas votadas en la organización, sino el que puede tener la iniciativa de plantearlas, desarrollarlas política y teóricamente y llevarlas a cabo, aun aislado temporariamente del resto de la organización.

Elevar a la dirección revolucionaria los militantes de base que se destacan en las tareas prácticas sin una intensiva preparación teórica-política es una receta para el fracaso o la utilización de los mismos como base social burocrática de la organización.

De igual forma, una dirección intelectual sin la experiencia concreta de la actividad práctica se anquilosa y se pierde en los laberintos del designio de estrategias y tácticas idealistas y voluntaristas.

Los cuadros revolucionarios son capaces de organizar a su alrededor núcleos revolucionarios, instruirlos teórica y políticamente, incluso en las artes de la agitación y la propaganda oral y escrita, insertados en la clase y sobrepasando los rudimentos de la ideología convertirlos en parte integrante de un plan estratégico de construcción partidaria.

A su alrededor se nuclean los militantes de base, que deben ser considerados como tales solo en sus comienzos, los simpatizantes, los que dudan o tienen posiciones ambiguas y los miembros de la clase que aun sin acordar con las premisas de la revolución estén a favor de trabajar en forma conjunta con estos en actividades especificas temporaria o parcialmente.

Ningún partido revolucionario ha sobrevivido mas de un par de décadas como tal sin drásticos realineamientos estratégicos y tácticos y sin purgar sus filas metódica, sistemática y periódicamente. Lenin se refirió a este aspecto de la organización en repetidas ocasiones, pero quienes se dicen sus partidarios lo ignoraron casi siempre.

Después del triunfo de la revolución, el Partido Bolchevique, transformado luego en Partido Comunista de la Unión Soviética (PCSU), recibió el influjo de cientos de miles de nuevos partidarios. Entre ellos decenas de miles de miembros de las clase medias urbanas y rurales que simplemente se alinearon con el partido que resultara el ganador.

Estos últimos incluyeron no pocos exmilitantes y aun dirigentes de otros partidos que hasta hacia pocos meses habían tomado las armas en contra de los soviets dirigidos por los bolcheviques y acusado a estos de ser dictadores.

No hablamos aquí de los miles de cuadros y militantes provenientes del Trotskismo, los social revolucionarios o los mencheviques, que se unieron a los bolcheviques en las jornadas previas mas duras y durante la toma del poder por los trabajadores. En la mayoría de estos casos fueron fusiones entre organizaciones o rupturas con sus viejas organizaciones basados en profundas discusiones y debates ideológicos y prácticos sobre el curso de la revolución y cuando la suerte de los bolcheviques era, entre los mas optimistas, incierta y peligrosa.

Hablamos de los decenas de miles de partidarios del reformismo y las organizaciones pro-burguesas que de un día para el otro, cuando la revolución se erigía triunfante, simplemente comenzaron a acudir a los locales bolcheviques como si siempre hubiesen sido sus partidarios.

Toda revolución triunfante genera este tipo de afluencia de los oportunistas hacia las organizaciones revolucionarias, anegándolas con sus prejuicios no superados, sus ideas del pasado y sus prácticas de acomodamiento al poder existente. Lenin sostenía que estas etapas de construcción del movimiento era cuando debía restringirse el acceso a la membresía y re-evaluar a quienes ya eran miembros.

Existieron históricamente otras afluencias a las organizaciones revolucionarias cuando estas obtuvieron, sino el triunfo, al menos éxitos parciales o popularidad. La afluencia de miles de oportunistas o simplemente elementos no educados en la política revolucionaria fueron causas subyacentes, por ejemplo, en la crisis del MAS argentino en los 80, el PRC Italiano en el presente, el PRD mexicano y otros.

En algunos casos extremos, esta “popularidad” y afluencia de elementos nuevos en el partido mas o menos masivamente, no significaba en lo mas mínimo una direccional revolucionaria sino antirrevolucionaria. El caso arquetípico de esto ultimo fue el PC español durante la guerra civil española.

Dominado explicita y totalmente por la KOMINTERN Estalinista, dirigido por agentes de la KGB como el argentino Vittorio Codovilla obtuvo preponderancia en las filas Republicanas por la acción de la Unión Soviética que aportaba armas solo a aquellas milicias que juraran lealtad a Stalin y los sectores medios que lo veían como instrumento para detener la revolución y a los revolucionarios.

Las divisiones de la KGB que participaron de la guerra civil fueron mas activas en la destrucción de núcleos revolucionarios anarquistas, poumistas y trotskistas que en la lucha contra el fascismo. Llegada la derrota militar a manos del fascismo franquista, en parte gracias a la acción y la traición del estalinismo, el PCE simplemente se derrumbo.

Togliatti, el dirigente estalinista italiano, enviado por Stalin a España, al huir de la misma durante los últimos combates realizo un informe secreto a Stalin, relatándolo como la dirección férrea y burocrática de Codovilla había impedido el desarrollo de una dirección española del partido, sobornado unidades militares de la Republica con armas y dinero soviético para figurar formalmente como adheridas al estalinismo y fraguado informes de relaciones e influencias en las nacionalidades y sindicatos que simplemente no existieron.

Claro que Togliatti se cuido mucho de exponer su propio papel en semejante fraude.

¿Quiénes llevan a cabo las revoluciones y las contrarrevoluciones?

Los reformistas, para justificar sus alianzas de colaboración de clases o su negativa a luchar junto a la clase obrera por el poder, se manifiestan por la conquista de la mayoría de la sociedad.

Su contratara, los ultraizquierdistas, asumen la misma premisa, solo que buscan a través de acciones “ejemplificadoras” lograr el mismo objetivo de la conquista de las voluntades de la mayoría de las sociedades.

Los dictadores de todo tipo siempre han aducido el apoyo “de la sociedad” en los golpes de estado y en la imposición de sus dictaduras sangrientas.

La historia ha demostrado, sin embargo, que ninguna revolución o, su opuesto, ninguna contrarrevolución, se llevaron a cabo por la acción de la mayoría de una sociedad dada.

Ni los bolcheviques dirigieron la toma del poder por los Soviets contando con el apoyo de la mayoría absoluta de la población ni Hitler gano la mayoría absoluta en ninguna elección antes de instaurar su dictadura.

Ni siquiera la democracia burguesa puede mostrar los frutos del apoyo de “la mayoría de la sociedad” en procesos electorales para uno u otro partido en los recambios pacíficos de guardia en la administración del estado.

En toda elección conocida, un porcentaje importantísimo de la sociedad ni siquiera participa. Un mero análisis de los procesos electorales indica según las circunstancias una abstención de entre un 10% y un 50% de aquellos en condiciones de votar. Así, cualquier reclamo de victoria de “mayorías” de un partido, digamos, que obtenga un 50 o 60% de los votos emitidos, es verdadero.

El 50% o 60% obtenido en una elección con un 20% de abstención, se reduce a un 40% o 45% de las voluntades de aquellos en condiciones de votar. Sin contar, por supuesto, de los que no han sido permitidos de ejercer su voto por la edad o por diversas formas de exclusiones y barreras impuestas para la emisión del voto.

En promedio, un tercio de la población, en procesos políticos “normales” o pacíficos se mantiene neutral, apático, indiferente o indeciso.

En los procesos revolucionarios o contrarrevolucionarios ese porcentaje, o uno superior, es neutralizado por la violencia, la coerción, el miedo, la indecisión, la confusión… En los procesos contrarrevolucionarios, una minoría violenta se apodera del estado fundamentalmente con un apoyo significativo de la clase dominante. Es todo lo que necesita: el apoyo de aquellos que dominan los resortes de la economía y la cultura que estén dispuestos a todo por derrotar a quienes ven como enemigos o amenazas a su poder.

En los procesos revolucionarios, un sector activo, significativo y decidido de la clase obrera se lanza a la toma del poder contando que la burguesía este dividida, haya roces entre ellos y que sectores numerosos de otras clases como la pequeñoburguesa apoyen o al menos permanezcan neutrales.

Hitler se lanzo a la toma del poder no habiendo logrado la mayoría electoral en el país. Contó para ello en el terror infundido y la división existente en el proletariado, el apoyo de un sector minoritario de la burguesía y un sector bastante amplio de la clase media alemana. La mayoría de la burguesía se mantuvo a la expectativa y los sectores mas progresivos de la clase media fueron neutralizados o por el temor o por la ausencia de una oposición radical unificada y decidida a enfrentar a los nazis y derrotarlos en las calles, físicamente.

En febrero de 1917, los Bolcheviques no eran ni cerca el mayor partido de la izquierda rusa. Los social revolucionarios eran el partido mayoritario y casi hegemónico de la izquierda, seguido por los mencheviques. Otros partidos burgueses eran mucho más fuertes e influyentes que gran parte de la izquierda.

Los triunfos electorales de los bolcheviques se limitaron a Petrogrado y partes de Moscu solo en fecha cercana a Octubre y su influencia se hizo hegemónica en los consejos obreros de las dos principales ciudades por la misma fecha. Pero en una Rusia de 100 millones de habitantes, 80% de los cuales eran campesinos, esto estaba lejos de ser una mayoría de la sociedad, aunque si lo fuera en la relativamente pequeña clase obrera rusa.

Los bolcheviques, contrariamente a lo que se piensa, impulsaron la toma del poder de los soviets en alianza con los social revolucionarios “de izquierda” y los mencheviques “internacionalistas” y contaron para ello con la división de los partidos burgueses, la debilidad y división del ejercito y lograron neutralizar con la acción revolucionaria a vastos sectores de la clase media urbana y rural que, sin apoyarlos, tampoco se envolvieron con sus enemigos.

Para los revolucionarios, lo que cuenta es la mayoría de la clase obrera, aunque esta sea de conjunto, como lo es en la mayoría de los países, una minoría de la sociedad y el hecho decisivo de que reine la división entre la clase dominante y se logre algún apoyo, pero esencialmente la neutralidad, de las capas medias.

Una clase logra imponer su hegemonía en la sociedad, o fracasa en ello, una vez conquistado el poder político. Cuando tiene a su disposición todos los resortes del estado y puede ejecutar grandes operaciones de coerción, educación y derrota de adversarios y neutrales, fundamentalmente de estos últimos.

El desarrollo del marxismo y la teoría.

La mayoría de los partidos de izquierda, incluso aquellos que se dicen revolucionarios, prestan poca o ninguna atención al desarrollo del marxismo y la teoría revolucionaria.

En general, se tiene la apreciación que el trabajo teórico se reduce al análisis coyuntural nacional, algunas apreciaciones internacionales y a la enseñanza de algunos de los textos de los clásicos del marxismo.

Mientras todas estas actividades son útiles y necesarias es solo una parte, y ni siquiera el grueso de lo que debería constituir el frente de lucha ideológica y teórica de la organización revolucionaria.

Lenin simplemente no hubiese podido dirigir al Partido Bolchevique sin las innovaciones y desarrollo que contribuyo al marxismo como las teorías del estado, del imperialismo y de construcción del partido y sino hubiese adoptado, antes de la fusión con su organización, las teorías del desarrollo desigual y combinado y de la revolución Permanente de Trotsky.

Sin esta lucha ideológica y teórica, el Partido Bolchevique hubiese permanecido dentro del marco general de la teoría de la revolución burguesa y a la zaga en el proceso revolucionario como el ala izquierda de los mencheviques.

A Lenin y Trotsky le sucedieron mas de setenta anos de tergiversación teórica del estalinismo que convirtió en cañones “Leninistas” lo que había sido el capital teórico de los mencheviques y social revolucionarios: revolución burguesa, revolución por etapas, frente con la burguesía (frentes populares)… y la conversión de la teoría sobre el partido revolucionario y la internacional en rígidos aparatos de defensa de la burocracia emergente y de su dictadura sobre el proletariado.

Bajo ataque y presión constante del estalinismo y la socialdemocracia, el Trotskismo no supo encontrar el camino del desarrollo del marxismo, apenas defendiendo algunos de los aspectos sustanciales de la teoría marxista revolucionaria contra esos ataques, pero sin desarrollar el marxismo para que este avanzara.

El marxismo revolucionario se quedo sin resolver las grandes cuestiones teóricas del pasado inmediato: la segunda agonía mortal del capitalismo-imperialismo, una teoría marxista sobre la ecología y el medio ambiente, la teoría de la descomposición de la hegemonía imperialista, el surgimiento de nuevos imperialismos e incluso quedo rezagado en la teoría marxista en cuestiones tales como el genero, la sexualidad, el racismo, la inmigración y los nuevos fenómenos que surgieron como el fundamentalismo religioso.

Una organización que no dedique ingentes esfuerzos a resolver estas, y otras cuestiones claves de la teoría y un programa que la exprese en su práctica política esta lejos de poder considerarse como revolucionaria o de vanguardia.

Sobre la cuestión de la democracia interna del partido y su relación con la necesaria disciplina de hierro que se requiere para enfrentar a los enemigos de clase ya nos hemos expandido suficientemente en otros trabajos. Aquí solo resumiremos que es necesario terminar con décadas de tergiversación sobre este asunto y puntualizar algunas medidas iniciales que el marxismo revolucionario debería adoptar:

1. La unidad férrea del partido en la acción pública solo puede asentarse en un proceso interno intensamente democrático. La obligación de defender la línea mayoritaria de la organización se basa simétricamente con el derecho de aquellos que desacuerdan de tener la mas amplia oportunidad de expresar sus diferencias internas, incluidos los derechos inalienables de formar tendencias y fracciones.

2. Los grandes e importantes debates entre camaradas deben también servir para educar a la vanguardia, ventilándolos mientras así lo permitan las condiciones de legalidad y seguridad, ante los trabajadores y jóvenes avanzados.

3. El partido debe luchar contra la tendencia de la división del trabajo práctico y la teoría bregando para que los militantes no solo adquieran el máximo nivel político y teórico posible, sino que sean participes de la elaboración. El partido no solo debe ser una maquina bien aceitada para la acción concreta entre las masas, sino un ente colectivo del desarrollo de la política y la teoría de la organización.

4. Las condiciones actuales no son similares a las existentes a principios del siglo pasado. No puede haber profesionales permanentes de la organización ni direcciones políticas que permanezcan más de algunos pocos anos sin participar política y socialmente de la clase. La mejor dirección en un balance es aquella que se encamina a construir una dirección mejor, mucho mejor, que si misma.

5. Las direcciones de la organización deben ser elegidas de cara a la base de la organización y sus representantes y candidatos públicos de cara al conjunto de la vanguardia obrera y juvenil.

6. Los partidos revolucionarios de la clase obrera, o aun de su vanguardia, no se auto-proclaman, se construyen. No hay peor atentado a la construcción de una dirección revolucionaria para la clase obrera que la libre competencia de organizaciones por la influencia a costa de los más denodados esfuerzos por unir a la vanguardia en una única organización revolucionaria. El mantenimiento artificial de organizaciones que sean programática y teóricamente similares solo para conservar los intereses y posiciones de sus direcciones es contrario a la tarea de construcción del partido revolucionario, como lo es en la esfera electoral, por ejemplo, dividirse por cuales candidaturas deben encabezar las listas.


Capítulos I y II Capítulos III al V Capitulos VI al VIII Tesis


 
Enlaces Relacionados
·
I. Los 90: el fin de una época, el triunfo de la reacción
II. Los límites impuestos a la recomposición del movimiento de masas: la conciencia y la crisis de dirección

·
III. Nuevos proyectos de la izquierda radical
IV. El problema de conciencia agravado por el tipo de organización
V. Los países emergentes, re-distribución de las fuerzas productivas: China, Brasil, India

·
VI. El planeta en crisis.
VII. La segunda agonía mortal del capitalismo imperialista
VIII. Actual coyuntura económica política y social

· Capítulos I y II
· Capítulos III al V
· Capitulos VI al VIII
· Más Acerca de Que dice la Izquierda?


Noticia más leída sobre Que dice la Izquierda?:
Cómo y porqué el PO disuelve el PO


Votos del Artículo
Puntuación Promedio: 4.33
votos: 6


Por favor tómate un segundo y vota por este artículo:

Malo
Regular
Bueno
Muy Bueno
Excelente



Opciones

Versión Imprimible  Versión Imprimible

Enviar a un Amigo  Enviar a un Amigo