¨Acá en el barrio no entra la cana ni sale nadie a saquear¨
Fecha Wednesday, 11 December a las 16:09:33
Tema Juventud


¨Acá en el barrio no entra la cana ni sale nadie a saquear¨p>

Por Héctor Villafañe

En ese barrio periférico de Ramos Mejía se conocen todos. El domingo, un grupo de activistas se acercó a dos jóvenes policías de uniforme que iban hacia la parada del colectivo. Se los vió hablar, gesticular y finalmente los policías les señalaron hacia el norte del barrio y se fueron todos juntos hacia allí. Estaba amaneciendo.

Cuando llegaron a la casa humilde y calurosa que está en la última línea de viviendas, casi afuera del barrio, casi tocando la avenida sorprendieron a los que estaban reunidos.

Eran más que ellos, tal vez unos quince o veinte. Había motos y bicis en la puerta de la morada y algunas armas dentro. Cómo ya dije, en el barrio se conocen todos.

Uno de los reunidos en el interior de la vivienda miró casi con furia a los dos policías y casi le escupió más que preguntarles:

- ¿¡Qué hacen acá forros?!

Uno de los canas apuntó con la cabeza al que parecía el jefe de los activistas como toda respuesta.

- ¿Vos que hacés con esta lacra?

-Tenemos que hablar… - le dijo el otro y se sentó entre los que estaban reunidos. Los que le acompañaban se quedaron parados. Había tensión en el ambiente.

Hablaron durante una hora, tal vez un poco más. A las 8:00 de la mañana salieron todos de la casa y se distribuyeron en cuatro grupos. Ahora iban todos mezclados. Tres grupos fueron a proteger los únicos tres negocios del barrio: la panadería, el vende tutti (carnicería, verdulería, venta de garrafas) y el locutorio-kiosko.

El cuarto grupo se fué al encuentro de un quinto, otro grupo de unos veinte que ya iban en camino hacia la avenida con sus motos y sus bicis. Cuando los vieron llegar a los que iban a su encuentro se pararon. ¿Dije ya que en el barrio se conocen todos?

El que parecía estar a cargo del nuevo contingente se dirigió hacía el que conocía más, el que tenía la reunión en su casa cuando llegaron los activistas y los dos polis.

- ¿Vos con los zurdellis y los polis, que están transando?

Hablaron largo. Discutieron. Hubo algunos gritos, algunas puteadas, algunas amenazas, pero nada muy pesado. Les dijeron y se dijeron que había que cuidar el barrio. Porque los canas iban a arreglar, tarde o temprano, con los políticos, incluso con los punteros que viene siempre al barrio.

No había que darles excusas. Mejor apoyaban la marcha que se prepara para la semana que viene a la municipalidad para reclamar por el agua y la luz. Un poco por presión, en el barrio todos son pesados, otro poco porque vieron la situación, los que iban a saquear, no fueron.

Nadie se hizo bueno de repente, pero nadie necesitaba hacerse enemigos nuevos en el barrio donde todos se conocen.

Todos se quedaron juntos en el barrio, observándose mutuamente. A la tarde jugaron un picadito mientras otros escuchaban las noticias de canas acuartelados y algunos saqueos, pocos. Por un momento se evitaron los males del día. A la noche todos pensaban que había que hacer cosas juntos más seguido.

Les pregunté a los activistas de que organización eran. ¨De varias¨, me dijeron. ¨Pero los responsables no aparecieron ni ayer ni hoy, así que decidimos parar lo que fuera entre todos.¨

En la cintura tenía un revólver. Se lo señalé sin decir palabra. Lo miró bajando la cabeza, luego la levantó para contestar mirandome a los ojos:

- Acá todos tenemos que sobrevivir. Como sea. Hablar nada más, no alcanza.

Al lado, uno de los canas, miraba al piso. Alguien le pasó un mate. En el barrio, efectivamente, nos conocemos todos.


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