• EDITORIAL
Repudiemos cualquier acuerdo Zelaya-Micheletti
El Socialista Centroamericano - Octubre 2009
Todavía no está claro si las negociaciones del
Dialogo Guaymuras continuarán por un tiempo
más, el necesario para desmovilizar y desmoralizar
al movimiento de masas. El presidente Zelaya se haya
perdido en el laberinto de las negociaciones y será muy
difícil que salga de la trampa.
El presidente Manuel Zelaya tuvo el gran merito
histórico de iniciar un debate sobre la Cuarta Urna y
la necesidad de convocar a una Asamblea Nacional
Constituyente, al grado tal que fue desalojado del poder
por el golpe de Estado preventivo del 28 de Junio solo por
el hecho de haber intentado modificar el statu quo del
poder.
Sin embargo, en el transcurso de la lucha por la
recuperación del poder mostró muchas debilidades e
inconsecuencias. En vez de apoyarse en la movilización
de masas y de preparar la insurrección popular contra el
gobierno cipayo de Roberto Micheletti, prefirió arroparse
en la diplomacia internacional, y después de un corto
regateo terminó aceptando a pies juntillas la imposición
del Acuerdo de San José , impulsado por el presidente
Oscar Arias, aliado incondicional de los Estados Unidos.
La resistencia de las masas demostró su capacidad de
enfrentar al régimen cívico militar, pero en el transcurso
de la lucha la conducción del Frente Nacional de
Resistencia mostró demasiadas inconsistencias.
En pocas palabras, nunca se planteó la necesidad
de derrocar a Micheletti, sino que toda su estrategia
consistió, al igual que el presidente Zelaya, en utilizar las
movilizaciones como mecanismo de presión para forzar
las negociaciones.
La mayor parte de la izquierda de Honduras participa
activamente en el Frente Nacional de Resistencia en
conjunto con las dirigencias sindicales y del movimiento
popular. Estas direcciones siempre se mantuvieron
aferradas al Melismo, nunca se plantearon una política
independiente, sino que más bien eran las que más
ardientemente impulsaban el proceso de negociación.
Y tal como estaba previsto, las negociaciones llegaron
y fueron posibles hasta cuando el gobierno de Micheletti
calculó que existían condiciones favorables para cansar y
desmovilizar a las masas en lucha. Al instalarse la mesa
de negociación, ya estaba más o menos claro por dónde
marcharían las cosas. El Acuerdo de San José tomó la
forma del Dialogo Guaymuras, una mesa de negociación
en donde el presidente Zelaya no tiene la capacidad
de imponer su propia agenda de transformación de
Honduras, sino que debe circunscribir la negociación a lo
que ya estaba previamente establecido en el Acuerdo de
San José: la renuncia a la convocatoria a una Asamblea
Constituyente, la formación de un gobierno conjunto con
los golpistas, etc.
Si la izquierda continúa bajo el alero del sombrero del
Melismo, se hundirá de la misma forma que el presidente
Zelaya, porque aunque éste regrese al poder por algunas
semanas, antes de entregar la banda presidencial,
estará maniatado y no podrá realizar absolutamente
nada de lo que se había propuesto. La izquierda no
debe suicidarse, debe repudiar cualquier acuerdo
reaccionario que puedan firmar Zelaya y Micheleti,
mantener una política independiente y continuar la lucha
por la democratización de Hondura en beneficio de los
pobres. Y esto solo se puede lograr luchando por la
convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente,
pero ligada a un programa de transformaciones sociales,
que por cierto el Melismo demostró su incapacidad para
llevarlo a cabo: reforma agraria, independencia nacional,
educación y salud gratuita, reforma urbana, salarios y
empleos dignos para los trabajadores, unidad de la nación
centroamericana, etc.
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