El fin del Imperio Americano
Fecha Thursday, 20 April a las 23:24:02
Tema Internacionales


¿Síntomas de Desintegración Política-Geográfica-Social
del Imperialismo Norteamericano?

Por Carlos Petroni

¿Un proceso revolucionario en México que se ligue al ascenso de masas de inmigrantes Latinos al interior de los Estados Unidos? ¿Un devastador fenómeno climático de un efecto similar al Katrina en el sudoeste del país?
¿Un crack financiero? ¿El final de los hidrocarburos sin reconversión industrial? ¿Grandes desastres militares?
¿Una combinación de dos o más de estos factores? Pueden discutirse los fenómenos y su proximidad histórica, pero lo cierto es que el fin del imperio norteamericano, y con ello lo que mantiene la unidad geográfico-política de los EEUU esta en las cartas de la política de esta época. Sucederá.

Alejados de la mirada curiosa de la “opinión pública,” ignorados por la mayoría de los intelectuales y desconocidos para la izquierda mundial, los altos mandos de la burguesía norteamericana han encargado estudio sobre estudio al respecto.

¿Cuándo y cómo se amenazará la integridad geográfica-política del imperio? La CIA, la NSA y revistas especializadas en estrategia imperial de circulación restringida, así como “papers” de los más importantes “Think Tanks” han planteado el tema hace mas de una década.

Nosotros lo venimos discutiendo desde principios de los 80s como perspectiva histórica. Ahora parece que esta mas cerca.

Los tres millones de inmigrantes que ya han marchado en el país, haciéndolo temblar en las ultimas tres semanas y la huelga general que preparan para el 1ro de Mayo se han encargado de despertar a los analistas del sistema, así como ha shockeado a los políticos del régimen bipartidario.

La desintegración del imperio: una necesidad histórica

Todos los imperios que han existido en la historia han pasado por sus etapas ineludibles de formación, desarrollo, decadencia y desintegración. Todas esas etapas, a su vez, respondieron a necesidades históricas determinadas. No sucedieron porque sí. Basta leer un poco de historia.
El imperio Romano cayó cuando cientos de miles de jinetes de los pueblos del Este cruzaron los ríos de Europa y lo atacaron cuando su decadencia, sublevaciones en Francia, España y en la misma Italia y la corrupción interna lo debilitaron lo suficiente.

Con él, se desplomó toda Europa. Los jinetes del Este, sin embargo, también cabalgaron en la silla de la crisis del comercio y la industria romanas.

El imperio chino cayó como una consecuencia de la intervención extranjera, las guerras y sublevaciones internas desde Mongolia al Yang-Tse, y las revoluciones que sacudieron el país desde Sun Yan Tsen, a principios del Siglo XX hasta el triunfo de Mao Ze Dong en 1949. Pero Mao realizó la larga marcha en medio del desplome de una economía de vasallaje abyecta que chocaba crudamente con la penetración del mundo capitalista en su suelo.

Por eso el Maoísmo de hoy día no es el agente de la revolución obrera, sino el del capitalismo tardío y atrasado, basado en el trabajo de peonaje de millones.

El imperio británico cayó exhausto en la Segunda Guerra Mundial Inter.-imperialista y los pueblos de Oriente y África, sus colonias, se sublevaron y también lo hicieron sus semicolonias como Argentina en el marco de las divisiones y enfrentamientos en la propia clase imperial.

Los ferrocarriles, vapores y capital financiero británicos ya se habían convertido en obsoletos para sostener un imperio en cinco continentes.

El imperio de los zares rusos, el Francés en la península de Indochina y África, los holandeses, los Sudafricanos, el imperio Austro-Húngaro, el Tercer Reich, el imperialismo de opereta de Mussolini...

Todos los imperios corrieron la misma suerte. La misma que corrieron otros, que sin ser imperios, se convirtieron sin embargo en cárceles de nacionalidades, como la Unión Soviética Estalinista o los estados multinacionales de Yugoslavia y Checoslovaquia.

El espectro de la desintegración imperial ha asolado a todas esas formaciones geográfico-políticas – y por lo tanto económicas -- multinacionales, coloniales e imperiales. La crisis económica, la fragmentación política y por ultimo una aguda lucha de clases sin cuartel – el motor que los arrastró en su vorágine -- acabaron con ellos.

Se puede poner una lápida sobre las aspiraciones nacionales de otros pueblos y sujetarlos violentamente a una metrópolis, pero más temprano que tarde esa contradicción lo hará saltar por los aires. Tan pronto como las condiciones económicas que lo hicieron posible cambiaron, a veces derrumbándose. Al instante que los ejércitos imperiales colapsaron ante esa crisis y producto de derrotas.

Ninguna de esas clases imperiales aceptó su final filosóficamente, ninguna se rindió sin combatir furiosamente, ninguna quiso creer que repetirían la inevitabilidad histórica de otros imperios antes que el de ella. Ninguna de ellas reconoció sino hasta el final que la lucha de clases los aniquilaría.

La clase imperial norteamericana – aún con la ventaja de la historia vista en retrospectiva – y todos los “papers” de sus intelectuales a sueldo que analizan día a día todas las posibilidades, podrá evitar su catástrofe. No todo depende del deseo de sobrevivir de la clase en el poder, sino de la capacidad de los oprimidos por terminar con ella. Y hoy día, ese deseo desde abajo parece estar creciendo nuevamente.

La primera época de la agonía mortal del imperialismo

Este concepto teórico, tan incomprendido por los propios marxistas, fue desarrollado por Trotsky en los 30s alrededor de la crisis en el mundo capitalista por el ascenso del nazi-fascismo.

El concepto de “agonía mortal” no significa – explicaba Trotsky apelando a la analogía fisiológica – la muerte del imperialismo, sino su entrada en un estado agónico, el estado en que el cuerpo, amenazado por una enfermedad gravísima, moviliza todos sus anticuerpos y defensas para contrarrestarla.

El nazi-fascismo amenazaba la vida del capitalismo y su régimen político, la democracia burguesa. Planteaba la corporativización forzosa de las económicas nacionales y la supremacía del capital financiero sobre el resto; el establecimiento de economías de guerra permanente controladas por el estado; la introducción del colonialismo en el corazón de Europa, convirtiendo a países hasta entonces imperialistas en colonias alemanas (Francia, Bélgica, Holanda, Inglaterra...) y la extracción de las poblaciones de estos países de millones de esclavos para hacer funcionar la economía alemana.

De hecho, cientos de miles – tal vez cerca de un millón y medio – de jóvenes de los países europeos fueron enviados a realizar trabajos forzados a fábricas alemanas.

La lógica del nazi-fascismo era la de liquidar no solo los sustentos del capitalismo tal cual existían, reduciéndolos a formas estatales al servicio de una clase dominante parásita del estado, sino el régimen de su representación política, la democracia burguesa.

El imperio japonés, unido a Alemania e Italia en el eje, planeaba algo similar a través de la colonización del coloso de Asia, China, y otros países de la región.
Japón comenzó a movilizar, para defender y hacer avanzar su imperio, millones de trabajadores esclavos de China, Corea, Filipinas y una docena de otros países de Asia.
Violando todos los tratados internacionales y como un símbolo de sus objetivos, soldados y aun oficiales prisioneros del imperialismo inglés, norteamericano, francés, etc. fueron movilizados para trabajar como esclavos en obras de infraestructura como puentes, rutas y edificaciones de defensa por todo el Asia ocupada.
Por otro lado, el capitalismo estaba amenazado – y el nazi-fascismo también – por la revolución obrera internacional: Alemania, Francia, España, China, Latinoamérica...
El capitalismo movilizó todos sus anticuerpos en la crisis y solo logró salvarse, y con ello salvar su “democracia burguesa” para ricos, porque arrastró tras sus intereses a las direcciones obreras socialdemócratas y estalinistas.

El nazi-fascismo no fue derrotado en la llamada “Batalla de Inglaterra” ni en el “Día D” en Normandía, sino en Stalingrado. Esa derrota se puso al servicio de la sobrevivencia del capitalismo e imperialismo en Yalta y Postdam.

La nueva época de la agonía mortal del imperialismo

Hoy, el sistema capitalista e imperialista se halla en una nueva época de agonía mortal.

Esta vez, sin embargo, no se halla amenazada por el nazi-fascismo sino por el desastre al que ha llevado su sistema a la humanidad: crisis de hidrocarburos y agua que amenazan con dejar sin estos elementos claves a la mayoría de la humanidad en dos o tres décadas; regresión hacia formas del fundamentalismo político y social – no sólo en el mundo Musulmán, sino en el Hindú y aún en el cristiano de poderosos países imperialistas como EEUU, y que comienza a insertarse en Latinoamérica de la mano de personajes como Ollanta Humala de Peru – aunque después resulte otro Lucio Gutierrez -- como antes lo hiciera Sendero Luminoso con un signo opuesto.

El fundamentalismo entonces, como expresión de las derrotas de la revolución en los 80s y del periodo de la reacción en los 90s que hicieron, sin duda, retroceder la conciencia del movimiento de masas a lo que tenemos hoy día que pasa, a veces, como representación de la lucha anti-imperialista, cuando no es sino una oposición reaccionaria al mismo.

Después del período reaccionario de los 90s, el movimiento obrero mundial se comienza a movilizar nuevamente en forma masiva: Francia contra la CPE, inmigrantes en los Estados Unidos, Latinoamérica y aun en lugares que resultan tan extravagantes para los occidentales como en Katmandú, Nepal.

Iraq que amenaza con ser la derrota más significativa del imperialismo norteamericano desde Vietnam e Irán donde Bush dice planear otra guerra desesperada. Esta vez la lucha es por la supervivencia de la especie humana, expuesta a la aniquilación de sus fuerzas productivas – la más importante de ellas, la naturaleza – por la permanencia mucho mas allá de cualquier justificación histórica, del capitalismo.

En este marco, la opción entre “Socialismo o Barbarie” está más cerca de la última que de la primera, debido a la ausencia – no de luchas y síntomas de recuperación del movimiento obrero internacional – sino de una dirección revolucionaria.

El mundo debería mirarse en el espejo de regiones enteras de África para vislumbrar su futuro bajo el capitalismo: un continente de disgregación nacional, luchas étnicas, un continente arrasado por sequías, pobreza inigualable, epidemias como el SIDA...

Ese es el marco en el cual, la caída del imperio norteamericano se gesta y que, de darse, daría un impulso renovador a la lucha por un cambio revolucionario a escala mundial.

Ese es el marco también en el que debe entenderse la lucha de masas de los inmigrantes Latinos en los EEUU.

Desgraciamente no se puede poner fecha al final y a los cambios revolucionarios. Eso solo dependerá de cómo se resuelve la crisis de las crisis de la humanidad: la de su dirección revolucionaria.


Las condiciones materiales del colapso del imperio Americano

La guerra es siempre un recurso de los imperios para extenderse o un intento de preservarse como tal. La guerra de Iraq tuvo ese fin – además de incautarse para EEUU el petróleo y el agua de Iraq y obtener una posición geopolítica central en el Medio Oriente petrolero.

Las guerras perdidas, sin embargo, suelen marcan el fin o el principio del fin de los imperios, si estas se dan en un marco no solo de derrota militar, sino de crisis económica-política.

La guerra de Vietnam casi significó esto para los norteamericanos. Pero lograron evitar el fin, proveyendo a la sociedad la cabeza en bandeja de plata de Nixon. La de Iraq -- y si se da la de Irán -- pueden ser el principio de la carrera descendente hacia el desastre de EEUU. Esperemos que la caída no se detenga solo en Bush.

No solo esta perdiendo la guerra – en la que se halla empantanado – sino que Bush esta presidiendo sobre una economía donde el petróleo ha triplicado su costo, con un desprestigio que supera el de todos los presidentes de la posguerra, aislado internacionalmente, víctima de su propia incompetencia ante los desastres “naturales” como Katrina y acosado por millones de trabajadores inmigrantes en las calles.

No cae porque nadie esta aún dispuesto a voltearlo, no porque pueda sostenerse en el poder.
¿Cuál es la salida política que propone ante esta crisis? Reprimir dentro del país: Acta Patriótica, cárceles clandestinas para sospechosos de “terrorismo,” el infierno de Guantánamo y ahora redadas masivas para detener a los trabajadores inmigrantes e impedir que ese movimiento se extienda al corazón de la sociedad norteamericana.

Más de 1.500 trabajadores indocumentados fueron detenidos y la mitad deportados en los últimos días en lo que parece el comienzo de una gran escalada represiva y un mensaje a quienes planean seguir manifestándose.

Lo que hoy se usa contra algunos, en caso de extremarse la lucha de clases, se utilizara contra todos. Esa es la lógica de estos actos.

Seguir la guerra en Iraq hasta volver el país un puñado de guiñapos y a la mitad de su población en seres heridos de muerte social y económicamente y convertirlo en un completo caos antes de abandonarlo. Y planear, o plantear desde ya, otro enemigo a quien declararle la guerra o, al menos, hacia quien dirigir el odio del pueblo norteamericano: Irán.

Esta estrategia esta destinada al fracaso a largo plazo. Podría, sin embargo, ser redituable en el corto. No hay nada mejor que una guerra para hacer olvidar otra y mal dirigir el descontento hacia fuentes “externas.”

La guerra de Iraq, sin embargo, le ha costado a la economía norteamericana casi 1.000 billones de dólares y una guerra contra Irán triplicaría ese costo. La suba del precio del petróleo ha costado a los consumidores norteamericanos tres veces esa cifra. Las libertades publicas conculcadas esta alienando hasta a sectores conservadores. Veinte generales retirados, incluyendo varios ex Comandantes superiores se han pronunciado contra sus guerras.

Diez mil escuelas, ciento veinte mil kilómetros de rutas, dos mil hospitales, tres mil muertos, 20.000 heridos (la mayoría mutilados) y más de cinco millones de puestos de trabajo ha costado hasta ahora la guerra de Iraq.

Si se suma el costo en vidas y económicos de Katrina y otros desastres y se arroja a la ecuación el costo de la “defensa del país contra el terrorismo” (otros 4.000 millones en ‘Homeland Security’ en aeropuertos, fronteras y terminales de viaje por tierra y en edificios vulnerables y estratégicos) y se agregara una guerra contra Irán... ¿hasta qué punto resistiría la economía norteamericana?

La economía norteamericana se sostiene 50% por la sicología social mundial que la hace aparecer como invulnerable a los ojos de quienes no quieren o no pueden ver, y un 50% al sostén financiero de los grandes colosos emergentes como China.

La economía mundial ha dejado de crecer. Lo que se suma en China, India o Brasil, se resta de los EEUU u otras potencias imperialistas. He ahí la contradicción de hierro.

La lucha de los inmigrantes, la revolución Mexicana

Dentro de esas perspectivas ¿qué rol jugarán 12-14 millones de inmigrantes indocumentados, rodeados de 12 millones de sus familiares y con-nacionales documentados?
¿Qué lugar ocuparán, o mejor dicho ya ocupan, en los seis estados claves del Sudoeste de Estados Unidos, incluyendo la que es, por sí sola, la sexta economía mundial, California?

Dentro de estos inmigrantes, los mexicanos son la enorme mayoría y, a diferencia de otros inmigrantes, tienen tradiciones, historia y cuentas pendientes con el imperialismo de una naturaleza particular. Debajo de las apariencias del mas moderado de los mexicanos, existe la convicción de que viven en territorios robados a ellos por el imperialismo.

En la mitad del Siglo XIX, guiado por su política imperial-racista de “destino manifiesto” los EEUU robó a México la mitad de su territorio en una serie de guerra de rapiña, falsas “revoluciones” de colonos blancos y actos de piratería.

California, Texas, Nuevo México, Arizona... vastos territorios que contienen gas, petróleo, industrias pesadas y livianas, el 40% del producto bruto nacional y un tercio de la población del imperio fueron tierras mexicanas no muy atrás en la historia.

En esas tierras, que fueron suyas, los inmigrantes mexicanos son tratados como ciudadanos de tercera. Invisibles para los derechos civiles y democráticos, visibles solo para tomar los peores trabajos a los peores sueldos. Expulsados sin piedad sin son detenidos.

Hoy, junto a millones de otros inmigrantes de 100 nacionalidades diferentes, los mexicanos luchan por sus libertades publicas y sus derechos civiles. ¿Qué pasaría sin embargo, si en México se diese un proceso revolucionario de masas? ¿Una lucha antiimperialista de proporciones?

La revancha de la historia es a veces cruel e irónica. Los territorios arrebatados a México por el imperio lo fueron porque estos están escasamente habitados y México en eran un país con poca población.
México conoció la sobre población en el Siglo XX y su explosión demográfica lo ubico en el segundo país en población de Latinoamérica con un estimado de 120 millones de habitantes, de los cuales el 15-20% viven en territorios que ahora son de EEUU.

En 1.000 ciudades, pueblos y villas del Sudoeste norteamericano—incluyendo Los Ángeles, el centro productivo y de la clase obrera más poderoso del país -- los mexicanos son mayoría y si la idea – solo la idea que hasta ahora cuenta con poca infraestructura político-social para realizarse eficientemente – de una huelga general de los inmigrantes aterra a la clase dominante norteamericana, ¿qué efecto tendría si decenas de millones de trabajadores en los estados linderos con México simpatizara y colaborara con un proceso revolucionario al sur del Río Grande?

¿Por qué creen que una de las grandes objeciones del gobierno Republicano y de los Demócratas de la oposición, así como la iglesia y la burocracia sindical en las últimas manifestaciones masivas fue la presencia de decenas de miles de banderas mexicanas?

El fin aún no tiene fecha, corresponde a los trabajadores ponérsela

La ley de inmigración declarando a todos los trabajadores indocumentados del gobierno de EEUU le ha valido una respuesta masiva en las calles que incluye a la Iglesia, la oposición demócrata, muchos sindicatos y comunidades étnicas y que se ha ganado el apoyo de mas de la mitad de la población del país.
Aún para sorpresa de la iglesia, los sindicatos y los propios demócratas.
El Imperio Romano comenzó definitivamente a perderse cuando las legiones romanas pobladas de mercenarios fueron despachadas a todos los confines del imperio a combatir los fantasmas de las rebeliones de treinta pueblos; el Tercer Reich lo perdió Hitler una noche que no tuvo insomnio que no le permitió movilizar las treinta divisiones Panzer en reserva para frenar Normandía, pero antes de eso cuando garantizó la destrucción de docenas de divisiones de su ejército en la inútil campaña por tomar Stalingrado.

¿Cuál será el Stalingrado del imperio americano? ¿Cuál será ese error definitivo del poder que lo pondrá al borde de su liquidación? A Nixon, Vietnam produjoWatergate, y este le costó la presidencia.
Un error de ese tamaño podría costarle a Bush el imperio. Pero el que esta a punto de cometer puede ser mucho más grande que Watergate.

¿El lanzamiento de una campaña de deportaciones masivas de inmigrantes? ¿Una guerra contra Irán? O ambas, sumados a otros errores. Cuando el destino de los imperios dependen solo de los errores que se cometan, generalmente se cometen. Si no los cometiera, es la tragedia de la clase imperial norteamericana, tampoco evitaría, sino que demoraría el final. Y eso, es siempre peligroso para la humanidad.

En algún momento, en alguna encrucijada, la cohesión de la clase imperial norteamericana se disolverá en la defensa de los intereses de cada una de sus burguesías regionales. No puede esperarse que las burguesías de Manhattan, Nueva Inglaterra, Detroit y Chicago, la del Sur y la del Oeste del país, permanezcan soldadas entre sí cuando sus intereses se ven en peligro.

La crisis las obligará a tironear cada una para su lado, agudizando la crisis a través de una fragmentación que aparecerá como suicida, pero que no será mas que la defensa a ultranza de los intereses de unos a costa de la de otros. La vieja historia del capitalismo y toda sociedad de clases al momento de las crisis terminales.

El Nazi-fascismo le costó a la humanidad cuarenta y cinco millones de vidas y la destrucción del 30% del aparato productivo del mundo. Quince millones murieron y la tercera parte de la destrucción de la Segunda Guerra Mundial se produjo aun después que el nazi-fascismo estaba liquidado, sin posibilidades de triunfo.

No se puede poner fecha al fin del imperio americano, solo trazar las grandes líneas históricas de su decadencia hacia el fin. De lo contrario deberíamos ser capaces de nombrar la dirección revolucionaria que dirigirá a la humanidad para acabarlo. ¿Cuántos muertos y destrucción masiva, cuantas guerras, cuanta persecución y cárceles le costará aun a la humanidad su supervivencia artificial.?

No hay nada peor que un imperio en decadencia, condenado a desaparecer. No existe mayor violencia que la desatada en la agonía imperial. Por eso hay que detenerlo y pronto. Los Demócratas, esa otra pata del imperialismo norteamericano, esta desesperadamente tratando de salvar al sistema y el régimen: propone guerras racionales, leyes para regular y controlar a los inmigrantes que parezcan más “humanas” y luchan por el reencuentro internacional de los imperialismos para sostener juntos su sistema decadente.

Un triunfo de la política de los Demócratas solo demoraría el final y alargaría el sufrimiento de masas. Es decir, dentro del sistema y a través del régimen político norteamericano, no existe una solución histórica, solo aspirinas para resolver un cáncer. Los Demócratas – que también han sido golpeados por la crisis política y militar del imperio – y por la masividad de las manifestaciones de masas de los inmigrantes, solo ofrecen tamizar y dejar intactas la esencia de las políticas Republicanas.


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